Marcelo Tregerman: “A mi nieto lo mató un cohete disparado desde una escuela de la ONU en Gaza”

31.5.2015

 

 

Texto: Jana Beris / Fotos: Gentileza familia Tregerman

Entrevista publicada en PL72 - Mayo/Junio 2015

 

El 22 de abril pasado, al conmemorarse en Israel el Día de Recuerdo a los soldados caídos en las guerras y a las víctimas del terrorismo, por primera vez, en el moshav Sde Abraham en el sur del país, aparecía en la lista el nombre de Daniel Tregerman, nieto de los ya veteranos residentes en el lugar, Marcelo y Paulina Tregerman, oriundos de Argentina.

Daniel, uno de los doce nietos de ambos, murió en agosto pasado por el impacto de un cohete disparado por Hamas desde la Franja de Gaza, que cayó en su casa, en ese momento en el kibutz Najal Oz.

Agradecemos a Marcelo haber aceptado esta entrevista, que solicitamos sabiendo de antemano que no sería fácil.

 

Marcelo Tregerman con Daniel (ז"ל). “Cada cosa, cada momento recuerda algo…las canciones con los otros nietos, todo”.

 

 

Piedra Libre: Marcelo, aunque sé que es difícil... ¿te puedo pedir que recordemos, ante todo,  las circunstancias de lo que pasó, cómo murió Daniel?

Marcelo Tregerman: Puedo recordar todo. Estuvimos con Daniel un día antes. Daniel me dijo “abuelo, quiero ir a los juegos”. Le pregunté a la madre si puedo, porque Doron todavía estaba en el trabajo. Dije que lo voy a cuidar, que va a estar todo bien. El se subió a la bicicleta y yo le dije “Danielito, despacito... yo no voy a correr. Viajá un poco cada vez y esperame que yo te voy alcanzando”. El estaba feliz, llegamos a los juegos, subía, saltaba, se tiraba por el tobogán.

De repente se oyó la alarma, saltó, me agarró la mano y me metió en la “migunit”, los refugios que están dispersos por todos lados en la zona al alcance de los cohetes, esas estructuras en las que uno se puede esconder. Entramos, él me llevó de la mano. Escuchamos a lo lejos el ruido del impacto y cuando yo dije que salgamos, él me dijo “no abuelo, hay que esperar un poco más, porque puede caer otro”. Nos quedamos pues un rato más y entonces me dijo “ahora podemos salir”. 

Daniel quería seguir jugando, pero le dije que no, que me había olvidado mi teléfono y teníamos que ir a casa. “Pero ahora tenemos que ir corriendo porque tengo que hacer una llamada”, le dije, porque no quería explicarle que la madre podía estar preocupada. Llegamos pues a la casa y estaba todo bien.

Eso fue el jueves. El sábado íbamos a encontrarnos todos en el norte, en la casa de mi hijo mayor. Nosotros viajamos ya el viernes. Estaba todo preparado para que al otro día lleguen también mis otros dos hijos. Y a las cinco de la tarde nos llamó alguien del moshav y nos preguntó si habíamos hablado con Doron, mi hijo. Dijimos que no, preguntamos por qué lo pregunta... y ella dijo que hablemos con Doron. El no contestaba el teléfono y en un momento le contestó a Yoav, su hermano mayor, y dijo que Daniel había muerto, que lo habían matado.

 

PL: Había sido un cohete disparado desde una escuela...

MT: Así es. El cohete fue lanzado desde una escuela de las Naciones Unidas. El ejército israelí ya sabía que había allí una base de Hamas, pero no la atacaba porque era una escuela en la que había niños. Nosotros sabemos, todos sabemos -el mundo quizás lo quiere ignorar- que ellos usan a las mujeres, los niños, como escudos vivos porque saben que el ejército de Israel no los va a atacar. Se aprovechan.

Durante la semana de duelo, la shivá, estuvieron con nosotros tanto el Comandante en Jefe del Ejército Beni Gantz como el Jefe del Comando sur el General Turjeman, y nos dijeron claramente que ellos no podían atacar esa escuela, porque había muchos niños. 

 

PL: En ese momento ustedes tenían claro que el precio lo pagó Daniel...Y yo me pregunto si acaso, cuando les dice algo así el propio jefe del ejército ¿cómo se puede reaccionar? ¿Acaso ustedes pueden decir ´disparen igual, que mueran otros niños, así no moría nuestro nieto´? Es muy difícil...

