Una escuela que hace historia

4.12.2017

Texto y Fotos: Jessi Peltz

Entrevista publicada en PL87 - Noviembre/Diciembre 2017

 

 

Hamakom Shelí, el primer y único colegio judío de Latinoamérica para niños y jóvenes con necesidades educativas especiales.

 

Situado en el corazón de Buenos Aires, en pleno barrio de Balvanera, se encuentra Hamakom Shelí, un schule que, desde una perspectiva educativa, está dedicado a alumnos con distintos tipos de discapacidades intelectuales. Con treinta años de existencia, la escuela, que recibe todos los días a 60 chicos de diferentes edades, no solo cuenta con los niveles pre-primario, primario y post-primario con formación laboral, sino que también posee viviendas pensadas para el desarrollo de la vida autónoma del joven e incluso un hotel en Miramar al que concurren los alumnos en verano para realizar actividades de recreación durante las vacaciones. Por otra parte, a diferencia de las otras instituciones de educación especial que hay en el país, en Hamakom Shelí la enseñanza judía atraviesa cada una de las actividades que se llevan a cabo, principalmente a partir de la transmisión de los valores judaicos en relación con diferentes temáticas, del aprendizaje y el trabajo con las distintas festividades y del respeto hacia las tradiciones del pueblo judío. 

Para conocer un poco más acerca de esta institución única de la comunidad judía argentina, nos encontramos con Silvia Reisin, Licenciada en psicopedagogía con máster en educación, profesora en enseñanza primaria, diplomada superior en ciencias sociales con especialidad en educación y especialista en gestión educativa y en educación maternal, quien casi desde los inicios de Hamakom Shelí ocupa el cargo de Directora General. Con la alegría y el entusiasmo propios de aquel que dedica su vida a hacer aquello que lo apasiona, Silvia nos cuenta cómo funciona la escuela. 

 

Silvia Reisin, es la directora general de Hamakom Shelí.

 

 

¿Cómo surgió la idea de crear Hamakom Shelí?
La escuela surge a partir de un grupo de padres de la comunidad judía que tenían un hijo en su familia con una discapacidad intelectual y que también tenían otros hijos sin dificultades. Mientras que sus otros hijos concurrían a schules, o sea, a escuelas en donde tenían formación judaica, los hijos que tenían alguna discapacidad no tenían a dónde ir. Entonces, sosteniendo este sentimiento judaico y con la idea de que este hijo aunque tuviese las dificultades que tuviese también pudiera aprender las tradiciones judías y compartir con su familia como cualquiera de los otros miembros de la familia, estos padres deciden armar la institución 30 años atrás. 

 

¿Hay otras escuelas como Hamakom Shelí en otras partes del mundo?
En Israel tienen escuelas que obviamente son de la comunidad, incluso tienen escuelas religiosas ortodoxas dedicadas a alumnos con distintos tipos de discapacidades. En Latinoamérica estoy segura que no, nosotros somos la única. 

 

¿Cuáles fueron los primeros desafíos en ese entonces?
Mirá, el primer desafío fue encontrar un lugar en donde funcionar. Eso fue dificilísimo. Este edificio en el que estamos ahora tiene alrededor de 10 años y fue construido por la comisión directiva actual, cuyo presidente es el señor Isaac Mizrahi. La comisión directiva decide construir un edificio después de que la escuela estuviera peregrinando por distintos edificios de la comunidad que habían quedado vacíos. Entonces nosotros íbamos mudándonos de acuerdo a las distintas instituciones que nos podían prestar los lugares. Además, si bien los lugares nos los prestaban con muy buena voluntad y con todo el corazón, se trataban de edificios que eran antiguos y que no estaban pensados para tener por ejemplo a alumnos en sillas de ruedas o que tuvieran que usar muletas y ese era otro problema. Llegó un momento en el que, frente a la desesperación de los padres que formaban la comisión directiva, se decidió iniciar el proceso de comprar un terreno y de edificar un edificio armado específicamente para las necesidades de educación especial. Por ejemplo, este ascensor es para 24 personas y puede entrar un grupo de seis alumnos, la maestra, la auxiliar y tres sillas de ruedas grandes y bajar todos juntos.

