Israel, tierra de encuentros

23.11.2016

Texto y fotos: Gabriela Steinberg

Nota publicada en PL81 - Noviembre/Diciembre 2016

 

La decisión de hacer aliá es un proceso particular de cada persona o grupo familiar. Es una idea que se va gestando con el tiempo por diferentes motivos, sionismo, necesidad de nuevos desafíos, búsqueda de horizontes y oportunidades e incluso la esperanza de poder tener una mayor estabilidad económica.

Dar el paso no es fácil, todos saben de lo que hablo. Elegir recomenzar en otro país con otro idioma, con un ritmo diferente, con otra idiosincrasia es una decisión que requiere de valentía y sobre todo ganas de cambiar las cosas.
Para la mayoría de los judíos, Israel es el lugar que nos hace sentir “como estar en casa” y se nos infla el pecho al hablar de sus avances, sus logros y más que nada, su potencial, independiente de estar o no de acuerdo con la política o con quien temporalmente lleve las riendas del país. Fue así que decidimos volver a casa. 

Ya desde el aeropuerto la experiencia empieza a calar hondo. Mezcla de tristeza por lo que uno deja y adrenalina por lo que se viene. Despedidas entrelazadas con sonrisas. 

Mi familia y yo llegamos a Israel a fines de agosto desde el histórico barrio montevideano de La Aguada, y en Ben Gurión nos esperaba una comitiva de bienvenida inesperada: Amigos con globos (muchos globos), caramelos y la alegría del reencuentro. Desde allí nos fuimos hasta la ciudad costera de Kiriat Iam. Elegimos empezar en el Mercaz Klitá para poder tener un marco de referencia concreto, gente que estuviera en la misma que nosotros, con quien poder conversar e intercambiar datos y sensaciones. También que nos diera la posibilidad de dedicarnos de lleno al estudio del idioma, algo que sin lugar a dudas, hace la diferencia. El centro de absorción está construido sobre la playa, con una vista increíble del mar Mediterráneo y de las ciudades de Acco, hacia el norte, y Haifa ,hacia el sur.

 

 

El equipo de trabajo está siempre dispuesto a brindar contención y apoyo en todo lo que un olé jadash puede necesitar. Todos los días, a toda hora, decenas de personas donan cosas para los olim jadashim y así, sin querer, la casa comienza a tener forma. La solidaridad de la gente es emocionante. Siempre pensando en las necesidades de quienes recién llegamos. ¡Hasta caminando por la calle lo paran a uno para preguntar de dónde vino y qué estamos precisando, ofreciendo su teléfono o sus recursos para ayudar en lo que sea. Aunque recién nos hallamos conocido!. Lo siguiente es fiel muestra de lo que digo. Fuimos al médico a realizar un control de rutina y la conversación, vaya a saber uno por qué, se trató sobre fútbol e hinchadas. La visita terminó, ante nuestro asombro, con una invitación a ver el partido de Italia-España y una cena en una hummusia en plena Haifa. En otra ocasión, el recuerdo del asado pudo más que nosotros, fuimos a un supermercado y el propio carnicero (argentino) nos cortó la carne de forma especial, “a lo rioplatense”, y para que no cargáramos con todo, nos alcanzó en su auto hasta el Mercaz Klitá. Vivir en hebreo, respirar el hebreo, tener la oportunidad de sentir las tradiciones en el mismo lugar en que se convirtieron en tales, es una experiencia altamente recomendable y sorprendente. Pasamos nuestro primer Iom Kipur baaretz y nos asombró ¡la bicicleteada! No solo salimos todos a andar sobre ruedas sino que además tuvimos la oportunidad de conocer a los vecinos de la ciudad. Y de ellos, de sus experiencias como olim, obtener la fuerza y la confianza de haber tomado la decisión correcta. Definitivamente Israel es reencuentro. Con uno mismo, con los amigos, con las tradiciones, con el hebreo, con nuestro lugar en el mundo. En el final quiero hacer un agradecimiento. Si bien hice aliá desde Montevideo, mi infancia y adolescencia transcurrió en Santa Fe, Argentina. Quiero agradecer y remarcar todo lo que me han enseñado los maestros y profesores de la Escuela Jaim Najman Bialik de la ciudad de Santa Fe. Gracias a todo su trabajo, hoy a solo dos meses de haber llegado a Israel puedo hablar y comunicarme con la gente como si fuera natural. Gracias por el amor con el que nos inculcaron y enseñaron a amar este país y por darnos las herramientas para poder cumplir el sueño sionista.

 

 

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