Las historias del mejor taxista de Jerusalén
A Amnon lo conocí en un momento de dificultad, y desde entonces su nombre está estampado en mi corazón. Veterano de la guerra y la vida, nació en la ciudad vieja de Jerusalén y conduce un automóvil blanco en el que ocurren todo tipo de historias. La última vez me habló de uno de los asesinos más famosos de la ciudad, el mismo que se subió de repente a su automóvil hace varios meses para un descanso fugaz de la cárcel. Para robar un dinero, el hombre asesinó hace años a un guardia de supermercado en el centro de Jerusalén y cortó su cuerpo en pedazos que fueron a parar a sitios distintos. Desde entonces, su nombre se inscribió en la historia del crimen local y su vida se extingue en la cárcel, lejos de su familia y amigos que lo abandonaron después de conocer su escalofriante historia. Minutos antes, estuvo en ese mismo taxi el mayor experto de“Tanaj” (Biblia hebrea) en el mundo, inválido pero incansable. Para Amnon, esos hombres son el mejor ejemplo de lo que puede ser la vida: un instrumento para triunfar, para hacer el bien o para desperdiciarse y hundirse en los abismos de la maldad. A.P.
Huelga en el Coffee Bean
Desde hace más de seis meses se han visto en algunos medios de comunicación, las luchas que sostienen los empleados del bien situado caféCoffee Bean, Leaf and Tea cerca de la Plaza Rabin en Tel Aviv. Los empleados, que no superan en promedio los 22 años, (algunos latinoamericanos, como los mellizos Toledo que entrevistamos hace un par de años en PL) se organizaron para luchar por lo que consideran sus derechos básicos: recibir de manera justa las propinas, tener sillas donde sentarse cuando el cansancio los acose en medio de su jornada laboral, y que no les recorten sus pagos por las horas extras. Más allá de si tienen razón o no, se siente una frescura en el alma y un optimismo por un mejor Israel, al ver jóvenes recién salidos de las filas del ejército, que tienen la motivación y el coraje de generar un debate público y tratar de crear precedentes para los futuros empleados que hay y habrá a lo largo y ancho de Israel. Por eso me alegré cuando quise entrar a este café, y los “huelguistas” me entregaron su manifesto en las puertas del lugar, y aunque me dijeron “el café está abierto y usted puede entrar si así lo desea”, me invitaban a identificarme con ellos en su lucha. No sé si logren lo que esperan, pero sólo por apoyar iniciativas como ésta, sobre todo viniendo de jóvenes que aún sienten y creen firmemente que el mundo se puede cambiar, no entré y opté por buscar otro café donde escribir esta nota.P.CH.
El amargado del autobús
Comprobé en cuerpo propio lo que creía que era una leyenda urbana a pesar de que ya varias “víctimas” me lo habían reportado: que alguien en el bus te mande callar. Iba en el autobús de regreso a mi casa en compañía de mi amiga uruguaya y, como siempre, veníamos conversando -en voz baja- de esta vida y la otra. Cuando de repente, un joven sentado frente a nosotras nos gritó en hebreo “shhhh, silencio, silencio, me duele la cabeza, shhhhh, hijas de p...”, por no citar el sartal de insultos que nos lanzó. Entre ofendida, enojada y sorprendida por la violencia que se despertó en ese hombre sin una franca razón, contuve a mi amiga para que no se fuera a los golpes contra él y abrí una brecha en el tiempo para tratar de entender esta absurda escena (¡Qué vida tan triste y amargada debes llevar para irritarte hasta con las personas que hablan a tu alrededor!...). Yo, que prefiero tomarme todo por el lado amable, terminé por reírme junto con mi amiga cuando caímos en la cuenta de que habíamos entendido todo lo que dijo aquel huraño en hebreo, justo lo que habíamos aprendido ese día en elulpán: “Me duele la cabeza, me duele la espalda, me duele cualquier cosa”. Una risa para completar la tortura del grosero que seguro pensó que nos burlábamos de él. M.E
Paradójico Israel
¿Quién no se siente a veces molesto por la forma tan poco diplomática en que actúan los israelíes? Todos hemos vivido situaciones donde la presión que soporta Israel se refleja en la conducta de la gente. Los gritos por cualquier motivo, los intentos de "colarse" en la fila, las interrupciones cuando uno está todavía realizando su consulta, la bocina que suena apenas el semáforo anuncia la luz amarilla, y mil ejemplos más. Son temas de la vida cotidiana que a quienes nos hemos educado en algunas reglas de caballerosidad diferentes nos molestan. Pero hay ocasiones en que pasa lo contrario, y entonces el asombro es doble. Así me ocurrió hace unos días viajando a Tel Aviv con gente amiga. De repente el motor se recalentó, empezó a salir humo y tuvimos que parar al costado de la carretera. A pesar de la lentitud del tráfico, al minuto se detuvo un auto delante de nosotros y bajó una chica preciosa. Nos preguntó qué pasaba, se lo explicamos, y con una sonrisa nos dio una botella de agua especial para radiadores. Nos explicó cuánto tiempo esperar y otros detalles técnicos muy prácticos -tengo que revisar mi desconfianza de las mujeres que conducen- y no aceptó que le pagáramos el agua refrigerante. Pero su sonrisa y la simpatía que nos regaló fue lo mejor de todo. Me hizo feliz el resto del viaje. E.Z.
