Ashdod: diversidad y oportunidades

23.11.2016

Por Pablo Duer

Nota publicada en PL81 - Noviembre/Diciembre 2016

 

Esta es una nueva sección de la revista, donde presentaremos distintas ciudades
de Israel a través de su población latina. Para comenzar, elegimos Ashdod.
Cinco mujeres latinas de la ciudad cuentan por qué la eligen y narran sus historias
que, unidas, representan la fuerza de una comunidad pequeña pero interesante.

 

 

En el barrio Tet Vav hay una calle con el nombre del escritor argentino Jorge Luis Borges.

 

Hay infinitas maneras de desentrañar un lugar. Su historia, su geografía, su vida cultural, su infraestructura… Pero hay lugares que obligan, por determinadas características propias, a ser contados de una forma específica. Y a la hora de contar Ashdod, fue la heterogeneidad de su población la que nos convenció de que sería una enorme injusticia no hacerlo a través de sus personas. Esas que la respiran, que la transitan, la malcrían, la admiran, respetan, embellecen y que día a día y hace mucho tiempo, se esfuerzan por hacerla crecer.

 

Lily Beygeldrut, rakeset klitá de la ciudad para los latinos.


No elegimos, sin embargo, personas aleatorias. Decidimos que la presenten esas personas que hablan indefectiblemente desde el cariño y la emoción, sin dejar de lado el análisis crítico, pero escribiéndola como una madre describe a un hijo, con sus virtudes y defectos, pero unánimemente desde el amor incondicional. Quién mejor entonces para describir a su ciudad como a un propio hijo que sus mujeres.Aquí entonces les presentamos Ashdod, en palabras de cinco latinas con historias, y puntos de vista, muy diferentes y únicos. Graciela, cuyo nombre inventamos porque prefirió reservar su identidad, llegó a la ciudad hace 50 años desde Argentina y desde el comienzo trabaja como voluntaria por el bienestar de la comunidad latina en la ciudad: “A poco de llegar meofrecieron ser voluntaria en Naamat, la asociación de mujeres. Ahí enseñaba costura y trabajos manuales”, empieza el raconto, que incluirá noches enteras desvelada en el Mercaz Klitá con las oleadas de olim latinos, asistiéndolos con la burocracia o facilitándoles un plato de comida. Contará también, con suma humildad, su tardes en el hogar de día donde entretiene a abuelos latinos e israelíes con historias de sus viajes por lugares queellos no pudieron conocer: “Los saco a pasear con la imaginación”, describe y se ofrece a llevarme, como lo hace con esos abuelos, a pasear por Ashdod, cuyos rincones y secretos conoce como nadie. “La Ashdod de hoy no tiene nada quever con la que yo conocí cuando llegué. Tenía 25 mil habitantes y ahora ya tiene más de 250 mil. Si yo tenía que comprar un botón, viajaba a Tel Aviv. Ahora está tan desarrollado que la gente de Tel Aviv viene a comprar acá…”, menciona, casi al borde de la emoción. “Muchísima gente no sabe nada de la ciudad, piensan que es un pueblito de provincia y llegan y no pueden creer con lo que se encuentran”, enfatiza aunque muestra, también, la otra cara de la moneda: “Igual cambió todo, el crecimiento conlleva consecuencias. Antes, todos se conocían, se saludaban y ahora vas por la calle y no sabes de dónde vinieron o quienes son”.

 

 Ruth Lamas: "Vivo en la mejor ciudad para los latinos en Israel".

 

