Operación medialuna

1.8.2017

Por Dana Labaton

Nota publicada en PL85 - Julio/Agosto 2017

 

Para muchos la medialuna es simplemente una opción de alimento para desayunar, que no entra en la categoría de “Básicos Para Sobrevivir”. Pueden reemplazarla por un sándwich, una tostada, o incluso cereales con leche. Para otros, como yo, es la diferencia entre empezar el día de buen humor o comenzarlo nerviosa, impaciente y queriendo matar al primero que se le cruza a una por el camino (sea el marido, vecino o un inocente desconocido). Dentro de los desafíos que había incluido en mi lista de “Obstáculos a Sortear” cuando hice aliá allá por el 2001; incluí en el ranking de los top 5: -Encontrar una medialuna rica antes de -Aprender hebreo.
Recuerdo mis primeros intentos frustrados en Kikar Ha Mediná, caminándome toda la rotonda en busca de la medialuna argentina, más dulce y chiquita que la francesa -cuyo nombre en hebreo mantiene el status europeo: croissant.  Muchos kilómetros y kilos después, a punto de darme por vencida, cuando mi peregrinación concluyó en un inesperado descubrimiento. En el supermercado israelí más típico y popular de todos, en la sección de Panadería y escondidas entre las burekas de queso y las de papa; había una bandejita de medialunas del tamaño ideal para endulzarme el día. No era popular entre los clientes israelíes así que el panadero principal de la sucursal en cuestión, rápidamente se interesó por el crecimiento en la curva de ventas del producto. Nos miramos y sonreímos. Yo comunicándole mi gratitud por trasladarme virtualmente con sus medialunas, a mi cafecito del barrio de Martínez donde desayunaba religiosamente hojeando el diario Clarín o la revista Gente. Él, agradecido por el reconocimiento e interés luego de años de indiferencia. Desde el día del afortunado hallazgo, mí vínculo con Amir, el panadero, fue uno de los más fieles y constantes, comparado con muchos otros hombres en mi vida.  Él me preparaba mi bandejita diaria y me esperaba siempre con una sonrisa. Si había un cumpleaños en la familia o algún motivo para festejar en la oficina; las masas se multiplicaban acorde a los potenciales comensales. Él siempre recordaba el nombre de mis hijas y preguntaba interesado sobre ellas…cuando una me acompañaba al super, él le dialogaba amigablemente y le regalaba algo de la panadería a escondidas de su jefa rusa.
Mi mudanza a Brasil fue un obstáculo en nuestra relación. Pero Amir comprendió y aceptó mi necesidad de reemplazarlo por otro panadero en San Pablo, a quién no me llevó tanto tiempo descubrir. Mucho antes de lo previsto, volví a Israel junto a mis hijas y decidí dedicarle a Amir una visita sorpresa en mi primer viernes ya instalada en un nuevo departamento en Hertzlía. Ante mi sorpresa, la jefa rusa estaba parada en la sección de la panificación, vistiendo el sombrero de Panadero Principal sin gracia ni estilo alguno. Me reconoció sin emocionarse. Intenté sonreírle y preguntarle por Amir mientras descubría atónita que las medialunas tipo argentinas habían sido reemplazadas por su versión francesa: menos dulce y de mayor tamaño. Controlé mi temor mientras la increpaba disimulando mi desesperación. Su limitado hebreo no ayudaba. Solo me comunicó que nadie comía las medialunas como Amir las hacía y que yo era su única clienta. Sentí un mareo que me obligó a sentarme entre las pitot y las jalot. Con la mirada perdida, retomé mi camino de vuelta a casa sin antes dejar de preguntarle a la gerente del supermercado por el destino de Amir. Solo sabía que había sido trasladado a una sucursal de Kfar Saba, más cerca del pueblo dónde habitaba. Miré mi reloj. Eran las 8:10 am. Soñé por unos instantes en alquilar un helicóptero tal como hacen los paulistas para evitar los embotellamientos urbanos, ante citas críticas de vida o muerte. Pero descarté tal alternativa, ya que en Israel los únicos helicópteros que vuelan son los del ejército, y nadie en su sano juicio calificaría mi plan como una operación militar. Calculé el tiempo que tenía antes de buscar a las chicas a las 11:45. La app que determina científicamente el largo de viaje según el tráfico, me afirmó que era posible lograr la difícil misión: rastrear a Amir en las 5 sucursales de dicho supermercado existentes en Kfar Saba.
Por supuesto que el susodicho no se hallaba en la primera ni en la segunda filial. Fue recién en el tercer super, cuando lo descubrí luciendo un nuevo impoluto sombrero. Me reconoció rápidamente y mientras yo caminaba (casi corría) hacia su sección, escuché sin querer mucha gente hablando en castellano. Sabía de antemano que en Kfar Saba habitan muchos compatriotas, ¡pero no supuse nunca que tantos! Todos se dirigían hacia la misma dirección que yo: las medialunas argentinas de Amir. Me sonrió con los ojos y yo le devolví una sonrisa de oreja a oreja. Mientras me comía dos de sus masas casi sin respirar, le contaba que había regresado a Israel y vuelto a instalarme en mi barrio original. Pero ahora que él se hallaba en otra ciudad, no sabía qué hacer. Por supuesto que era lógico que mis hijas continúen en la misma escuela a la que asistían antes de nuestra corta visita en Brasil…pero la idea de comenzar mi día sin Amir me era insostenible. Supongo que él comprendió mi desesperación porque me invitó a pasar del otro lado del mostrador y comenzó a escribir. Luego de unos minutos, me entregó un papel doblado por la mitad. Era su receta.
No estaba segura si su cultura prohibía el contacto físico con otra mujer al estar casado, pero lo abracé igual. Nos interrumpieron los clientes que se iban acumulando, todos ansiando desayunar ese sabor familiar que guardaban en su nostalgia; y que los transportaría a sus respectivas memorias de inmigrante. Me retiré agradecida, imaginando mi próxima mañana comiendo una de sus masas recién horneadas mientras navegaba por la versión online del diario Clarín. Casi llegando a la salida, giré para comprobar que Amir sonreía rodeado de clientes; y comprendí que a veces las relaciones no son para siempre pero sí cumplen una función esencial en la vida. Él me enseñó que esté donde esté, no necesitaba nada ni a nadie para comenzar el día con una sonrisa: tenía a mis hijas y a las medialunas argentinas.

Secciones:

Please reload

banner_OLIM_TLV_ESPAÑOL_NEW.gif
banner muni KS adultos en movimiento.gif
banner leon amiras.gif
Notas recientes

Pan dulce de Guille (Receta de mi madre y abuela)

December 5, 2018

1/10
Please reload

Notas publicadas

November 16, 2019

October 28, 2019

October 24, 2019

August 20, 2019

August 17, 2019

August 11, 2019

August 6, 2019

Please reload

Búsqueda por sección