Adam Berdichevsky compite en tenis en silla de ruedas

25.9.2016

Por Jana Beris

Nota publicada en PL80 - Septiembre/Octubre 2016

 

Del accidente que lo podría haber matado, a los Juegos Paralímpicos en Río
 

En el 2007, Adam Berdichevsky (32) y su entonces novia Hila, a la que había conocido durante el servicio militar de ambos, estaban por terminar un largo paseo cuando sufrieron un accidente que podría haberles costado la vida. Se salvaron, pero Adam perdió una pierna, al quedar atascado en la hélice del motor de la embarcación en la que estaban navegando, en Tailandia. Adam alcanzó a empujar con todas sus fuerzas a Hila y logró salvarla.

 

Adam Berdichevsky: “Desde el momento en que me senté en la silla de ruedas y le pegué a la pelota con la raqueta, sentí que esto es para mí”.  Foto: Nimrod Glickman

 

La tragedia no hizo menos que fortalecerlo y hoy es miembro de la delegación paralímpica israelí en Río. Además, es Ingeniero Mecánico y trabaja en Yaham, la cooperativa agrícola de los kibutzim aledaños a la Franja de Gaza. Adam y Hila ya están casados y tienen dos hijos, Yam de dos años y medio y Neta de un año.


Adam, que nació y sigue viviendo en el kibutz Nir Itzjak (“acá son todos sudamericanos”, nos dice), es hijo de madre argentina y padre chileno. Una gran deuda aún pendiente es viajar a Latinoamérica a conocer sus raíces. Eso y mucho más, está en sus planes. Lo central, su actitud ante la vida: no perder ninguna oportunidad.

 

A Adam lo entrevisté poco antes de su partida a los Juegos Paralímpicos.


Me pregunto cómo fue el proceso que viviste desde que perdiste la pierna...Imagino que al principio al menos, sentías que el cielo se te cae encima.
Al principio sí, exactamente. Los primeros días. Pero luego uno va hablando con gente, averiguando, y entiende todo lo que se puede hacer en la nueva situación, y eso ayuda a sentirse  distinto. Además, se va avanzando y eso da esperanza. Uno va cobrando seguridad y entendiendo que no es el fin del mundo. Además, se toma conciencia de que siempre hay alguien que está peor todavía, o sea que uno intenta detenerse a mirar principalmente lo positivo.

 

Se suele decir que en momentos difíciles el ser humano halla en sí mismo fortalezas que quizás ni siquiera sabía que tenía, y que le permiten lidiar con los problemas. ¿Así fue contigo, descubriste algo nuevo en ti?
No sé si decir que descubrí algo nuevo en mí mismo pero sí entendí cabalmente que lo que cuenta es hacer lo necesario y no solamente pensar. Desde ese accidente, siempre vi las oportunidades en las situaciones creadas, no me detuve en razonamientos y análisis sino que me dispuse a emprender y hacer las cosas. Es algo que te afila los sentidos. Y te ayuda a hacer cosas que antes quizás no habrías hecho o que te habrían llevado mucho tiempo. 
Casi no salgo vivo de aquello y cuando uno pasa una experiencia así, le entra en la cabeza eso de que la vida es corta y es una pena desperdiciar el tiempo. A veces pienso que se me dio una oportunidad, digamos de arriba o no sé de dónde, sin duda una nueva oportunidad. Y eso a mí me dio más fuerza porque me convenció de que tengo que aprovechar mejor la vida y todas sus oportunidades.

 


EL DEPORTE, ESENCIAL

 

¿Te entrenabas en algún deporte antes del accidente?
Siempre me gustó el deporte y realmente quería ser futbolista, pero no me entrenaba en forma ordenada, profesional.

 

Futbolista, como buen hijo de sudamericanos...
Así es. Pero no se dio.  También jugaba basketball y volley ball, pero no profesional.

