Pequeña pero notable

22.1.2017

Por Pablo Duer

Nota publicada en PL82 - Enero/Febrero 2017

 

 

En una ciudad reconocida por su diversidad, la comunidad latinoamericana de Nazareth Illit se destaca por la creatividad de sus integrantes que, aunque bastante asimilados, se esmeran por mantener encendida la llama de la cultura que los vio nacer.

 

“Miles de olim de  Sudamérica llegaron y se radicaron durante las últimas décadas, convirtiendo Nazareth Illit en su hogar en la nueva patria”. Así comienza el saludo que Moshe Harhel, que firmaba como Director de la región Haifa y norte del Ministerio de Absorción, incluyó en un libro de cuentos y poemas editado en el 2010 y escrito íntegramente por latinos sobre sus vivencias en la ciudad. Los relatos son cortos pero sentidos y exploran desde las temáticas más profundas de la existencia hasta los detalles más insignificantes e imperceptibles de la vida cotidiana, muchas veces con la experiencia de aliá como disparador o hilo conductor.

 

Diana, directora del coro latino Gaaguim, integrado por cantantes amateurs.

 

El libro, sin embargo, es sólo otro grano de arena del enorme aporte cultural de la comunidad latina en la ciudad. Desde un coro de olim sudamericanos hasta un chileno datí en la Rabanut, pasando por una luchadora incansable de Colombia, cada uno aporta un condimento distinto a la ciudad que los recibió con los brazos abiertos y a la que están unánimemente agradecidos.

 

“Hace 33 años que estoy acá y hace 33 años que Nazareth Illit es parte mío y yo soy parte de ella. Esta ciudad me recibió, me vio crecer a mí, a mis hijas y a mis nietas”, reflexiona Roberto Fechtenholz, al borde de la emoción. Hoy es “el dentista”, en tono de pueblo, pero su recorrido lo encuentra en bases militares y en oficinas de gobierno. “Estuve casi 20 años en el servicio militar y terminé como encargado de todos los consultorios dentales de la zona norte del país”, relata y continúa: “Después nos presentamos con la lista del Likud para las elecciones locales y, aunque el intendente no entró, sí entramos dos de la lista y fui miembro del consejo por casi dos años”. 

 

No es novedad que Nazareth Illit se caracteriza por su mezcla de poblaciones. No sólo en lo que respecta a olim, sino también en cuanto a la extensa población árabe, en la ciudad y en la región en general. Sobre este tema en particular, varios latinos se mostraron entusiasmados por las medidas del nuevo intendente, que habría incrementado la seguridad. Roberto, sin embargo, tiene una visión diferente: “Se convive muy bien, son gente muy simpática, muy agradable. Es algo de lo que la ciudad puede enorgullecerse”.

 

Si de orgullo se trata, hay una persona en particular que resalta por su sacrificio y su dedicación. Orgullosa está ella de la ciudad que la recibió y la contuvo, y orgullosa está la ciudad de ella, de su empuje y de su coraje. Su nombre es Elizabeth Escobar Mosheyoff y es madre soltera de ocho hijos, cuatro en Nazareth Illit y otros cuatro en su Colombia natal. Cuando llegó, a finales de 2006, se trajo a los cuatro menores, el más chico con poco más de un año, y el más grande con 12. Tras dormir los cinco en un cuarto en la casa de su hermano por un tiempo, la Sojnut la ayudó a conseguir la casa donde hoy viven y que ella mantiene trabajando en limpieza. Ella no se jacta del enorme esfuerzo que hizo para salir adelante sino que, por el contrario, agradece una y otra vez a la ciudad que le permitió empezar de nuevo: “En Colombia hay rumba, fiesta, carnaval, desorden, pero aquí hay vida social y cultura. Nazareth Illit debe ser la ciudad más tranquila de todo el mundo y le recomiendo a la gente que venga a conocerla”.

Como suele suceder en la mayoría de las ciudades israelíes con presencia de olim latinos, existen también grupos que se reúnen con frecuencia a mantener encendida la llama de la cultura hispanohablante. En este caso, Diana Edelstein, argentina oriunda del barrio porteño de Villa Crespo, cree haber sido quien en su momento propuso el nombre “Las Meidalaj” para un grupo de mujeres sudamericanas que se reúnen semanalmente para debatir temas de interés general, ver y discutir una película o tan sólo jugar al bingo y charlar por el mero placer de charlar. 

 

Roberto: "Estuve casi 20 años en el servicio militar y terminé como encargado de todos los consultorios dentales de la zona norte del país"

 

Además de formar parte de ese grupo, Diana es también la directora de Gaaguim, el coro latino de Nazareth Illit, integrado por cantantes amateurs. “No son voces educadas, sino gente a la que le gusta cantar, que lo disfruta”, aclara y cuenta que participan en muchas actividades de la ciudad, cantando en español, ruso, hebreo, francés, inglés e italiano. 

