La cuarta pantalla

30.5.2016

Por Marcos Lion

Nota publicada en PL78 - Mayo/Junio 2016 

 

 

Luego de arduas negociaciones y tras cumplir sus primeros 10 años, mi hijo logró su cuarta

pantalla.

En verdad las negociaciones estaban más en torno a las dudas que como padres nos generaba

entender la verdadera necesidad, de que esto se produzca. Así, luego de la televisión desde sus

primeros años de vida, para pasar a la computadora, su segunda pantalla, hubo como una evolución de tiempo y cuasi natural, juegos y deberes escolares fueron empujando al monitor de la compu que pasó, así, a ser parte de su vida. Sin duda la computadora cumplía muchas funciones y hasta nos alivió la distancia cuando tuve oportunidad de hacer un viaje y a través de su imagen llegaba desde lejos todos los días a dar el besito de las buenas noches.

Más adelante, asomó una nueva necesidad. La computadora estaba en un lugar fijo, y ¿qué

pasaba cuando hacíamos viajes largos? La aparición de la tablet demandó algunas cavilaciones.

Ahí empecé a sentir que era más una necesidad social que propia, sin embargo ya hace un año

llegó para quedarse y ser su tercera pantalla. Dueña de la posibilidad de acompañarlo en todos los ambientes de la casa, cosa que la computadora no puede hacer, la Tablet llegó para quedarse.

Así como vimos en su momento las mutaciones en las que fue derivando la televisión, a la que se incorporaban, a su turno, la videocasetera, el reproductor de CD, el de DVD y finalmente el cable,  vemos ingresar a nuestros hogares elementos que van de a poco generando una pequeña dependencia.

La cuarta pantalla fue más peleada, no sólo por cuestiones económicas sino que empezaban a haber cuestiones que parecían ideológicas, o si se quiere de criterios de los que no tenemos y, tenemos que improvisar los padres cuando se presentan planteos y pedidos de nuestros hijos. Caemos en el conflicto de pensar: ¿Que sea común, significa que es necesario?, el ¨todos lo tienen¨ de los chicos, ¿es suficiente argumento para caer en la tentación?...

Cuando decirles que no, y ese no es lógico, ¿debemos sostenerlo a pesar de nuestro propio deseo de satisfacer sus voluntades?...

Preguntas abiertas, con respuestas múltiples, el límite está en la zona que va desde el plexo solar hasta el ombligo, todo aquello que no te produce nada dentro de esa zona está bien decidido.

En este caso se trataba de si hay necesidad de renovar su teléfono, ya que contaba con uno que servía solo para lo que sirven los teléfonos desde la época que los inventaron, para hablar  o debía saltar a un teléfono que le permitía sumar diferentes aplicaciones y juegos,

entre otras funciones…"To be or not to be”, diría Shakespeare… Por supuesto que los pedidos vienen acompañados de sugerencias de modelos que estaría bien recibir, ventajas y desventajas de unos y otros, pero no proporcionadas por un  vendedor de las compañías telefónicas sino que llegan de la mano de nuestros hijos,  que nos sorprenden con sus conocimientos de modelos de aparatos Smartphone, de distintos tipos, marcas, colores y capacidades…

Abrumados de información y viendo que las posibilidades económicas lo permitían, llegamos a un acuerdo con nuestro hijo de que recibiría un teléfono que sería reciclado y renovado ya que su madre había recibido uno nuevo del trabajo…

Las discusiones se terminaron, los miedos no. A los diez minutos de recibirlo ya estaba

viralizando a través de su Whatsapp. A la semana logramos que nos incorporara a su madre y a mí a su lista de contactos… Entre los miedos están si podré decirle de la linda experiencia que es la de mirar el cielo, caminar por el césped y tocar una flor y olerla…sin que caiga en la tentación de buscar una película sobre ese tema en YouTube y la respectiva explicación en Wikipedia…

Que la tecnología avanza más allá de nuestras posibilidades de asimilar los permanentes cambios no es una novedad. Y como cualquier otro tema lo que sí está a nuestro alcance es la posibilidad, o no de entender cuál es nuestra posición frente a este avance, la permanente cuestión es ¿cuál es

el límite?  No hasta donde llegará porque eso no lo sabremos, pero sí hasta dónde estamos dispuestos a aceptar, hasta dónde no perdemos nuestra personalidad para virtualizarnos y ser más aquello que esto, más los que figuramos en las pantallas que los que miramos el cielo, tocamos el

césped con los pies o acariciamos y olemos una flor por la calle…los que nos animamos, todavía,

a preguntarnos, a llorar, a reír con ganas frente a frente, no frente a una pantalla…

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