¿Prepotentes?

26.7.2015

Por Adriana Cooper

Nota publicada en PL73 - Julio/Agosto 2015

 

 

En estos tiempos virtuales y frenéticos, cualquier palabra se reproduce y viaja en minutos. Y más si se trata de redes sociales. Es por eso que la humildad y la sensatez se vuelven vitales. Y esto aplica a Israel, un lugar donde hay miles de judíos y millones de opiniones.

No sé si tiene que ver con el deseo de vivir con mayor intensidad en la vida o las ganas de no volver a ser sumisos ante nadie nunca más las que llevan a muchos israelíes a ir por la vida expresando lo que quieren sin preocuparse por tonos o sensibilidades. No puedo negar que me encanta la sinceridad de los “sabras” y el hecho de actuar sin dobles caras. Sin embargo, hay un hecho que noto en algunos comentarios de Twitter de algunos políticos: un aire de superioridad que lleva a mirar los otros por encima del hombro. Durante los años que viví en Israel me llamó la atención cómo algunos me hablaban despectivamente de Colombia o incluso se burlaban o hacían comentarios hacia algunos elementos que no fueran israelíes y judíos. Incluso en los periódicos se sentía a veces un aire egocentrista cuando se buscaba ver siempre la mano israelí detrás de descubrimientos, aportes a la humanidad o temas políticos. Es innegable que nuestro pueblo se ha destacado por el estudio y una preocupación por las nuevas generaciones que nos ha llevado a fomentar los desafíos entre los niños y a pasar una tradición de libros y debate entre los más chicos y que luego da sus frutos años más tarde cuando ellos crecen y se vuelven talentosos. También es cierto que no nos amilanamos ante nada.

Aunque tengamos otra nacionalidad en el pasaporte,  es parte de nuestra cultura judía rechazar el “no” como respuesta ni nos llenamos de miedo ante un nuevo reto. Sin embargo, creer que podemos decirle todo lo que queramos a la gente o ir por el mundo sintiéndonos tan importantes o correctos trae errores si tenemos en cuenta que por la globalización, el mundo es un lugar cada vez más pequeño y ponerse en el lugar de los otros, da más ganancias que pérdidas.

Algunos líderes o rabinos como Jonathan Sacks que han vivido gran parte de su vida en la diáspora siempre ha llevado un mensaje conciliador y de respeto por la diferencia. No descalifican lo ajeno y respetan otras culturas y pueblos. E incluso han ido más allá: cada vez que pueden recuerdan que el pueblo judío debe ser una luz para el mundo al aprovechar el saber y enseñanzas de tantos de nuestros sabios. Cuando hablan de “tikun olam”, se refieren a eso, a la posibilidad de que cada judío mejore el planeta si puede con humildad. Y no despectivamente o con esa prepotencia que transmite el creerse superior sino con una actitud de servicio y de sentirnos responsables por este mundo que recibimos como herencia. Coexistir con otras culturas y pueblos caracterizó a muchos de los judíos que vivieron, vivimos en la diáspora. Incluso en la sangre o en el alma llevamos elementos foráneos que también han contribuido a que seamos mejores personas. Valorar y respetar a otras personas y culturas es un elemento que a veces les falta a muchos en Israel y que a muchos nos gustaría ver en otros. Al fin de cuentas todos nos necesitamos alguna vez y todos terminamos siendo ciudadanos del mundo.

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