El sentido de los viajes del rabino Eliahu Birnbaum

7.2.2016

Texto: Jana Beris / Fotos: cedidas por el entrevistado

Nota publicada en PL76 - Enero/Febrero 2016

 

 

El desafío de encontrar a los hermanos alejados o perdidos

 

Eliahu Birnbaum (56), nació en Paysandú. A los 13 años de edad, emigró de Montevideo a Israel, solo, sin sus padres, por pura ideología sionista. No nació en un hogar religioso, pero sí con fuerte identidad judía y gran apego a la tradición.
Eliahu mismo, ya antes de la Bar Mitzvá era religioso, lo cual continuó luego en Israel.
Su actividad central es en el marco del Instituto “Amiel” que fundó hace 18 años, cuando regresó a Israel de su cargo como Rabino de la Kehilá en Uruguay. En Amiel se prepara rabinos con la línea ortodoxa moderna, fomentando características de liderazgo que les permita transformarse en líderes comunitarios.
Y además, es el rabino del movimiento “Shavei Israel”, que intenta acercar a comunidades alejadas del judaísmo por distintas circunstancias. Y este último punto, es precisamente el tema de la entrevista de hoy.

 

Eliahu Birnbaum (a la dcha.) con un judío solo en la Selva Amazónica

 

 

HERMANOS ALEJADOS

Eliahu, tú estás dedicado hace años al contacto con comunidades judías alejadas o quizás hasta podemos decir en cierta forma, perdidas. ¿Se trata de llegar a judíos que son conscientes de su condición y que simplemente por sus condiciones físicas, técnicas, viven lejos de centros de población y por ende no tienen tanto contacto, o también es concientizar a grupos que sabes que tienen raíces judías y no viven como tales?

Así es. Este trabajo lo despliego en el marco de la institución “Shavei Israel”. En esa organización tenemos el concepto que la forma de fortificar al pueblo judío no es solamente por medio de la vida comunitaria sino también por medio de lo que llamamos “Nidjei Israel”, o sea, los exiliados del pueblo de Israel, comunidades y judíos que están alejados del pueblo judío.

 

O sea, de quienes en el pasado, fueron parte activa e integral del pueblo...

Así es. Eran parte de lo que llamamos “la familia judía”, pero se separaron o los separaron. En esas categorías puede entrar el tema de las tribus perdidas, por ejemplo la de [Bnei] Menashé, los etíopes. ¿Acaso alguien era más parte de la familia que las tribus del pueblo de Israel? En esta categoría entran también los Anusim, los Bnei Anusim…

 

Los marranos y sus descendientes...

Así es. También los descendientes de judíos en Kaifeng en China, Subotniks al sur de Rusia, marranos en España, Portugal, Brasil, en el sur de Italia; judíos ocultos que recién ahora descubren su identidad judía en Polonia, judíos de Amazonas que llegaron de Marruecos y se fueron perdiendo en la selva Amazónica hace casi 200 años atrás y también judíos que se alejan de la identidad judía. Por lo tanto nuestro concepto es que la forma de fortificar al pueblo judío es ayudando a los diferentes grupos y comunidades a retornar al judaísmo y al seno del pueblo judío.

 

¿Cuántas almas has llegado a tocar acercando a judíos dispersos en las diferentes categorías que mencionaste, a cuántos grupos has llegado?

Trabajamos con más de 20 categorías diferentes y en cada categoría hay decenas de grupos; por ejemplo, la tribu de Menashé son miles de personas que tienen unas 50 comunidades en el norte de India. Creo que durante los años sin duda llegamos a decenas de miles de personas, algunas simplemente las tocamos y generamos un despertar en la identidad judía, en el vínculo con el pueblo judío, y otras ya se han radicado en Israel o requieren de conversión para integrarse totalmente al pueblo judío. Realmente estamos hablando de decenas de miles de personas, y aún quedan centenares de miles de personas que están hoy en un proceso de acercamiento al pueblo judío.

 

LOS BNEI MENASHE

Por ejemplo, el tema de la tribu Menashé, ¿cómo confirmás que esas 50 comunidades de India, parte de las cuales has visto, son descendientes de la tribu bíblica de Menashé?

