Empezar de cero

13.10.2017

Por Adriana Cooper

Nota publicada en PL86 - Septiembre / Octubre 2017

 

¿Quién es capaz? ¿Quién puede quitarse los prejuicios y rabias de encima? Muchos lo logran. Incluso cuando han sufrido las heridas en el cuerpo y les ha quedado la piel como carne viva que se estremece al hacer contacto con la sal, la lluvia o el polvo. Hace unas semanas entrevisté al escritor David Grossman quien ganó recientemente el premio Bookman que se entrega en Londres al mejor libro escrito en inglés. Minutos antes de llamar a su casa en Israel para escucharlo a las ondas y cables que viajan a través del mar, sentí una mezcla de alegría y temor. 
Nunca es fácil hacer preguntas a personas que se admira tanto, son ejemplo de sensatez y además tienen una lengua materna distinta. Y pasó un viernes por la mañana. Su teléfono sonó tres veces y a la cuarta estaba respondiendo con un hello. Me presenté brevemente y él, con una sonrisa invisible a través del teléfono e igualmente  perceptible dijo: “ya sé quién eres”.  Su agente había preparado el terreno. Hablamos casi 30 minutos de sus libros y personajes. Del Premio Bookman, de Israel, el hebreo, las traducciones, la cultura judía, su última novela, Suramérica, los libros. También conversamos sobre su hijo Uri quien murió en la Segunda Guerra del Líbano mientras cumplía con su servicio militar. Justo cuando empezó a hablar, la sinapsis neuronal me llevó al pasado cuando estaba en mi apartamento en Jerusalem y escuché a David, pronunciar un discurso en esos días de muerte en los que dijo una frase que estuvo en mi cabeza todo este tiempo sin ser consciente y salió antes de la entrevista: “en estos momentos no quiero decir nada de la guerra en la que has muerto. Nosotros, nuestra familia, ya la hemos perdido”.
A propósito, le pregunté con sutileza: ¿es posible perdonar? Y él, que ya conoce las tierras del dolor, respondió: “desde mi experiencia puedo decir que la idea de venganza es muy básica, el odio causa dolor a otros y lo distrae a uno de su propia alma”. Hoy, 11 años y 1 semana (al momento de la entrevista) desde la muerte de su hijo, reconoce la libertad de saberse libre de resentimientos y el valor de poder vivir sin cargar con el peso de la rabia. Es impresionante escuchar como agradece por el tiempo que vivió con su hijo y no se centra en los detalles de la guerra que se lo quitó para siempre.
Después de escucharlo, pensé en las familias de Colombia que perdieron a sus hijos y han perdonado a los asesinos. También recordé toda la gente en Israel que carga en su historia el peso del Holocausto y las guerras más modernas. Como aquella secretaria del hospital Hadassa Ein Kerem que contestó así después de preguntarle cuántos hijos tienes: 3 y uno en el cementerio. 
Y cómo olvidar a esas abuelas que conocí hace años en Gaza y que probablemente ya se fueron de este mundo después de transmitir el odio a sus nietos como herencia.
Ahora que empieza el año nuevo judío y a propósito de esta entrevista, pienso en lo valioso que sería si los políticos en Israel y la gente del común que carga todas esas rabias contenidas, piensa como David Grossman y en lugar de llenarse de resentimiento habla de perdón y cuentas nuevas. Si eso pasa, en Israel y otros lugares del mundo tendremos días más tranquilos y nuevos. Por eso, lo bueno de cada año nuevo es que permite empezar otra vez la cuenta. Y desde cero.¡Feliz 5778!.

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