Nunca es tarde...

12.3.2015

Texto: Marcos Lion / Fotos: cedidas por Héctor Plizchuck

Entrevista publicada en PL70 - Enero/Febrero 2015

 

Muchos se preguntan cuál es el mejor momento para hacer aliá.

¿Llegué bien, temprano, tarde…?

En febrero del año 2014 Rebeca Kohanoff, llegó a Israel con sus frescos 98 años.

 

Rebeca recuerda haber salido dos veces Reina de los bailes.

 

Cada noche antes de ir a dormir repite el poema el" Vendedor de naranjas" de Juana de Ibarbourou que aprendió en quinto grado…y es lo primero que brota de sus labios al recibirme…

 

Muchachuelo de brazos cetrinos
que vas con tu cesta
rebozando naranjas pulidas
de un caliente color ambarino

 

Muchachuelo que fuiste a las chacras
ý a los árboles amplios trepaste
como yo me trepaba cuando era
una libre chicuela salvaje

 

Ven acá muchachuelo, yo ansío
que vuelques tu cesta en mi falda
pide el precio más alto que quieras
ah! , qué bueno el olor a naranjas

 

A mi pueblo distante y tranquilo
naranjales tan prietos rodean
que agosto semeja de oro
y en diciembre de azahares blanquea

 

Me crié respirando ese aroma
y aun parece que corre en mi sangre
naranjitas pequeñas y verdes
siendo niña enhebraba en collares… 

 

…pero ahí se hizo un silencio, una pausa inesperada que me permitió que empezara a recorrer casi un siglo de vida que es lo que lleva vivido Rebeca Kohanoff, nacida el 10 de setiembre del año 1915, en Colonia Dora, Provincia de Santiago del Estero.

 

Junto a su familia compuesta por su madre y su padre ucranianos y por siete hermanos, cuatro mujeres y tres varones, se trasladaron a Rosario, para luego recalar en Charata provincia del Chaco. Allí ve Rebeca sus raíces más certeras. Cuando llegó al pueblo no pudo terminar la escuela porque todavía no tenían sexto grado en el lugar y recién después de seis meses lo crearon; y allí con otro puñado de chicos, terminaron su primaria…Recuerda como inventaban los juegos porque no existían, o no tenían recursos, como hacer una pelota con medias, habían improvisado una cancha de tenis y tenían que jugar con los faroles de la calle y jugaban con paleta, hasta que lograron que algún forastero les enseñe como se jugaba…ella era generadora de actividades, reuniones y bailes temáticos, vestidos de uno u otro color para  innovar. Recuerda haber salido dos veces reina de los bailes y en una de esas oportunidades hasta haber recibido una cámara de fotos Kodak. Le gustaba manejar desde monopatín hasta Sulki, pasando por una chata con la que acompañaba a su padre. "Mis hermanos juntaron figuritas y me regalaron una bicicleta, y después vino el Studebacker y también lo manejé", enfatizó Rebeca. Tocaba piano y eso la llevó a un conocimiento de canciones que trasladó al teatro, en el único cine que había en la ciudad, dirigió y actuó en una versión de "El maestro ciruela".

 

Así recuerda claramente su infancia y adolescencia, plena y  llena de felicidad…

 

PL: ¿Llevaban una vida judía?

RK: Sí, mi papá iba al shil todos los viernes y en casa no se comía pan durante ocho días (haciendo referencia a Pesaj)…esos días le teníamos que pedir a papá que lea más rápido (la Hagadá) porque si no, nos tenía hasta las dos de la mañana. Pero todo cambió cuando falleció uno de mis hermanos, allí papá no quiso seguir haciendo nada más. 

 

PL: ¿Y como conociste a tu marido?

RK: Lo conocí en Charata, creo que era el último judío que quedaba. Nos casamos en un salón, como olvidarme si hasta último momento no me llegaba el vestido...después nos enteramos que también tenía que haber llegado comida de otro pueblo y nunca llegó…

 

Después, por el trabajo de mi marido, nos fuimos mudando de lugar en lugar. Fuimos a La Plata, de ahí a Buenos Aires, y de allí a Santa Fe, desde donde mis hijos se fueron a Israel y mi hija a Posadas.

