Como todos sabemos, existe una dicotomía entre la ley del retorno y la “Halaja”. Es obvio repetirlo (pero vale), mientras la primera reconoce como judío hasta el nieto o nieta de abuelo judío, para la segunda solo el hijo/a de madre judía.
Como bien escribió Bernardo en su artículo, nadie elige el lugar donde nace.
En Sudamérica con distancias entre ciudades mucho más amplias que en Israel, quien vive alejado de centros urbanos o inclusive en barrios periféricos es difícil o casi imposible integrarse a las actividades de la comunidad judía.
Por eso es común que se genere matrimonios mixtos, cosa obvia e inevitable.



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