“Buena fiesta es sinónimo de buena gente”

4.6.2017

Texto: Pablo Duer / Fotos: cedidas por el entrevistado

Entrevista publicada en PL84 - Mayo/Junio 2017

 

Salsa Carlos es, para los que disfrutan de la salsa en Israel, un sinónimo de fiestas, de enormes discotecas y de noches donde las caderas y los hombros apenas descansan. El nombre comercial es, empero, el nombre de su creador combinado con su pasión, que describe en esta entrevista.

 

Existen numerosos puntos de intersección entre la cultura israelí y la latinoamericana. El fútbol, el español y las telenovelas, por ejemplo, son excelentes rompehielos y eternos tópicos de conversación con los que siempre contaremos y que difícilmente fallen. Hay, sin embargo, un punto de intersección que tiene la particularidad de acarrear un bagaje cultural inmenso y representar, más que un tema de charla, prácticamente una filosofía de vida en común: el baile.

 

Cada vez más israelíes asocian la identidad latinoamericana con la salsa, la bachata, el merengue y tantos otros ritmos típicos de nuestro continente. No obstante, en la era de las clases online y los tutoriales de Youtube, se requieren íconos de carne y hueso para establecer la conexión y redireccionarla del mero interés por un tipo de música hacia un hábito compartido, hacia momentos de unión y cruce cultural. En otras palabras, hacia noches interminables de bailar juntos, latinos e israelíes, como metáfora de una convivencia que cruza las barreras de una mera coexistencia y reafirma, cada día un poco más, nuestra cultura como una de las preferidas por los habitantes de este país.

 

“Hoy la gente que viene a mis fiestas es casi 50 y 50”

 

Uno de esos íconos se llama Juan Carlos Bedoya, tiene 44 años y llegó al país a los 17 desde Puerto Tejada, Colombia. Hace 20 años que se dedica a organizar fiestas, clases y eventos de salsa. En esta oportunidad, sentado frente a mí en la terraza de un boliche en Florentín, con una chomba blanca con un escudo a la altura del corazón que dice “Salsa Carlos Latino Original Colombia”, charló con Piedra Libre sobre su vida y su rol como embajador de la salsa en Israel.

 

¿Cuándo y cómo llegaste a Israel?
Vine en el ‘91, llegué con mi hermano. Mi mamá ya estaba acá, vinimos a probar suerte. Llegué con 17 años, apenas terminé el colegio en Colombia y desde el principio me gustó mucho Israel. Al año y medio de llegar me casé con una chica israelí y a los 20 me enrolé en el ejército. Al principio fue sobretodo aprender hebreo pero luego estuve cuidando en los territorios de Cisjordania.

 

¿Cómo fue que empezaste con la salsa?
Entré por error. Un amigo que se llama Fercho y otro amigo, Palomeque, muy salseros, pero muy salseros, ambos de Cali, me dijeron que querían hacer algo con el tema. Pero querían que fuera salsa de verdad, porque lo que había acá era más cumbia, más merengue, no como en Cali, que es salsa pesada como decimos nosotros. Entonces empezamos a organizar fiestas. Nunca me olvido de la primera, en Tel Aviv, de las 4 de la tarde a las 10 de la noche, porque el local que conseguimos tenía otra fiesta a la noche. Encima fue un sábado, un día difícil en este país, y sin embargo hicimos tan buenas relaciones públicas que no cabía una sola persona. Fue algo muy increíble, la gente contenta, muy grato, buen ambiente, todo perfecto, ningún problema, muy redituable y con excelentes socios.

 

¿Y a partir de ahí no paraste?
Esto fue hace 19 años. Ahí fue la primera, después un día fui a bailar con un hermano mío que vive en Dinamarca y vino a visitar. El es muy salsero y fue campeón de Escandinavia bailando.  Cuando vino conocía mas la salsa de acá que yo. Entonces fue a una discoteca en Yad Eliyahu, me llevó y era un local espectacular. Inmediatamente hablé con el dueño, me enteré de que él no trabajaba los viernes y empezamos a hacer fiestas ahí todas las semanas. La primera que hicimos nos daba un poco de miedo, porque la gente a la que apuntábamos se movía alrededor de la Tajaná Mercazit  y la zona de Allenby, y era difícil moverlos. Entonces hicimos una movida inmensa y súper intensiva de letreros y carteles, todo en español, y vino mucha gente.

 

La salsa, la música latina, las fies­tas latinas, son para mi una forma de conservar mi esencia, mi iden­tidad.

 

 

¿Cómo fue la transición de un público únicamente latino a uno mezclado con israelíes?
Al principio eran como dos mundos paralelos, no nos mezclábamos. Tal vez había 5 o 10 israelíes, pero pocos se nos sumaban porque teníamos mala fama. Decían que los latinos siempre peleaban y que siempre había problemas. Hubo una época que sí fue muy pesada en ese sentido. Un momento importante fue una fiesta que hicimos en una discoteca de 3 pisos en Florentín. El local se llamaba Havanera e iban a derrumbarlo para construir otra cosa, entonces organizamos una fiesta de despedida. Tuvimos 750 personas, los 3 pisos llenos, la terraza llena, comida, de todo. Desde ese momento empezaron a venir muchos más israelíes, porque fue una fiesta inolvidable y sin problemas.

