Un país hijo de rutas
Israel es un país muy pequeño. Pero sólo geográficamente hablando, porque es enorme en historia, en hermandad y en tradición. No obstante, en extensión territorial es extremadamente chiquito. Tan pequeñín que se lo puede recorrer de norte a sur, de pe a pa, en muy poco tiempo.
Tal vez como consecuencia de esto, Israel es un Estado con muchísimas ciudades, todas muy cercanas entre sí. Esto puede resultar muy positivo, por ejemplo, ya que se puede vivir en Azor, bello lugar, tranquilo, y en cierta forma “alejado del bullicio de las grandes ciudades” subirse al auto y en 15 minutos estar en Tel Aviv para ir al cine. Pero, y siempre hay un pero, para esto resulta imprescindible tener auto. Tantas ciudades en tan pequeño país generan que casi todos los caminos sean en rutas. Es así, que con tantas rutas, tanto tránsito y velocidad, sin auto estás perdido. Así estoy yo, con mi triciclo inútil. M.L.
Los israelíes y el avión
Nos dirigíamos a Buenos Aires y la escala era Madrid, en vuelo de Iberia, cuando nos tocó compartir vuelo con los israelíes que viajaban a España. Apenas pasado el despegue nuestros compatriotas comenzaron a hacer gala de ser los únicos que sabían como lograr que la tripulación los atienda “como debe ser”. Los israelíes exigían que les empiecen a servir agua aun antes que se apague el cartel de “cinturones ajustados”. Las azafatas pedían un poco de paciencia pero ellos seguían implacables. El contagio era generalizado y todos los “sabras” seguían apretando botones para llamar al servicio. Al poco tiempo la exigencia general era la de saber “a que hora se sirve la comida”, “que película nos van a ofrecer”, “me imagino que después de la cena llegará el desayuno”. El caos por la cantidad de exigencias hicieron que el piloto decida poner en forma permanente el cartel de los cinturones para que nadie más se siga parando mientras que anunciaba que atravesábamos turbulencias. La realidad es que el avión no se movió en ningún momento y que no pasamos por un solo pozo de aire. La tripulación (nos lo explicaba en castellano) tuvo que aplicar el recurso de “las turbulencias” para poder frenar la jutzpá israelí que nos destaca. A fin de cuentas somos parte de ella. J.B.
Un buen vividero
Tfú Tfú Tfú. O tú tú tú, como lo dicen otros. Sucede que a veces cuando uno habla de algo que hace rato no pasa, por hablarlo, pasa. Esperamos que este no sea el caso. Me refiero a que gracias a Di’s hace un buen tiempo Israel no ha sufriendo ataques de suicidas o cohetes que caen por medio país. Y es esa tranquilidad la que a veces nos permite mirar otras realidades de este país. Como lo hemos dicho antes, así no todos lo sintamos en nuestros bolsillos, es evidente que Israel se ha ido convirtiendo en un mejor país para vivir. La crisis mundial económica actual, Israel la resistió, y es de los primeros países que está saliendo de ella. Pero es la tendencia y el camino que ha hecho Israel en su economía y nivel y calidad de vida en las últimas décadas a lo que nos referimos. Israel tiene ahora un PIB per cápita de 28 mil dólares, a comparación de 8 mil de Argentina, 5 mil en Colombia, 2 mil en Siria, y está en el mismo nivel que países como Japón, Alemania, España. Israel está en el puesto 27 dentro de 182 países. Cuenta con reservas internacionales de cerca de 60 mil millones de dólares. Y uno puede seguir con la lista de cifras macroeconómicas. Lo importante también es verlo en el día a día. Los centros comerciales están atiborrados, las cifras de israelíes que salen al extranjero van en constante crecimiento, las ventas de automóviles crecen de forma vigorosa, las ventas de apartamentos (y los precios) están imparables. Todo esto son síntomas de una economía fuerte, pujante. Y si miramos el aspecto social (aunque cada vez se escuchan más casos de asesinatos y riñas familiares espeluznantes), Israel, comparándolo con la mayoría de los países de dónde venimos, tiene un mejor nivel y calidad de vida. El que nuestros hijos puedan salir por las calles a caminar sin que los roben o secuestren, es algo que no podemos dar como obvio. No muchos países lo pueden contar. Y sí, es difícil vivir acá, pero si lo vemos en una perspectiva de décadas, hay que reconocerlo: Este país se ha convertido en un buen vividero. P.Ch.
M.L. Martín Levin
J.B. Julio Bircz
P.Ch. Paul Chamah






