Vinculándose a través de los libros

26.3.2017

Texto y fotos: Jessica Peltz

Entrevista publicada en PL83 - Marzo/Abril 2017

 

 

La biblioteca Camilo José Cela del Instituto Cervantes nos abre sus puertas y nos muestra un espacio en el que se juntan israelíes y latinoamericanos buscando lo mismo: leer en español. 
 

Desde el momento que entro en la biblioteca, noto la paz y armonía que circulan en el aire. No sé si es a causa de la calma que reina en el lugar a las cuatro de la tarde del miércoles, del olor de los libros que me llega desde cada uno de los rincones o del cálido “¿Te puedo ayudar en algo?” con el que me recibe Pablo, el bibliotecario, pero lo cierto es que enseguida me siento como en casa. A medida que avanzo, veo un par de mesas redondas en el centro de la habitación y varias sillas dispuestas alrededor. Sin embargo, toda la atención de mis ojos se la llevan los cientos de ejemplares que se exhiben en las estanterías.

 

La biblioteca del Instituto Cervantes cuenta con 20 mil ejemplares en español, entre los que hay libros, películas y música.


Cuando nos sentamos en una mesa, con García Márquez y Carlos Ruiz Zafón observándonos desde las repisas, Pablo, un madrileño que vive en Israel hace poco más de un año, me relata cómo pasó de ser un abogado en España a un bibliotecario en Tel Aviv: “Como abogado, en un momento me cansé de la profesión. Decidí que quería trabajar en temas relacionados con la cultura y me pareció factible ser bibliotecario. Entonces me puse a estudiar, tuve suerte, y he trabajado en muchos tipos de biblioteca diferentes, en España y en el extranjero, no solo en Israel”. Amante de los libros, que lo acompañan día tras día, se reconoce como un lector con un gusto más anglosajón que español y destaca a los beatniks y a Philip Roth como los autores que más lo atraen.  
Fundada en 1998 y reinaugurada en el 2005 bajo el nombre de Camilo José Cela, la biblioteca recibe más de cien personas por mes que se acercan no solo para llevarse libros prestados, para lo cual hay que pagar una cuota anual que varía según la modalidad, sino también para consultar el material disponible, lo que es de libre acceso. Con un entusiasmo que transmite en cada una de sus palabras, Pablo me explica cómo funciona esta zona intermedia a la que, por distintas razones, llegan tanto israelíes como latinoamericanos con el objetivo en común de sumergirse, al menos por un ratito, en la cultura hispanohablante: “Los estudiantes de español fundamentalmente usan dos cosas: las lecturas graduadas, que son libritos adaptados para diferentes niveles para el que va cogiendo vocabulario; y las películas. El hispanoamericano lo que más saca son novelas. Los profesores, lógicamente, hacen más uso de materiales que les pueden ayudar para la enseñanza del español”.
De la colección de 20.000 ejemplares de la biblioteca, entre los que hay libros, películas, textos para descargar de forma electrónica y música, Pablo no duda cuáles son los autores más pedidos por los visitantes, esos que puede decir de memoria dónde están ubicados: “Probablemente una de las autoras más sacadas es Isabel Allende. Borges, curiosamente, me llama la atención porque es un autor complicado, pero  también se saca bastante”. A su vez, agrega que en varias ocasiones ve el interés tanto de israelíes como de latinos por el trabajo de determinados actores y directores de la cultura hispanohablante: “Conocen a Almodóvar, o algunas películas que pueden ser muy populares, como Relatos salvajes por ejemplo, que fue bastante famosa en su momento. O preguntan por determinados actores, Ricardo Darín, etc”.

 

Adriana: " Las últimas veces llevé libros para que mis niños de 8 y 3 años se familiaricen con el idioma"


Vuelvo a ir el viernes por la mañana y me cruzo con Adriana, una joven que hizo aliá  desde Colombia en el 2004 y acude habitualmente a la biblioteca, quien me cuenta cómo no solo suele llevarse libros para ella, sino también para su familia israelí: “Las últimas veces llevé libros para mi esposo, que es israelí y quiere aprender español. Y tengo dos niños, una de 8 y uno de 3, y también para que ellos se familiaricen con el idioma”. Distinto es el caso de Daniel, uruguayo que se presenta en la biblioteca cada dos semanas para conseguir ensayos, novelas y libros de historia en español, y asegura que, aunque sabe hebreo, la lectura en su propia lengua tiene un gustito diferente: “Leer es un acto que te entra, tenés que laburar ideas, si no dominás el idioma 100%, si no es tu lengua materna, no lo integrás de igual manera. En hebreo puedo leer el diario, puedo leer libros no demasiado especializados, y siempre con el diccionario a mano, que no es lo mismo”.
Pretender aprender un nuevo idioma, querer mantener el contacto con la lengua propia o buscar el mejor modo de transmitir el lenguaje a otros son solo algunos de los motivos que reúnen a israelíes y latinoamericanos en torno a los libros en español. Borges alguna vez dijo: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”. Definitivamente, la del Instituto Cervantes está cerca de lograrlo. 

 

Pablo, el encargado de la biblioteca.


 

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