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"El día en que vos y yo dejemos de ser distintos"

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El recorrido de JAG (judíos argentinos gays) tiene menos de una década de edad, aunque el motivo que hizo que nazca la Asociación tiene cientos de años de discriminación (casi tantos como el judaismo mismo). La lucha de los integrantes de JAG es la de poder estar en una sinagoga de la misma forma que cualquier judío. Es la de poder ser reconocidos por la gente de su mismo pueblo. Es la de poder entrar con su pareja y sentarse junto a los otros sin ser mirados constantemente. Es la de poder casarse bajo una jupa y ser aceptados como las mismas leyes de Argentina lo permiten para el casamiento civil igualitario. Es poder adoptar un chico y que este tenga los mismos derechos de herencia de cualquiera de sus padres. Es la lucha de un grupo de valientes que hace tiempo se animaron a “dar la cara” y no esconderse nunca más. Los mismos que recorrieron todos los foros para convencer a los legisladores de su país a votar la ley de matrimonio igualitario (aprobada desde el 2010). Una historia contada por sus propios integrantes en esta nota y que se vio reflejada en una película que narra el drama de cuatro casos distintos aunque parecidos. “Somos gays y somos judíos, así nacimos y hemos de vivir, con orgullo y preocupación por los que vendrán detrás nuestro”.

"Es terrible ser parte de un pueblo discriminado y que nosotros mismos seamos discriminadores de nuestros hermanos con una forma de vida distinta"
Silvia Papuchado, judía y psicóloga

“La historia de los integrantes de JAG está compuesta por gente que estudió en colegios judíos, que asistió a clubes de la colectividad, que hizo su bar o bat mitzva y que tiene, en muchos casos, padres que son ortodoxos o por lo menos asiduos participantes en las sinagogas y en la colectividad. Es la historia de aquellos que estuvieron “escondidos” durante mucho tiempo mientras aguantaban las ofensas implícitas y explícitas de aquellos que los despreciaron durante tanto tiempo. Es también, la brillante idea de identificarse como JAG (fiesta en hebreo) para demostrar la alegría con la que viven cada logro y con la que disfrutan de su judaismo. Es el recorrido de aquellos, que después de haber pasado miles de conflictos, decidieron “salir del armario” -como ellos mismos dicen- para ser considerados iguales. A fin de cuentas, pagan impuestos, votan y respetan las leyes como vos y yo. ¿Por qué tienen que ser vistos de forma diferente?” El relato de Silvia Papuchado es elocuente y nos aclara que sólo puede darnos los nombres de algunos de los de JAG porque no todos se animan a ser identificados.

“Como psicóloga, y especialista en temas de sexualidad en particular, te cuento que cada caso es distinto y tiene que ver con la percepción personal de cada uno y con el marco que los rodea, considerando muy especialmente a la familia de cada individuo. Algunos contaron con la comprensión y contención de los padres desde el mismo momento en que supieron que tenían una sexualidad distinta a la que su familia esperaba. Otros prefieron tapar todo y nunca hablar del tema con nadie. Muchos se alejaron de sus propios hijos por no poder o querer aceptarlos. También están los que después de haber rechazado terminaron comprendiendo y aceptando la condición de “distinto”. Hoy ya son muchos los que aceptan que su hijo los encuentre acompañado por su pareja de su mismo sexo. La ley civil ayudó mucho para que esta comprensión sea posible. La halaja no los acepta por aquello de no derramarás tu semen en vano. Es así como la ortodoxia judía no les da lugar alguno y, en cambio, los conservadores o tradicionalistas los han aceptado. El logro colectivo de JAG es maravilloso. Han hecho juntos lo que ninguno en forma individual hubiera podido hacer”

"Cuando me enteré de la discriminación que sufrían y conocí varios casos individuales les propuse hacer una película sobre sus propios testimonios"
Maximiliano Pelosi, director de cine

