Entrevista a Gabriel Erdman, uruguayo israelí en Birkenau: "El día que me deje de emocionar va a ser el momento en el que voy a tener que dejar de venir"

1.8.2016

Texto: Jana Beris / Fotos: cedidas por la periodista

Entrevista publicada en PL79 - Julio/Agosto 2016

 

En el mes de mayo viajé por primera vez en mi vida a Polonia, invitada por la oficina Steinreich Communications, que tiene a su cargo las Relaciones Públicas de la "Marcha por la Vida". Quien me contactó fue uno de sus representantes en Jerusalem, Danny Seaman, quien me conocía bien porque años atrás fue el Director de la Oficina de Prensa del Gobierno de Israel.

Danny daba por sentado que hallaría interés periodístico en el evento, que se lleva a cabo todos los años en Iom HaShoá. Lo que no sabía, era cuántas fibras del alma tocaría participar en algo de esa índole, cómo se mezclaría la avidez por entrevistar y grabar testimonios, por describir lo terrible de lo que veía, con el dolor en el alma y el llanto difícil de controlar en tantos momentos.

Durante la caminata de unos kilómetros de Auschwitz a Birkenau, en medio de miles de judíos no pocos no judíos, de tantos jóvenes envueltos orgullosos con la bandera de Israel, nos encontramos también con tres compatriotas, jóvenes uruguayos que entre otras cosas, guían grupos a Polonia. Tienen ya años de experiencia y la buena combinación de conocimiento y sensibilidad, para transmitir lo importante y oportuno. Uno de ellos es Gabriel Erdman. 

Este es su testimonio.

 

Gabriel Erdman: “ No es una actividad más para hacer durante el año, para mí es, en cierta manera, seguir con un legado”

 

 

Todo trabajo en determinado momento entra en rutina. Ser madrij, guía, sobre el tema Shoá, viniendo a Auschwitz, ¿es necesariamente distinto?
Seguro que sí. Creo que en realidad lo que termina marcando no es la sorpresa -muchas veces la gente se sorprende cuando llega a los lugares- porque ya lo conocen. En lo personal el tema de los testimonios, leerlos, contar en realidad cómo fue el viaje en tren, el llegar acá, la llegada, el encuentro con las distintas personas que forman parte del comando, que eran quienes se encargaban de trabajar adentro del campo, empezar a conocer cómo funcionaba la vida dentro
del campo, eso lo hace especial, especialmente en Auschwitz por el tema de los tatuajes y de todas las características que hacen a la deshumanización mucho más clara y fuerte, más en comparación con otros campos.

 

Mencionabas el tema de la sorpresa. Creo que cuando se trata de escuchar testimonios de sobrevivientes uno siempre descubre algo más. Otro horror. Cada historia personal, cada cuento, es un mundo entero.

Seguro que sí, porque en realidad también el hecho de encontrarse con distintos tipos de historias también da cuenta de que no todo el mundo termina describiéndolo de la misma manera. Parte de la razón es porque en realidad cada uno lo vio desde sus ojos, eso va haciendo cada una de las historias distintas. Aparte de eso, también el hecho de que la gente relate su experiencia y dé su testimonio hace que (cada uno) ponga el hincapié más fuerte sobre lo que puede haber sido, por ejemplo, el viaje en tren: si una persona llegó directamente de Hungría el viaje duró una semana y eso pasa a ser algo muy fuerte. Si a una persona la deportan directamente desde Polonia en realidad viene a un gueto muy cercano, vivió un viaje en tren que no fue tan significativo y la sorpresa de llegar al campo termina siendo algo mucho más duro. Eso es lo que termina haciendo, en realidad, las diferencias más marcadas de cada uno de los testimonios.

 

¿Cómo ves a los jóvenes? ¿Cómo reaccionan, se lo toman en serio, captan la dimensión?
Creo que no va en un tema de edad ni de preparación. Es muy complicado. En realidad no hay forma de prepararse. Muchas veces la gente, principalmente los más jóvenes, viene con la cabeza mucho más centrada al hecho de lo que puede ser entender, sentir, que es algo imposible: es imposible sentir lo que ellos sintieron. Hay muchas veces que les enseñan en los colegios que tienen que ser empáticos, ponerse en los zapatos de la otra persona, y cuando hablamos del tema de la Shoá lo último que hay que hacer es ponerse en los zapatos de ellos
porque es imposible hacerlo. No aspiramos a que se puedan sentir como ellos. Muchas veces terminan frustrándose mucho cuando intentan entender, es algo imposible de entender…

 

Acá la cosa es saber…
Creo que va variando en función de las distintas edades. En los grupos que he traído a Polonia la necesidad de entender se da mucho más fuerte cuando una persona es más joven que cuando es mayor. El mayor ha leído más, ha conocido más hechos en la historia y eso lo termina capacitando para estar más preparado para venir acá a conocer y no entender.

