Entrevista a Gerardo Schartzman

1.8.2016

Por Marcos Lion

Entrevista publicada en PL79 - Julio/Agosto 2016

 

“Soy un fiel creyente de que lo artístico no está solo ahí arriba. La ética del actor está arriba y está abajo, el compromiso también”

 

Hay encuentros en la vida que sin duda dejan huellas. Así fue el encuentro de Gerardo Schwartzman con los textos de Roberto Fontanarrosa. Un impacto que quedó grabado en su piel y que lleva más de 300 presentaciones en todo el mundo con uno de sus cuentos Medieval Time. 
Gerardo es un actor con más de 30 años de carrera artística y docente, que incluyen varias giras por diferentes países y retornando siempre al Bolsón, la ciudad patagónica de Río Negro donde vive rodeado de un ambiente cultural muy importante. Gerardo estuvo en Israel presentando la citada obra y tuvimos la oportunidad de entrevistarlo.

 

“Ahora a los 56 años me di el permiso de vivir sólo de las funciones”

 

 

¿Cuándo y cómo te encontraste con el teatro en tu vida?
A los 18 años, cuando aún vivía en Buenos Aires, comencé a acercarme a la actividad teatral. Tengo el registro que desde muy pequeño había algo ahí que me intrigaba. Así que ahora que lo pienso, el cómo me acerqué, debe haber sido desde la intriga...
Una vez que me radiqué en el sur, en El Bolsón, pequeño pueblo cordillerano, a 120 km de Bariloche, el medio sin dudas condicionó. El estar en un lugar que transpira arte, trasunta arte, respira arte, sin lugar a dudas colaboró como para que sintiera la palmada interior en el hombro que dijo....este es el viaje.

 

¿Qué caminos has recorrido en este derrotero de vivir como un artista y qué haces en este momento?
Tuve la posibilidad de realizar talleres, seminarios, cursos intensivos con una cantidad enorme de maestros, que me permitieron desarrollar mi propio vuelo, tanto en el rol de actor, como en el de docente. Desde hace algunos años, se erigió un Instituto artístico en mi zona, donde se cursan profesorados en música, artes visuales y teatro. Allí tengo a cargo la cátedra de actuación del segundo año.                                                                                           En cuanto a lo estrictamente actoral, me encuentro en estos momentos trabajando con cuatro obras. Una de ellas es un espectáculo que se armó con los docentes del Instituto del que hablaba antes. Somos 16 en escena, entre músicos (piano, violines, violas, cello), cantantes y actores y realizamos unas 20 funciones por año. 
Otra de las obras es “Nuestras Vacaciones”, y allí trabajo en escena con Cuqui Honik, bajo la dirección de Gabriel Brizuela. Con esta obra ganamos un festival además de haber obtenido con Cuqui la mención al mejor trabajo protagónico. A partir de este premio interrumpí la gira que estaba haciendo en Alemania, para volverme a la Argentina, precisamente a Tucumán ya que participábamos con la obra en la Fiesta Nacional Del Teatro. 
Medieval la vengo haciendo desde 1999...es como una especie de caballito de batalla....es la que más satisfacciones me ha dado....y por último, una obra que estrené en diciembre pasado que se llama “Ensayo para una renuncia”, que tuve el privilegio de que un dramaturgo porteño la escribiera para mí. Y cuyo proceso creativo fuera por demás extraño, ya que desde junio hasta diciembre, Mariano Moruja, autor y director de la obra, viajaba una semana por mes desde Buenos Aires al Bolsón para dirigirme. 

 

Hay un momento en que hay que tomar la decisión que especialmente en los artistas se complica porque es un infra tempo entre que las cosas salen y hay que llevar el pan a casa... ¿cómo fue el tuyo?
Al mechar lo actoral con la docencia teatral, no me resultó muy complejo, ya que si bien es cierto que es difícil el recorrido exclusivamente desde el actor, me apoyaba también en la actividad docente para que ese pan estuviera. Solo que ahora, a los 56 años, me di el permiso de tomarme licencia en la actividad docente...y solo vivir de las funciones...en eso estoy y mal no está.

