Vivir juntos en Kfar Saba

26.3.2017

Por Lucía Gradel

Nota publicada en PL83 - Marzo/Abril 2017

 

En esta edición elegimos mostrar la historia de la comunidad latina de Kfar Saba a través de la mirada de cuatro parejas que encontraron en esta ciudad un lugar donde construir una historia compartida. Llegaron en distintos momentos del país e hicieron aliá en diferentes instancias de la vida. Piedra Libre conversó con ellas para conocer cómo se vive acá, qué es lo más lindo de la ciudad y por qué la eligieron.

 

Yerba, harina de trigo, alfajores, empanadas… los negocios de Kfar Saba están poblados de productos latinos y solo basta caminar unas cuadras para escuchar gente hablando en español. Esto da cuenta de la gran comunidad latina que vive en esta ciudad del centro del país, fundada cuando eran sólo naranjales y que hoy en día cuenta con una población de unos 107 mil habitantes. Es muy atractiva por la gran cantidad de nuevas construcciones, barrios, centros comerciales, parques y buen nivel educativo. 

 

DE LOS NARANJALES A LOS KENYONIM
Susi y Héctor hicieron aliá desde Argentina en 1970, cuando él tenía 25 años, ella 23, y sus hijas, 3 y 1. Eligieron Kfar Saba, ciudad que en ese entonces consistía principalmente de naranjales, porque tenían familia viviendo allí. Sin embargo, ambos recuerdan que ya en ese momento se encontraba la calle Weitzman y también el shuk de Rotschild. Mientras Susi cuenta que, sobre Weitzman estaba la heladería Pinguin “que era obligación”, un clásico del barrio que al día de hoy sigue abierta y trabajando, Héctor agrega: “Se vendían helados de gustos por color”. También se acuerdan de cómo iban a Kalkilia a proveerse y afirman que todos los kfarsabaim iban los sábados a llenar bolsas, comprando verduras y frutas.
Desde el principio tuvieron como ideal abrirse a la sociedad israelí: “Yo era contrario de estar con latinoamericanos, quería que nos integráramos al país. Decidimos no vivir en una zona de olim para que la adaptación fuera más rápida”, cuenta Héctor. Sin embargo, su ocupación, la venta de artículos del hogar a olim jadashim con beneficios impositivos, hizo que se acercaran más a los latinos, razón por la cual hoy en día muchos de sus amigos son olim de Kfar Saba que comenzaron siendo clientes. Sobre la integración a la sociedad israelí, Susi sostiene que la presencia de latinos en Kfar Saba les brindó una gran ayuda: “Los sudamericanos eran muy cálidos, así que donde me veían en la calle se acercaban y me preguntaban si necesitaba algo, había muchísima solidaridad. En ningún momento nos sentimos solos.” 
Tras casi cincuenta años en Kfar Saba, son muchos los cambios que notan a su alrededor, aunque la principal diferencia que destacan es la gran cantidad de gente que hay: “Hoy no nos conocemos”. A pesar de que lamentan que se haya perdido el nivel de educación que había en la época en la que criaron a sus hijas, como dice Susi: “En algún momento teníamos el orgullo de ser primeros en educación, hoy ya no”, afirman que lo más lindo de la ciudad es la tranquilidad que se sigue manteniendo.
A su vez, Susi asegura que, aunque de profesión es cosmetóloga, su verdadera klitá fue luego de la guerra de Yom Kipur, cuando entró a trabajar al Bank Discount: “Allí empecé a conocer al pueblo, al humor israelí”. Si bien hoy en día se comunican entre ellos en una mezcla de castellano con hebreo, tanto sus hijas como sus nietos no hablan español. Esto es el resultado de su idea de integrarse a la sociedad israelí, y con orgullo afirman: “Nosotros vivimos mucho lo auténtico del país, no nos quedamos en Latinoamérica, estamos acá”. Kfar Saba es para ellos el escenario de su vida, de haber emprendido una aliá y haber logrado ser parte de la historia israelí.