 

Después de haber venido tantas veces, ¿seguís emocionándote? 
Sí, claro que sí. Creo que el día que me deje de emocionar va a ser el momento en el que voy a tener que dejar de venir, porque venir a este lugar sin conectarme en primera persona con la historia, con los testimonios, de cierta manera, no tiene sentido. En el momento que no me emocione venir y que no sienta como un legado el hecho de venir a educar y transmitir, seguro me quedo en mi casa con mi familia sin tener que enfrentarme con esto año a año y tantas veces por año.

 

¿Por qué empezaste con esto?
No es un trabajo cualquiera. No. Mis abuelos se fueron de Polonia, perdieron a toda su familia en Polonia, y nunca quisieron volver tampoco.

 

Uruguayos en Birkenau. (de dcha. a izq.): Shai Abend, Gabriel Erdman, Jana Beris y Manuel Aszyn. Tanto Shai como Gabriel y Manuel, guían grupos de jóvenes judíos en Polonia.

 

 

¿A quiénes perdieron exactamente?
Padres, hermanos, toda la familia. Para mí siempre fue fundamental, siempre tuve en la cabeza que quería venir por lo menos una vez a conocer Polonia. Después de que vine la primera vez y lo viví como un participante más dije: “Quiero volver”. Volví una segunda, una tercera, una cuarta vez, hasta que terminé estudiando para ser guía. Yo cada vez que vengo a Polonia lo hago con el pasaporte de mis abuelos, lo traigo siempre conmigo… me hace bien. No es algo más en mi vida o una actividad más para hacer durante el año, para mí es, en cierta manera, seguir con un legado. Me resulta muy importante a nivel personal.

 

¿Hay algo que te toca en especial?
Principalmente en el campo de Majdanek…

 

Mucha gente dice eso… Me han dicho que Majdanek impacta más que Auschwitz.
Pero a mí, en realidad no tanto por el campo, que está prácticamente reconstruido, sino porque yo muchas veces ahí termino contando la historia y leyendo el testimonio de Halina Birenbaum. Ella en su testimonio nos cuenta que cuando llega a Majdanek en cierto momento se separa de la madre y cuando ingresa a las duchas para bañarse, para pasar a ser un prisionero del campo, se da cuenta de que sumadre no está y es porque la llevaron por otro camino hacia las cámaras de gas. Ella termina en realidad hablando, contando y relatando, lo que es en realidad la búsqueda de su madre, preguntando: “¿Dónde está mamá? ¿Dónde está mamá?”. Hoy en día a mí, que soy padre nuevo -tengo una hija de un año y dos meses se me vienen bastante a la cabeza mi mujer,mi hija...

 

Claro, la dimensión personal, humana.
Totalmente.

 

Un elemento clave en todos estos viajes, son los encuentros con los sobrevivientes mismos ¿verdad? O sea, a alguno siempre se trata de traer.
Te comentaré algo que le dije también a mi grupo cuando estuvimos en Treblinka, que fue
el campo que de cierta manera funcionó más "perfecto" para los nazis. Estuvo abierto durante 13 meses y allí se asesinó a 870.000 personas. Cuando terminamos el recorrido en el campo, que hoy en día es un gran monumento, les dije que tengan en cuenta que no falta demasiado tiempo para que nos enteremos de que el último sobreviviente murió. En el caso de Treblinka pasó no hace mucho, Samuel Willenberg era el último sobreviviente vivo de Treblinka. Yo creo, y trato de transmitirlo, que hoy en día nosotros, no solo los guías sino todos los participantes que vienen a la marcha, tenemos en realidad un bolso muy pesado que todo el que lo quiera agarrar lo va a tener que cargar fuerte y llevarlo adelante. Se necesita ver cómo hacemos para transmitir a partir de ahora, que no va a haber más sobrevivientes. Es un gran problema, es una gran duda cómo va a ser el día de mañana, pero cuando uno cree en la educación cree que en realidad todo esto, más allá de las fotos y de los recuerdos personales, va a servir también para la transmisión en el futuro.

 

Muchas gracias Gabriel.
A vos Jana.

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