Los sonidos del silencio

15.11.2014

Por Marcos Lion

Entrevista publicada en PL69 - Noviembre/Diciembre 2014

 

Si hay un rasgo que atraviesa la sociedad israelí en cualquiera de sus capas sociales a lo largo y ancho del país es la violencia. Por diferentes situaciones que provienen desde los conflictos bélicos hasta los orígenes del Holocausto, una de cada cuatro familias israelíes ha tenido contacto con el dolor de las pérdidas personales. Quizás sea uno de los motivos por los cuales la violencia cotidiana quede tapada bajo la capa del dolor generalizado.

Sin embargo, en las últimas dos décadas y en especial en los últimos años ha empezado a salir a la luz un tipo de violencia que nos afecta a todos no en menor proporción que la mencionada anteriormente. Es hora de comprender que la violencia más radical contra la mujer acontece en lo que debería de ser el espacio más protegido y sagrado, el espacio del hogar. Esa violencia encierra el potencial más oscuro. Trae consigo el peligro de que el comportamiento que no sería tolerado en ningún otro lugar pueda suceder allí, precisamente por la privacidad e intimidad que goza. El insulto, la intimidación, el uso de la fuerza, el chantaje emocional y la violencia física suelen ocurrir a puertas cerradas sin que nadie más lo sepa. En lo que respecta al abuso, la casa ofrece la mayor cantidad de tentación con el máximo de oportunidades para cometerlo.

La violencia contra la mujer es un problema que no se puede callar y sobre el cual tenemos el deber y la responsabilidad de abordar dentro de nuestras posibilidades.

Es en este marco que se produce el encuentro con la escritora Rahel Shwartzer, autora de los Libros "Inocencia de Amor" y "Ansias de Libertad", editados bajo su nombre artístico Tahel Shahar.

 Una saga autobiográfica que le sirviera para poder mitigar en alguna medida largos años de padecimiento de este tipo de violencia.

Rahel llegó a Israel en el año 1971 a sus 18 años escapando del horror de la violencia paterna junto a su madre y cuatro de sus cinco hermanos, la última llegaría tres años después.

 La historia que Rahel relata en sus libros y que compartimos en este encuentro puede ser absolutamente personal, lo cual la torna indefectiblemente en universal y genérica, ya que las características de la violencia de género se basa en la asfixia de las víctimas en todos los aspectos de la vida; en lo físico, en lo psicológico, en lo sexual, en lo patrimonial y económico, y en la simbología que implica a la mujer como objeto de menosprecio, burla, desprecio y humillación.

Rahel nació en Colombia en el marco de una familia judía formada por su madre mexicana y su padre colombiano. Cuando su segunda hermana era una beba, se desató en su casa un infierno. Su padre, dueño de una doble personalidad, comenzaba a desarrollar un carácter violento e irascible contra todas las mujeres de la casa, es decir su madre y las tres hijas. En un rapto de cordura, su madre logra escapar hacia la casa paterna en México y allí reiniciar su vida. Abre una panadería y la vida se normaliza. Rahel y sus hermanas son criadas por sus abuelos que se prodigan por atenderlas, pero el abuelo, fallece.

En una escena que sería crucial para el desarrollo de su historia, se encuentran vaciando las cosas del abuelo, y en un baúl, Rahel encuentra las cartas de su padre, quien según el relato de toda la familia, incluidas sus tías, habría muerto en Colombia. Rahel guarda una de esas cartas y decide escribirle a su padre quien no sólo no estaba muerto sino que retoma el contacto con entusiasmo hasta llegar nuevamente a la madre de Rahel. Luego de varios viajes de reencuentro logra convencerlas nuevamente y rehacen su vida familiar, nuevamente en Colombia. Se vuelven a casar y la madre queda embarazada nuevamente, lo cual trae las primeras discusiones. La madre que no quería tener una vida de ama de casa, termina resignando su voluntad. Pero el infierno se desata y en este marco llegan otros dos hijos en la búsqueda frenética del hijo varón y absolutamente contra la voluntad materna. Los embarazos forzados en el marco de la pareja aún constituida, fueron otro de los rasgos de la violencia física que allí reinaba. El padre era una persona que si bien tenía la particularidad de reaccionar después y entender que había hecho algo malo, se transformaba por influencia del alcohol; era jugador y llegó a perder varias veces la vivienda. Infundía fundamentalmente miedo en todos los que lo rodeaban y hasta solía estar armado. Ellas eran víctimas constantes de agresiones, tanto verbales como físicas, y no podían recurrir a nadie; hasta el abuelo paterno recibió una paliza por intentar defenderlas y, cuando llegaron a la estación de policía, las recibió el jefe del departamento que era socio de su padre en la venta ilegal de cigarrillos de contrabando. El, gentilmente las acompañó de vuelta a su casa en el patrullero aconsejándoles no hacer la denuncia y que el arreglaría el tema en privado. Esa noche fue el infierno mismo. De milagro, cuenta Rahel, no hubo allí un homicidio...

