A mis primeros sesenta

25.9.2016

Por Marcos Lion

Nota publicada en PL80 - Septiembre/Octubre 2016

 

Los sesenta siempre fueron para mí un símbolo de una de las décadas más productivas del siglo. Hablar de los sesenta era hablar de los principios de la música que siempre amé, y de la rebeldía, del Mayo francés, los hippies. Los sesenta siempre fueron años de creatividad, de ruido, podría llegar a decir que sesenta era mi número preferido…hasta que me llegaron a mi…ya no son los sesenta, son mis sesenta…
Frente a los espejos, debemos ver la realidad y entender que aunque no lo parezcas, aunque los cabellos aún no se hayan emblanquecido, si es que todavía están en tu cabeza, tus sesenta han llegado y empezás ese periodo de reflexión que a diferencia de otras décadas por las que pasaste es distinto. Tal como decía Fontanarrosa hemos llegado a la edad en donde podemos emplear la frase “esto es la primera vez que me pasa”.

Puede ser algo que no alcanzás a leer, puede ser que te agachaste a levantar algo y la espalda te mandó un mensaje con forma de ciática, que no llegues a un colectivo que justo se te va, o simplemente que al alcanzarles la pelota a los chicos que están jugando, un tironcito te hizo conocer el músculo aquel del que solo escuchaste hablar cuando afectaba a los futbolistas de tu equipo.
Me encontré de pronto con un ejemplo muy sencillo, ayer le dije a mi hijo mayor el nombre del menor, una pavada diríamos, pero inmediatamente recordé como nos reíamos cuando mi ex suegro, en ese momento sexagenario, se confundía los nombres de sus hijos…pues bien, ahí entendí que llegué a ese lugar en el que él estaba, llegar a ese lugar en el que estaban nuestros abuelos cuando los conocimos y sin duda es empezar a mirar al mundo de otra manera.
Supongo que todos, sin excepción, nos hemos hecho la misma pregunta: ¿ya sesenta?…
¿Cuándo fue que pasó?, ¿cómo fue que ese chico que jugaba en las ruinas del viejo Parque Centenario, con su anfiteatro incendiado por el anti peronismo, hasta pasar con la barra del barrio a jugar al patio de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, cuya luz era al menos una lamparita en el medio de un rectángulo inmenso que ya a cierta hora no podíamos determinar si había sido gol o afuera… se transformó en este señor de sesenta, habitante de la hermosa ciudad de Naharía, frente a las costas del Mediterráneo?
Pasamos ya por cinco décadas, y cada una de ellas ha tenido una característica diferente: salteando las dos primeras que suponen una inocente pureza, a los veinte, el mundo es tuyo, solo te falta tomarlo, no tenés nada que aprender, te las sabés todas y no tenés la culpa que a otros les haya ido mal, no hay nada que escuchar… A los treinta, después de algún golpe entendiste que había lo que aprender, y empezaste a fijar un rumbo un poco más claro, hacia donde y quizás con quien. A los cuarenta vas entendiendo que era aquello que venía después de la juventud, hay una necesidad de mantener los sueños, y buscar la forma de concretarlos. A los cincuenta tenés una sensación de plenitud, la experiencia y el físico que aun te acompañan, todavía se puede programar sin fecha para adelante, gastar a cuenta… pero los sesenta a mí me tomaron como una pared de realidad. Ojo, no digo que no lo sabía, no digo que nunca lo pensé, digo: ahora ya está, no se puede mirar para otro lado esperando vaya uno a saber que…ahora es la vida que te alcanza.
Leí por allí que hay dos vidas, la segunda empieza cuando nos damos cuenta de que en verdad hay una sola vida. Darse cuenta es la clave de todo; y no es que no haya gente que lo haga mucho antes, es solo que a mí no me pasó.
Una vida haciendo dietas para adelgazar, una vida siendo el blanco fácil de cuanto médicos y terapeutas que visité, fuera de médico de familia o de las uñas, o fisioterapeuta o peluquero, todos sin excepción me recomendaron que para solucionar mi problema tenía que bajar de peso…Como si fuera la fórmula mágica de la felicidad, como si eso solucionara cualquier problema sentimental, o emocional, o bancario, adelgace y sea feliz…como si no hubiera flacos infelices…
Ahora a los sesenta ya lo sé, tengo que adelgazar, pero también sé que ese no es el problema, que no solo tenés que comer seis veces al día, tomar dos litros de agua, eliminar el pan y las gaseosas, darle sin asco al yogur y las verduritas y que ni se te ocurra un plato de ravioles y que la carne, ojo porque tiene colesterol del malo, ahora ya tenés que empezar a cuidarte en serio, a mimarte de otra manera, a  vivir lo que hay para adelante diferente, con panza o sin panza….
Hoy con los beneficios de las redes sociales en tu vida, ves pasar una película de compañeros de estudio, desde la primaria hasta la universidad, compañeros de trabajos, de diferentes actividades, de ideas políticas, de correrías, de chifladuras, y ahí es donde podés entender dónde están todos tus años vividos. Hoy no hace falta recorrer los pesados álbumes de fotos para recordarte como eras, como eran los otros, vas al grupo tal o cual y allí están todos, o casi todos…
Y es verdad, no podrías de otra manera tenerlos a todos tan a mano, porque son sesenta años de personas, de momentos vividos de alegrías, de llantos, de goles a favor y en contra, y los abrazas, con un me gusta, un me encanta o una carita a la espera de ese otro abrazo; el que aunque pasen los años no renuncias, el fuerte, el del corazón…
La sensación es de finitud, ya no pensar en créditos de veinticinco años, porque tampoco hay quien te los de, los viajes a plazos más cortos, es decir pensar siempre se puede, programar es más cauteloso, la realidad te dice una y otra vez, andá a saber dónde vas a estar en ese momento…
¿Cuáles son las señales más allá del documento, de que estás entrando en los sesenta dirás a esta altura? pues bien… volvés a pedir a los jóvenes que suban la música que en un periodo en el medio te molestaba, pero esta vez porque ya no la escuchás tanto, visitás más los consultorios médicos que los cines o teatros, la mirada se torna pecaminosa, los deseos son más fantasiosos. Las fantasías que tuviste sobre tener un cuerpo esbelto, un auto de primera marca estacionado en la puerta, una carrera llena de éxitos, la casa de campo, el perro y los chicos jugando como en la familia Engels se desvanecen para dejar paso a algo más real, más concreto: el amor de quienes de verdad te quieren, a ellos les dedicarás esta nueva etapa en la que quizás seas un poco más egoísta,  y ese egoísmo se traduce en que vas a cuidarte más, vas a disfrutar cada minuto como leíste durante sesenta años que había que hacer, vas a volver a mirar al cielo todos los días y vas a poder decir gracias a la vida, que te ha dado tanto…
A mis amigos que ya no están.

Secciones:

Please reload

banner_OLIM_TLV_ESPAÑOL_NEW.gif
banner muni KS adultos en movimiento.gif
banner leon amiras.gif
Notas recientes

Pan dulce de Guille (Receta de mi madre y abuela)

December 5, 2018

1/10
Please reload

Notas publicadas

November 16, 2019

October 28, 2019

October 24, 2019

August 20, 2019

August 17, 2019

August 11, 2019

August 6, 2019

Please reload

Búsqueda por sección