 

Hamakom Shelí le abre sus puertas todos los días a 60 alumnos con necesidades educativas especiales.

 

 

¿De qué forma se dividen los alumnos de la escuela?
A diferencia de la escuela común que tiene los grados que uno conoce, nosotros tenemos cinco programas de educación especial diferentes funcionando dentro del colegio. Todos ellos dependen del Ministerio de Educación y cada programa está destinado a niveles distintos de discapacidad. Entonces, en base al nivel madurativo del alumno que nosotros recibimos, vemos a cuál de los programas educativos puede entrar. Y a su vez, esos programas educativos están divididos por niveles o por ciclos, los cuales tienen que ver con la edad de los alumnos, aunque a diferencia de la escuela común, acá los ciclos abarcan un rango de edad mucho más amplio. En general, por lo menos son 3 años. Esta escuela tiene lo que es el nivel de pre-primario, el nivel primario, el nivel post-primario con formación laboral y  por fuera de lo escolar, viviendas para el desarrollo de la vida autónoma de jóvenes con discapacidad. Aquel que logra capacitarse en forma autónoma se orienta hacia la salida laboral, otros siguen su desarrollo educativo a través de  talleres protegidos. Hay otros alumnos que por la discapacidad que presentan no pueden realizar una inserción laboral de tipo productivo pero sí pueden insertarse  en los centros de día. 

 

¿Cómo funcionan las viviendas para el desarrollo de la vida autónoma?
Son departamentos que están a seis o siete cuadras aproximadamente de donde estamos y funcionan en edificios de consorcio como en el que vive cualquier persona. Son departamentos totalmente integrados a la sociedad. Esos jóvenes, que están en grupos de 3 o 4 chicos, son responsables de hacer las compras, ellos mismos se lavan y se planchan su ropa, ellos mantienen la higiene del lugar, etc. Tienen orientadores que los ayudan en la organización de la vida cotidiana y en cómo llevar adelante esas tareas, dan apoyo para que puedan hacer en forma lo más autónoma e independiente posible la actividad cotidiana como cualquier persona.

 

¿Qué actividades se realizan en la escuela?
En el turno de la mañana se hacen todos los talleres, que son muy diversos de acuerdo a las posibilidades motoras y cognitivas de cada uno de los alumnos. Hay talleres laborales, como el de cocina que además posee un servicio de delivery, el taller de aromaterapia en el que fabrican productos aromáticos que también se venden, el de impresiones de bolsas de tela, hay talleres que producen elementos judaicos como los manteles para shabat, el de bombonería y el de fabricación de souvenirs para festividades. Además, todo lo que se hace en la escuela es kosher y está supervisado por el rabinato, lo que tiene un valor muy importante para nuestra comunidad. Por otra parte, a la tarde se lleva a cabo todo lo relacionado con la cuestión pedagógica, como son las actividades de lectoescritura, de matemática, de ciencias sociales y naturales, los talleres de reflexión de inserción laboral y los talleres de teatro.  
A su vez, los alumnos reciben actividades de fonoaudiología, musicoterapia, educación física, natación, kinesiología y psicomotricidad. Es decir que el alumno, aparte de recibir todo un estímulo educativo de materias a nivel cognitivo y a nivel psicomotor, también recibe estímulos específicos, para poder mejorar en las dificultades que presenta. En cada caso se evalúa qué es lo más conveniente. Algo que es muy particular de la escuela de educación especial es que nosotros estamos permanentemente evaluando para ir cambiando el rumbo de lo que vamos realizando con los alumnos, evaluamos constantemente el progreso de cada estudiante y así como la propuesta que les hacemos, intentando que sea la más acertada al  requerimiento actual del alumno. 

 

 

La sala para hacer elementos de aromaterapia, el aula de psicomotricidad y el comedor son algunos de los espacios de esta singular institución.

