La otra cara de los grupos

25.9.2016

Por Pablo Duer

Nota publicada en PL80 - Septiembre/Octubre 2016

 

No hay día en que no nos manden una notificación, nos tienten con alfajores o empanadas o nos recuerden nuestras raíces de las formas más inesperadas. Todos estamos o estuvimos en alguno de los tantos grupos de latinos en Israel que muchas veces disfrutamos sin saber, tal vez, que detrás de ellos hay proceso interesante aunque trabajoso.
 

“Brigada anti – Pepinos”. “Telo Muestro”. “Kulo somos todos”. La lista sigue y la creatividad no tiene límite. Perfectamente podría ser un grupo de janijim preadolescentes respondiendo a esa consigna, siempre incómoda, que dice “tienen dos minutos para pensar un nombre para su equipo”. Pero no, son nombres de algunos de los tantos grupos de Facebook a través de los cuales los latinos compran, venden, intercambian, aprenden, enseñan, preguntan, responden y, básicamente, se comunican entre sí en Israel. Según lo que busque cada uno, siempre habrá algún grupo que se ajuste a sus necesidades.
Sería obvio, aburrido, incluso repetitivo hablar de cómo los latinos tendemos a juntarnos en donde sea que estemos. No sorprenderá a nadie, tampoco, que alguien ofrezca un Borges a cambio de un García Márquez, o las mejores clases de salsa o las más sabrosas empanadas de carne, “las únicas con pasas de uva”. Tampoco nos entusiasmaremos al escuchar cómo un evento organizado por un grupo de latinos convocó a tal o cual artista famoso de turno y juntó cientos de personas en algún lugar cerca de Beer Sheva o de Naharía. Podría, en cambio, ser más interesante escuchar cómo una madre de tres chicos se desvive día y noche todos los días por mantener su grupo activo y evitar así que se llene de esas publicidades que, aunque bien intencionadas, distorsionan y desvirtúan las charlas y posteos. O podría también despertar algún interés conocer los pormenores de la labor de un moderador, aquel que se encarga de decir qué sí y qué no, en grupos donde la polémica es moneda corriente y que serían una bomba de tiempo si nadie los regulara. Aquí, entonces, una pequeña visita al detrás de escena de esos grupos que, por la forma en que unen y aglutinan, podría decirse que son para los latinos lo que el huevo a la tortilla.

 

 


“Ayuda mutua y circulación de información”, son los dos primeros conceptos que menciona Julián Peller, administrador y creador de Secret Tel Aviv Hispano, consultado por la utilidad del grupo. No tarda, sin embargo, en agregar que le hubiera gustado que se generara un grupo más al estilo de una comunidad, pero no prosperó: “La masividad hace al grupo demasiado impersonal”.
“El grupo tiene al día de hoy más de 6500 miembros, pero los que publican y comentan son generalmente los mismos, unos pocos”, revela Eduardo Yanovsky, moderador de Argentinos en Israel. Introduce así un tema histórico de estos grupos que es la pasividad de gran parte de sus miembros, que lo utilizan de forma esporádica y para cuestiones particulares, frente a una concepción del grupo como de pertenencia o como fuente permanente de entretenimiento.
“Para nosotras es un refugio, una casa, un lugar donde compartimos nuestra cultura y nos ayudamos entre todas”, explica Yael Vanesa Jeger, que está a cargo del grupo Mamás Latinas en Israel y que se enorgullece de la intensidad de las conexiones generadas por su grupo, que, según dice, busca que las madres se contengan entre sí al mismo tiempo que afianzan y profundizan su identidad latinoamericana.
Cada grupo tiene características particulares y resulta lógico que sus administradores tengan distintos enfoques a la hora de analizarlos. Pero si hay algo que unifica a todo aquel que esté a cargo de uno es el tiempo que invierten o, mejor dicho, consignan para que todo funcione como sus miembros esperan. “Yo por ejemplo debo programar reuniones y encuentros, ocuparme de la organización y buscar un sitio acorde a las expectativas de todos en cuanto a ubicación, precios, y otros factores”, señala David Zicer, que, entre otros grupos, administra Latinos Unidos en Israel. “Durante gran parte del día debo revisar notificaciones, para ver si no hay complicaciones”, agrega, como si fuese lógico o esperable. Yael, cuyo grupo cuenta con más de 1300 mamás y abuelas de distintas partes del continente, oscila entre la responsabilidad y el placer cuando se refiere al tiempo que le destina: “Constantemente tengo que estar pendiente de todas las mamás. Todo el tiempo surge algo. Es un trabajo de 24 horas y lo hago porque me encanta”. A diferencia del resto, Mamás Latinas en Israel tiene una agenda de actividades semanales que respetan a rajatabla e incluye posteos con juegos, tests de personalidad, clases de hebreo, intercambios culturales y la sección de “tipping” (consejos) que aborda temas tan diversos como maquillaje, psicología infantil  y diseño gráfico. “Yo trato de organizarme con los chicos para hacer la comida rápido y mientras me siento con ellos estoy pendiente del grupo, si faltó algo, si tengo que levantar un post, subir, bajar. El grupo me apasiona y lo hago de corazón”, se sincera emocionada Yael, mientras trata de ocultar su evidente -y justificado- orgullo por su creación.
Un capítulo inevitable, y particularmente trabajoso, del día a día de manejar tanta gente consiste en bloquear o filtrar determinadas publicaciones o conversaciones. “Mi tarea es ver un poquito qué escriben y cómo”, describe Eduardo. “Censurar sólo cuando la discusión, que es natural que exista, excede el terreno del post y pasa a lo personal, cuando se descalifica u ofende”, añade y recuerda la vez en que una conversación en el grupo “terminó con una especie de ´te espero a la salida en la esquina´, estilo Clint Eastwood”. Julián, que cuenta que busca darle a su grupo un espíritu más juvenil, agrega que con frecuencia encuentra “perfiles truchos y spammers”, usuarios que publican información irrelevante o difunden cosas que nada tienen que ver con el grupo.
El esfuerzo y sacrificio podrán no tener en este caso una retribución económica pero existe, sin embargo, una que, por genuina y desinteresada, llega incluso a opacar al dinero: el reconocimiento. “La alegría y felicidad de los usuarios son mi gratificación”, marca David, que menciona que ha recibido numerosos agradecimientos de parte de miembros que forjaron vínculos a través del grupo. “Todo el mundo me dice ´la verdad que ustedes no tienen idea de lo que hicieron y de la ayuda que dan´”, reconoce Yael. Así, tal vez sin darse cuenta, acaba de dar sentido a todo el trabajo que los administradores, detrás de escena y a base de nobleza y buena voluntad, dedican en pos del buen funcionamiento del grupo y la satisfacción de sus miembros.
 

 

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