Votar allá estando acá...

29.11.2015

Por Marcos Lion

Nota publicada en PL75 - Noviembre/Diciembre 2015

 

 

La más modesta pretensión que me invade es la de contar, a través de un relato, un cúmulo de sensaciones por las que atravesé frente a las elecciones que se llevaron a cabo en mi país de origen, Argentina, el pasado 25 de octubre de este 2015, en primera vuelta.
Existe una idea compartida por varios compatriotas de que, por el hecho de ya no estar viviendo en el suelo donde nacimos, ya no debemos participar de los acontecimientos que allí pasen. Esta teoría muy sólida se desploma cuando llegan los mundiales, cuando Los Pumas hacen un compañón como el de este año en el mundial de rugby, o bien a la hora de recibir las jubilaciones que llegan desde la madre patria; pero eso sí, votar no, porque ya no pertenecemos…Sin embargo, están allí muchos de nuestros afectos, nuestros amigos, nuestros recuerdos, y en verdad, si recibimos algo desde allí también es parte de alguna decisión política que alguien tomó alguna vez.
En general siempre respaldé la teoría que los inmigrantes debíamos integrarnos a la nueva sociedad pero sin desintegrarnos de nuestras raíces, porque en definitiva, de ellas siempre nos nutrimos, como cualquier viviente. En tercer grado, una morá del schule Hertzl me dejó una enseñanza que entendí muchísimo después. Cuando ella contaba los chicos a la vuelta del recreo, lo hacía en idish, y cuando le pregunté por qué no contaba en castellano, me dijo: “Dale a alguien a contar algo, si querés saber de dónde viene…”. Ella venía de Polonia, y tenía en su brazo esa horrenda marca de los números que nunca quiso sacarse… el origen no se borra… Lo sabemos nosotros cuando, cada vez que decimos Shalom, los israelíes nos dicen automáticamente en una especie de español “¿cómo estás, todo bueno? ...” por ese acento tan profundo que nos marca como hispanoparlantes.
Es así que llegadas las elecciones anteriores y tras una buena campaña informativa había ya decidido cambiar mi domicilio en el DNI argentino a Israel para poder votar y participar…
Como siempre no pensé que sería fácil. Si bien uno no vive el microclima eleccionario, con las permanentes tensiones y las propagandas invasivas hasta el cansancio, al punto que se espera solamente que empiece la veda para poder dejar de oír tanto y tanto, igualmente cada uno tiene algunos parámetros por los cuales decide elegir a éste o aquel candidato.
En definitiva uno tampoco alimenta la mínima ilusión de que esperen los votos de los argentinos en Israel para que puedan definir las elecciones, sin embargo, la sensación de cumplir con el deber de ciudadano conlleva una enorme satisfacción en si misma.
En mi vida en Argentina llegado de vuelta tras la dictadura en el año 84, me dediqué a donar un día cada dos años a la restaurada democracia. Averigüé como hacerlo y es así que llegué a estar como fiscal por un partido en una mesa en la que me correspondía votar. Luego los aires, las diferentes uniones políticas me fueron llevando a otras instancias. Como fiscal de partido chico me tocó fiscalizar solo varias mesas a la vez, y cuando el partido creció pasé a ser responsable de fiscales y fiscal general de colegio. Nunca me afilié a ningún partido hasta ahora, siempre lo hice con la convicción de que un día cada tanto tenía la obligación de dar algo para sostener este sistema, sin importar los resultados; en especial, como homenaje a tantos amigos que cayeron o desaparecieron justamente por la falta de esta misma democracia. 

Con la misma convicción es que decidí votar en Israel por los mismos motivos, por la democracia y por la memoria de mis queridos. Pero esta vez fue diferente.
Como no lo había hecho en la anterior, esta vez decidí viajar con mis dos hijos a votar. Por suerte logré convencer a sus dos madres de que perdieran un día de estudio a favor de hacer un paseo por Hertzlía saliendo desde nuestra Nahariya, donde vivimos. Y así fue, que nos alistamos los Liones para un domingo de votación. Claro, no sabíamos que justo ese día el tren no llegaría a nuestra ciudad por arreglos en la línea, por lo cual debíamos viajar a otra ciudad cercana a tomarlo, pero allí fuimos…
Una de mis ideas era aprovechar el viaje para contarles a ellos por qué viajábamos, un poco de la historia de la Argentina y sus vaivenes políticos a modo de resúmenes Leru (para quien los recuerda). Esto implicaba también algún capítulo general sobre el capitalismo y el socialismo, liberación o dependencia, que es el imperialismo, etc, e intentar responder a las preguntas de ambos que demostraron un gran interés. Especialmente el más chico, de casi 10 años nacido aquí, que no lograba entender por qué mataron a tanta gente, sólo porque pensaban distinto…
Llegados a la estación, nos aguardó una copiosa lluvia como recibimiento, y nada de taxis, corriendo de una parada a otra para buscar refugio ya que se ve que en la estación no tenían previsto poner techo alguno. Finalmente nos subimos a un colectivo más que repleto, y que mejor imagen de mi Buenos Aires querido, para contarles que así viajábamos en mi época.
Arribamos finalmente cada uno con su camiseta característica, mi hijo mayor con la del Barsa y el 10 de Messi, el chiquito con la de Messi en el pecho y la selección en la espalda y yo con el manto sagrado marrón y blanco, dispuestos a emitir el sufragio. Les mostré la boleta diferente a la de allí y cuando quise entrar con ellos a la habitación, que hacía de cuarto oscuro, insólitamente la presidenta de mesa no me lo permitió, a pesar de que intenté explicarle que tenía alguna experiencia en el tema y que en Argentina es habitual dejar entrar con los niños como parte de una enseñanza. No solo no me lo permitió sino que escuché de parte de alguien que estaba en la mesa: “Hubieras ido a votar a Argentina…”. Les expliqué que si hubiera boletas en el cuarto que los chicos pudieran alborotar vaya y pase, pero acá, que me daban ellos una hoja con los candidatos y que era una sola hoja y que la llevaba yo en mi mano ¿cuál podría ser el problema?... No había explicación lógica más allá de la mala predisposición de la responsable o bien que fuera hincha de algún otro cuadro… Igualmente no pudo impedir que nos alegráramos de ir, ni la cordialidad del resto de la mesa que la acompañaba.
Terminada la tarea, emprendimos la vuelta, no sin antes buscar algún restaurante para comer algo de carne en homenaje. Allí nos adentramos en unas hamburguesas caseras muy ricas y de allí, vuelta al colectivo, de allí al tren para luego recoger el auto y volver a casa. Un periplo lleno de satisfacciones, lleno de cosas dulces y recuerdos difíciles, lleno de alegría, un día lleno de argentino en mi vida israelí. Ahora voy para el ballotage… 

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