 

Decidir finalmente sí dedicarte al deporte, esta vez en silla de ruedas ¿fue una especie de terapia, un esfuerzo para demostrarte a ti mismo que realmente seguís adelante?
Puede ser que haya sido en parte para demostrarme a mí mismo que puedo. Pero la verdad es que siempre tuve ganas de hacer deportes, siempre quise dedicarme al deporte competitivo. Y con esa nueva actitud de no dejar pasar oportunidades, sentí que esta vez  no podía dejar de hacerlo.

 

Adam Berdichevsky: “La discapacidad física de hecho motiva más a la persona a demostrarse a sí mismo y demostrarles a los demás, que no está limitada”. Foto: Nimrod Glickman

 

 

Y esto te lleva a los juegos. Y siento que el espíritu que se necesita para esto es tan especial, que sobrepasa en mucho a la limitación física.
Es cierto. Yo siempre pienso que dedicarse al deporte competitivo destaca mucho este aspecto, ayuda increíblemente. Yo diría que puedo aconsejar por ejemplo a quien está deprimido, lidiando con grandes problemas, que se dedique a algún deporte, algo que puede cambiarle la vida a la gente. Es cierto....la discapacidad física de hecho motiva más a la persona a demostrarse a sí mismo y demostrarles a los demás, que no está limitada.

 

¿Hubo momentos en todo el proceso hasta el momento actual, en el que te dijste ´no puedo, es demasiado, no lo lograré?
La verdad que no. Al principio, opté por la natación y sentí que no era para mi tipo de discapacidad concreta. Con lo que hago ahora, tenis, fue distinto. Desde el momento en que me senté en la silla de ruedas y le pegué a la pelota con la raqueta, sentí que esto es para mí. 

 

Aquí hay una particularidad, ya que no es que andas movilizándote todo el tiempo en silla de ruedas.
Exacto. En general camino. La silla de ruedas es para el tenis. 

 

¿No la usas para nada en casa, en tu vida diaria?
A veces la uso en casa. Ahora que tengo dos hijos chicos, me ayuda, porque levantarse de noche a atenderlos y ponerme la prótesis de la pierna, a veces es un poco difícil. Pero la mayor parte del tiempo estoy de pie. La verdad es que de todos modos, ya me gusta más el tenis en silla de ruedas que el común, que hace muchos años jugué a veces para divertirme.

 

Y me imagino que para los nenes es casi una especie de aventura sentarse arriba tuyo en la silla...
Es cierto, les gusta. Los nenes saben manejarla solos, Yam especialmente, claro. Sabe andar en la silla.  Yo ando con la silla muy esporádicamente, cuando tengo dolores. Pero la verdad es que si ellos se me suben arriba, se me pasa el dolor.

 

Adam e Hila con uno de sus hijos Yam. Tienen también a Neta de un año. Foto: Nimrod Glickman

 

Y está Hila, tu esposa, para ayudar en todo...
Te diré que sin Hila, no podría dedicarme al deporte como lo hago hoy. Sé que para ella, con los dos niños chicos, es muy difícil.  Es que para los entrenamientos me tengo que ausentar bastante y para ella no es fácil. Pero además, ella me acompañó siempre, tanto en los momentos duros como en los alegres. No hay nadie como ella.

 

Muchas gracias Adam. Y mucho éxito!
Gracias a vos.

 

 

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RAÍCES SUDAMERICANAS

“Mi madre  nació en Argentina y mi papá en Chile. El aún tiene parientes en Santiago.  La verdad es que nunca nos hablaron tanto en español aunque sí hablaban entre ellos.  Por eso sé sólo algunas palabras, entiendo un poquito, no mucho. Mi hermano Idan está ahora paseando un año en Sudamérica y ya sabe español.
En Nir Itzjak, casi todo el kibutz es sudamericano. A mí me gusta el espíritu sudamericano. Quisiera visitar Sudamérica pero todavía no he podido. Me atrae especialmente Chile, ver los paisajes imponentes que hay allí, conocer la cultura. Me parece muy interesante. Me gustaría conocer las raíces”.

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