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  • Mica Tramer

Del ¿"Eifo a macolet"? al "Asará shekalim"

Actualizado: 23 jul 2021

Me gustaría sentarme en un café, leer la carta completa, decidir en silencio (sin ayuda) que quiero y pedirlo. Comer tranquila, pagar e irme. Un sueño que algún día se hará realidad. Para eso, elegí ponerme a prueba estos 5 meses en Israel.

Domingo 18 de abril, 9:00 am. Empieza este desafío, el más grande del programa de Masa. El famoso ulpan. Aprender hebreo por zoom con cambios de profesores cada 2 semanas y bien temprano.


Siendo abril del 2021, todavía no me había encariñado con el computador para las clases. No se escucha, hablamos todos encima, el micrófono de alguien se queda prendido. Nada mejor que lo presencial. De todas formas, el destino no quería mucho que conociéramos a nuestro misterioso profesor. Cuarentena, supuesta libertad y en un segundo llega una guerra. Volvemos al zoom indefinidamente. Nuestro peor enemigo.

Clase número 1. Alef, bet, gimel, dalet, jei… ¿Lo están cantando?, parece chiste, pero así se empieza. Con un ulpan, la puerta más importante hacia el mundo israelí. Claro, si entras a una tienda hablando inglés ya te tratan distinto, por lo menos debemos fingir que sabemos hebreo hasta que lo logremos en serio. Por algún lugar se empieza, el ulpan es nuestro espacio y el de todos los nuevos Olim. No te da miedo equivocarte como en la calle, porque sinceramente a todos nos asusta la poca paciencia que tiene a veces el israelí y los gritos. La sala es nuestro lugar seguro.


(de izq. a dcha) Amanda Derviche de Brasil, moré Lios Guttman de Israel, Carolina Ratner de Argentina, Micaela Tramer de Chile, (sentados).  Nicolas Mor de Argentina, Nicolás Nozyce de Argentina (parados).

(de izq. a dcha) Amanda Derviche de Brasil, moré Lios Guttman de Israel, Carolina Ratner de Argentina, Micaela Tramer de Chile, (sentados). Nicolas Mor de Argentina, Nicolás Nozyce de Argentina (parados).



Somos solamente 9 en el grupo; 6 latinos y 3 rusos, todos en el mismo nivel. Se podrán imaginar que no todos tenemos el mismo conocimiento en hebreo, pero se logra.

Clase número 2. Partimos repitiendo una frase: “Slija, ¿Eifo a macolet?” y ahí nos damos cuenta que el hebreo de 10 años en una escuela judía se borró completamente de nuestras cabezas. Es loco pero cierto. Es tan representativa esa frase que ya quedó como chiste del grupo. Cada vez que podemos la usamos y sabemos que nos estamos refiriendo a que por lo menos sabemos decir esa frase sin equivocarnos. ¡Ni que pudiéramos sobrevivir solo con esa oración!

1 mes y medio después. Al fin nos encontramos aquí, en nuestro edificio de Tel Aviv teniendo nuestra primera clase presencial con el moré Lios. El primer shock, ver una clase en persona, sin mascarillas, sentados todos juntos alrededor de la mesa. Viviendo básicamente en el futuro.


(de izq. a dcha) Amanda Derviche de Brasil, moré Lios Guttman de Israel, Carolina Ratner de Argentina, Micaela Tramer de Chile, (sentados). Nicolas Mor de Argentina, Nicolás Nozyce de Argentina (parados).



Clase número 3. Logramos tomarle la mano al repetir frases en hebreo, hasta que llegó el momento de escribir. Nuestro mayor miedo, es un juego de lotería. Alef o Ain, Jet o Tet, Samej o Shin. Tú decide y veremos que tal tu suerte. Clase número 16 y seguimos apostando entre nosotros cada vez que nos toca escribir. “¿Mi rotze lijtob?”, ahora nadie levanta la mano, todos nos queremos ahorrar la vergüenza de escribir “atá” con jei y ain. Mejor prevenir que lamentar como se diría. Pero eventualmente nos toca a todos pasar por eso y vemos cómo los cerebros piensan casi que, en voz alta, se nota en las caras.


¿Quién lo diría? Hija de israelí, graduada de un colegio donde aprendí hebreo por más de 10 años y visitando Israel cada vez que podía. Nada de esto me salva de decir que no me acordaba del idioma. No culpo a nadie, el hebreo es difícil de recordar. A todos nos pasó y Lios Guttman, nuestro Dios del hebreo, nos tiene paciencia con eso. Entre el ruso, el español y el inglés, logramos comunicarnos, y bueno, a veces el hebreo. “¿Cómo omrim this?”, una mezcla que nos revuelve el cerebro cada lunes y miércoles de 19:30 a 21:30.


Nuestras clases: Escuchar, repetir, escribir (al azar) y leer. Todo en nuestro joveret, el cuadernillo que un niño de 5 años podría rellenar completamente, incluso nos comportamos de esa edad. Como nenes chicos pedimos recreo todas las clases, mínimo 10 minutos para lograr concentrarnos 2 horas seguidas.

Ya ni cuento las clases, sino los meses. 1 mes y medio y nos enteramos de algo inconcebible… ¿Cómo que los números tienen género en el hebreo? No entra en nuestra cabeza latina, seguimos sin entender y sin saber usarlo correctamente. El idioma nos sorprende cada día más. Si crees que sabes, solo ten una clase de ulpan y date cuenta de la cantidad de reglas y extrañezas del hebreo. Es un mundo nuevo para nuestra nueva vida acá, realmente un desafío.




¡Segundo mes y la lengua se va soltando! Entramos a un supermercado y creyéndonos los reyes del mundo empezamos “¿cama se ole?”ani rotza et ha dabar ha se”. Todo bien hasta que te responden una frase de dos líneas y tú sólo entiendes “Asará shekalim”. Salimos, orgullosos igual, nos miramos todos y decimos “¿vieron cómo lo dije todo en hebreo?”.

Miércoles 9 de junio, 21:30 pm. Fin de la clase y llega el momento en el que el moré nos hace preguntas personales, uno como ser humano normal práctica la respuesta 10 veces antes hasta que llega a confundirse cuando lo dice. Nos sentimos volviendo a la primaria, nerviosos por si nos equivocamos. Después miras al de al lado y te das cuenta que está en las mismas que tú. Los verbos, los números, los pronombres. Cada cosa con su regla y cada estudiante con una confusión más. Ni nosotros lo creemos, pero realmente se aprende, lentamente vas entendiendo la lógica por detrás (o por lo menos eso pensamos).


El ulpan nos ha abierto las puertas hacia la sociedad israelí. No es fácil ni cómodo. Tenemos que comer a las diez de la noche, estar dos horas sentados y desafiarnos cada clase, pero todo lo vale. Lo vale para poder preguntar en la calle con tranquilidad donde queda tal lugar, lo vale para saber bien cuánto cuesta algo y lo vale mucho para conocer gente en este maravilloso país.



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