Mijael Lacher: Tikun Olam en Medellín con acento argentino

25.3.2015

Por Adriana Cooper

Nota publicada en PL71 - Marzo/Abril 2015

 

Ocurrió hace dos meses, en pleno centro de convenciones Binianei Hauma, en el corazón de Jerusalem, la ciudad que ningún judío suele olvidar. Ante más de tres mil personas, un joven menor de treinta años llamado Mijael Lacher cantó el Hatikva. En ese lugar, estaba el Primer Ministro de Israel, Bibi Netanyahu, y cientos de jóvenes judíos provenientes de diversos lugares del mundo que llegaron para hacer parte de Taglit, el programa que

los lleva a recorrer el país judío por 10 días. Mientras cantaba con emoción y la gente lo miraba, muchos se preguntaban quién era ese joven que estaba ahí cumpliendo ese sueño de cantar en Israel que lo emocionó a él y a su familia completa.

Han pasado dos años desde que Mijael Lacher llegó a Medellín y a ratos parece un “paisa” más. Como paisa se conoce a las personas que nacieron en esta zona colombiana. Conoce los barrios y lugares de la ciudad, tiene amigos variados, se interesa por la gente, viaja por los pueblos cercanos y se preocupa por la realidad local. No sólo le interesa saber qué ocurre sino también aportar al cambio. Ha recorrido barrios donde la pobreza es evidente y hasta allí ha llevado su ayuda espiritual y material. Mijael llegó hasta este lado del mundo para ser “jazán” de la comunidad judía local y líder espiritual del Colegio Theodoro Hertzl donde alrededor del diez por ciento de los niños son judíos y es un ejemplo de convivencia pacífica de religiones y culturas. 

Cuenta que estaba de vacaciones en China cuando recibió la propuesta de venir. Nació en Tel Aviv y un par de años después, su familia decidió regresar a Argentina. Allí estudió su

Primaria en el colegio Natan Gezang de Buenos Aires. Cuenta que aunque no creció en una familia religiosa, el amor por Israel siempre estuvo presente. “En casa siempre hubo una atmósfera sionista”. Agrega que además de sus estudios, comenzó a interesarse por la música y empezó a estudiarla hasta el día en que Celia, su mamá y quien trabajaba para

el Seminario Rabínico le preguntó si quería estudiar para ser jazán y a él le gustó la idea. De la mano de Gabriel Fleischer, director de la escuela de jazanim, comenzó a estudiar por las noches. A esto le siguieron las clases del Talmud Torá y su trabajo en Hillel Buenos Aires hasta que llegó la primera propuesta que le cambió la vida. Tenía 19 años cuando le ofrecieron viajar a Bogotá y ser jazán por seis meses junto a Daniel Rosenthal en la

Asociación Israelita Montefiore en esa ciudad. Luego de vuelta en Buenos Aires, conoció un grupo de jóvenes de Hillel proveniente de Hartford, Connecticut en Estados Unidos, quienes

le propusieron: ¿Por qué no vienes a trabajar con nosotros? El aceptó y estuvo allí dos años.

 

 

Mijael Lacher: “Israel es la tierra del pueblo judío, creo en la importancia de la Hasbará, en el vínculo que debemos tener con nuestro país aunque estemos fuera de él. Ojalá pudiera ir todos los años”. Foto: Mariela Pelaez

 

MEDELLÍN JUDÍA

Cuenta que estuvo en Estados Unidos durante dos años, hasta el 2011. De allí pasó a Vancouver. Posteriormente pasó a Medellín, una ciudad donde ha conocido gente de todas las características. Por su calidez y carisma, es habitual verlo conversar animadamente

con personas humildes de los barrios altos, políticos o personas reconocidas de buena posición social. Cuando se le pregunta qué le gusta de esta ciudad que tiene más de tres

millones de personas, responde de inmediato: “la calidez de su gente”. Y es que a pesar de sus problemas y la violencia que vivió la ciudad en el pasado, las personas que viven en esta parte del mundo sonríen, responden las preguntas con amabilidad en la calle y son tranquilas.

Otro aspecto que le llama la atención es la cantidad de elementos judíos que hay en la cultura. Y es que aunque la comunidad judía local es una de las más pequeñas de Latinoamérica - aunque el número es mayor, en la comunidad local están registradas

aproximadamente 400 personas -, la historia habla de un grupo de judíos conversos que llegaron después del descubrimiento de América y se asimilaron en la cultura. Por eso no es de extrañar que haya un día en el que se encienden velitas similares a la que se usan en jánuca o que el atuendo local tradicional esté compuesto por un “poncho” que se parece a un talit. En algunas fincas quedan “mikvaot” que usaban las abuelas sin tener clara la

razón.

A esto se suma la arepa de maíz blanco plana y simple que según él, se asemeja a la matzá. Unido a esto, hay otro elemento: es una región donde los hombres pueden caminar por las calles con kipá y sin temor por el antisemitismo. De su trabajo como líder de la comunidad local, le gustan varias cosas, entre ellas, la posibilidad de relacionarse con personas variadas. En estos dos años ha conocido líderes políticos, empresarios, estudiantes y líderes de otras religiones porque tiene una exposición donde está exhibido

permanentemente. Su pasión por la música sigue intacta: “crecí en una casa muy musical y estoy convencido que si la gente se involucrara más con ella, no habría tantos problemas en el mundo. La música no conoce religión ni fronteras políticas”.

 

 Grupo de Colombia en Taglit. Foto: Mijael Lacher

 

ISRAEL EN LA MENTE

Cuando se le pregunta por el futuro, dice con la simpatía que lo caracteriza, que en los próximos años se ve en Medellín formando una familia, activo en la comunidad judía y en el

campo social en el que se mueve también porque le gusta ayudar y aportar al cambio. También agrega que Israel ocupa una parte importante de su vida, no sólo porque nació

y vivió allí durante sus primeros años sino también porque se considera sionista. “Israel es

la tierra del pueblo judío, creo en la importancia de la Hasbará, en el vínculo que debemos tener con nuestro país aunque estemos fuera de él. Ojalá pudiera ir todos los años”. Al mismo tiempo agrega que no le extraña ver a sus padres viviendo allá en el futuro cercano.

Cuando se le pregunta por el judaísmo, opina que las religiones en general vivieron un momento complejo en los años noventa por el exceso de consumismo y la importancia que se dio al capitalismo. Sin embargo ahora ve que muchas personas están volviendo a conectarse con ella, se están interesando nuevamente por los temas espirituales. “También hay interés por el diálogo interreligioso”. Otra de las cosas que le llaman la atención

y reflejan su espíritu judío es el interés que tiene por la educación, uno de los aspectos que según el rabino Jonathan Sacks, ha sido central porqueha mantenido al pueblo judío vivo

hasta hoy. Es optimista, cree en el llamado tikun olam, en la posibilidad de cambiar el mundo para bien. Esto lo demuestra la frase que cita ya casi al final de esta entrevista: “la educación no va a cambiar el mundo, transforma a las personas que van a cambiar el

mundo”.

 

 

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