Memo Anjel: Un escritor judío que cree en la diáspora y valora Israel

26.7.2015

Texto: Adriana Cooper / Fotos: Mariana Peláez Rojas

Entrevista publicada en PL73 - Julio/Agosto 2015

 

Piedra Libre conversó con uno de los pocos intelectuales colombianos que sabe y escribe de judaísmo. Habló de su familia, la vida fuera y dentro de Israel y el mundo frenético actual en el que nos movemos y en el que muchos olvidan hasta mirar el cielo.

 

Es uno de los pocos escritores judíos que tienen Colombia y Latinoamérica. Nació en una familia judía sefardí que al igual que las demás, llegó hasta Latinoamérica con la ilusión de encontrar un mejor futuro. Periodista, tiene un postdoctorado en Filosofía,  es caricaturista, profesor universitario, conferencista y la gente se sorprende con su memoria prodigiosa que le permite recordar fragmentos de textos, historias o conceptos. También es el director del programa “La otra historia”, un programa de Radio Bolivariana, en el habla pausado, analiza y comenta temas variados con una visión amplia, plural y tranquila. Hace un par de décadas vivió en Israel cuando la Agencia Judía aún buscaba pioneros jóvenes que llegaran para construir el país y regresó cuando la situación de inseguridad y la violencia se volvieron tan insoportables como las imágenes crudas que veía en la calle.  Es un papá comprometido con sus dos hijas, ha sido integrante de la Bnai Brith, una organización que une a los judíos del mundo y trabaja por su bienestar. Es un lector constante, de esos que leen aproximadamente 40 páginas cada día que fueron seleccionadas con cuidado porque está convencido que más que la cantidad, lo importante es el mensaje que está ahí. Publicó las novelas “La luna verde de Atocha”, “Todos los sitios son Berlín”, “Libreta de apuntes de Yehuda Malaji, relojero sefardí”, “Zurich es una letra alef”, “El tercer huevo de la gallina” y el libro de relatos “Del viajero en la bolsa de viajes” en coautoría con Andrea Steinhäuser. Recientemente publicó su nuevo libro “El aire que habita el tiempo”, en la que cuenta la historia de su tío Gabriel quien fue aviador y murió tan joven que “hubo que inventarle la historia”. 

Al respecto, Memo Anjel cuenta que es un judío que participa de ese mundo de la aviación de posguerra, un piloto aventurero “propicio para todos los aires pero que no deja de ser judío a pesar de que a veces se le olvida que lo es”. Cuenta que escribir una novela sobre un piloto judío “rompe la línea editorial colombiana. El texto hace parte de cuatro novelas sobre los cuatro elementos –tierra, aire, agua y fuego- e incluye historias que ocurren en Israel y América Latina. Dice que “es una manera de escribir por fuera de los lindes de la violencia”.  

En el 2005 obtuvo la Beca de Artistas en Residencia DAAD con la que vivió en Berlín en el 200 y escribió un libro de cuentos El tren de los dormidos y la novela Míndele 1954 que publicó la Cámara de Comercio de Medellín.

Sus ocupaciones y el ritmo agitado de la ciudad no lo hacen perder la calma para reflexionar ni para llevar la vida. Es respetado en el medio, la gente lo considera un buen conversador y si uno camina a su lado tiene que hacerse a la idea que lo saludarán muchas personas en el camino. Cuando va a la sinagoga, saluda con una sonrisa y le gusta hablar con la gente.

 

Piedra Libre: ¿Qué recuerda de su niñez y juventud en familia y en la comunidad judía local?

Memo Anjel: Vengo de una familia sefardita que llegó de Argelia. Llegaron con incredulidad. Más que la ortodoxia o los preceptos muy estrictos, se centraban más en las historias que contaban y se adaptaron. Esto suele pasar con los judíos sefardíes, se adaptan más fácilmente que los askenazim. También se pierden con más facilidad por eso. De la sinagoga de Zea (localizada en el centro de Medellín), recuerdo a personas como Mordejai Zicer, el primer judío europeo que conocí y quien era un klapper (vendedor de artículos puerta a puerta). También recuerdo a Baruj Farine que hablaba ladino y con risa se inventaba palabras en Iddish. Recuerdo que los judíos alemanes casi no llegaban a la sinagoga. Era difícil porque después del Holocausto muchos quedaron sin ánimo, sin moral.  

 

PL: ¿Cómo empezó su amor por Literatura? 

MA: Como le pasa a muchos, llegué bruto a la universidad. Leía comics y sabía bailar. Fui conociendo a escritores como Emil Ciorán, Albert Camus y Jean Paul Sartre. A ellos se sumaron nombres como el escritor francés de origen tunecino Albert Memmie, Sholem Ash, Robert Mizrahi e Isaac Bashevis Singer quien me impactó cuando se ganó el  Premio Nobel de Literatura en 1978. A esto se sumaron los libros que había en la comunidad judía y cuyos prólogos me ayudaron a ser un buen lector. También empecé a escribir cuentos y mi mamá hizo que los publicaran en la revista de la fábrica de textiles Fabricato. “Las mamás judías son tremendas. No hay nada que no puedan hacer”, dice entre risas.

 

 

PL: ¿Cuáles son sus escritores preferidos?

