La historia es la lucha de la memoria contra el olvido

13.10.2017

Texto y fotos: Jessi Peltz

Entrevista publicada en PL86 - Septiembre / Octubre 2017

 

En esta nota presentamos a Susana Grimberg, psicoanalista y escritora de poemas, cuentos y novelas que, a través de la palabra, establece un diálogo entre el pasado y el presente que refleja una y otra vez cuán necesario es el recuerdo de los vivos. 

 

Es martes, solo faltan unos minutos para las cinco y media de la tarde, y el aire está colmado de una humedad que solo conoce aquel que pasó el final de algún invierno en Buenos Aires. Anunciando una lluvia que nunca llegaría, la presencia de las nubes se vuelve cada vez más difícil de ignorar para todas las personas que regresan de sus trabajos por la avenida Santa Fe. Sin embargo, una vez que se abren las puertas de la casa de Susana, el ambiente cambia radicalmente y todo lo que puedo notar son las múltiples variedades de galletitas dulces sobre la mesa, el tenue calor de la calefacción y los libros, cientos de ellos desplegados a lo largo de todo el living. 

Susana Grimberg acaba de cumplir 67 años y, aunque se define como psicoanalista debido a su formación, reconoce que en la actualidad su trabajo como escritora es lo que ocupa la mayor parte de su tiempo. Oriunda de San Juan, desde que era pequeña Susana tuvo el deseo de escribir, tal como lo evidencian los papeles amarillentos sobre los que se puede leer un relato que le dedicó a su hermano con tan solo 10 años. Comenzó sus estudios en Córdoba y, tras el cierre de la universidad luego del Cordobazo, se mudó a Buenos Aires junto con su abuela, quien le transmitió una manera de ver el mundo en la que la tradición judía ocupa un lugar fundamental.  

Si bien llegó a la capital del país con la intención de ser actriz, debido a los peligros que comenzaron a haber para los artistas durante la dictadura militar de 1976, optó por abandonar las tablas y dedicarse al psicoanálisis. No obstante, continuó escribiendo y publicando, siempre poniendo en primer plano la necesidad de reflexionar sobre la historia. Hoy en día no solo escribe columnas para su programa de radio, sino que es autora de una vasta producción literaria que incluye poesías, relatos y novelas gracias a las cuales fue reconocida y premiada en diversos concursos. Con la calma y ternura que envuelven cada una de sus palabras, Susana nos cuenta cómo es su vida como escritora.

 

Susana Grimberg tiene 67 años y, además de ser psicoanalista y columnista en la radio, es autora de poesías, novelas y relatos cortos.  

 

 

¿Qué es la literatura para vos?
Es el alimento primordial, puedo dejar de comer porque prefiero leer, prefiero escribir, y después me entero de que tengo hambre. Pero en general no tengo hambre, sino que tengo hambre de leer. 

 

¿Qué papel tiene el judaísmo en tu vida?
Esencial. Yo vengo de San Juan y allá  en la Yiddish Schule ni mi marido ni yo pudimos aprender hebreo y tampoco aprendimos yiddish, solo algunas cosas de mi casa, muy poco lamentablemente. Yo tengo mucha facilidad para los idiomas y esta es una carencia que la siento, que la vivo, que hubiera querido que fuera de otra manera. 

 

¿Qué es Israel para vos?
Es una parte importante de mi vida y además Julieta, mi hija, vive en Israel desde el 97 y tengo tres nietos allá. Casi todos los años de alguna manera nos vemos y yo no quiero que pase mucho tiempo porque realmente me hace falta ir y bueno, además de ver a mis nietos y amigos, todo.

 

¿Hubo un momento a partir del cual quisiste ser escritora?
Desde muy pequeña yo quería ser escritora y encontré recién el libro que escribí de la historia de mi hermano cuando yo tenía diez u once años. Empecé a escribir muy chica, tengo cuentos y poesías escritas en el momento del Cordobazo, o sea cuando yo tenía 17, 18 años. 

 

¿Te acordás qué te gustaba leer de chica?
Yo leía todo, leía mucho, pero leí El Diario de Ana Frank, la obra de teatro, que se montó en el 57, 58. Yo tendría 7 u 8 años, muy chica. Me acuerdo como si fuera hoy cuando le pregunté a mamá por qué pasó esto y ella no tuvo respuestas, respuestas que yo tampoco tengo ahora. Me sigo angustiando como en aquel momento porque me duele mucho. Yo escribí un libro que se llama La mirada de Ana y es una deuda que yo tenía con Ana Frank, que fue muy fuerte en mi historia. Mi madre nos leía mucho y nosotros, mi hermano y yo, leímos La historia del pueblo judío de Simon Dubnow. Había toda una decisión en mi casa de trasmitir. No había ninguna obligación pero sí la intención de transmitir. Leía Scholem Asch, Scholem Aleijem por supuesto, pero El canto del valle de Scholem Asch es un libro que me encantó y cada vez que puedo releo. De parte de papá también, toda la cuestión judía fue muy fuerte porque ellos venían de Polonia y no quedó nadie, mataron a todos en los campos de exterminio. Nada de todo esto fue ocultado hacia nosotros, se le puso las palabras que pienso se le debe poner. 

 

En la gran mayoría de las cosas que escribís está muy presente el tema de la historia, no solo de la Shoá sino también respecto a la última dictadura argentina…
Porque fue muy fuerte, además de que nos hayan seguido grupos de tareas y todo ese tipo de cosas por el lado de la familia de mi marido (yo no figuro con el apellido de mi marido, no por elección, sino porque no podía figurar con el apellido de él en ese momento por protección). Pero sí, nos afectó muy de cerca. 