MT: Exactamente, es muy difícil. Una de las cosas que le dije a Beni Gantz es que la suerte de los palestinos fue que Israel desarrolló la protección de la Cúpula de Hierro, la batería de misiles anti misiles. Imagínense si eso no existiera y en Tel Aviv cayera un misil en el centro comercial Azrieli y matara cien personas y dejara a 500 heridos, lo cual sin duda habría podido pasar... ¿cómo habría tenido que reaccionar Israel?

 

PL: Claro...estás diciendo que si Israel no contara con la protección que le dio la Cúpula de Hierro, y habría sufrido numerosas víctimas en las grandes ciudades, la reacción también habría sido otra.

MT: Claro...a nosotros, en los poblados cercanos a Gaza, la Cúpula de Hierro no nos protege. En cuestión de segundos el cohete o el mortero caen, no hay tiempo...Pero además, respecto a tu pregunta, está claro que uno nunca quiere que mueran inocentes. Nosotros trabajamos años con obreros palestinos. Mi señora los llevaba de vuelta a la casa a Rafiaj, de noche. Iba en una camioneta llena de obreros palestinos, y estaba bien. Yo con mis hijos, estuvimos en los casamientos de ellos y ellos estuvieron en los casamientos de nuestros hijos. Mientras fue posible, no había ningún inconveniente.

 

PL: ¿Y qué pasó con esas relaciones?

MT: Dejaron de venir, porque les dijeron que tienen que matar a alguien en el lugar en el que trabajan, y que si no, iban a matar a las familias de ellos. Nos lo contaron ellos mismos.

 

 

Marcelo y Paulina Tregerman durante la shivá.

 

 

PL: Qué horror...qué desgracia para los dos lados. Marcelo, conversé contigo y con Paulina, durante la semana de duelo, la shivá, días después de la muerte de Daniel. Hoy, varios meses después ¿cómo va evolucionando el dolor?

MT: Puedo decir que es bastante difícil. En cada momento nos desarmamos...y  volvemos a juntar las partes desarmadas, física y anímicamente, porque tenemos por qué y para quién. Así es la realidad. Cada cosa, cada momento, recuerda algo...las canciones con los otros nietos, todo.

 

PL: ¿Cuántos nietos tienen tú y Paulina?

MT: Tenemos en total doce nietos. Y estuvimos todos reunidos para el Seder de Pesaj, esta vez en la casa de mi hijo mayor que vive en el norte. Cuando empezaron con las preguntas “Ma nishtana”, mis nietas mayores no pudieron aguantar.

 

PL: “Ma nishtana”, cuando el menor de la familia pregunta “¿en qué se diferencia esta noche de las demás noches?”...y para ustedes había una diferencia abismal entre el Seder de este año y todos los anteriores...

MT: Así es.

 

PL: Me imagino que a esta altura ustedes deben sentir que esa frase “el tiempo cura todo”, es una tontería...

MT: Exactamente. No es que podamos hoy decir que no sentimos la falta de Daniel. Podemos estar todos juntos, pero él siempre falta.

 

PL: Es que cuando tú decís que tenés 12 nietos, eso incluye a Daniel.

MT: Si, por supuesto. Daniel es el quinto nieto. El mayor está ahora en el ejército, luego hay dos mellizas de 17, una nena que tiene 5 años y él, el que le sigue en la fila…y luego su hermana y varios más. Dicho sea de paso, vamos a tener dos más, pero eso es aparte.

 

PL: Es muy fuerte eso... Tú ya dijiste que hay por qué seguir adelante y está claro que junto al dolor, siguen. Y la vida de todos continúa…y se agregan nietos.

MT: Claro, hay por qué y hay por quién, tanto los padres de Daniel como sus tíos, que son nuestros hijos, y los nietos.

 

PL: Marcelo, tú me decías que el dolor no desaparece, está siempre con ustedes... al mismo tiempo, sí hay una evolución en cómo uno lidia con el duelo ¿no?

MT: Por eso te digo que están los momentos en los que uno se siente caer y que el mundo se viene abajo. Pero también se busca la forma de volver a sonreír con los nietos. El hermanito más chiquito de Daniel, que cuando él murió tenía cinco meses,  cumplió estos días un año. Su hermanita tiene 3. Pues estuvimos con el chiquito en el cumpleaños, le trajimos regalos, jugamos. El duelo no cambia. El dolor no cambia. Pero tenés para quién sonreír y por eso tenés que seguir. Cuando uno está solo y puede tranquilamente desahogar el dolor, uno se lo permite… no con todos.