Introduce así un tema que se presentará en todos los relatos: la heterogeneidad de orígenes y culturas de los habitantes de la ciudad. Aquí adquiere relevancia la palabra de Julieta Zermoglio, que tiene 22 años, estudia criminología y sociología y, entre otras cosas, trabajaen un moadón para jóvenes de distintas nacionalidades. “A todos nos es difícil la aliá y cada uno se tiene que encontrar en su lugar. La idea, entonces, era armar un lugar seguro, de jóvenes, donde la puedan pasar bien y hacer talleres de lo que les guste, desde baile hasta pintura, pasando por estudiar el idioma de los otros y brindándoles, por sobre todas las cosas, un refugio donde puedan compartir sus problemas y encontrar un consejo de alguien que experimenta algo parecido adiario”, explica. Agrega, luego, que a ella le hubiera encantado tenerese tipo de acompañamiento cuando llegó y que aunque estar con alguien de la propia cultura es lindo y cómodo,la pluriculturalidad es un plus que da lugar al crecimiento, entendimiento y enriquecimiento de las personas. Esa diversidad y mezcla es consecuencia, claro, de que la mayorparte de los habitantes de Ashdod sean olim. Según Liliana Beygeldrut, rakeset klitá de la ciudad paralos latinos, “somos la minoría más pequeña, con un número que ronda los cuatro mil y que no se compara con las enormes cantidades de rusos, etíopes y franceses, que mediante distintas olas migratorias fueron aportándole distintos colores, olores, sabores y culturas”. Ella, desde su oficina en el beit haolé, deja todo para que los olim latinos superen las adversidades que les puede presentar la inserción a un país nuevo. Ellos la llaman su madrina, ella “mis olim” y no hay charla donde su nombre no surja y traiga aparejadas infinitas palabras de elogio y agradecimiento. Su rol, que excede por mucho las tareas que conlleva su cargo, es el de ser un poco el motor de la comunidad pero al mismo tiempo el de ser quien le carga nafta, la lleva al mecánico y le hace chapa y pintura. Sin una pizca de orgullo, desempolva para nosotros sus cuadernos con listados de olim, cada nombre asociado a una historia o una anécdota, donde otros pondrían tal vez una queja o un reproche. “Aparte de los argentinos, que son la mayoría, hay dos comunidades divinas, de cubanos y brasileros, yo los recibí a casi todos”, narra con una sonrisa, que devela el placer desinteresado de su ayuda. “Yo sólo intento dar una mano. Organizo talleres, eventos, y soy un poco como la intermediaria entre el olé y todas las instituciones que le pueden hacer la vida más fácil”, agrega. Uno de los proyectos que más entusiasman a Lili es el que comparte con una educadora mexicana, Esther Hirschler, en el beit ha horim. “Mi trabajo es coordinadora de padres, los ayudamos mediante talleres a adaptarse a las formas que impone Israel”, menciona Esther, y explica: “Ser padre olé jadash no es fácil: no conocen el sistema educativo, son muy emocionales y, sobre todo, tienen dificultades para comunicarse con los docentes y autoridades del colegio”. En ese contexto, ella ayuda a prepararlos, aconsejarlos, ayudarlos con el idioma y con la transición. En sus palabras, más que experimentadas en el rubro, Ashdod es una ciudad ideal para los latinos en tanto brinda muchas posibilidades en educación, un tema en el que invierte mucho dinero y que se caracteriza por ser accesible para personas con discapacidades.

Alguien que sabe, y mucho, de eso, es Ruth Lamas, también mexicana que dice que la ciudad le cambió la vida a ella, a su familia y especialmente a su hijo menor, que tiene síndrome de down.

 

Ester Hirschler: "Ashdod invierte mucho dinero en educación".

 

“Ashdod es como una familia. Más allá de todo lo que brinda la ciudad, en los momentos feos la gente  es una y está siempre para ayudar”, enfatiza y pone como ejemplo, también, la reacción de los latinos  durante la última guerra Tzuk Eitan. Ella es religiosa, llegó hace nueve años, tiene seis hijos y dice que vive en la mejor ciudad para los latinos en Israel. “Es ideal para arrancar, para adaptarse a este país increíble”, opina y cuenta que desde el aspecto religioso se sintió, a diferencia de México, muy bien recibida. “Todas las semanas voy al shiur de Torá con mujeres latinas. Hay de Argentina, México, Perú,
España, la pasamos muy bien”. Estas cinco mujeres, con sus distintas historias y perspectivas para pensar y contar su ciudad, resultan un fiel reflejo no sólo de la diversidad, sino del empuje de una comunidad que parece decidida a fortalecerse hacia adentro y hacia afuera, siempre con iniciativas y proyectos que recibirán con los brazos abiertos a todos los que decidan darle una chance a una ciudad que parece lista a adaptarse al paladar y las necesidades de cada uno.

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