 

¿Tu rol es siempre el de organizador?
Yo siempre soy el que busca el lugar, organiza y promociona. Desde esa gran fiesta empecé a buscar mis propios locales, alquilando espacios los viernes o feriados. Fuimos alejando a la gente problemática a pesar de que eso hizo que durante un tiempo bajara la cantidad de gente, pero no la calidad. Así fueron viniendo cada vez más israelíes y hoy la gente que viene a mis fiestas es casi 50 y 50.

 

¿Ahora tienes un lugar fijo?
Ahora estoy en este lugar en Florentín hace 7 u 8 meses de forma fija los viernes, es mi único lugar de salsa, salvo cuando hago fiestas grandes en días especiales como 31 de diciembre. Promocionamos las fiestas junto con los dueños, con los que tengo excelente relación, y, para los que vienen temprano, brindamos clases de antes de empezar. Los profesores los traigo yo, y también traigo a mi gente, que me sigue a donde sea que voy, sea a Hadera, a Rehovot, no importa donde.

 

¿Qué es la salsa para vos?
La salsa, la música latina, las fiestas latinas, son para mi una forma de conservar mi esencia, mi identidad. Cuando veo que hablan mal de los latinos me duele mucho, por eso me interesa mucho que las fiestas sean buenas, porque una buena fiesta es sinónimo de buena gente.

 

Veo que hacés mucho énfasis en cómo se cruzan las dos culturas…
La salsa es un punto de intersección entre nuestra cultura y la de ellos. Un ejemplo muy bueno que tengo de cómo se han unido los dos mundos son los matrimonios que han salido de las fiestas que he hecho. Tanto entre mujeres latinas y hombres israelíes como a la inversa, conozco muchísimas parejas. Muchos me vienen a agradecer y eso me emociona, han venido con hijos de 7, 8 o hasta de 10 años y me dicen que se conocieron en una de mis fiestas. O parejas que se armaron acá y hoy vienen con la chica embarazada. Me encanta cuando veo eso.

 

¿De dónde creés que surge esa fascinación que el israelí muchas veces tiene con lo latino?
Yo creo que está muy relacionada con el tema del baile. Después de que vienen y bailan, es como que sienten la necesidad de ir a conocer Latinoamérica, de aprender el idioma. Hoy veo israelíes hablando español mejor que yo, con un acento perfecto, con la camiseta de Argentina, de Cuba, de Ecuador, terminan más metidos en el mundo latino que uno mismo, es algo muy espectacular.

 

¿Qué sueños tenés a futuro relacionado con este trabajo?
Mi sueño, y lo voy a cumplir algún día, es hacer una discoteca de verdad, al buen estilo latino. Que tenga su mini restaurante, como puesticos, como hay en Colombia o en Cuba. La gente entra al restaurante y la discoteca está arriba o abajo. Hay meseros que te atienden. Como funciona en Sudamérica. Yo ya tuve una discoteca aquí por 6 años, es duro, la burocracia es muy pesada en este país y yo no tengo la paciencia para eso. Llegar a un secretario en una municipalidad y te dicen que tienes que ir a firmar el papel con el de allá, pero el de allá te dice que no va a firmar nada hasta que este no lo firme y se ponen a pelear por teléfono y al final ninguno firma y tienes que ir al tercero para que te autorice a que ellos firmen. Eso me mató y por eso cerré la discoteca.

 

La salsa es un punto de intersección entre nuestra cultura y la de los israelíes.

 

 

¿Te sentís un representante de la cultura latinoamericana en Israel?
Yo veo que sí cuando voy a congresos de salsa o a fiestas, y la gente me usa como intermediario para traer al público latino. O cuando fuimos, hace poco, a un congreso en Croacia, me hicieron pasar al frente como representante de los latinos y la salsa en Israel.

 

La verdad que te felicito, sos un ejemplo. Muchas gracias por tomarte un rato para hablar conmigo.
Pará, antes de terminar me gustaría agregar algo más.

 

Decime
Yo siempre he dado gracias a Fercho y a Palomeque, que fueron los que me metieron en esto. Yo siempre me he querido disculpar por cómo se acabó la sociedad, que hubo un momento donde yo me quise salir y que ellos se quedaron con el negocio. Pero prefirieron ellos salirse y luego me enteré de que lo hicieron porque tenían presiones externas. Pero quería aprovechar la posibilidad de transmitirles por esta vía mi agradecimiento eterno. Sin ellos no sería lo que soy hoy.

Secciones:

Please reload

banner_OLIM_TLV_ESPAÑOL_NEW.gif
banner muni KS adultos en movimiento.gif
banner leon amiras.gif
Notas recientes

Pan dulce de Guille (Receta de mi madre y abuela)

December 5, 2018

1/10
Please reload

Notas publicadas

November 16, 2019

October 28, 2019

October 24, 2019

August 20, 2019

August 17, 2019

August 11, 2019

August 6, 2019

Please reload

Búsqueda por sección