 

 

Daniel Tregerman (ז"ל) de solo 4 añitos, murió asesinado en su Kibutz. El no logró llegar al refugio en su propia casa…y en tres segundos, ese mortero acabó con su vida.   

 

 

PL: ¿Qué lugar ocupa Daniel en la vida diaria de la familia? ¿Se lo puede mencionar con naturalidad  en cosas como “a Daniel le gustaría esto”...o “como hacía Daniel”...? A veces, esa también es una forma de lidiar con su falta.

MT: Tratamos de no hacerlo. La hermanita de Daniel, que cumplió 4 años, lo recuerda. La madre, Guila, nos pidió no poner las fotos en el comedor, fotos grandes que teníamos, y las sacamos. En nuestro dormitorio, al lado de nuestra cama, sí hay fotos de Daniel. Su hermanita entra también a nuestro dormitorio. Y pegadas en la heladera hay fotos de todos los nietos, también de Daniel. Pues su hermanita habla de él, lo recuerda, entiende. 

La casa en la que viven hoy mi hijo Doron, el papá de Daniel, con Guila y los otros dos nenes, no es la misma en la que vivían antes, cuando cayó el cohete que mató a Daniel. Ya no están en el kibutz Najal Oz. Y en la casa nueva, la cama de Daniel, que antes estaba en una pieza en la que dormía con su hermanita, ahora está en una pieza sola. Está también la bicicleta de Daniel.

 

PL: La famosa bicicleta de las fotos... ¿Alguien la usa?

MT: No, nadie quiere.

 

PL: ¿Qué dice su hermanita de él?

MT: Dice que Daniel está en el cielo, que nos cuida...

 

PL: ¿Se acuerda de cómo pasó todo? ¿Ella también estaba cuando fue el impacto?

MT: Estaban todos en la casa, Doron y Guila con todos los nenes, o sea Daniel, la hermanita y el chiquito, Ori. Pero ella no alcanzó a captar. Verbalmente no lo expresa, al menos, pero puede ser que sí lo sienta...porque ella dice que Daniel no está. Los primitos de Daniel, más chiquitos que él, también lo mencionan.

 

PL: Es que los niños no tienen frenos...y seguramente dicen lo que les sale.

MT: Así es. Y si preguntan, nosotros contestamos. 

 

PL: ¿Cómo ves a Doron, tu hijo, y a Guila?¿ Cómo cambió su vida?

MT: Están muy resentidos. Ellos ya no viven por supuesto en la casa en la que vivían en el kibutz Najal Oz, que fue donde pasó todo. Ahora están en el moshav Beit Tzvi, un poco más lejos, cerca del kibutz Beit Kama. Tienen aún algunos amigos en Najal Oz, pero no quieren ir ni tener ningún contacto, nada que les recuerde más a Daniel.

 

PL: Y el recuerdo es privado y también nacional, colectivo... ¿verdad?

MT: Justamente, te cuento que en el moshav siempre se hace un acto de Iom Hazikaron, el Día Recordatorio de los soldados caídos, en el que se recuerda en especial a un hijo del moshav que cayó en el accidente de los helicópteros en 1997,  Nadav Lichinsky y otros dos soldados de la zona. Pues esta vez vinieron a hablarnos de la comisión de Cultura para preguntarme si queríamos también agregar a Daniel. Para nosotros es realmente algo que nos toca, evidentemente, muy de cerca. Pero correspondía que le preguntemos a Doron y a Guila y ellos prepararon una serie de fotos y canciones, cosas referentes a Daniel, pero ellos no asistieron al acto.

 

PL: Les costaría demasiado verlo...

MT: Claro, y que todo el mundo se les acerque...

 

PL: En el día de recuerdo, Daniel es el primer civil agregado a la lista, en vuestro moshav, en Iom Hazikaron...

MT: Así es.

 

PL: Y me imagino que lo que debe agravar el dolor es la sensación- que muchos habitantes de esa zona me presentaron repetidamente como “convicción”- de que es sólo cuestión de tiempo hasta que haya otra guerra, otra serie de ataques...

MT: Estoy de acuerdo en que esa es la situación. La tranquilidad que existe en este momento es el silencio previo a la tormenta. Ellos siguen cavando túneles para cometer atentados y juntando armamento. En algún momento va a explotar. Si no van a llegar a un acuerdo y van a obligar tanto a los palestinos como a Netanyahu a sentarse de una vez y hallar una solución a todo esto, va a volver a estallar.

 

 Daniel (ז"ל). “Nadie quiere usar su bicicleta”, recuerda su abuelo.

 

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