Entrevista a Daniela Grajzewski: Coordinadora de guías y museo del Centro Ana Frank Argentina

31.3.2016

Por Marcos Lion
Entrevista publicada en PL77 - Marzo/Abril 2016

 

 

El trabajo de la memoria como hilo central es el leitmotiv del Centro Ana Frank Argentina. La reconstrucción de la memoria colectiva y la intención de transmitir, por sobre el paso del tiempo y a través de las generaciones, una visión sobre dos grandes hechos por los que ha atravesado la humanidad, en la piel de los pueblos judío y argentino.
La historia que nos cuenta Daniela nos ayuda a entender por qué es tan necesario mantener vivos estos tramos tan dolorosos de nuestra historia.

 

Un día, Daniela se presentó a un trabajo para coordinar grupos. Pero nunca imaginó que este encuentro cambiaría su vida de forma tan significativa. El trabajo era en el Centro Ana Frank, en Buenos Aires. Allí confluyen la historia de la joven judía “símbolo de la resistencia al nazismo”, y los oscuros rincones por donde transitó la última Dictadura en Argentina.

 

 

Daniela Grajzewski: “No me pone mal que alguien piense diferente, me pone mal la desinformación”.

 

 

¿Qué fue lo que te pasó cuando fuiste aceptada en el trabajo?
No había estado antes en el Museo. Cuando lo recorrí recién empecé a entender el motivo de la existencia de un lugar así. Enseguida cuando uno toma contacto con los guías se entiende cuál es la ideología del lugar. Sentí que se pueden hacer cosas muy interesantes con gente que tiene ganas de trabajar. Los guías son chicos y tienen mucha fuerza, mucha polenta.


¿Cuando decís chicos, a que te referís?
Los guías en el Centro tienen entre 14 y 25 años. En verdad ellos fueron los que me enseñaron el trabajo y gracias a ellos pude ir creciendo, crecemos juntos.

 

Y vos, ¿qué podías ofrecerle a este grupo?
Llegué al Museo y me senté a estudiar sobre la Shoá, sobre Ana Frank, sobre los Derechos Humanos, y participé de muchas visitas guiadas. La idea es hacer del guía algo más que un guía, que su tarea vaya más allá que la de llevar a un grupo. Así surgen muchas actividades que los fortalecen y enriquecen.

 

En verdad, la historia de la casa de atrás (denominación que se da a la casa donde vivía refugiada Ana y su familia) no es el relato cruel de sufrimiento que conocemos de la Shoá, y la vida en los guetos, tiene más que ver con el desarrollo de una adolescente que huye de ello…y ¿dónde encuentra esto a los visitantes del Museo? 
Creo que los visitantes se pueden identificar porque el relato de Ana nos toca la fibra de la juventud, un lugar por donde todos pasamos, es reencontrarte con una versión más chica pero más sabia…

 

La historia del Centro Ana Frank tiene que ver con muchas más cosas que no son sólo el Museo. ¿Cómo empieza la historia propia de este lugar?
Esto comienza con quien es el alma mater de toda la movida, Héctor Shalom. El empieza con una muestra itinerante que viaja por diferentes lugares haciendo algunas escalas como el Museo del Holocausto y, pasado un tiempo, sintió la necesidad de que ésta experiencia quede plasmada en un libro. Es así que comienza la búsqueda de los recursos y de pronto se encuentra con una familia que no sólo quiere ayudar en el libro sino que también quiere perpetuar la historia vivida en Argentina en la última Dictadura y unir ambos relatos en pos de los Derechos Humanos. La Casa está ubicada en el barrio porteño de Coghlan y por ella ya han desfilado más de 120 mil personas.

 

¿Quiénes llegan a la Casa?
Fundamentalmente escuelas, llegan grupos de estudio, grupos de docentes y universitarios. Muchas de las actividades están apoyadas por diferentes organismos, el mismo Ministerio de Educación, por ejemplo nos dio su apoyo cuando abrimos el Museo, el 12 de Junio el año pasado, en conmemoración del natalicio de Ana Frank. Han hecho volantes y colaborado mucho con la difusión.

 

¿Hay alguna relación con el Centro en Holanda?
Sí, hay relación con la Casa de Ana Frank, relación de proyectos, relación pedagógica.

 

¿Cómo se llega al relato de los Derechos Humanos dentro del Museo?
Los Derechos Humanos son el eje de todo lo que se hace en el Museo. Se trabaja en tres momentos importantes: la Shoá, con el testimonio de Ana Frank, la última Dictadura con testimonios también, y el hoy en día. Tenemos dos modelos de visita, uno es más histórico y trata los dos primeros temas que comenté antes, y  otro que trabaja más sobre los Derechos Humanos. En este caso, en lugar de llegar y recibir una historia tienen que elaborar, frente a situaciones dilemáticas, resolverlas a través de debates y diferentes recursos. Por ejemplo ven diferentes videos donde dos derechos entran en conflicto y tiene que proponer soluciones. Otro de los talleres es Libertad de ser, donde hay paneles que hablan sobre la identidad, la discriminación, la violencia, la justicia y la participación y tiene que definir lo que son para ellos estas palabras y armar paneles magnéticos con frases e imágenes. 
Hay una sala que se llama de la Dictadura a la Democracia, la vigencia de los Derechos Humanos, donde se ven los diferentes mecanismos y procedimientos en comparación o similitud entre el nacional socialismo y la Dictadura del 76.

 

 

 

En estos días hay quienes aún se animan a negar el Holocausto. De la misma manera hay quienes intentan presentar a la última Dictadura de una forma light, y también están quienes no aceptan la asociación de estos dos hechos…
Quienes llegan a las actividades de la Casa están como dispuestos a cambiar de alguna forma o a aprender, no tienen ganas de estar cerrados, quieren saber. No me pone mal que alguien piense diferente, me pone mal la desinformación. Hay una línea ideológica muy fuerte y muy clara de parte nuestra, lo importante es poder ser sensible a lo que le pasa al otro, lo que yo piense del otro porque piense diferente no necesariamente está mal.

 

¿Cuál es la devolución que reciben de los chicos de los colegios que llegan?
No siempre estaban abiertos a recibir una historia, y eso es la mejor parte porque son chicos los que les cuentan a chicos. La educación entre pares es lo que hace lo reciban diferente. Ellos pueden identificarse, como sucede con los chicos que visitan y después se ofrecen para trabajar como guías, esa es la mejor devolución.

 

En la página WEB del Centro Ana Frank de Argentina (http://www.centroanafrank.com.ar) nos encontramos con muchas opciones educativas para diferentes sectores. Hay aquí una muestra muy gratificante de cómo temas que pueden ser irritantes y conflictivos se transmiten con creatividad a planos constructivos.
En épocas donde el conflicto social, la intolerancia y la falta de entendimiento con el otro han ganado un espacio muy importante de nuestra vida cotidiana, esta propuesta nos muestra un camino sólido y claro para la convivencia.
Y como dice el poeta brasilero Cazuza,”… yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para, no para, no…” 

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