 

Rebeca, antes de viajar a Israel volvió a su Charata junto a su hermano menor que hoy tiene 89 años, Rafael Kohanoff, Ingeniero de profesión, de múltiples funciones en la vida pública, entre ellas ocupó dos cargos con De la Rúa en la Ciudad, fue premiado por diferentes Cámaras de Diputados y diversos países, por sus trabajos en favor de la discapacidad, y a quien Rebeca espera ver en su cumpleaños número 100.

 

Menuda, con su cabello blanco, corto y su espíritu único, a Rebeca le gusta la música clásica y el cine. Después de ver la película "Lo que el viento se llevó" se enamoró de Clark Gabel. Amante del tejido, lleva hechas más de 60 mantillas para bebés las cuales regaló en cada nacimiento. Si bien es abuela de 4 nietos y seis bisnietos, nos aclara que de parte de la hija aún no llegaron los bisnietos pero ella ya tiene guardada las mantillas en el ropero…

 

Rebeca Kohanoff: "Nunca nadie pudo adivinar mi edad…"

 

PL: ¿Cómo tomaste la decisión de venir a Israel?

RK: Bueno, a esta altura las decisiones son un poco en familia. Me dijeron que los nietitos quieren ver a la abuela, y me envolvieron un poco (dice con una mirada simpática), y ya no querían que me quede sola. Si bien venía una señora para dormir en casa ya no era lo mismo, en verdad, durante el día yo me arreglaba sola. Vivía en Charcas 3830, y si necesitaba médico lo llamaba por teléfono, en fin…(claro que el relato lo completa la familia piadosamente con algunos detalles que ella no quiso registrar como que es verdad que cocina, pero también hubo algún olvido de las hornallas prendidas, con el consabido peligro que eso implica)…

Desde que mi hijo Héctor (Leiser para todos) se vino a vivir a Israel, yo vine a visitarlo unas cinco veces. El hizo aliá a sus 18 años, fue uno de los primeros garinim latinos que llegaron al Kibutz Saar.

 

En una de esas oportunidades, Rebeca llegó a tener la ciudadanía transitoria, por dos años, trabajó en el kibutz, y tiene hermosos recuerdos de sus paseos en esa época: "Me acuerdo que con los árabes del kibutz nos fuimos en una Navidad a Belén. Yo nunca tuve miedo y menos mal, porque fue una vivencia inolvidable", nos cuenta.

 

Claro que esta vuelta es bien diferente. El kibutz ya no existe como tal, no hay comedor y quienes fueron sus amigas del kibutz, ya no están. Hoy, Rebeca está rodeada de la compañía de su hijo, nietos y bisnietos, y si bien tiene todas las comodidades, no deja de añorar un poquito, quizás más las épocas pasadas que el lugar desde donde llegó…

 

PL: ¿Cuál es la fórmula para llegar a tu edad?

RK: Me acuerdo unas anécdotas de Buenos Aires. Cuando iba al supermercado, me divertía cuando querían saber mi edad; nunca nadie la pudo adivinar y el secreto es que no tomo nada, se ríe.

En verdad, antes de dormir hago un ejercicio: empiezo a decir palabras con diferentes letras, por ejemplo agarro la A y digo todas las palabras, sigo así con la B, etc., después digo el poema…vuelve a llevar su mirada para arriba en busca del poema…y agradezco a Di-s, por haber llegado a este día, pero no a un Di-s específico, a un ser superior nomás…

 

PL: ¿Qué te gustaría que pase en tu cumpleaños número 100?

RK: Me gustaría que vengan todos y tener a toda la familia junta. Mi hija, mi hermano, todos mis nietos y bisnietos…

 

Rebeca en familia. Rodeada de la compañía de su hijo, nietos y bisnietos.

 

Y de pronto, se ilumina su rostro y como una musa vuelve a ella, entrecierra sus ojos sabios y retoma los versos del poema que la acompaña desde quinto grado todas las noches…

 

Después lejos llévome la vida
me he tornado tristona y pausada
¡Qué nostalgia tan honda me oprime
cuando siento el olor a naranjas!

 

Si a otro pago muy lejos del tuyo
muchachuelo algún día te llevan
y no eres feliz y suspiras
por volver a tu vieja querencia

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