Tragedia en una historia de amor

7.2.2016

Por Jana Beris

Entrevista publicada en PL76 - Enero/Febrero 2016

 

 

La tragedia es la prematura muerte de Yshai Rosales, de tan solo 23 años, alcanzado días atrás por una esquirla de un mortero disparado en una dirección equivocada en el transcurso de un entrenamiento en la base Tzeelim en el sur de Israel. La historia de amor, es la de su familia que muchos años atrás, unió su destino al judaísmo y al pueblo de Israel.

Todo comenzó con el abuelo paterno que ya de joven, en su tierra natal, en México, comenzó a interesarse por el judaísmo. Pinjas y Sara Rosales-los nombres hebreos los adoptaron cuando tuvieron claro que esa sería su nueva vida, como judíos- criaron a sus cinco hijos en el nuevo camino y el corolario de ese singular proceso fue la decisión de emigrar a Israel.

El sueño comenzó a cumplirse hace 14 años al llegar los abuelos Rosales a Israel con algunos de sus hijos y nietos. El resto de la familia se fue sumando poco tiempo después y hoy, todos están aquí, seguros de haber dado el paso correcto. El abuelo Pinjas falleció hace 10 años y está sepultado en Jerusalem. El se fue físicamente, pero quedó su fuerte legado: sus cinco hijos varones y sus dos hijas, con sus respectivas familias, siguen viviendo en Israel, todos como familias observantes de los preceptos religiosos judíos. Es más: se les sumó también la familia del cuñado de uno de sus hijos.

 

 

Yshai Rosales (z'l). Foto: gentileza Familia Rosales

 

Conocer a una familia así, que tuvo la fuerza de cambiar totalmente su forma de vida por la motivación de la fe, es singular. Pero cuesta hacerlo en días en los que a los Rosales los embarga un tan profundo dolor.
La casa de Aharon y Elisheva, los padres de Yshai, en el moshav Beit Meir aledaño a Jerusalem, está repleta de gente. Llegan de diferentes partes de Israel a darles el pésame, también desconocidos. Una mujer que se acerca a la mamá, cuenta que ella perdió años atrás a su hijo en las mismas circunstancias, un accidente durante un entrenamiento.

Los hombres están afuera, en el patio, combinando el recuerdo de Yshai con una forma singular de honrar su memoria: analizando enseñanzas judías y de la Torá. El padre y Mijael, el otro hijo varón de la familia, escuchan y participan. Y agradecen a todos los que llegan y les desean que no sepan más de dolor.

Adentro, ni siquiera es necesario preguntar quién es Elisheva, la mamá de Yshai. Tiene el dolor grabado en la expresión de su rostro. Habla en voz baja pero firme y prefiere no hacer ningún tipo de comentario a la prensa. A su alrededor, un gran movimiento de sus hijas mujeres y varios sobrinos. Es notorio que hay aquí una gran familia unida, en la que el mutuo abrazo podrá ayudar a lidiar con la falta de Yshai, pero nunca logrará sustituirlo.

Yshai era el segundo de los cinco hijos de Aharon y Elisheva Rosales. La primogénita es Rivka, de 26 años, aunque nos cuenta que por la forma de ser de Yshai, tres años menor que ella, siempre sentía como si él fuera el de más edad. Mijael tiene 21, Shir-El 12 y la menor, Hareli, 10.

“Recuerdo bien nuestra llegada a Israel”, nos cuenta Rivka. “Claro que en ese momento no sabía qué era Israel. Para mí era irse a otra parte del mundo, pero no fue nada raro. Mi vida siguió normal”.

Rivka refleja el sentir general de la familia “Israel es mi casa. Desde que nací, desde antes que nos convirtiéramos, mis papás seguían la religión judía, así que yo no me acuerdo si viví como ellos vivieron antes. De hecho nacimos dentro del judaísmo, con sus creencias”.

Y volvemos a hablar de Yshai. “A Yshai le gustaba mucho la tzavá, el ejército. Le encantaba. Desde niño había soñado con ir y él siempre cumplía sus sueños”. Había hecho un exitoso curso de oficiales y era Teniente, pero después de su muerte fue ascendido a Capitán.