 

Héctor y Susy: “Cuando llegamos a Kfar Saba ya existía la heladería Pinguin, un clásico del barrio”

 

 

DE AVENIDA CORRIENTES A WEITZMAN
Miriam Lebenas tiene 73 años y es directora de teatro. Llegó a Kfar Saba en el 2005 para vivir con su hija, que ya se encontraba aquí. En Buenos Aires había dejado un amigo muy especial, Julio Milberg, a quien había conocido en las clases de teatro que ella dirigía. Esa amistad, entonces, tuvo que continuar por medio de mails. Julio cuenta sobre ellos: “Recordábamos una vieja película española que se llama Asignatura Pendiente”, hasta que en diciembre del 2006, decidieron dar el paso y saldar sus cuentas. Julio vino a Kfar Saba, primero por un tiempo y luego de manera definitiva, radicándose oficialmente en marzo de 2007. 
Sin embargo, en esta historia no todo fue color de rosas. Ellos se definen como personas de ciudad, por lo que Miriam cuenta que al principio no fue fácil: “El primer mes estando en Israel, una noche de invierno le digo a mi hija ‘Me voy hasta Weizman, necesito ver luces’”, por extrañar la calle Corrientes de Buenos Aires. Al mismo tiempo, Miriam siente que en Kfar Saba encontró ese sentimiento de comunidad y pertenencia que buscaba: “Yo venía de Buenos Aires, una comunidad realmente importante con una gran actividad cultural, vine buscando la continuidad de ese marco de pertenencia”. En Kfar Saba hallaron afinidad con su gente, hicieron amigos, en su mayoría latinos, y desarrollaron una vida social que como ellos mismos cuentan: “a nuestra edad no es fácil”. Esta ciudad cuenta con organizaciones como la OLEI,  Tomejet y la Wizzo, entre otras, que les ofrecen centros culturales, actividades y tiulim en español, lo cual es una gran ayuda.
En cuanto a la integración a la sociedad israelí, notan que sí hay cierto impedimento para quienes no hablan hebreo: “Kfar Saba tiene sus teatros, tiene todo lo que podemos tener en ciudades importantes del país, conciertos, conferencias, de todo… pero estamos limitados si no salimos de nuestro idioma original”, sostiene Miriam. Por su parte, Julio agrega: “Lo único que extraño y lamento mucho, es que cuando se dan espectáculos a mí me cuesta no poder reírme junto con la gente…”. 
Aún así, Miriam y Julio afirman sentirse muy felices en esta ciudad. Mientras Miriam trabaja en Shorashim, un grupo de teatro de la Olei Kfar Saba que realiza trabajos en la comunidad latina en todo el país; Julio, ya jubilado, la acompaña como asistente y se dedica a su pasión: la radio y los espectáculos. Ambos definen a Kfar Saba como un bombón, tal como expresa Miriam: “Es una bendición esta ciudad, por lo tranquila, segura, lo estética y linda que es, y porque tiene todo”. Esta pareja encontró en Kfar Saba una oportunidad para cambiar su historia, animarse a vivir algo que nunca imaginaron y volver a abrir el telón.

 

Miriam y Julio: “Esta ciudad es una bendición por lo tranquila, segura, estética y linda. Tiene de todo”

 

 