Bueno, es la pregunta del millón. Se llega a la conclusión en términos profesionales desde el punto de vista histórico, antropológico y también religioso. Yo personalmente no empecé este tema, seguí los pasos del rabino Eliyahu Avijail, que comenzó a descubrirlos, y por diferentes temas que tienen que ver con tradiciones orales, escritas, con costumbres, con nombres, con canciones, pero más que nada por tradiciones que se mantuvieron dentro de la tribu, llegamos a la conclusión de que realmente ellos son la tribu de Menashé. También lo confirmó una delegación del Gran Rabinato de Israel. Es muy interesante y a veces es difícil creer que personas se mantuvieron en el fin del mundo durante 2.700 años como la tribu de Menashé…

 

¿Pero ellos se llaman a sí mismos así, hoy?

No, ellos siempre se autodenominaron Bnei Menasia, en el idioma local que se habla en esa zona de la India.

 

O sea que ellos se llamaban así antes de que llegara un judío a verlos.

Mucho antes, al punto que ellos pensaron que eran los últimos judíos del mundo. Hay que recordar que ellos salieron al exilio de la tierra de Israel antes de la destrucción del primer templo. Al principio vivieron en China hasta el siglo X, después en India.

 

Ellos vivían sintiéndose judíos, ¿usando esa palabra también?

No, no te olvides que la palabra judíos es todo lo contrario, es “aquellos que vienen de la tribu de Judá”, que no fue la tribu exiliada. Además es un término relativamente nuevo, no bíblico o talmúdico sino que se fue generando en la época medieval. Todos aquellos que fueron exiliados seguían siempre denominándose según el nombre de la tribu, no con la palabra “judíos” especialmente.

Yo visité decenas de veces a la tribu de Menashé y uno cada vez se sorprende más y más con cómo durante miles de años una comunidad, porque eran comunidad en todos los sentidos, puede mantener en forma totalmente independientemente su identidad y las costumbres. O sea: cuidaban el Shabat, y comían animales kosher, hasta hacía Brit Milá el octavo día, mantenían las leyes de pureza familiar. Y algo sorprendente, inclusive, presentaban o hacían korbanot, sacrificios.

 

Las ofrendas que se hacían en el Templo de Jerusalem...

Claro. Es lo que ellos estaban acostumbrados a ver antes del exilio. Tenían sus propios kohanim, los sacerdotes, que eran como los rabinos, los maestros, pero no tenían su propio territorio sino que habitaban dentro de los territorios de las otras tribus. Eso es algo muy interesante: cuando la tribu de Menashé salió al exilio, los kohanim salieron como parte de la tribu y ellos fueron los que mantuvieron las tradiciones a lo largo de la historia.

 

Conversos judíos incas

 

 

BNEI ANUSIM

¿Qué otros casos especiales hay?

Otro grupo que está en un proceso de despertar es el de todos aquellos que se llaman Bnei Anusim, hijos de los marranos. Hoy en día ya no hay marranos en el sentido de personas que viven ocultos como judíos en sus casas y los domingos van a la misa, pero sí hay descendientes de personas así que durante años mantuvieron una identidad judía oculta. En muchos lugares del mundo hay hoy personas que sienten un interés en conocer al menos la identidad o la tradición de padres, abuelos, bisabuelos, y en muchos casos también retornar.

 

Seguramente es evidente que se encuentran más que nada en la península Ibérica, pero no sólo allí ¿verdad?

Así es. Indudablemente en España y Portugal, donde fue la Inquisición y la expulsión. Pero también en Brasil y lugares como México, Guatemala, Perú, donde había tribunales de Inquisición, o a donde llegaron descendientes de judíos a vivir. Existe hoy en día en toda la zona de New México y de Miami, y al sur de Italia. En muchos lugares del mundo hay personas o comunidades que mantienen, o pueden demostrar que tienen un vínculo o una ascendencia judía.

 

Ahí también se mantenían tradiciones.

Sí, en muchos casos se mantenían tradiciones, en otros canciones, en otros a veces casi nada. Tenemos que entender también que en la mayoría de los casos Anusim muchas veces se fue perdiendo el judaísmo y la identidad judía porque paralelamente existía también la religión católica, y entonces una o dos generaciones pueden mantener una dualidad, de mantener dos religiones en paralelo, pero indudablemente con el tiempo es algo que no se puede mantener. No siempre hubo una continuidad, de generación en generación, sino que más que nada hoy en día hay un interés, un despertar, en buscar las raíces judías.

