Un futuro impensable

31.5.2015

Por Dana Labaton

Nota publicada en PL72 - Mayo/Junio 2015

 

Si Quino quisiera y Mafalda hubiese crecido, convertido en adolescente y luego adulta… ¿Que sería de su vida? ¿Quizás ella hubiera tenido acné a los 15? ¿Probado heroína a los 20? ¿Casado a los 28? ¿E incluso divorciado en sus últimos años de treintañera para “salir del closet”? ¿Y Susanita? ¿Qué sería de esa chica educada para casarse, tener hijos y atender al marido? 

 

Tal vez porque en el último capítulo de mi vida me pasaron cosas inimaginables, prefiero imaginarme futuros impensables de esos personajes que todos daríamos por sentado que sus vidas serían de cierta manera; y terminaron siendo totalmente sorprendentes. Y elijo el término “sorprendente” porque justamente no es ni mejor ni peor que el previsto… sino simplemente diferente al esperado.

 

Porque en este ejercicio de imaginarme lo inimaginable, no aspiro a saber exactamente lo que sucederá en el futuro sino tan solo a perderle el miedo a lo inesperado.

 

Entonces vuelvo al ejercicio de imaginarme a Susanita buscando a su marido perfecto y enamorándose sin querer del vecino judío del barrio. Sí…aunque no lo crean, Susanita terminó convirtiéndose al judaísmo y haciendo aliá allá por la crisis del 2001. Hizo el ulpan en Natanya y se puso a trabajar de empleada en un negocio de ropa de segunda mano, mientras su marido hacía de shomer en la entrada de un supermercado; y sus hijos se adaptaban al idioma y costumbres de un nuevo país. Obviamente los chicos fueron los primeros en hablar en hebreo y hacerse amigos. Porque como es sabido y previsto hasta en los futuros más inimaginables, los niños se adaptan a cualquier cosa. Para sorpresa de muchos, Susanita también se halló a gusto muy rápido en la Tierra Prometida. Con su simpatía y acento goy, se arregló mejor que nadie con los nuevos vecinos y no había una cena de shishí a la que no la invitaban. Aprendió a hacer “Jalá” y sin más ni menos, rearmó su mundo ideal en Medio Oriente. El que justamente no se pudo adaptar fue su marido. Precisamente él, que había crecido en un hogar sionista -de esos que hablan sobre hacer aliá pero no se mueven de la Diáspora- no se hallaba a gusto en el país de los judíos. Le faltaba la comida turca del Once que en Israel tiene otro gusto…los lajmashin que traía su abuelo del mítico “Helueni” no se encontraban en ningún lugar y mucho menos con piñones. Y encima de todo extrañaba a su mamá. Primero empezó a no querer ir a trabajar, después a no poder levantarse de la cama y finalmente optó por asumir su depresión. No sabía como decirle a Susanita y a sus hijos que se quería volver al abrazo y sabores de su madre. Un día no aguantó más y largó todo. Estaban discutiendo sobre las próximas elecciones en Siria y terminaron en terapia de pareja. Al poco tiempo Susanita lo mandó a dormir al living y de ahí, sin escalas a la casa de su suegra. Pero la amiga de Mafalda, volvió a sorprendernos en este futuro inesperado, con la decisión de quedarse en Israel con sus hijos. Priorizó  un país con futuro a las añoranzas de un pasado cuyas nostalgias ya no la emocionaban. Sabía que tanto Felipe como Manolito habían viajado a España, donde el primero estudió  Diseño de Moda y trabaja exitosamente en Pronovias; mientras el “heredero del almacén” se hizo hippie y daba clases de meditación en una Escuela de Yoga. Hacía ya años que no sabía nada de Mafalda y su familia…y realmente creía haber hallado su lugar en el mundo en ese pequeño país donde el domingo y el otoño no existen.  

 

Priorizó un país con futuro a las añoranzas de un pasado cuyas nostalgias ya no la emocionaban.

 

Así que fue en la Tierra de la Leche y Miel, donde Susanita eligió sentar raíces. Algunos dicen que la vieron  trabajando en una sucursal central de Castro como menaelet snif. Otros aseguran que se dedica a cuidar chicos como metapelet en un gan. Personalmente, yo me divierto imaginándola pidiendo en hebreo un afuj en un café telavivi mientras hojea una revista Gente que le mandaron por correo de la Argentina. No sé exactamente de que trabaja o como es su día a día… Acaso porque en este ejercicio de imaginarme lo inimaginable, no aspiro a saber exactamente lo que sucederá en el futuro sino tan solo a perderle el miedo a lo inesperado. Porque uno nunca puede saber con precisión lo que se viene… y como dice el refrán “Uno propone y D-os dispone”. Aunque estaría bueno la próxima vez que “El” decida hacer  un cambio de planes, que haga arder una zarza, lance una plaga de langostas; envíe un whats up o alguna señal de algún tipo, por más implícita que sea. Digo nomás…para prepararme. Amén.

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