MA: El primero de ellos es Isaac Bashevis Singer a quien se casi de memoria y quien me atrajo por ser supersticioso, por su imaginario e historias de dibbuks que me hacen recordar de alguna forma las supersticiones sefardíes. Después tengo al antioqueño Manuel Mejía Vallejo quien tuvo la capacidad  de reflexionar sobre la vida, de decir por ejemplo cosas como que ´un amor eterno dura cuatro meses´. También habló de temas polémicos en Antioquia como el de las maldiciones. Contaba qué le pasaba al maldito. Si seguía con su vida o no, si se creyó el cuento. Me gusta como habla de la naturaleza.

Otro que me gusta y que pienso debería ganar el Premio Nobel de Literatura es Amos Oz por “Un cuento de Amor y Oscuridad” en el que cuenta cómo aparece una cultura, un pueblo (los judíos que llegaron a Israel y se establecieron en sitios como Jerusalem o los kibutzim) y eso ya justifica un premio. 

 

PL: ¿Entre sus libros hay uno que resalta?

MA: Al libro que más le agradezco es a “Mesa de Judíos” y que publiqué con mi propio bolsillo bajo el sello Ángel de la Guarda Editores y que habla de una familia que sueña con ir a Jerusalem. Ese libro me abrió las puertas para muchas cosas.

 

PL: ¿Qué le dejó el haber vivido en Israel y luego en Alemania?

MA: A Israel llegué joven cuando la Agencia Judía aún buscaba pioneros. Allí viví muchas de las cosas típicas de juventud. En Alemania vi cómo vive un judío en la boca del lobo y cómo un pueblo como el alemán vive con un pasado tan negro, cómo se desarrolló. Vi que los alemanes se dan cuenta que los judíos no se acaban. Y recuerdo lo que dijo el escritor húngaro y judío Imre Kertész: “Hay que hacerse traducir al alemán para quedar como testigo de esa historia”.

 

 

Memo Anjel conoce bien la historia de la comunidad judía de Medellín y de Colombia. 

 

 

PL: Usted es reconocido también por su programa “La Otra Historia” de Radio Bolivariana.

MA: Es un programa en el que no hay pretensiones. No preparamos nada y consiste en conversaciones y respuestas honestas. Es importante volver a reflexionar sobre el mundo y tratar temas básicos para uno saber moverse en él. En un momento dado, saber mirar es importante. A mucha gente el mundo se le desapareció, se le olvidó mirar y entender las cosas. Hace poco estaba preparando un programa siguiendo las oraciones del sidur en las que se da gracias por la fuerza, el vestido o la firmeza de la tierra. Aquí es que se da uno cuenta cómo influye en uno lo que le enseñan.

 

PL: ¿Por qué le gusta enseñar?

MA: Me encanta hablar. Algunos nacemos para ser narradores de historias. Tal vez tuve algún antepasado turco que le gustaba sentarse a conversar mientras tomaba café. Cuando uno es joven no sirve para nada y sólo sobresale un grupo. Por ejemplo, en tiempos de Aristóteles los jóvenes era gente que andaba por ahí con lanzas.  Cada generación tiene las herramientas que le tocan. Si aparece gente que aprende a vivir bien me muevo más fácil porque es un territorio seguro. Para evitar el dolor. En eso he sido muy judío. Creo que es un derecho inalienable de los seres vivos no sentir dolor, como hace el shojet.

 

PL: ¿Cómo ve las comunidades judías de la diáspora?

MA: El judío como individuo no existe. Existen los judíos. Existe el minián. De acuerdo con el pensador ruso Berberov, hay que ver cuáles son los principios y orígenes para ver qué es mejor. No es un llamado ortodoxo, es un llamado a tener una identidad para llegar sin miedo a la vejez. Creo que al judaísmo lo han salvado las novelas. Y es que hasta el más alejado de la tradición se ve reflejado en las novelas judías que lee. Hombres como León Uris o Howard Fast rescataron la historia. Recuperar la biblioteca judía es importante porque la ignorancia está acabando al judío. Es importante entender que cosas como orar tienen un significado valioso, orar implica que se es diferente a un animal. Y esto es importante que el judío lo sepa.

 

PL: ¿Qué significa para usted Israel?

MA: Israel sigue siendo un referente de identidad para cualquier judío. Israel es un sueño cumplido, un espacio judío sobre la tierra. Allí reapareció el hebreo, el judío nacido en libertad de serlo. Y aunque no se esté políticamente de acuerdo con uno que otro gobierno, es el hogar nacional judío. No entendería bien a un judío que hable mal de su casa.  

 

PL: ¿Es posible ser judío en la diáspora?

MA: Ser judío es un estilo de vida, una manera de mirar la historia, una identidad que va con uno. Y si bien no es fácil estar en la diáspora, uno es más judío afuera que en Israel. En Israel ser judío es lo normal. En la diáspora lo anormal. Y mantenerse en ese estado de “anormalidad” es lo que lleva a reconocerse como judío, no importa en qué lugar de la tierra se esté. Y sí, es posible ser judío en la diáspora, si uno sabe quién es uno y eso que uno es a qué lo liga.

 

PL: ¿Es posible salvar el planeta en estos tiempos contaminados y de calentamiento global?

MA: No creo que haya que salvar al planeta, el planeta se recupera solo. Hay que salvar a los hombres y mujeres que, con los daños que le hacen a la tierra, se convierten en la única especie que se auto destruye. ¿Y cómo salvarlos? Haciendo pequeños grupos de resistencia al consumo, al dinero como fin, a la celeridad, a la credulidad sin bases. En otras palabras, descontaminando a las personas. Espero que haya los diez justos y no se repita la historia de Lot y de Sodoma.

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