 

El coro latino ensaya semanalmente en la sede de la OLEI de la ciudad, presidida por Nahum Blumberg, que recuerda, orgulloso, que llegó a la ciudad en 1969. Como voz autorizada para analizar a la comunidad, lo hace con responsabilidad pero con total sinceridad: “La comunidad latina acá no es muy activa, está bastante asimilada a la idiosincrasia israelí. La gente más grande está cuidando a sus nietos y sus hijos están enfocados por sus trabajos y su bienestar económico, por lo que no tienen mucho tiempo para dedicarle a la cuestión comunitaria latina”. Sin embargo, lejos de quedarse en un análisis pasivo, lo entiende, lo acepta y toma una postura activa: “Entre el intendente, nosotros y la gente de absorción de la ciudad, estamos armando un plan para llevar a las kehilot en Sudamérica y atraer más olim. Queremos enfatizar el nivel educativo y el gran crecimiento económico de Nazareth Illit, donde se están instalando varias empresas y creando muchos puestos de trabajo”.

Nahum estima que hoy hay entre 250 y 300 familias latinas en la ciudad, a la que describe como sumamente moderna, con un marcado empuje para salir adelante y que, en un contexto de mucha heterogeneidad demográfica, está trabajando en la construcción de una identidad judía. 

 

(de izq. a dcha.) Selva Valerio Lemes, argentina y Eden Shitrit de familia chilena trabajan como camareras y se divierten cuando pueden atender en español.

 

Si hablamos de Nazareth Illit y de identidad judía, debemos dar paso a dos personajes cuyas historias están ligadas, de distintas maneras, a la vida religiosa:

 

Ari Parnas, oriundo de Santiago de Chile, hizo aliá hace 25 años por motivos religiosos y hoy tiene ocho hijos. Dice que la ciudad es un buen lugar para desarrollar una vida judía y agradece el rol de Jabad en cuestiones de organización. Hoy ya hace 12 años que trabaja como supervisor de kashrut en la Rabanut y dice haber encontrado aquí un lugar donde se siente cómodo y a gusto y donde pudo construir su familia que, por ahora, tiene sólo ocho nietos.

 

Osvaldo Alfano, que llegó a la ciudad por primera vez en 1976, cuenta que nació en una casa católica y que, tras llegar a Israel de la mano de su mujer, empezó a considerar la posibilidad de la conversión. “Estudié durante tres años con ortodoxos, porque no creo en el judaísmo reformista. Una vez que rendí todos los exámenes, vino la morá y me dijo que la conversión había que hacerla completa”, ríe e introduce así la anécdota de su circuncisión a los 56 años, durante la cual rezó el Shemá Israel. 
“Ahora estás terminado a mano”, bromea a su lado Daniel Edelstein, también argentino, esposo de Diana, ingeniero, piloto aficionado, cineasta, escritor, periodista y metapel ocasional. “El principal problema que tuvo la aliá de Nazareth Illit fue conseguir trabajos de calidad. Llegaron gerentes de empresas pensando que iban a poder tener los mismos trabajos sin saber hablar hebreo y se encontraron con una realidad muy diferente”, analiza.

 

(de izq. a dcha.) Daniel y Osvaldo, café de por medio, conversando con Piedra Libre

 

Mientras Daniel elabora su análisis, café de por medio, se acerca una moza del bar y le pregunta si va a querer algo más. Lo extraño, o no, es que lo hace en español. Y cinco minutos después sucede lo mismo, pero con otra camarera. Son Selva Valerio Lemes y Eden Shitrit, la primera argentina, la segunda de familia chilena, ambas apenas rozando los 20 años. “Mis padres son de Posadas, Misiones, y llegamos en el 2002”, recuerda Selva, que dice entretenerse mucho cuanto llegan clientes argentinos y los puede atender en español. Sobre la población latina de su edad en Nazareth Illit, enfatiza: “Somos pocos pero nos identificamos mucho, compartimos momentos en la escuela y a veces hasta hacemos fiestas latinas en la casa de alguno, para mantener las tradiciones”.

 

No parecería necesario, tras estos testimonios, explicar nuevamente por qué esta comunidad, tal vez pequeña en número pero de fuerte presencia, resulta una pieza importante de la vida cultural de Nazareth Illit. Pero en el final de su saludo en el libro citado al principio, Moshe Hahrel lo hace con admirable claridad: “Nosotros, desde el Ministerio de Absorción alentamos y deseamos que esta actividad creativa que nos aportan con éxito y su manifestación continúen en el futuro”.

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