Las calles en Israel se repiten, cambian sus nombres, se confunden entre ciudades. Recorrido entre políticos, reyes y palomas.
Estoy casi seguro que a todos nos ha pasado. Sobre todo los primeros meses o años de haber llegado a Israel. Recuerdo hasta el día de hoy el desespero y frustración, cuando tuve que buscar una dirección en la transitada calle Jabotinsky en Ramat Gan, y cuando pensé que ya había llegado, vi que el negocio que estaba allí no era el buscado, pero la dirección era la correcta. Sólo cuando entré me dijeron como si fuera una obviedad: “Esto es Bnei Brak, esta es la calle Jabotinsky, pero de Bnei Brak”. Qué iba yo a saber que esta calle arrancaba en una ciudad y pasaba a la otra sin avisar, sin ninguna señal.

Calle “Rambam” en Tel Aviv. Que no queden dudas.
Esta es sólo una anécdota. Estoy seguro, como les decía, que alguno de los que están leyendo esta nota, también han pasado por algo similar. No me sorprendería que Israel (y sin saber las estadísticas mundiales, pero por el alto número de ciudades que hay en proporción a los habitantes me atrevo a decirlo), tiene uno de los mayores nombres de calles repetidos entre ciudades. Sólo por dar algunos ejemplos miren la tabla adjunta: Hay 57 ciudades con calles Jabotinsky y 52 con calles Hertzl.
Estoy seguro que en varias ciudades ya tienen listas las calles que dejarán de ser “Hayarkón” o “Aluf Sadé” para llamarse “Derej Peres”, o “Shderot Sharón”, y no veo difícil que en un tiempo no muy lejano, estemos sentados tomando café en la esquina entre las calles “Barak” y “Netaniahu”. Interesante sería si le habrán preguntado (con mucho respecto obviamente), a Shimón Peres si tiene alguna predilección por una calle que lleve su nombre en Tel Aviv o Jerusalem.
Peres no se quedó quieto
Lo de las calles es sólo un síntoma de cómo los líderes políticos, militares y culturales israelíes encuentran su espacio en el tiempo, en la eternización de su presencia. Porque aparte de nombres en las calles, los primeros ministros de Israel y otras personas notables, han dejado en sus testamentos y acciones de gobierno, indicaciones claras de cómo quieren que se les recuerde, qué museo hacer, dónde y cómo mostrarlo. Por ejemplo David Ben Gurión, donó su casa donde vivía en Tel Aviv (la calle lleva su nombre actualmente, pero antes se llamaba “Shderot Keren Kaiemet”) al gobierno, y dejó especificado qué hacer con ella: Entrada gratuita, permiso de usar los libros que dejó en el segundo piso, y además dejó claro la forma de cómo se debería componer el comité que administrara la casa en su falta. Hertzl no alcanzó a preocuparse de su recordación eterna (no vivió para ver el nacimiento de Israel), pero por ley el gobierno hizo el museo que hay en el monte que lleva su nombre en Jerusalem.
Las intendencias pueden cambiar los nombres según crean,
pero si van a usar nombres de líderes nacionales,
tienen que pedir permiso al gobierno,
a una comisión de ministros que se reúne para tales efectos.
Al mismo tiempo, es notable cómo la memoria colectiva en Israel es corta. Por eso es que el ex-Primer Ministro Menajem Begin, por poner un ejemplo tiene un museo más grande y generoso e impresionante que todos los de Ben Gurión. Su museo de “Moreshet Begin” en Jerusalem es una demostración clara de esto. Muchas veces esto depende de la cantidad de donaciones que logran conseguir los seguidores de las ideas de estos líderes y no por la importancia de la personalidad. Begin en esto le va ganando a Rabin. Itzjak Rabin sólo cuenta con algunas calles y el instituto para su recordación “Moreshet Rabin” en Tel Aviv. El primer Presidente de Israel, Jaim Weizman, con 48 calles a su nombre, tiene su casa en Rehovot convertida a museo, y además a su nombre el centro de académico y de investigaciones “Majón Weizman” de la misma ciudad. Ben Gurión de todas formas no se queda atrás. Tiene universidad, la de Beer Sheva y junto a ésta, su casa en el kibutz Sde Boker, que junto a la de Tel Aviv, por orden específica de él, no pueden mostrar lujo ni desarrollo, sólo sencillez y humildad. Por eso el museo de Begin o el de Herzl muestran la historia de ellos de forma más impresionante, con toda la tecnología actual que existe para este tipo de exhibiciones y el de Ben Gurión se quedó “en el pasado”.

“La Ganenet”: La primera niñera de Israel.
