Abuelas 2.0

31.3.2016

Texto y fotos: Pablo Duer

Nota publicada en PL77 - Marzo/Abril 2016

 

 

Todas las semanas un grupo de Sabtot argentinas se reúne en Kfar Saba para compartir sus experiencias como abuelas. Se definen como modernas y urbanas y tienen logo, nombre y grupo de whatsapp. Esta es la historia de las “Sabtot be Jeans”

 

El reloj marca las 18:15 hs. La noche ya está más que instalada en este jueves de invierno. La mesa está casi lista. Hay galletitas, algunas verduras, bocaditos de distintos tamaños y variedad de masitas, dulces y saladas. Hay café e incontables tipos de té, azúcar para las más osadas y edulcorante para las que se cuidan. En el instante en que el kum kum informa que el agua hierve, suena el timbre por primera vez. “Pasá Ana”, le dice por el portero eléctrico Ruth, la dueña de casa, que parece prepararse para dar lugar a una reunión de amigas. Cuando Ana llega al sexto piso, la están esperando con la puerta abierta. Detrás de ella vienen Susi, Mirta y Betty. Ya entran sonriendo, hablando sobre la nieta de Mirta, nacida unos días atrás. Inmediatamente la charla toma un giro y empiezan a aparecer palabras como skype, facetime y whatsapp. Una bromea sobre que no paran de mandar fotos por el grupo, y le responden que se queja de envidiosa. 

Paty y Ruth, que sostiene un imán con el logo del grupo. Juntas coordinan grupos desde hace más de 10 años.


Mi presencia, al principio, parece incomodarlas un poco, hasta que Ruth se encarga de romper el hielo: “Tranquilas que no hay cámaras de televisión”. Las miradas se posan repentinamente sobre mí y arrancan las preguntas. “¿Hace cuánto llegaste? ¿Cuál es tu apellido? ¿Nos vas a hacer famosas?”. Tras concluir las formalidades y buscarme conocidos entre sus sobrinos y nietos, se predisponen para la entrevista, sentadas en un semicírculo a mi alrededor. El grabador no parece intimidarlas. La primera pregunta es una obviedad, ya sé la respuesta pero quiero escucharlas a ellas: “¿Qué son las Sabtot be Jeans?”
En líneas generales es un grupo de 12 abuelas que se reúne todas las semanas para hablar  de lo que significa este rol. “Hay dilemas, preguntas y dudas que creímos que era importante  trabajar”, cuenta Ruth, que junto con Paty (Patricia), coordinan el grupo desde hace un año y medio. “Es un lugar de encuentro que nos permite compartir experiencias no sólo como abuelas sino también como madres y como hijas”, opina Susi, a quien sus nietos llaman “Babi”. “Es un espacio donde uno puede desahogarse y decir cosas que por ahí no decís en otro lado. Como un lugar de descarga”, sigue. La palabra terapia se me viene a la cabeza pero Paty rápidamente se encarga de sacármela y la reemplaza por otras dos: “contención y acompañamiento”.  
Entre risas y anécdotas, la charla se desordena muy fácil. Les cuesta no opinar y no interrumpirse. Al fin y al cabo es un tema que las toca muy de cerca y las llena de orgullo, sobre todo cuando se trata de sus nietos. Y pensar que hoy son sólo cuatro. El resto llega más tarde, directo para el encuentro, al que no me dejaron acceder para preservar su intimidad. “Hay dos grupos, éste de los jueves, que está hace un año y medio y otro los lunes, que empezó hace un mes y son ocho abuelas que vienen todas las semanas”, explica Ruth, que alberga la gran mayoría de los encuentros en su casa: “Les da más calidez”.
Más allá de los distintos temas que tratan, hay uno que subsume al resto. La diferencia entre ser abuelas en Israel o en Argentina es no sólo el más recurrente sino también el más polémico. “Por más que no queramos, tenemos otra cultura, muy distinta a la de acá”, dispara Mirta, “Abu” para sus nietos. “No es que unos crían mejor y otros peor, es un estilo que se trae, que está mamado de los padres”, acuerda Bety, que tiene nietos en Chile, Argentina e Israel. Ana María, que migró hace 45 años y tiene 14 nietos y un bisnieto nacidos acá, no tarda en salir al cruce cuando Mirta agrega que en esta cultura los padres se dedican demasiado a trabajar: “Yo no veo la diferencia, cada uno forma su familia de acuerdo a su forma de ser y su forma de ver”. Paty, dejando claro su rol de coordinadora, interviene y enfatiza la riqueza de la heterogeneidad de opiniones y experiencias.
El clima y el tono de la charla se parecen mucho a un electrocardiograma. Se entusiasman cuando hablan de la familia, se ríen cuando se describen como abuelas modernas y se vuelven más intensas cuando discuten. El hecho de que sea todo en español lo hace más fluido. “Más de una podría hacerlo en hebreo, pero yo creo que es algo que nos sale de adentro, del corazón, del alma”, comenta Susi. “No fue nuestra intención al principio, pero se sumaron tantas argentinas que decidimos hacerlo en español. Le da el valor agregado de que ellas tengan algo cultural en común”, menciona Paty, que me corrige una y otra vez cuando la llamo madrijá en lugar de manjá.
Los encuentros comienzan con una charla, café mediante, donde se ponen al día, se cuentan su semana y si se quedaron pensando en algo de la última reunión. Luego Ruth y Paty introducen el tema y proponen un disparador. En el encuentro anterior hablaron del “No”: cómo decir que no y cómo reaccionás cuando te dicen que no a vos. “Una vez, por ejemplo, hicimos una actividad en la que cada una se presentaba como si fuera su nieto el que las introducía, para pensar cuál es el modelo de abuela que registran los nietos”, relata Ruth. “Nosotras vamos para donde va el grupo, pero siempre manteniendo el tema de ser abuelas como central”, explica Patricia. Sobre el final, tras un par de horas donde predominan las risas pero no faltan las lágrimas, realizan un cierre e invitan a la reflexión, junto con un feedback del encuentro. 

