Receta para una vida judía interesante y divertida

15.1.2014

Texto: Romina Reisin / Fotos: Barak Brinker

Nota publicada en PL64 - Enero/Febrero 2014

 

Una idea pequeña pero clara y con empuje llegó a convertirse en uno de los festivales de vida judía más influyentes de las últimas décadas. Todos pueden enseñar, todos pueden aprender. La idea es expandir los horizontes.

Equipo de Limmud Tel Aviv. Reunión en la Universidad de Warwick, previo al comienzo de la Conferencia. Foto: Barak Brinker

 

Había una vez, en las lejanas tierras inglesas, un grupo de cuatro muchachos. Una noche de lluvia y sobretodos, frente a algunas jarras de cerveza quizás, se enfrentaron valientemente a debatir sobre el creciente nivel de aburrimiento en la parte judía de sus vidas. El resto de su existencia parecía bastante entretenido, pero el costado judío era, sin ninguna duda, un bodrio. Se dieron cuenta que sus opciones eran: o se asimilaban, o se mudaban a un país con vida judía más divertida, o se entregaban al aburrimiento eterno. En medio de la existencial discusión recordaron a un amigo músico que en algún momento había tocado klezmer, a una amiga maestra de yoga que buscaba encontrar la conexión judía con el cuerpo, a un psicoanalista que traía la tradición judeo-freudiana. Y se preguntaron, “¿acaso nuestras vidas judías podrían energizarse y divertirse un poco si logramos juntarnos entre nosotros y compartir lo que cada uno viene haciendo por separado?” Así fue como un fin de semana navideño de 1980, mientras los amigos cristianos festejaban con sus arbolitos londinenses, los cuatro amigos se fueron a un hotel junto a otros 70 judíos, y se dieron clases entre ellos. “Limmud” llamaron al evento, y desde ese entonces se ha convertido en un fenómeno mundial. La idea de que todos pueden enseñar algo y que todos deberíamos aprender para expandir nuestros horizontes personales, sociales y judíos, es la base de Limmud hasta hoy.

 

Luego de 33 años, este grupo se convirtió en una Organización internacional, con eventos en cerca de 80 ciudades en el mundo y una Conferencia central en Inglaterra de una semana de duración con más de 2500 participantes, opción de 30 sesiones entre las cuales elegir cada hora, un total de 1100 sesiones (clases-actividades) y más de 450 presentadores.

 

Clive Lawton, uno de esos cuatro amigos originales y que ahora trabaja como consejero de la organización, describe la Conferencia como “la colección más impresionante de judíos interesados – que a su vez son interesantes – que se juntan por una semana y dejan de lado todas sus pretensiones”. Es que cuando uno llega a la recepción del campus de la Universidad de Warwik, donde se realizan todas las actividades, comidas y hospedaje de los “limudniks”, cada participante recibe una tarjeta de identificación en la que aparece con letras grandes el nombre de pila y luego el apellido. Y nada más. No hay títulos más o menos pomposos de por medio. El gran rabino del Reino Unido se sienta en el comedor con el cantante de rap neoyorkino, la adolescente londinense toma té con el hombre de negocios de Liverpool que se tomó parte de sus vacaciones para venir a ver qué es esto de Limmud. Y todos pagan. Los presentadores (para no llamarlos maestros o conferencistas) también pagan la entrada al evento, ya que a parte de la hora que dedican a enseñar algo, el resto del tiempo lo aprovechan para aprender de otros.

Sesión musical improvisada entre LimmudniksFoto: Barak Brinker

 