UN LUGAR PARA CRIAR NUESTROS HIJOS
Daniel Translateur hizo aliá desde Colombia hace dieciocho años. Nueve años después, en Raanana, conoció a Anat, quien vivía en el Mercaz Klitá, recién llegada de Venezuela para realizar su posgrado. Llegaron a Kfar Saba porque Anat estaba especializándose en el Hospital Meir. Hoy, pediatra de meujedet ella y gerente de ventas en una multinacional él, Daniel y Anat construyen su familia en esta ciudad con sus dos hijos en edad de gan. Ambos disfrutan mucho de vivir en una ciudad donde hay una gran comunidad con otros hispanohablantes, como cuenta Anat: “No tenemos problemas de idioma, pero uno siente que tiene más en común con gente latina. Para mí es más fácil invitar a la casa a una mamá latina con el hijo, y nos podemos sentar a hablar tranquilamente”. 
En relación con su familia, Daniel y Anat planean que sus hijos continúen hablando español, razón por la cual en su casa utilizan solamente este idioma y buscaron una ganenet latina para poder comunicarse mejor. Por otro lado, es una ciudad donde el castellano se usa mucho, tal como explica Anat: “Cuando vienen mis padres de afuera, les digo que tengan cuidado y no vayan a hablar español porque aquí todo el mundo lo entiende”. 
Más allá de la comunidad de latinos, otros beneficios que ellos encuentran en Kfar Saba es el hecho de que sea como un “pueblo grande” y haya una seguridad que les permita llevar un estilo de vida muy distinto al de las ciudades de Latinoamérica, disfrutar con tranquilidad que los niños jueguen en el parque después del gan o incluso el encontrarse con conocidos por la calle. Por otro lado, sienten que en esta ciudad hay un buen nivel educativo y eso les gusta para el futuro de sus hijos. Los Translateur se ven felices y satisfechos, construyendo su familia en una ciudad que les brinda todo lo que ellos desean. 

 

Anat, Dany  y sus hijos, Eitan de 4 años e Itay de 10 meses: “Es chévere poder conocer gente latina”



REENCONTRARSE A UNO MISMO EN UN NUEVO LUGAR
En su local de ropa ubicado en la calle Weitzman, los Kloner nos reciben con los brazos abiertos y mucha alegría de contar su historia. Viviana y Jaime hicieron aliá en octubre de 2002, partiendo desde la ciudad de Córdoba, en Argentina, motivados por el sionismo y por la fuerte inseguridad que se vivía allí. Eligieron Kfar Saba no solo porque tenían familia viviendo acá, sino también porque les habían contado que en esta ciudad había muchos latinos y que les sería más fácil integrarse. Con el tiempo, comprobaron que esto fue así: “Es mejor también que haya gente con la cultura de uno, que hable en castellano, y nos gusta”, cuenta Jaime.
Así, su inserción fue muy buena debido a que Kfar Saba es una ciudad chica donde todos se conocen, donde hay un sentimiento de comunidad entre los latinos y donde todo el mundo está dispuesto a ayudar, lo cual perdura hasta el día de hoy: “Ahora tenemos mucha vida social, más que en Argentina”. Esa buena predisposición que recibieron cuando hicieron aliá, ahora la retribuyen a los que llegan, como cuenta Viviana: “A veces los olim jadashim necesitan algo, vienen acá y me preguntan”. Si bien tienen muchos clientes latinoamericanos, Jaime explica que a su local también concurren numerosos israelíes atraídos por la simpatía latina: “Al israelí le gusta la aliá latina, y el trato que tenemos. Siempre nos agradecen que fuimos cálidos y que los atendimos bien”. 
Lo acertado de la decisión que tomaron al elegir Kfar Saba como el mejor destino para criar a sus hijos se advierte a simple vista: los chicos están muy integrados a la sociedad, la mayoría de sus amigos son israelíes y entre ellos hablan en hebreo. Sin embargo, se mantiene el español en la casa por decisión de los padres, para que no se pierda el idioma. Según Viviana, esta buena integración se dio porque en esta ciudad, “el nivel de gente es muy bueno y todos te incluyen… aquí mis hijos pueden vivir cómodos”. La emoción de haber elegido un camino que dio frutos y un sueño cumplido: eso es Kfar Saba para esta familia.

Al ver Kfar Saba a través de los ojos de estas parejas, podemos encontrar la receta para una vida tranquila y cómoda: el sentimiento de cercanía entre sus habitantes, una comunidad que incluye a los olim, parques, verde, niños, amigos y cosas para hacer. En otras palabras, todo lo que se necesita para sentirse en casa.
 

Viviana y Jaime: “Aquí nuestros hijos pueden vivir cómodos”

 

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