"Nosotros siempre tenemos que estar un segundo antes de que pase algo"

1.8.2016

Texto: Luli Szerman y Pablo Duer / Fotos: cedidas por el servicio penitenciario

Entrevista publicada en PL79 - Julio/Agosto 2016

 

Cuando acepta darnos la nota, las reglas son claras: sin fotos ni nombres reales. Marcelo (seudónimo) entra a la oficina casi pidiendo permiso. Lejos de estar en un rascacielos, estamos en las oficinas de gendarmería, en Ramle. Y no nos cuelga del cinturón una tarjeta magnética para marcar horario sino del cuello una credencial con un número que nos identifica.
Él no parece apurado, pero se nota que tiene ganas de contarnos eso que vinimos a escuchar. Así que prescindimos de la formalidades, nos damos un apretón de manos y directo al tema, sin vueltas. Grabador encendido. Brilla la luz roja. Empezamos.

Su tono de voz bajo, hasta un tanto tímido, adquiere sentido cuando empieza a relatar el día a día de su profesión: seguir, monitorear y supervisar, sin ser visto, a ex presos por delitos de abuso sexual. “Sólo a los que presentan un riesgo para la sociedad”, aclara rápidamente Nicole Englander, Encargada de Comunicaciones de todo el sistema carcelario de Israel y en cuya
oficina tuvo lugar la entrevista.

 

“Una vez que un reo cumple su sentencia por algún delito de abuso sexual, sea cual fuere, pasa una evaluación para determinar el grado de peligrosidad que puede tener para la sociedad y si el mismo es de mediano a alto, el juez le otorga un programa de pikuaj, de seguimiento,
por un período de tiempo determinado”, sintetizó Nicole para darnos un paneo general del tema.

 

La idea es que sientan que los persiguen las 24 horas.

 

 

¿En que consiste este programa?
Marcelo: La unidad Tzur de pikuaj le avarianey min es la encargada del seguimiento de estos ex convictos. El control se divide en dos partes: una consiste en el contacto directo con la persona, donde nos encontramos con él, nos conectamos y le realizamos preguntas íntimas;
la otra, en grabarlo, seguirlo y vigilarlo las 24 horas del día para que no vuelva a delinquir. A veces, esta parte la realizan otras personas del equipo, que no tienen contacto directo con el monitoreado y trabajan en forma oculta. Vamos alternando las tareas según cada persona.

Nicole: La idea es que sientan que los persiguen las 24 horas. Se les hace todo tipo de seguimientos y conversaciones psicológicas para presionarlos, como llamarlos en la mitad del día y decirles que se los vio en un lado u otro. Esto lo determinó el gobierno mediante una ley, debido a que como una persona que tiene problemas de sexualidad sigue siendo peligrosa,
representa un riesgo para la sociedad. Y se creó la unidad Tzur para defenderla.

 

¿Desde cuándo se aplica este sistema?
Marcelo: Hasta el año 2006 un preso que cumplía su condena no tenía control posterior. En ese año cambia la ley en pos de la “protección de la población”. La Ley de Delitos Sexuales consta de 3 partes: evaluación del riesgo, vigilancia e inspección y el proceso de rehabilitación, tanto en la cárcel como después de la liberación. El juez dicta la sentencia, que puede otorgar un máximo de 5 años de seguimiento. Pasado ese tiempo, si se considera que la peligrosidad no disminuyó, se puede alargar. Los revisan nuevamente, los evalúan y se extiende el período.

 

¿De que depende el tiempo de seguimiento?
Marcelo: Depende del grado de peligrosidad que tiene cada ex-preso. Ellos deben pasar una evaluación que la realiza el Ministerio de Salud. Psiquiatras especiales, expertos en el tema, son los que deciden si el preso es peligroso o no. 

Nicole: A su vez personas del grupo donde trabaja Marcelo también lo evalúan y varias veces le ofrecen recomendaciones al juez, que por lo general las toma en cuenta.

 

Marcelo comenta que al preso lo conocen desde que entra a prisión y desde ese momento todo
el equipo lo analiza. Mientras que Nicole hace énfasis en que la unidad “Tzur” es la única entidad de gendarmería que trabaja en el seguimiento de los presos una vez en libertad.

 

Hay 1080 controlados de los cuales el 80% fueron acusados de pedófilos.

 

Este trabajo es 24 horas al día…
Marcelo: Nosotros tenemos que estar siempre un segundo antes de que pase… Ese segundo es mucho tiempo. En el caso de los policías, por dar un ejemplo, si hay un robo o un asesinato, el oficial llega y el hecho ya ocurrió. En cambio nosotros tenemos que llegar siempre antes, para evitarlo. Si no, no hicimos nuestro trabajo. Siempre estamos alrededor, controlando, las 24
horas.

 

¿Cuántos ex presidiarios están siendo controlados en la actualidad?
Marcelo: Hay 1080 controlados de las cuales el 80% fueron acusados de pedófilos. 

 

¿Podés explicar por qué el tema de la confidencialidad? 

Marcelo: En mi caso y en el de los que trabajan conmigo, es para no ser detectados por la persona a la que monitoreamos. Por otra parte, la ley requiere que todas las partes involucradas, tanto el delincuente como la víctima, tengan protección de su identidad con el fin de preservar su dignidad.