Mi experiencia

En mi primer Limmud, este diciembre pasado, me pasé varios días corriendo de una clase sobre el Génesis dictada por un rabino famoso con ideas provocativas a una charla en la que no cabía ni un alfiler sobre la neurociencia del amor. Caminé bajo la lluvia para llegar a una discusión con café y sesos sobre la filosofía judía en uno de los edificios de la universidad –desierta de alumnos, por las vacaciones de invierno-, y de ahí a un concierto nocturno de creatividad musical guitarrera sobre textos antiguos. La noche después del evento de Eurovisión en el que dos se disfrazaron de presentadores y mostraron los últimos 40 años de la participación israelí en el concurso, decidí tomarme la siguiente mañana para relajarme. Pero dado que la cantidad de opciones de cosas interesantes para hacer era enorme, me daba culpa tirarme en alguno de los patios de pasto verdísimo a tomar el poquito de sol que ofrecía la campiña inglesa. Elegí entonces entrar a la sala que llevaba el nombre HaMakom,  El Lugar,  y quedarme ahí.  En ese espacio ocurrían las actividades más espirituales y menos intelectuales o artísticas. Por lo cual, comencé el día con una meditación de acuerdo a las enseñanzas del Rabino de Piaseczno, un hombre jasídico que antes de ser asesinado por los nazis diseñó un camino de conexión con la mente y el cuerpo para que todos podamos llegar a la profecía. Luego, una joven discípula de las Kohanot nos hizo sentar en ronda sobre almohadones y nos pidió encontrar la conexión personal con alguno de los perfiles de las sacerdotisas, que son básicamente prototipos de las personalidades de las mujeres clave de la tradición judía.

 

Los miembros del equipo de Limmud Tel Aviv en Inglaterra (de izq. a dcha.) AlexZaltsman, Romina Reisin, Ruth Ouazana, Barak Brinker, Tal Grunshpan e Inbal Zeider. Foto:Barak Brinker

 

Tanta cosa me dio hambre, y necesidad de encontrar algo familiar. Así que durante el almuerzo me senté a comer con quienes había identificado como hispano-parlantes: dos argentinas de Limmud Buenos Aires, el fundador de Limmud México, un señor que quiere crear Limmud Barcelona y un israelí que había aprendido castellano en su viaje por Latinoamérica. Compartimos las papas hervidas con salsa de champiñones y los fideos con salsa roja que al parecer eran la típica comida inglesa, mientras me contaban de las versiones americanas de Limmud y yo los ponía al tanto de las israelíes.

 

La versión Israelí

La noticia del éxito de Limmud llegó por viento y marea a estas tierras lejanas y desde hace más de una década se vienen sumando las ciudades israelíes en las que se organizan Limmuds. Comenzó en el Galil, siguió por la Aravá, pasó por Jerusalem, Modiín, y prontamente se hará en Haifa, Neguev y Tel Aviv.

 

Diseño de estrategias generada entre los organizadores de Limmud en el mundo. Foto: Barak Brinker

 

La presencia de este evento en la capital económica y cultural israelí surgió por la idea de Tal Grunshpan. El año pasado este joven Telavivense fue invitado a la Conferencia anual de Limmud en Inglaterra para compartir historias y fotografías de su viaje en bicicleta por Europa. Su paso ciclista desde Alemania a España fue también una visita por las zonas judías de cada ciudad, en una especie de búsqueda rodada de la vida judía europea. La historia llegó a los oídos de alguno de los voluntarios que organizan Limmud y le ofrecieron tomar una hora del cronograma para contar su viaje. Al año siguiente, Tal reunió a sus amigos y conocidos y los invitó a animarse a crear Limmud en Tel Aviv. El grupo está creciendo y es abierto al que quiera participar, ya que uno de los pilares de la organización es que su manejo casi exclusivo por parte de voluntarios. Claramente, uno de los grandes desafíos es encontrar la manera de que una idea pensada para los judíos ingleses suene interesante para los que viven en Israel. La fundadora de Limmud Galil dijo que cuando ella participó por primera vez en la conferencia, sintió que entró a ella como israelí y salió de ella como judía. Su identidad judía, que estaba dada por sentado en su vida como ciudadana israelí, tomó ímpetu y la llevó a buscar hacia adentro y hacia afuera: qué hay de judío en ella y qué hay de interesante en el mundo judío por descubrir.

 

Clive Lawton, uno de los cuatro amigos fundadores, le dijo al diario Haaretz que cerca de 100 israelíes participaron de la Conferencia en diciembre de 2013. Él cree que se acercaron porque les llegó el rumor de que Limmud es una experiencia en donde no se juzga al otro, en el que nadie le dice al otro cómo debe ser su identidad o su vida judía, sino que se ofrecen miles de opciones para expandir los horizontes.

 

Los organizadores de Limmuds en diferentes partes del mundo se encontraron en Inglaterra. Foto: Barak Brinker

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