 

Gerardo Schwartzman: “En este último viaje tuve la suerte de hacer dos funciones y me voy con ganas de más”

 

 

¿En qué momento te encontrás con Fontanarrosa y que te llevó a elegirlo para que sea tu caballito de batalla? 
La estrené en 1999, y una vez terminada la temporada de verano en el Bolsón, recibo un día una llamada telefónica en mi casa y era él, Fontanarrosa que se había enterado por un amigo que estaba haciendo Medieval y que al amigo le había gustado. Me llamó dos veces para combinar un encuentro que jamás ocurrió...pero me quedó la sensación de que había hablado con un grande de verdad...por el talento también, pero más que nada por la humildad.

¿Cuál es tu mayor satisfacción en este recorrido de la obra, del actor, de las giras?
Hace unos años hice una gira por el Norte del país que incluyó Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Chaco, Corrientes y Misiones. En Misiones tenía pautadas 6 funciones en distintas ciudades: algunas grandes, como Posadas, otra re turísticas como Puerto Iguazú...y otras un tanto desconocidas, como San Pedro. San Pedro es un pueblo rural muy pequeño, donde nunca, pero nunca, había habido teatro. Nunca se había dado allí una función. Armamos el escenario en una escuela rural, le pedimos las luces a un boliche bailable de la localidad más cercana, San Vicente, que queda a 80 km....y preparamos junto con las autoridades de la Escuela y el Intendente de San Pedro, las sillas como para que la gente se sentara. La Directora del establecimiento, donde hice la obra, me recibió muy amablemente, y después me dijo que si necesitaba algo la llamara, porque tenía hora con la peluquera, para arreglarse para la noche.
La función se hizo. Pusimos sillas como para 200 personas, pero fueron más de 350, por lo que hubo mucha gente que en ese salón comedor la vio parada (era una función que yo había combinado con el Instituto Nacional del Teatro hacerla gratis, para acercar la gente al teatro)...obviamente durante la función (que preciso aclarar, fue bellísima) no podía ver nada ni a nadie. Cuando terminó la función en medio de los aplausos, se prendieron las luces del salón comedor, y pude ver a 350 personas que se habían vestido y peinado como para un casamiento...toda la gente de gala, era su salida....y la estaban compartiendo conmigo. Me emocioné y lloré como un nene...No, como un nene no, como un grande que siente que el viaje de vivir vale la pena.

 

¿Cómo es tu relación con Israel?
Tuve una infancia judía normal, con schule incluido, Hebraica hasta la adolescencia, bar mitzvá como buen niño, Rosh Hashaná y Iom Kipur deseado más que nada por la comida y el encuentro familiar... La tradición vino después, Israel estuvo siempre como cuida espalda. Cuando vine la primera vez, el lugar que más necesitaba recorrer era Yad Vashem y cada vez que vengo, voy. Es mi lugar de reflexión y espero que suene bien, pero a la vez que me saca el aire, me lo da....cada vez que voy, no sé, paso cuatro, cinco horas conectándome con lo que soy, gracias a los que fueron...

Hoy tengo una hija viviendo aquí hace muchos años, ha hecho dos carreras y formado su hogar familiar, por lo cual; es mi motivo principal para venir cada vez que puedo. En este último viaje tuve la suerte de hacer dos funciones también en el norte del país y me voy con ganas de más…

 

Esas ganas son compartidas con quienes tuvieron la oportunidad de ver a Gerardo en el escenario…una bocanada de arte que alimenta el alma…

 

Al decir de Fontanarrosa... ”En el mundo hay Bondad y Maldad. Justicia e Injusticia. Árboles y tortugas. Hay muchas cosas…” y es así nomás Mendieta.

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