En una entrevista al canal 2 de la televisión israelí, su hermano Mijael había comentado que aunque Yshai haya muerto en un accidente de entrenamiento, para él, lo que cuenta es que estaba haciendo algo que servía para defender a Israel. Se lo recordamos a Rivka y está plenamente de acuerdo. “Es algo que viene de Dios. Para nosotros es difícil entenderlo porque este accidente se llevó la vida de una persona pero es algo que Dios decide. Y sin duda, él estaba haciendo lo que quería, en la tzavá”.

Preguntamos a Rivka si la fe ayuda en un momento como el actual. “Obvio que ayuda la fe”, recalca “Si hay fe, hay todo. Si no hay fe, no hay nada. Si no hubiera fe, uno no entendería por qué las cosas pasan”.

En medio del dolor, hay cierto consuelo, el saber que Yshai, según afirma su hermana mayor, era feliz con su vida. “El era feliz. El siempre fue de sonrisas, sin coraje hacia la gente, sin rencores, siempre feliz. Siempre sonriendo. Nunca se llevaba nada al corazón. Siempre era positivo”.

Lo confirman todos aquellos que lo conocían y que llegan a la casa de la familia a expresar su pesar. Compañeros del servicio militar, ex compañeros de clase. Se acercan dos hombres a saludar a Elisheva. El mayor, explica, fue su maestro en el Talmud Torá. “Siempre con buenos valores, siempre educado, nunca con problemas, un ejemplo”, dice llevándose la mano al pecho. A su lado, el más joven cuenta que él tenía a su cargo el transporte de los alumnos de la zona al colegio y elogia el comportamiento, siempre, tanto de Yshai (z”l), como de su hermano menor Mijael. “Los niños a veces pelean en el viaje, hacen demasiadas travesuras que molestan. Ellos no, nunca. Se nota de qué hogar vinieron”.

También la tía Yojeved Resendiz (44), hermana de Aharon Rosales, recuerda a su sobrino con superlativos. Se le llenan los ojos de lágrimas al recordar una fiesta compartida recientemente por toda la familia. “Yshai pudo estar y allí me quedó para siempre su sonrisa”, nos dice.

También ella cuenta del proceso de acercamiento al judaísmo iniciado por su padre. “El sabía que había un solo Dios y buscó hasta que encontró las respuestas a sus preguntas, en el judaísmo”, recuerda. “Yo era una niña cuando mi papá comenzó el proceso de acercamiento al judaísmo. Le gustaba mucho. Veía muchas religiones pero no le satisfacían. Con el judaísmo fue distinto”.

Hoy, ya 12 años después de haber llegado a Israel, donde vive con su esposo y cuatro hijos, su resumen es positivo. “Allá no se puede mantener el judaísmo en forma plena. Estábamos en el DF, lejos de la kehilá, de la comunidad. Acá estoy feliz. La gente es bien. Y pasamos un proceso en el cual con el tiempo nos fuimos sintiendo parte de a poco”.
Y el último pensamiento que comparte con nosotros, nuevamente, es sobre Yshai, mezclando el presente con el pasado.”Yshai es muy sonriente, muy educado, nunca ofendió a nadie. Ayudaba al que podía. Y tengo conmigo su última sonrisa”.

Rivka, hermana de Yshai, lo resume: “Yshai siempre estará en nuestros corazones y aunque su cuerpo no esté acá, él siempre vivirá en nosotros”.

 

AHARON ROSALES: “HAY QUE SEGUIR VIVIENDO”

Nos disculpamos al pedir al papá de Yshai, Aharon, dejar por unos minutos el grupo que lo acompaña en el patio de la casa, y compartir con nosotros sus sentimientos y pensamientos en estos días tan difíciles para la familia. En medio del dolor, logra esbozar también una sonrisa y agradecernos por haber llegado.