El film “Uno entre otros” es el testimonio de cuatro casos de judíos gays narrado por sus mismos protagonistas. Maximiliano, director de la película, invitó a Piedra Libre a verla y disfrutarla en su propia oficina. “El film ya se exhibió en Estados Unidos y solo dos meses en la Argentina con el apoyo del Instituto Nacional de Cinematografía pero no podemos reproducirla en DVD porque inmediatamente llegaría a Internet, copia mediante, y nos perderíamos de cobrar derechos que el Instituto nos prometió al apoyarnos en la realización. No me pidas una copia porque no puedo darte ninguna”. La historia de Gustavo (Michanie), de Diego, Gabriel y de Dan (Breitman) nos conmueve desde el comienzo mismo. Los lugares en donde se ha filmado son los que conocen todos los judíos de Buenos Aires: el templo de la calle Libertad o de Paso, los colegios a los que todos fuimos, los clubes de la colectividad y las calles donde se ven religiosos ortodoxos o gente con ropa comun usando kipa. El centro de la ciudad, los barrios de Once, Villa Crespo, Flores o La Boca hacen que nos identifiquemos inmediatamente. La película explica que la Argentina tiene 40 millones de habitantes y que el 6% aproximadamente está compuesto por gays, lesbianas, travestis o transexuales. En "Uno entre otros" se informa que hay 250 mil judíos en el país y que la cantidad de gays es proporcional al total de la población argentina. En el film cada protagonista cuenta su historia y ellos mismos se encargan de admitir que son de los pocos que se animaron a salir del armario. Cada uno relata los maltratos cometidos por sus compañeros del shule con notas dejadas en los pupitres con epítetos tales como “gordo maricon” y tantos otros. También cuentan el caso de uno que fue llamado a subir a la Tora en la sinagoga y que, al retirarse dejando una donación, escuchó decir “anótenle doscientos pesos al trolo que acaba de bajar”. El propio director de la película nos habla de su historia y nos dice que “yo también soy gay pero no soy judío, mi pareja es ortodoxo judío y vive solo y es por eso que sus padres nunca se enteraron de la relación que tenemos; el lleva una doble vida de la que nadie sabe nada pero sufre por no poder vivir plenamente”. El actor Dan Breitman es uno de los capo-cómicos de moda actualmente y sus espectaculos teatrales siempre cuentan con sala completa. El es otro de los protagonistas del film y sus relatos cargados del dramatismo de la discriminación se mezclan con las ironías humorísticas que el mismo agrega. Solo logra sacarnos una sonrisa porque lo que subyace en sus palabras está cargado de tristezas.

La historia de Gustavo, con el testimonio entremezclado de su propia madre, es la que abre la proyección y que también la cierra con un final cargado de dolor. No vamos a seguir contando la película. Solo esperamos que en poco tiempo se exhiba, también, en Israel.

"Si me mandas un mail te pido que insistas varias veces, no siempre entran como deberían, mi casilla es tan estrecha como yo"
Gustavo Michanie, fundador y secretario actual de JAG

Conocer a Gustavo es encontrar a un tipo inteligente, con un humor que no para de hacer alusiones a su condición de gay. Es un hombre como cualquiera que no lleva afeminamiento ni en su voz, ni en su andar ni su conducta. Uno se entera que es gay porque el mismo lo dice orgullosamente “soy tan gay como judío, no podría renunciar a ninguna de estas condiciones, mi lucha es la de mis hermanos, la diferencia es que yo ya me atreví hace tiempo y muchos de ellos todavía no. En mi casa nunca se hablaba de este tema y mucho menos con mi padre, judío ortodoxo sefaradí del barrio de Once, pero este verano nos fuimos por unos dias a la costa todos juntos y yo llevé a mi pareja conmigo. Por supuesto que nunca lo besé ni abracé delante de mi viejo porque respeto mucho a mi padre. Pero logré un adelanto impresionante. La que no me acepta para nada es mi hermana, también casada con un ortodoxo, y no quiere reconocerme ni a palos. Hace un año cumplí los 40 e hice una fiesta en casa en donde ella estaba invitada. Me dio el cavod de venir pero solo se aguanto veinte minutos. No pudo aguantar a las 150 "locas" - así llama a sus amigos gay - que también vinieron a saludarme”.

Gustavo es verborrágico y nunca para. Explica como JAG llegó a esta actualidad de reconocimiento “porque nos fue muy difícil querer ser judíos y evitar la discriminación de nuestro propio pueblo, el más discriminado en toda la historia. Tuvimos la suerte de encontrar en nuestro camino a la gente de Judaica que comprende al Gran Templo de la calle Libertad con el rabino Sergio Bergman, lo mismo que el rabino Abruj de NCI o el rabino Damian Karo que dirige el templo de Paso, que incluye a colegios judíos e instituciones tradicionalistas. Todos ellos nos apoyaron, como en todas nuestras vidas –nos dice mientras sigue riendo- y funcionamos haciendo reuniones entre los integrantes e invitando a los que no se quieren dar a conocer. Aparte, la propia presidenta de la nacion nos había dicho personalmente que se encargaría de que se promulgue una ley para que exista el casamiento igualitario y no nos falló. Ella cumplió su palabra y los legisladores se encargaron de aprobarla. Durante esos tiempos, en que tanto se discutía la ley con los que estaban a favor y los que no, recorrí el país y fui a todas las marchas por el orgullo con mi kipa con los colores de la bandera de gays, lesbianas, travestis y transexuales. Como te imaginarás soy kirschnerista de arriba a abajo”.

Nos cuenta que ya estuvo siete veces en Israel y que no deja de emocionarse cuando recuerda el viaje que hizo con su pareja, con mi gran amor, un tipazo que me dejó temprano afectado por el HIV y con el que estuve hasta el último día que dejó este mundo. Israel es mi lugar y siempre me atrae viajar para estar allá.

Cuando le preguntamos sobre el objetivo final de JAG, el objetivo más importante que quisiera lograr, nos dice “el de que vos y yo seamos iguales; nuestra historia va a terminar el día en que vos y yo dejemos de ser distintos”.

 

 

 

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