“Los rikudim en Israel son distintos a los que bailamos en América Latina”
Pamela Alexandra Kogan en octubre del 2008 hizo aliá desde Córdoba, Argentina. Esta joven de 37 años, la cual tiene como su gran pasión los bailes judíos, después de haber visitado el país en ocho oportunidades, sintió que la gran identificación que tenía con Israel, era ya suficiente motivo para decidir vivir aquí.
Como lo cuenta, siempre estuvo ligada de alguna manera con Israel a través de su música y sus bailes. “En Argentina, trabajé más de 17 años en la Institución Socio Deportiva Macabi Noar, como markidá (profesora de bailes) y como directora del Departamento de Rikudim (bailes israelíes) y coreógrafa de la Leaká representativa de la Comunidad Judía de Córdoba. También fui directora del Departamento de Juventud de Macabi Noar y morá de rikudim (profesora de bailes) en el colegio Primario Israelita Gral. San Martín”. Luego Pamela, en búsqueda de otros destinos y desafíos, se mudó en 2005 a Venezuela, y trabajó como Directora del Departamento de bailes israelíes de Hebraica en Caracas, hasta que se mudó a Israel.

Actualmente, dirige el "Merkaz Kehilati Jadash" y las Leakot representativas que pertenecen a la Municipalidad de Raanana. Además participa como asesora artística y coreógrafa de los eventos masivos que organiza el Departamento de Educación no Formal de esta Municipalidad.
Frente a la pregunta si bailar Rikudim en Latinoamérica, dentro de las comunidades judías, sigue siendo tan relevante o si la gente siente tanto el baile israelí como en la época de los años ’70, ‘80, Pamela explica sin dudarlo: “Es muy relevante, es un nexo muy importante con el judaísmo, con Israel. En la mayoría de las instituciones es una de las actividades más convocantes de la vida judía comunitaria”.
Y sobre las diferencias más notables con los bailes de hace unas tres o cuatro décadas, tiene una visión más aguda: “Siempre hubo una gran conexión con los bailes israelíes, probablemente en los ‘70, ‘80. En ese entonces era los comienzos de algo nuevo, había más interés o despertaba más curiosidad o entusiasmo. Hoy en día, la gente ya sabe de qué se trata, ya conocen los "rikudim" y saben que es una excelente actividad para encontrarse con amigos, para compartir, para pertenecer a un marco comunitario”.
Por otra parte, en Israel Pamela ha conocido numerosos latinos que hicieron aliá hace varios años y que bailan hasta hoy en día en las harkadot. “La mayoría de mis amigos y conocidos que bailaban en Argentina, siguen bailando acá, aunque sea una vez a la semana”.

Pero no hay que equivocarse al creer que lo que se bailaba allí, se lo mismo que en Israel. “Los juguim de Rikudim que nosotros conocemos en Argentina, en Venezuela o en Brasil, no son como acá. En Israel se baila distinto, son harkadot más grandes, de 3 a 5 horas por las noches, con más cantidad de gente, se baila mucho en parejas, cosa que en Latinoamérica no estamos tan acostumbrados porque bailan pocos hombres, es menos personal que los juguim que hay en las instituciones, ya sea de niños, de adolescentes o de adultos”.
Uno de los aspectos que le ha impactado más a Pamela en sus primeros meses en Israel, es “que uno llega a un p aís en donde todo funciona, donde hay estabilidad, donde hay perspectivas de crecimiento, etc. En mi caso, aún atravesando días difíciles, de cuestionamientos, sé que estoy en el lugar que quería estar”.