 

VOLVER A UNIR A LA FAMILIA

¿Te ha pasado que llegaste a algún lugar alejado-y no me refiero necesariamente en lo geográfico sino más que nada en forma de vida-y te preguntaste cómo es que tal y tal te dice que tiene raíces judías, si sentías que no tenés nada que ver con él?

No, la verdad que nunca lo sentí así. Por un motivo: porque la única forma de conocer, de entender a esos grupos es tratando de generar un sentimiento de empatía con ellos: no veo mi trabajo como misionero sino como un trabajo familiar. No busco a personas que quieran apegarse al pueblo judío sino que busco a personas que eran parte de la familia y creo que tenemos ahora una obligación histórica, moral, hasta religiosa, de ayudarlos a retornar a la familia, aún si pasaron decenas, centenas o miles de años. En ese sentido uno tiene que actuar siempre con un sentimiento de empatía, porque la persona o la comunidad es parte de la familia, es parte del pueblo judío. Puede ser que tengan un color de piel diferente, puede ser que cumplan el Shabat en forma diferente, puede ser que tengan confusiones… No importa, porque son parte de la familia.

 

¿Sucede que grupos o individuos no muestran ningún interés en el contacto, en el reacercamiento?

Sí, también hay grupos que tienen menos interés, pero son la minoría. Si tengo que dar una visión general diría que la mayoría sí tiene interés de retorno al pueblo judío, de sentir un sentimiento de pertenencia con el pueblo judío. Hay otros, quizás la minoría, que te dicen: “No, sabemos que tenemos raíces judías, pero no nos interesa el retorno”.
Por ejemplo, estuve el año pasado en India visitando un grupo de patanes, que son una tribu de Afganistán que se sabe sin duda -o sea, ellos mismos lo saben- que en el siglo VII aproximadamente, en la época de Mahoma, eran judíos, y se integraron al ejército de Mahoma, se transformaron en los guerreros más fuertes y mejores de su ejército y, en cierto momento, se convirtieron del judaísmo a la religión musulmana. Estamos hablando de 1.400 años atrás, pero aun así, ellos saben. Los patanes son una tribu grande en Afganistán y parte de ellos están en la India. Mantienen unas tradiciones judías, algunas medias judías, como no comer carne de camello, como separar entre carne y leche, como hacer la circuncisión no hasta los 13 años como los musulmanes sino el primer mes que nace el niño, etc., pero, a pesar de que saben que tienen históricamente raíces judías, hoy son musulmanes y no tienen ningún interés de retornar al judaísmo.

 

SORPRESAS

¿Es posible resumir cuáles serían las mayores sorpresas con las que te topaste?

Para mí encontrar a cada judío, o a cada descendiente de judío que mantiene su identidad y hace lo posible por mantener el judaísmo en una forma sorprendente, siempre es una gran sorpresa.
Pero podría dar algún ejemplo concreto más, como una sorpresa que tuve cuando una vez llegué al nordeste de Brasil, a la zona de Recife que, como sabemos, fue el lugar donde se construyó la primera sinagoga en toda América. Eran judíos de España, que fueron expulsados a Portugal, de allí llegaron a Amsterdam, y, a mitad del siglo XVII -cuando Holanda conquistó Brasil- muchos de ellos se fueron a Brasil, a Recife, pensando en que iban a encontrar más tranquilidad en su vida judía y también a abrir nuevos horizontes comerciales. Ahí construyeron la primera sinagoga; poco tiempo después Portugal conquistó Brasil y los judíos tuvieron que escaparse nuevamente. Algunos lo hicieron a Curaçao, y de allí a Nueva Amsterdam, que después se transformó en Nueva York, y otros se escaparon simplemente a la selva, al norte de Brasil, y vivieron en lugares alejados.