 

¿Qué papel juega la memoria en tus obras?
Y es como lo menciona Kundera cuando habla sobre la importancia de reivindicar la memoria, la historia es la lucha de la memoria contra el olvido. Yo soy de la idea de no olvidar, no perdonar, como lo dijo Grossman en uno de los aniversarios de la sublevación del ghetto de Varsovia. Porque yo no puedo perdonar, los que pueden perdonar están muertos. Yo sigo con esto de no olvidar, no perdonar, porque siguen pasando todo este tipo de cuestiones y yo no puedo hacer como si no pasaran. Es más, hay un libro de Philip Roth, que muy poca gente lo ha leído, donde habla del nazismo en EEUU vía elecciones y ha despertado mucho rechazo ese libro, pero pareciera que él anticipa algo de lo que está sucediendo. Yo trato de no tener una posición melancólica al respecto. Sí quiero que estas cosas tengan su lugar. Es más, no sé pero creo que fui la primera en escribir un libro que tiene que ver con el atentado a la AMIA que es del 95, casi simultáneo. No hay judíos prácticamente en la novela, sino que justamente cómo influyó en el resto de la gente este atentado. Pero mi idea es que uno se ve en las palabras del otro, por eso se llama El espejo de las palabras. Ese es el espejo, uno se lee en las palabras del otro. 

 

Parte de la obra de Susana: El espejo de las palabras, Sinfonía mayor y Geometría de la libertad.

 


¿Y sentís cierta responsabilidad como escritora por hablar de ciertos temas?
No me doy cuenta, posiblemente sí, pero cuando escribo no me doy cuenta. En este libro, que hablo del génesis, influyó en mí mucho Barylko, Historias de amor y abandono. Este otro con el que también sentí que tenía una deuda es Éxodo. Voy dándome cuenta de a poco, pero resulta que no podía no escribirlo. En todo lo que escribo, en los relatos, hay muchas cuestiones que tienen que ver con el proceso o con la cuestión judía, con la historia en general, y todo lo que yo escribo parte de la sensación que no podría no escribirlo. 

 

¿Qué otros autores te influyen en cuanto a lo que vos escribís?
Kundera ha tenido mucha influencia en mí, él no lo sabe pero yo sí. Me gusta Auster, pero me interesa más Kundera. Houellebecq, la última novela, Sumisión, me pegó fuerte porque también anticipa. Y digamos, Bashevis Singer, a mí particularmente me gusta mucho, tengo todos sus libros. Me gusta Amos Oz y también me gusta Elie Wiesel, que me conmovió profundamente. Tengo que mencionar a Liliana Díaz Mindurry, que además somos muy buenas amigas y me gusta mucho cómo escribe y a Fernando Sánchez Orondo, que para mí es un excelente poeta. 

 

En una entrevista dijiste que podés escribir en cualquier parte y con cualquier cosa que tengas a mano, ¿cuál es el lugar más raro en el que te surgieron ganas de escribir?
En el cine, en la mitad de una película. Por ejemplo, cuando ví “Hiroshima mon amour” escribí casi toda la película.


Escribiste novelas, poesías y relatos, ¿hay algún género con el que te sientas más cómoda por sobre los otros?
No, con todos. Voy descubriendo cada día que todo me gusta escribir. Incluso para la columna que leo en el programa de radio yo escribo antes y me encanta. Estoy reescribiendo todo el tiempo y no puedo elegir qué es lo que quiero que quede. 

 

¿De qué manera decidís bajo qué forma escribir lo que vas escribiendo?
Ojalá pudiera tenerlo así decidido, pero no, nunca. De pronto un personaje me está pidiendo que lo escriba y escribo lo que me cuenta. No tengo la idea de antemano, sería mejor, pero no me pasa. Es como que cuento lo que alguien me pide que narre o que relate o que lo escriba a través de la poesía. Si bien soy muy organizada, no en cuanto a eso, me dejo llevar. 

 

¿Cómo es tu vida como escritora en el día a día? 
Me levanto y de 10 a 12 siempre escribo, sobre todo poesía. Y hago alguno de los juegos que yo nombre “Analogía universal” y que me ha servido mucho en la poesía, que todo tiene que ver con todo y uno le busca la vuelta. Pero a la mañana siempre escribo, después hago mis rutinas y a partir de las 9 o 10 de la noche me dedico a la novela que estoy haciendo ahora. Esta novela se va a llamar Software. 

 

¿Qué vínculo podrías decir que encontraste entre el psicoanálisis y la literatura?
No, no lo encontré, no sé bien. Yo lo tengo como muy separado. El psicoanálisis y la escritura es un momento de corte. Pero no me doy cuenta, supongo que hay un vínculo, pero no lo sé. Cuando analizo me olvido de la escritura, a lo mejor no tanto porque yo escribo mucho y tengo libros sobre cómo la gente narra cuando está contando un sueño, pero siento que son dos cuestiones absolutamente distintas. 

 

¿Qué recomendación le darías a alguien que quiere empezar a escribir?
Que escriba. Que se largue a escribir y que lo hable con otro. Porque si uno habla con uno mismo es la mejor manera de sentirse mal. Me parece importante que haya otro para conversar, yo insisto sobre la palabra conversar porque es versar con otro.

 

¿Qué sueños tenés pendientes como escritora?
Quiero escribir, quiero publicar. Eso sí, no me guardo lo que escribo. Quiero que salga y que la gente pueda leerme. 
 

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