 

¿Podés contar algún caso?
Marcelo: Sí, me permitieron contar dos. Un hombre cumplió su condena y a las dos semanas de quedar libre intentó volver a cometer un delito con un niño de 8 a 10 años. Este hombre bajó del colectivo y a cinco, tal vez ocho metros de su casa, en la tajaná, un niño estaba esperando el colectivo. El hombre hizo dos pasos para su casa y volvió para atrás. Se acercó al niño y le pidió ayuda para llamar por teléfono. En ese momento yo estaba ahí. Y en un segundo me acerqué y lo saqué de al lado del chico. A todo esto tenés que sumarle la dificultad de que la gente no puede saber quién es él y tuve que hacer todo sin llamar la atención. De ahí la importancia de que nosotros siempre tenemos que estar un segundo antes de que pase algo…

Por otra parte, tuve que saber quién era el niño para poder abrir un tik y llamar a la policía. Hoy este hombre está preso nuevamente, recibió 8 meses más. Cuando se lo liberó tras su primera condena, se le estableció una serie de reglas que incluían no poder acercarse a pequeños. 
Debía cumplirlas a rajatabla y violó una de las más importantes.

 

Las reglas a las que hace referencia Marcelo son muy abarcativas y pueden ir desde controles en la actividad en Internet o el celular hasta prohibición de acercarse a parques, en casos de delitos de pedofilia.

 

¿Y el otro caso?
Marcelo: Un hombre que salió de la cárcel después de haber cumplido su condena por violar a una mujer, volvió a delinquir. Hizo exhibicionismo. Estuvo preso nuevamente y ahora, que está libre, no tiene nada. Se quedó sin familia y sin casa y con el último peso que tenía tuvo que buscar a dónde ir. Ahora sí que no tiene nada, se encuentra solo y perdido y nosotros tenemos que ayudarlo a encontrar un hogar y un trabajo para evitar que esté deambulando por los parques y vuelva a caer en el delito. A veces pasamos a ser el único sostén que tienen. A veces
me llaman y me dicen “Marcelo, me siento mal, me está pasando esto”. La realidad es que a nadie le importa una persona que estuvo en la cárcel por pedofilia o violación.

 

¿Por qué se dispuso que solamente para los que cometieron este tipo de delito hay seguimiento?
Nicole: Porque se sabe que como es una especie de enfermedad, lo vuelven a hacer. Hay que estarles muy encima, vigilándolos porque no son concientes de esto. No nos olvidemos que cada uno de estos presos tiene decenas de víctimas, por esa razón se cambió la ley y se controlan a los ex presos por delitos sexuales. Todo para evitar la próxima víctima.

 

La unidad Tzur es la única entidad de gendarmería que trabaja en el seguimiento de los presos una vez en libertad.

 

¿Hay alguna religión predominante en quienes cometen estos delitos?
La enfermedad es general, judíos (tanto religiosos como no), musulmanes, católicos. Es algo que está en todos lados. No hay diferenciación de credos.

 

¿Dentro de los ex presos que están siendo controlados en la actualidad, hay latinoamericanos?
No hay diferenciación, hay de todo y de todos.

 

¿Hay otros latinos dentro de tu unidad?
Creo que soy el único y el idioma a veces ayuda.

 

¿Qué fue lo más difícil que te pasó desde que estás en este puesto?
Hace poco me llamó uno que se quería suicidar y me mandó por celular una foto de una botella con bencina. Yo sé que el daño puede ser no sólo a él mismo sino también a gente que está a su alrededor. Entonces estuve en el teléfono con él hasta que llegué a donde estaba y lo evité. Si se mataba, ¿A quién le iba a importar? Me importa darle el tratamiento o ayudarlo a cumplirlo
para evitar que vuelva a delinquir.

 

Vayamos un poco para atrás. Contanos de vos ¿Cuándo hiciste aliá?
Marcelo: En el año 85 junto a mi familia a Jerusalem. Tenía diez años. Con el paso del tiempo hice el ejército y serví en Golani. Más adelante llegué al Servicio Penitenciario y empecé como gendarme. Luego comencé a trabajar también como instructor de armas y dando clases de defensa personal, tarea que realizo hasta hoy en día. Te cuento que desde los siete años hago esto y soy cinturón negro.

 

¿Y hoy como está compuesta tu familia? 
Marcelo: Estoy casado y tengo tres hijos y medio ya que mi esposa está embarazada.

 

Volvamos al trabajo ya que de lo personal poco y nada se puede saber. ¿Cómo siguieron los años…
Marcelo: Salí al curso de ktzinim y estuve como oficial de operaciones 6 años en diferentes lugares.  Luego ingresé a una unidad especial como comandante donde entrábamos a la cárcel y buscábamos allí adentro cuchillos, drogas, etc… y llegué hasta donde estoy hoy en día con casi un año trabajando en el norte del país.

 

¿Qué te pasa cuando estás frente a un ex presidiario que estuvo preso por haber
cometido un delito con un niño de la edad de tus hijos?

Son 16 años dentro del Servicio Penitenciario y la diferencia está en ser profesional y amateur.
Por supuesto que cuando necesitamos apoyo psicológico lo recibimos y la gente que trabaja en esta unidad es muy especial para poder soportar todo esto y tiene que tener mucha seguridad en sí misma.

 

Y para terminar, ¿Cómo te ves de acá a unos años? 
Me veo siguiendo este camino. Encontré algo que me llena. Creo en lo que hago. Yo sé que estoy haciendo algo que no es igual a nada. Cuando llego a casa siempre estoy pensando qué hice o qué puedo hacer para prevenir de vuelta el delito. Cuando estoy en casa la cabeza no para. Me queda más que clara la  gran responsabilidad de mi trabajo, por lo que aprendo cada día algo nuevo, para defender a la sociedad israelí.

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