 

(de izq. a dcha) Ruth, Betty, Mirta, Susi, Carina, Alicia, Paty y Ana. Parte de un grupo cada día más consolidado.


“La particularidad de nuestros encuentros reside en que transformamos la crítica en aprendizaje y las pregunta en momento de reflexión”, sostiene la dueña de casa. “Nuestra coordinación también genera un marco, basado en la teoría y la experiencia”, agrega Paty y explica que se formaron e informaron  sobre el tema. Así, y a medida que empiezan a aparecer términos como “abuela babysitter” o “abuela kefit”, Ruth explica: “Hay toda una clasificación con respecto al tema de lo que significa ser sabta, y no es que cada una entra en una categoría, es más complejo, cada una va armando su personaje con los modelos anteriores que recibió”.
Las manjot parecen casi automatizadas para complementarse en sus respuestas, sorprende la química entre ellas y lo fácil que se entienden. La sorpresa dura, sin embargo, hasta que se adentran en la experiencia que las une: hace más de 10 años que coordinan juntas grupos de inmigrantes, de nativos y multiculturales. Además, también capacitan en coordinación, a olim, en el Seminar Hakibutzkim y con su proyecto Al Haguesher, que a través de un semestre vivencial e introspectivo analiza cómo fue la adaptación de cada estudiante en su llegada a Israel. “Nuestra especialidad es poder trabajar lo que significa estar en transición cultural, cómo nos insertamos en esta nueva cultura, nueva vida, realidad y país”, remarca Ruth, evidenciando tal vez un dejo de auto referencialidad. Resulta inevitable igual, considerando no sólo que ellas también son inmigrantes sino que en este grupo en particular entran tanto en la categoría “abuela” como en el rango etario, que oscila entre los cincuenta y setenta y tantos.
La edad resulta un tema prácticamente olvidado. Se describen como wonder women, modernas, urbanas, aunque aceptan el rótulo de la tercera edad, enfatizando igual que hoy existe una cuarta edad de la que todavía están lejos. Sus palabras no se evaporan sino que se traducen en acciones en la vida cotidiana: todas trabajan, van al teatro, hacen deporte, las compras y dedican tiempo a sus nietos. Mucho de ese tiempo es, no obstante, a través de la tecnología: “Los nietos que están cerca, los tocás, los ves, los abrazas, conversás y compartís. Con los que están lejos, viva la computadora, viva el whatsapp, el facetime y todo lo que exista. Yo juego con mis nietos y me dicen por skype ‘mirá lo que estoy comiendo, tomá, agarrá y probá’, pero hay una pantalla nada más”, se emociona Betty.
Cuando Susi propuso el nombre Sabtot be Jeans, gustó de inmediato. Se les nota la sonrisa en la cara cuando lo pronuncian, mezcla un poco de orgullo, picardía y una pizca de rebeldía que las unifica. “La palabra sabta hace alusión a la abuelita de antes, las nuestras, que no trabajaban, estaban en la casa y cuidaban su huertita. El jean es algo que representa la juventud, la modernidad, y bueno, se me ocurrió”, revela su autora.
En el momento en que me animo a preguntar por los sabim, no tardan en tomar distancia: “No nos imaginamos estos encuentros con maridos”, ponen el grito en el cielo, unánime. “Te aseguro que se rompería la armonía”, sentencia tajante Ana. En ese instante sale el marido de Ruth y se encuentra con el grupo mirándolo como niñas que acaban de cometer una travesura. Él entiende el momento, lo respeta y hasta lo aprovecha: cuando se reúnen las mujeres, los maridos se juntan a cenar entre ellos. “Sería un buen espacio para meternos y ver qué pasa con ellos también”, retoma el hilo Ruth. “El sentimiento del abuelo no es como el de la mujer, sería distinto, otra dinámica, pero no descartamos el desafío”, complementa Paty.
Ese sentimiento del que habla Patricia es la alegría de todas cuando Mirta cuenta que nació su nieta, es la emoción de cuando se casa el hijo de alguna y es también la envidia de muchas cuando una manda fotos con sus nietos desde Argentina. “Yo me siento muy orgullosa de esto, es extraño encontrar a esta edad un grupo de mujeres y que todas te caigan bien. Es un grupo en el que nos abrimos, como abuelas y como mujeres”, reflexiona Ana. “En principio la idea era hablar de cómo manejarnos con los nietos, pero a partir de eso surgieron un montón de cosas, que tienen que ver con nosotras como abuelas pero que tenemos una edad determinada y un origen común también”, agrega Alicia, “Ali” para sus nietos, que se acaba de sumar a la charla.
Ya son más de las 19:30 y tras varios vaivenes emocionales la charla se encamina a su cierre, que no es otra cosa que el comienzo de su reunión de hoy. No podían dejarme ir, sin embargo, sin sacar su faceta Idishe Mamme en todo su esplendor: “¿Por qué no comés algo antes de irte? Tenés que alimentarte”, sugiere Susi. “Cerrate bien el saquito que refrescó bastante”, me dice Alicia, mientras me arregla la solapa y se encarga de que queda prolija. “¿Y vos no tenés novia? ¡Hay que conseguirle chicas!”, cierran. 

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