Hace pocos años visité esa zona en Brasil y llegué, yo diría que casi por casualidad, a un lugar donde vivía una familia compuesta por padre, madre y dos hijas gemelas. Vi al lado de la casa una sinagoga pequeña, con una estrella de David, pintada de blanco y de azul, pero no comprendí cómo había una sinagoga si estábamos en el medio de la selva y había una casa con una sola familia. Cuando entré a la casa y empecé a hablar con ellos descubrí que es una familia de descendientes de judíos que vive en el medio de la selva y durante generaciones mantuvo su judaísmo, tiene su propia sinagoga, aunque sin minián, que como sabemos, es el requisito judío para orar en grupo, el mínimo de diez personas. Es la única sinagoga de una persona, o mejor dicho de una familia. Y ellos mantienen sus tradiciones.

En cierto momento le pregunté al padre y a las hijas si saben cantar alguna canción, y las dos hijas, que en aquel momento tenían 13 o 14 años, empezaron a cantar Hatikva, el himno de Israel, y realmente eso fue para mí una sorpresa y una emoción hasta llegar a las lágrimas.

 

¿Cómo llegaste a ellos?

Creo que parte de nuestra responsabilidad, tanto rabínica como del pueblo judío, es ir en busca de judíos que quizás puedan necesitar estar en contacto con nosotros. Hoy no es difícil, indudablemente por todos los medios de comunicación, y simplemente cuando yo intento buscar judíos, los encuentro. Cada vez hay otro cuento y otra forma, cómo descubrí un lugar, cómo llegué a una comunidad, etc., pero el criterio más importante es el concepto de buscar judíos.

 

¿Te ha pasado que sólo fuiste en base a una información muy general y que fue como una odisea realmente llegar al grupo que buscabas?

Sí, indudablemente así es. Otro de los lugares que digamos que fue una odisea es el Amazonas. Los judíos de Amazonas llegaron de Marruecos a Amazonas a partir de mitad del siglo XIX, 1850 en adelante, una época en la cual en Marruecos había pobreza, enfermedades, antisemitismo... Los judíos vivían en lo que se llamaba el-mellah, el gueto judío, y empezaron a buscar nuevos horizontes. En Brasil comenzó en aquella época, un poco más adelante, lo que se llamó la “fiebre del caucho”: los árboles de goma fueron fuente de una producción muy importante a nivel industrial, económico. Los judíos llegaron de Marruecos a Brasil para desarrollar toda la industria del caucho entre 1850 y 1920, aproximadamente. Algunos de esos judíos vivían en comunidades, especialmente fundaron la comunidad de Belén en el centro de la selva amazónica, pero muchos otros entraron a vivir al lado del río amazónico. Se encuentran hasta hoy en día comunidades y cementerios judíos dispersos a lo largo y ancho del río amazónico. Estuve el año pasado visitando a dos judíos que quedaron en la ciudad de Óbidos, tuve que viajar de Belén a Manaos, y de Manaos tomar un barco navegando 12 horas río adentro en Amazonas, hasta llegar a Óbidos. Allí hay dos judíos, antiguamente había una comunidad y un cementerio judío, había una sinagoga, y realmente fue impresionante ver cómo quedaron dos judíos en un lugar así.

Muchos de los descendientes de judíos marroquíes se asimilaron. Por ejemplo, estaba caminando en Óbidos por la calle y recuerdo que vi a un joven con una estrella de David y le pregunté: “¿Tú sos judío?”, y me dijo: “Yo no, pero quiero ser judío”. “¿Y por qué quieres ser judío?”, le pregunto, y me contesta: “Porque mi abuelo era judío”. Él me llevó a la casa de su abuela, una señora de 90 años, que me contó que ella es hija de un judío que llegó de Marruecos a la selva amazónica, su madre no era judía, era católica, ella misma es católica hoy en día, pero su nieto, que sabía de toda esa historia, decidió dejar la religión de la madre y de la abuela y nuevamente retornar o adoptar la misión del abuelo que llegó de Marruecos.
Lo que fue también muy interesante en aquel encuentro fue que yo le pregunté a la abuela si ella recordaba alguna tradición que el padre tenía, y no se acordaba de ninguna. Pero antes de salir de la casa, que era una casa totalmente católica con cruces y vírgenes, me dijo: “Rabino, me acordé de algo”. Me acerqué a ella y empezó a decir “Shmá Israel”.

 

Muy fuerte. Gracias mil Eliahu por compartir con nuestros lectores estas apasionantes historias.

Gracias a ti por esta oportunidad.

 

 

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