Piedra Libre - Revista Latinoamericana en Israel

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Sep 05th
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Año 7 Número 39

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Planeta Tv
Casi nunca veo televisión israelí después del noticiero nocturno. Sin embargo, aquella noche no pude apartar mis ojos del programa Ima Majlifá (Madre sustituta) en el que dos mujeres desconocidas intercambian hogares. En esa ocasión, una de las mamás era un judío observante llamado Daniel que vivía junto a su esposo y sus niños africanos adoptados en una casa de New Jersey donde hasta la hija menor tiene kipá. La otra madre era una mujer secular israelí con aversión hacia la religión y los homosexuales. Semanas después fui a una de las tiendas de mi barrio y no podía creerlo. Ahí estaba Daniel quien vive este año en Jerusalén, la ciudad de historias interminables. Me presenté con mi mejor sonrisa y como si fuéramos viejos amigos lo invité a venir a nuestra casa con los niños durante Shabat. Sonrió con la incomodidad que produce ser reconocido de nuevo en la calle. Salimos del lugar por separado y él se fue caminando rápido muy rápido. Y ahí recordé el poder de la televisión: Le da un aire de grandeza y notoriedad a cientos de seres que aunque son únicos e interesantes, nunca dejan de ser como todos, humanos. A.C.

Crónicas del transporte en Jerusalem
Egged es la segunda compañía de buses más grande del mundo, pero el transporte público que “sufrimos” en ciertos lugares y momentos del día en Israel es tercermundista. Me hundo en la frustración cuando la conexión entre Jerusalem y Tel Aviv (no lo escondo: el bus 480) es de una asombrosa frecuencia diaria pero de una desesperante ineficiencia. El servicio matutino es eficiente pero el de las primeras horas de la tarde que corresponde con el regreso a casa es una odisea que no baja de las dos horas y que incluye las siguientes “tosafot”(adiciones): una ingente “masa” de viajeros apelotonados, no hay taquilla para comprar billetes, los billetes los vende el chófer y con frecuencia se le agotan las “cartisiot”(tiqueteras), viajeros que se cuelan descaradamente, buses sucios y que a veces se averían en medio de la carretera y todo ello sin olvidar los ingredientes secretos de Israel: Jutzpá, empujones, quejas, y el pobre mendigo que te clava la mano en los ojos a las puertas del bus pidiendo una limosna de tzedaká....en fin...ya lo entendí: tengo que comprar un coche. A.H.

América: ¿Sólo una palabra?
Nuestro continente fue denominado América, en honor al navegante italiano Américo Vespucio.

Sin embargo, después de más de 500 años, esta palabra ha sufrido un gran cambio, o mejor dicho, una desmesurada acotación. Los estadounidenses se autodenominan americanos, en el resto del mundo los llaman también así, especialmente en Israel, país de estrecha relación con el mencionado. No es aparentemente un error puramente gramatical o geográfico, es ya una cuestión de dominación y de autoridad. Estados Unidos es un país, no un continente. Nadie tiene el derecho de pisotear la historia y la existencia de los demás a base de imperialismo y globalización.

Vivimos en Israel porque así lo decidimos. Pero somos americanos también porque así lo sentimos y de allí provenimos. Alcemos nuestras voces, porque aquí estamos y esta es nuestra identidad. Nadie puede arrebatárnosla. M.L.

Al amanecer y al atardecer
Una de las mayores delicias del apartamento donde vivo en la actualidad, es la visita constante y sin falta, de las decenas o tal vez centenas de pajaritos que llegan al árbol al lado de la ventana de mi habitación, cumplidamente, unos minutos antes del atardecer y también unos minutos antes del amanecer. Llegan y con su picoteo interminable e intenso, se les siente felices. Digámoslo así, llenos de vida. Ellos llegan, se reúnen, están un rato juntos, y luego se van, cada uno por su camino. Es como si después de un día atiborrado de miles de ocupaciones, como hacer nidos, comer, ir de árbol en árbol, tomar agua aquí y allá, llegaran al árbol escogido previamente entre todos, y se contaran qué hicieron durante el día. Son como los pensionados que se reúnen al atardecer en los parques a jugar dominó, o simplemente a charlar, y se cuentan lo del día, las noticias que vieron, las visitas de los nietos. Y lo mismo al amanecer. En éstas épocas como a las cinco de la mañana, vienen estos pajaritos, y entre picoteos y aleteos, se cuentan qué van a hacer durante el día, tal vez se invitan unos a otros a pasar el día juntos, tal vez se aman allí mismo, y luego, al salir el sol, se van, sin más, a hacer sus vidas. Sé que los pájaros son una raza muy social, que se les ve muchas veces en manadas volando incansables por el cielo. Pero para mí, el verlos, sentirlos, escucharlos día a día, me lo confirma, y la verdad, me alegra verles su constancia y emoción de estar juntos, y sin falta. Cuánto ya quisiéramos nosotros, que vivimos un día a día frenético en el que no nos queda tiempo de casi nada, pudiésemos darnos estos minutos de ocio al día y de estar con todos los que queremos. ¿No sería una delicia? P.CH.

Los israelíes y el avión
Nos dirigíamos a Buenos Aires en el vuelo a Madrid, con Iberia, cuando nos tocó compartir vuelo con los israelíes que viajaban a España. Apenas despegamos nuestros compatriotas comenzaron a hacer gala de ser los únicos que sabían cómo lograr que la tripulación los atienda “como debe ser”.

Empezaron exigiendo que les sirvieran agua aún antes que se apagara el cartel de “cinturones ajustados”. Las azafatas les pedían un poco de paciencia pero ellos seguían implacables. El contagio era generalizado y los “sabras” se seguían sumando a los que apretaban los botones para llamar al servicio. Al poco tiempo la exigencia general era la de saber “a qué hora se sirve la comida”, “qué película nos van a ofrecer”, o comentarios como “me imagino que después de la cena llegará el desayuno….”. El caos por la cantidad de exigencias hicieron que el piloto decidiera poner en forma permanente el cartel de los cinturones para que nadie se parara mientras anunciaba que atravesábamos turbulencias. La realidad es que el avión no se movió en ningún momento y que no pasamos por un solo pozo de aire. La tripulación (nos lo explicaban luego en castellano) tuvieron que aplicar el recurso de “las turbulencias” para poder frenar la jutzpá israelí que nos destaca. J.B.

A.C. Adriana Cooper
A.H. Alberto Hayón
J.B. Julio Bircz
M.L. Martín Levin
P. CH. Paul Chamah

 

Nito Mestre canta Yerushalaim Shel Zahav en sus conciertos en Israel

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Las fotos de Piedra Libre:

 

 

 

Imagen tomada en el cada vez más hermoso y afamado barrio Nevé Tzédek de Tel Aviv. El escrito en la pared es "Am Israel Jai", (el pueblo de israel vive!). Fotógrafo Gilad Benari

 

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