Junto a todos ellos, el actual Presidente de Israel, Shimón Peres no se podía quedar quieto esperando una calle cuando ya no estuviera entre nosotros. El ya consiguió los fondos necesarios, y fundó desde hace más de una década su “Centro Peres para la Paz”.
Una forma concreta y cruda de medir la presencia en nuestras calles de ciudadanos distinguidos, es que entre más cercana ha sido su muerte, más recordación se le da. Lo que ellos no saben, es que tal vez en unos 50 o 70 años más, sus lugares de recordación, sus calles, se las darán a los siguientes, a los recién fallecidos, a los recién asesinados. Por eso no es de extrañar que calles dedicadas a personas básicas en nuestra historia de pueblo judío, como lo fueron los reyes de Israel, queden en un relegado quinto o sexto plano: El Rey David tiene sólo 28 calles, el Rey Salomón 26, y el Rey Saúl se debió resignar a 25.
La primera niñera de Israel
La mecánica de la burocracia de la escogencia de los nombres de las calles en Israel funciona de la siguiente forma: Las intendencias pueden cambiar los nombres según crean, pero si van a usar nombres de líderes nacionales, tienen que pedir permiso al gobierno, a una comisión de ministros que se reúne para tales efectos.
Los nombres a las calles que se le han dado a personalidades, se ha hecho comúnmente cuando ellos han fallecido. Pero hay excepciones, como todo. Por ejemplo la calle Allenby tanto en Haifa como en Tel Aviv, las nombraron estando el general británico en vida. Lo mismo a Ehad Haam, Bialik y Dizengoff. O la calle del educador Jaim Bograshov en Tel Aviv, que al poner la calle en su nombre en honor a que él vivía allí, se molestó, por lo que “hebraizó” inmediatamente su apellido a “Boguer”, para no ser identificado con la calle.
La calle “Shvil Hajalav” (Vía Láctica) recibió su nombre
debido a los potreros de vacas de allí
Pero más allá de los nombres de los “padres y madres de la patria”, a las autoridades locales, les “sobran” calles para nombres más coloquiales, más cercanos a la vida real de la calle, o de la ilimitada imaginación de algunos. Por ejemplo, la calle “Sumsum “(Ajonjolí o Sésamo como lo llaman en otros países) en la ciudad de Even Yehuda. O la calle “Zunzar” (Censurada) de Tel Aviv, que no se sabe el porqué la censuraron de nacimiento. O la inspirada calle “Shvil Hajalav” (Vía Láctica) en el barrio Nahalat Itzjak de Tel Aviv, que recibió su nombre debido a que allí había originalmente varios potreros de vacas, e incluso en esa calle se fundó la empresa de lácteos que existe hasta hoy en día “Tara”. Y si nos ponemos sentimentales, no nos podemos saltar la calle “Ahavá” (Calle del Amor) en Hod Hasharón, ni de “Madregot Gan Eden” (Escaleras hacia el paraíso) en Jerusalem, de la cual no sabemos si Led Zeppelin se inspiró en esta calle, o si fue al revés. Y ya para nombres prácticos, salta a la vista la calle “Haganenet” (La Niñera) en la capital de Israel, en honor a Jasia Pinsod Sukenik que fue una de las fundadoras del primer jardín de infantes en Israel.
Calles N.N.
Para tristeza de los políticos y líderes destacados, el nombre que más tiene calles en Israel, no es una persona. Es un fruto, la aceituna, “Zait”, la que los israelíes deseamos que las palomas lleven algún día (y en serio) su rama de la paz. Las aceitunas cuentan con 124 calles en todo el país. Y luego le siguen los árboles, aunque con cierta distancia (ver la tabla).
De otro lado, es sorprendente que en este país, que le gusta tanto usar las calles para realce de políticos, árboles o rabinos, aún haya calles que no tienen nombre. Aunque no son muchas, en varias ciudades se encuentran calles sin nombre, sólo con un número, por ejemplo 3321. Esto sucede en barrios que recién se construyen, y aunque a muchas les ponen luego nombre, también hay algunas que se han quedado en el triste olvido sin ningún nombre que las identifique. Este fenómeno es muy común en las ciudades y poblados árabes israelíes.
Como les contaba al principio, el enredo con las calles repetidas en Israel, es sibilino. Pero gracias a Di’s, y aunque ya lleve varios años en el país, y aún no logre identificar muchas calles, la tecnología ya nos ahorra ir a ciudades equivocadas. El cada vez más indispensable GPS es una ayuda deliciosa que te ahorra rabias y cóleras en tu camino. Y más aún si se trata de ir a la inentendible Jerusalem o a la enrevesada Tel Aviv.