Mezcla muchas palabras en hebreo en sus respuestas en español. Y la fe en Dios que lo mueve, es un hilo conductor en toda la conversación.
En medio de la entrevista, se acercan dos mujeres de la escuela Beit Yaakov en Telstone, donde estudian las hijas menores. “Son unas princesas, con valores, está claro de dónde vienen, igual que Yshai” dice una de ellas. “Es un honor que sean alumnas nuestras”, asegura la otra, ofrece toda la ayuda que la familia pueda necesitar y augura que no sepan más de dolor. Ambas cuentan que asistieron al funeral de Yshai. Y la mayor destaca la eulogía con la que Aharon se despidió de su hijo. “Parecían palabras propias de quien dirige una yeshivá”, dijo, refiriéndose a lo profundo, conceptuoso y pleno de fe de lo que dijo. Y pensamos en la potencia que un comentario así puede tener para una familia creyente que no nació en el seno del judaísmo sino que se convirtió y lo adoptó como su camino.

 

Aharon, sé que es difícil preguntarlo...pero ¿Cómo están viviendo estos días de duelo?

Es muy difícil porque perder un hijo...no sé si tenga palabras para nombrar tal cosa. Pero hay que sobrevivir, no queda otra. Hay que seguir adelante. No estamos solos en este asunto. El pueblo de Israel está apoyando moralmente. Todos. No se siente uno solo. Se siente uno con el dolor, claro, pero no solos. Nos ha visitado gente que ha llegado de muy lejos para dar el pésame, y eso nos acompaña. Eso hace que uno se sienta bien. No se va el dolor, claro está, pero ayuda.

 

Además de la compañía y el abrazo que la gente le da, me imagino también ayuda escuchar lo que todos dicen de Yshai, los que lo conocían de distintos ámbitos.

Eso es muy cierto. Los muchachos que han venido han dicho muchas cosas bellas de él. Yo conocía a mi hijo de la casa, de la educación que le di. No lo conocía afuera. Pero hoy sé cómo era mi hijo adentro y afuera. Era el mismo niño, era el mismo “otsar” (tesoro) que yo tenía adentro, brillaba igual afuera.

 

Y cuando oye lo que cuentan de él, me imagino, no se sorprende...

No me sorprenden porque así era en mi casa. Pero a veces los jóvenes cambian afuera. Yshai no cambió. Siguió el mismo camino que tomó con nosotros.

 

Yo estaba pensando que aquí hay de fondo una fuerte historia de amor, de su familia, con el judaísmo y con Israel...

Fue un camino largo a seguir. Cuando uno quiere estar en el judaísmo pero no tiene todavía las bases, no tiene nada, va de a pasos. Uno agarra un libro que encuentra va subiendo de a poco. El Kadosh Baruj hu va abriendo caminos. Y así se fueron abriendo las puertas a través de los años, hasta que llegamos.

 

¿Recuerda la vida antes del acercamiento al judaísmo? Me decía Rivka, su hija mayor, que ya antes de ser formalmente judíos, vivían como judíos.

Así es. Mis hijos tienen los nombres que yo les puse. No teníamos una conversión todavía pero ya vivíamos como judíos. Cuidábamos shabat, kashrut… por ejemplo hoy sé que no teníamos por qué cuidar shabat, pero yo cuidaba igual porque quería ser judío. ¿Por qué no? Si el judaísmo basa en eso toda la Halajá.

 

Entiendo que su papá, Pinjas (z”l) buscaba respuestas a cosas de la vida y las halló en el judaísmo. Así que ustedes ya crecieron con eso ¿verdad?

Papá nos sacó parte de lo que era aquel mundo, de a poquito, luego nos ayudó a salir para tomar el camino hacia el judaísmo, nos enseñó el camino y nosotros seguimos y descubrimos más, quizás más de lo que él alcanzó a descubrir. Y Baruj Hashem vino a Israel con nosotros y alcanzó a estar aquí varios años. Falleció hace unos ocho años y está descansando en Har Hamenujot. Mamá está con nosotros, Baruj Hashem.