Purim: Los detalles que no recordamos
Otra vez preferimos no prestar atención a esos “detallitos” que no nos gusta explorar, pero que nuestros detractores nos recuerdan. Festejamos vida, libertad, victoria, pero no nos quedamos allí. No basta con la derrota del enemigo. Gritamos hurras por su muerte, bailamos alrededor del ahorcado, nos embriagamos y hasta nos comemos sus orejas... Claro, como siempre, los sabios de barbas blancas nos explican que Amelek,Aman, o el de turno, son simplemente "símbolos" del mal y que por ello no estamos hablando de penas de muerte, ni de venganzas, ni de pasión por la muerte ajena. Por suerte, ningún medio de comunicación "antisemita" ha revelado que también nos comemos lo que está dentro de la oreja... ¿Cómo podríamos contestar? A.CH.
Civilización o barbarie
Uno de mis vecinos decidió arrojar por la ventana sus trastos viejos, acumulándolos en el espacio de los guardacoches del edificio. Tras ver esto, acudimos a la Municipalidad, quienes enviaron un móvil inmediatamente. Ellos, al presentarse en el lugar, nos informaron que no habían encontrado ninguna anormalidad. Hallaban "todo en orden". Les expliqué que no veían nada porque no habían ingresado al edificio ni al estacionamiento a constatarlo. Pero no hubo forma. Se fueron argumentando que ellos, por no ser policías, no pueden entrar a una residencia sin tener todos los permisos pertinentes. Y para peor, cuando intenté hacerle ver a mi vecino lo impropio de su comportamiento, hasta preguntándole si acaso eran animales para conducirse de tal modo, contestó que sí. Qué claro. El problema lo tienen los demás habitantes del edificio, que osan manejarse como seres humanos civilizados y pretenden (¡oh!) gozar del respeto a las leyes básicas de convivencia. S.C.
¿Los Beatles nos habrán perdonado?
El gobierno israelí, por medio de su embajador en Londres, le pidió perdón a los Beatles por no haber aceptado que actúen en la Tierra Prometida cuando estaban en su apogeo (cuarenta años atrás). El primer ministro de aquel entonces, David Ben Gurión, había considerado que la influencia de los músicos de Liverpool podía resultar negativa para la juventud israelí. Hoy, con varias décadas de retraso, nuestro gobierno trató de borrar la afrenta en forma diplomática. Desde esta columna de opinión pienso que fue tan ridícula la medida que se tomó en el pasado como la de ahora. ¿Ellos necesitan de nuestra disculpa? ¿Tiene el gobierno tanto tiempo y dinero como para gastar en un embajador en Londres que vaya a pedir perdón? ¿El gobierno pensará que está representando la opinión de su pueblo para conformar este desagravio? ¡Que George y John nos sepan comprender desde las alturas! Amén. J.B.A.P. Adriana Puerta
P.CH. Paul Chamah
M.E. María Espinosa
E.Z. Eduardo Zalovich
A.CH. Azury Chamah
S.C. Sol Czeslar
J.B. Julio Bircz



Acido Vital