Poco quedaba por hacer, hasta que una de sus hermanas recibió una tremenda golpiza con un cable de plancha y así llegó al colegio judío, donde recién después de pasar por la enfermería, entendieron la situación y pusieron a la madre y a los seis hijos a resguardo.

Viajaron a Bogotá y empezaron una vida nueva. Cuando las cosas estaban encaminadas, apareció el padre y con engaños, secuestró a la hermana de cuatro años.  "Mi madre no pudo soportarlo, mi hermana se enfermó y volvimos a Medellín con las renovadas y conocidas  promesas de mi padre de una vida más tranquila, que habría cambiado, cosa que duró apenas nada....", enfatizó Rahel en el encuentro.

No obstante ello, pasaron penurias y en una oportunidad la madre intentó salir rumbo a México nuevamente y fueron detenidos en el aeropuerto.

Finalmente, "Con el apoyo de la colonia judía y otros Organismos, y aprovechando una noche en que mi padre estaba internado, pudimos salir a Santa Marta. Cuando el barco dejaba la costa, no lo podíamos creer. Y de allí venir a Israel", contó Rahel.

Con el tiempo, aparece también en la historia, y de casualidad, una segunda familia paralela que el padre tenía con otra mujer, no judía, con quien no formalizó nunca pero con la que tuvo nueve hijos.

Cuando la hermana de Rahel se enferma le hace prometer a ella que escribirá la historia de su familia. Y ella, en homenaje a su hermana, recogió el guante y puso manos a la obra. Recorrer durante meses los diferentes lugares, entrevistar a su familia directa, a sus medios hermanos, y recorrer el horror que habían vivido, le llevó más de cinco años. Así lo describe ella: "Tenés que levantar de las tumbas a tus seres queridos para remover la historia, hay cosas que aun así no pude escribir de mis padres, por no escribir cosas denigrantes de mi madre. Fue tremendo remover todo el pasado pero a su vez pude sacar todo lo que tenía adentro. Mi hermana me dijo que llegó el momento del perdón, y realmente eso pasó, cada uno ya hizo su vida, pero no quiere decir que, un poco, queda siempre guardado..."

Atravesando la historia, Rahel construyó en Israel junto a su marido de origen uruguayo una familia hermosa con cuatro hijos que la apoyaron en todo momento en esta travesía sinuosa por la historia que sin duda plantea nuevamente el cuestionamiento de quienes padecen la violencia silenciosa, que hoy empieza a hacerse oír…

La violencia en todas sus expresiones como por ejemplo: la física, la psicológica, la verbal, la económica que amedrenta a personas sin distinción de raza, edad, destruye a las personas y a sus familias. Sus principales víctimas son las mujeres. Es por eso que hay que difundir el tema para que las personas que la sufren concurran a los diferentes lugares para ser asistidas por diferentes profesionales.

Es fundamental comenzar la prevención en violencia y malos tratos desde las escuelas, lugar que nuclea a la familia. Es allí donde es vital realizar talleres con los padres para así ayudar a mejorar los hogares disfuncionales. En ellos los niños la mayoría de las veces ven, sienten y vivencias situaciones de violencia entre sus padres que luego podrán reproducir o no. Es fundamental ayudar a propiciar la resiliencia y brindar herramientas a las familias para  sobreponerse de la adversidad.

 

Fuentes consultadas:

http://www.comunicarigualdad.com.ar/tag/violencia-de-genero

http://www.porellaslibro.com

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