Mensch

4.6.2017

Por Adriana Cooper

Nota publicada en PL84 - Mayo/Junio 2017

 

Y los judíos que viven en ese lugar de la tierra se encargan de que ese idioma que hablaron sus padres y que amaron personas como Isaac Bashevis Singer no se muera. 

 

No tengo ni una gota de iddish en el cuerpo. O pensándolo bien,  sí algo indirecto: los abuelos de mis hijas, ambos askhenazim y descendientes de judíos europeos, a veces lanzan una que otra palabra en ese idioma. Y lo que más me sorprende es su amor silencioso por él. 
Digo silencioso porque aunque no están propagándolo a los cuatro vientos tienen detalles más sutiles: el abuelo a veces toma café en una taza con refranes en ese idioma;  sobre la mesa de la sala hay diccionario infantil con vocablos centrales y a veces, en una que otra conversación, sale de su boca una que otra palabra que al escucharla me hace sentir como dentro de uno de esos toboganes infantiles que te hacen viajar rápido y sin tiempo de que lo asimiles. En esos momentos, yo viajo al pasado y empiezo a sentirme como en un schtetl (pueblo de Europa), con la bruma invernal que muestran las fotos y los atuendos lúgubres de aquellos tiempos de seriedad magistral. Lo que más me sorprende es que algunas de esas palabras se escuchan en las calles de los Estados Unidos, el lugar donde viven. Y los judíos que viven en ese lugar de la tierra se encargan de que ese idioma que hablaron sus padres y que amaron personas como Isaac Bashevis Singer no se muera. 
A veces, totalmente seducida por la curiosidad y pensando a quién pudo habérsele ocurrido inventar el borsch, termino inmersa en algunos refranes que me demuestran el sentido común y la profundidad intelectual de aquella gente, los hablantes de esa mezcla de alemán y hebreo. Hace un tiempo me encontré aquel que escuchaba mucho mientras vivía en Israel: “cada olla tiene su tapa” o este otro: “A cada respuesta puedes encontrar una nueva pregunta”. O aquel: “Quien habla mucho revela mucho sobre sí mismo”.

 

REVIVIÉNDOLO
Cuando se estudian varios idiomas y se lee continuamente sobre ellos, uno se da cuenta que cada uno revela un poco de esencia de acuerdo con la abundancia y tipo de ciertos vocablos. El español por ejemplo, está lleno de palabras capaces de describir sentimientos, el inglés tiene cuanta palabra se necesita para describir aspectos técnicos. Uno como el japonés tiene frases relacionados con el alma de los objetos y de la naturaleza como esta: shinrin yoku, que significa perderse, sumergirse entre los árboles para encontrar tranquilidad. Si uno mira con rapidez y sin ser un experto, entiende que las frases del iddish apuntan hacia la esencia central del judaísmo: ser cada vez mejor persona. Eso explica la abundancia de proverbios, análisis y palabras enfocadas en la naturaleza del ser humano. 
A medida que el tiempo y como es natural, el iddish ha ido perdiendo a muchos de sus hablantes. Muchas de las personas que huyeron del Holocausto y lograron llegar a otros sitios han muerto y no trasmitieron este idioma a los hijos o nietos. Para algunos inmigrantes, volver a nacer es desprenderse del idioma materno y por eso ven con recelo esos vocablos del antes. Sin embargo, no todo está perdido y justo en una semana en la que estaba pensando que el iddish ya estaba en las últimas, escuché la noticia de la publicación de un diccionario nuevo. Sí, un grupo de expertos y admiradores de este idioma liderados por Gil Schaechter – Viswanath decidieron embarcarse hace 16 años en la aventura de crear un diccionario de Yiddish – Inglés que fue publicado el año anterior con 83.000 entradas en 850 páginas. Un aliento de vida para un idioma que muchos pensábamos que estaba agonizante. Además de reunir estas palabras, quienes trabajaron en este diccionario y al igual que Ben Yehuda hizo con el hebreo, crearon palabras para los nuevos tiempos y para lo que nadie imaginó o pensó que fuera a existir.
Ya al final de este texto y después de haber compartido con ustedes algunas líneas, tengo que hacerles una confesión: aunque no hablo iddish y seguramente no tenga ni una gota de él en el ADN de mi cuerpo, hay una palabra que me alegra, hace pensar y emociona cada vez que la veo o escucho: mensch que describe a quien es buena persona. En un sitio de proverbios y frases en este idioma lo definieron así: aquel que hace lo correcto sin buscar un gracias o esperar el crédito.

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