 

 

¿Cómo es la relación entre la escuela y las familias y el resto de la comunidad judía? 
Las familias están muy presentes porque la mayoría de nuestros alumnos tiene dificultades físicas y orgánicas importantes y hay un requerimiento de las familias de estar, de participar, de ver qué le pasa a su hijo. Hay clases abiertas durante todo el año. Además utilizamos la comunicación vía Internet, en donde los padres reciben fotos y filmaciones permanentes de las actividades que van haciendo los chicos todas las semanas. También tenemos un gabinete compuesto por un psicólogo y una psicopedagoga, que trabajan mucho con los padres sobre cuestiones de interés puntual y más personal, porque cada familia tiene necesidades particulares y necesita poder construir respuestas que se ajusten a sus inquietudes y requerimientos, que son muy distintas de una familia a otra. 
Por otro lado, realizamos un taller de rikudim que se hace fuera del horario de clase y en el que participan alumnos de nivel secundario de la red escolar judía. Trabajamos muchísimos años con alumnos de ORT y este año lo hacemos con alumnos de la escuela secundaria Martín Buber. También los viernes festejamos el kabalat shabat en la escuela, desde una perspectiva integrada con alumnos del Scholem Aleijem, que todas las semanas concurren en pequeños grupos a nuestra institución, para compartir ese hermoso momento con nosotros. 

 

¿Qué grado de religiosidad hay en la escuela?
Esta es una escuela que tiene una característica muy particular, la de recibir población ortodoxa, población de familias que tienen que ver con el movimiento conservador y de familias laicas. Lo que sí enseñamos son todas las tradiciones judaicas y el respeto al kashrut al estilo ortodoxo, con supervisión del rabinato de Lavalle de la Congregación Sefaradí. 

 

¿Qué es lo más lindo de trabajar acá?
Lo más lindo es el avance de los chicos, eso es lo mejor,  porque los progresos se suceden a partir de un trabajo muy arduo, integrado, interdisciplinario, en contacto y en conjunto con los terapeutas externos que tienen los alumnos y con las familias, intentando que las familias también sigan un programa de trabajo en sus hogares y que acompañen el proceso que hace la escuela. Para mí lo más impactante que te pasa es cuando ves un avance que después de muchísimo trabajo apareció, y uno lo estaba esperando con pasión. Sobre todo, cuando recibís chicos que no hablan o hablan muy poquito y empiezan a desarrollar el lenguaje y también comienzan a caminar o a controlar esfínteres. Cada uno de estos logros es lo mejor que nos puede pasar. Ver los logros y ver a los chicos evolucionar. También lo que es muy fuerte y que te impacta mucho todo el tiempo es la solidaridad que tienen los alumnos entre ellos, quizás también generado desde la política institucional que llevamos adelante, de cómo se debe ser en el mundo. Vos los ves tan solidarios y  cuidadosos entre ellos y eso te emociona, es muy fuerte porque no es lo que en este mundo suele apreciarse habitualmente, sobre todo en gente que no tiene dificultades. Mis alumnos son los primeros en detectar si un maestro no se siente bien, si alguien cambió algo, si te cortaste el pelo, cualquier cosa que pase que sea distinta la perciben y la dan a conocer, y esto pasa entre ellos también. La ayuda entre seres humanos es muy fuerte e impactante, emociona y conmueve. 


¿Cuáles son los principales objetivos para el futuro de la escuela?
En este momento estamos empezando a tramitar el armado de un centro de día, para poder darles una inserción a aquellos alumnos que no tienen posibilidad de trabajar en un sistema productivo y competitivo. Por eso es importante pensar en construir un centro de día, porque es algo que tampoco hay dentro de la comunidad judía. También queremos seguir ampliando las viviendas para el desarrollo de la vida independiente, lo cual es un gran desafío que tenemos por delante, ya que los costos son altos. En este momento hay dos viviendas funcionando y estamos planeando una tercera. A diferencia de los hogares de internación, nuestras viviendas son una propuesta personalizada, pensada para que la persona pueda vivir con un grupo de amigos, que no pierda su singularidad y continúe percibiendo su judeidad.

 

¿Cómo puede ayudar aquel que quiera hacerlo?
Se puede ayudar a través de donaciones, llamando a la escuela (4966-2226) o a través de un mensaje al mail direccióngeneral@hamakomsheli.com.ar
Cualquiera puede llamarnos o escribirnos, incluso si es alguien del extranjero, y nosotros les explicamos cómo se tiene que hacer para donar a la institución.

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