 

Todos ustedes tienen nombres hebreos, bíblicos, y entiendo que prefieren no mencionar los anteriores...

No, porque el pasado quedó en el pasado. No porque nos avergüence, en absoluto, sino porque ahora tenemos otra vida. Así fortalecemos la nueva etapa. A veces hay gente que no tiene un camino, que anda perdida por ahí pero nosotros ya encontramos el nuestro, que somos judíos. Tenemos un camino que seguir. Sólo hay que saber buscarlo y seguirlo.

 

La venida a Israel fue otra etapa, más allá de la conversión.

Claro, fue otro desafío, lógico. Queríamos convertirnos, buscar el camino, venir a Israel. Hay puertas que se abren, puertas que no. Uno busca y busca. Cuando tiene una puerta que se abre, eso ayuda y uno entra por allí.

 

¿Y hoy están seguros de haber tomado en su momento la decisión correcta?

Sí, en eso no hay safék (duda). Es la decisión correcta “méa ajúz”, 100%. Estamos en el lugar correcto, llegamos al lugar correcto. Mucha gente no lo entiende. Cada uno tiene sus pensamientos. Para mí aquí, como judío, es el lugar perfecto para vivir. Y toda nuestra familia vino aquí.

 

Ahora que ya tiene muchos años vividos en Israel ¿siente que esta experiencia de vida justificaba aquellos esfuerzos antes de venir?

Justificaba. Siempre he dicho, no hay como Israel. También digo que Israel no es fácil, pero Israel te otorga cosas que en otros lados no tienes, al principio te echa la mano para que salgas adelante, y sales. Entonces no es que te cierran las puertas, al contrario.

 

Decía Mijael que Yshai seguro sentía que estaba defendiendo a Israel...

Siempre es así. El jaial (soldado) que está en la tzavá, está defendiendo. Lo meshané mí. (No importa quién). También quiero decir que se ven dos tipos de Jaiál, el que está sentado estudiando Torá, y otro que está con las armas, defendiendo también las fronteras. Los dos son jaiál. Uno kashur (conectado, vinculado) al otro. Yo creo que van de la mano. Uno complementa al otro. Muchos no lo ven así, pero yo creo que así es. Si no hay uno no hay otro.

 

Estaba muy orgulloso de Yshai ¿verdad?

Cien por cien.Me siento orgulloso de escuchar lo que dicen afuera, de ver lo que tú creaste cómo resulta. Yo sé que lo crié con cualidades que tenía que tener en la vida y me salió como yo pensé. Nos valió la pena llegar a esta tierra y seguir el camino que seguimos, ante todo el camino de la Torá.

 

¿Y la vida en Israel los ha tratado bien?

La vida no ha sido fácil, la verdad, trabajando en lo que se podía para sobrevivir, para tener un salario digno y poder vivir. Estamos apretados, como mucha gente, pero vivimos, y felices, que es lo importante. Estamos felices con lo que tenemos. Eso siempre lo mostró Yshai, cuando se hace todo con cariño, no hay cosa que sea difícil. Y seguimos. Ahora Yshai no está con nosotros pero algún día nos volveremos a encontrar. Yo veo que dejó su huella. Y yo me sembré en este país. Me gusta. Luchamos por venir a esta tierra, la tierra de nosotros, que es esta.

 

Yo lo escucho y pienso que quizás, en algún momento de la historia de las generaciones, ustedes tuvieron ancestros judíos que dejaron una semillita plantada por algún lado...

Podría ser, quién puede saberlo...Pero yo sé yo quién soy, quién fue mi padre. De aquí para adelante… todo está claro.

 

¿Y por qué Aharon? ¿Qué le gusta en el judaísmo?

La verdad que no me había planteado esa pregunta porque el judaísmo es un vivir diario. Uno empieza el día con tefilot (plegarias), y termina igual el día. Es un vivir de acuerdo a un camino. No hago preguntas. Vivo en ellas. Ahora no hay preguntas, sabemos dónde estamos y qué hacemos. Y hay que seguir.

 

 

 

 

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