Sanación del alma

Entrevista con Eti Siton, una argentina que hizo aliá a los 18 años y ahora es Directora de la sede de Kfar Saba de ERAN, la institución israelí que dispone de una línea telefónica y servicio de chat por Internet destinada a asistir de manera anónima a aquellos que necesitan asistencia anímica.

 

“Lo que nosotros hacemos es dar primeros auxilios emocionales” expone segura Eti Siton.

“Ayudamos a la gente que tiene problemas, y el problema más general es la soledad”, continúa. “Nos llama gente de todas las edades, de distintas partes de la población, incluso algunas personas con padecimientos mentales. También tenemos intervención inmediata en casos de suicidio, y el tipo de trato es otro, pero eso no es lo más corriente. En Inglaterra, por ejemplo, pusieron una Ministra de Asuntos de Soledad, porque es un problema que hace mal a la salud, no sólo a la salud mental, también a la física, y es muy propio de la vida moderna. Antes la gente vivía en comunidades, la vejez era parte de la vida en familia, ahora la gente mayor está en geriátricos o sola en su casa. También pasa con algunas madres, hace 100 años tenías a tus hermanas, a tus cuñadas, todo el mundo te ayudaba, ahora muchas veces están solas en su casa. Y esas son las cosas que hacemos, les hacemos compañía a la gente que está sola. A veces llama gente que le dice al voluntario ‘si no escuchaba tu voz, no me escuchaba a mí mismo hablar, no tenía con quién hablar en todo el día’ ”.

 

De manera pedagógica explica cómo y por qué surgió ERAN. “Es una institución que está hace 40 años, un poquito más. La psiquiatra María Berta Zaslany inauguró el primer centro en Jerusalem, en honor a su esposo -también, psiquiatra- Aryeh Zaslany, y después se fue ampliando. Alrededor de los años 60 se difundió una corriente psicológica que decía que la sociedad tiene que tener la capacidad de ayudarse a sí misma, que no siempre la gente tiene que recurrir a profesionales en momentos de crisis. Así fue esto creciendo, y ahora en esta institución hay más de 1000 voluntarios.”

 

Eti Siton, Directora de la sede de Kfar Saba de ERAN. Foto: Daniela Percara

 

 

Eti aclara: “A nosotros no nos importa qué diagnóstico tiene la persona, cómo es su nombre ni cuál es su ocupación. Las conversaciones son anónimas: el voluntario es anónimo y el que llama es anónimo. O sea, con una mínima información podés ayudar a alguien, podés hacer una conversación significativa, poderosa, en un contacto único.”

 

¿En qué te parece que reside el poder del anonimato?

Cuando hablás con alguien que no te conoce, podés hablar más abiertamente. Si vos le contás tus problemas a un amigo te puede decir ‘no, che, ese no sos vos’. En cambio, con un desconocido hay mucha intimidad justamente porque no sabe quién sos. En muchas películas, los personajes que viajan en avión se cuentan sobre sus vidas. Eso es porque saben que no van a ver más al otro, que él es pasajero en su vida, y por eso le cuentan cosas que no le contarían a alguien que está cerca.

 

 

“A mí lo que me gusta de este trabajo es que no es un servicio psicológico profesional, entre los voluntarios hay muy pocos psicólogos o trabajadores sociales, sino que es gente con cualquier profesión pero que tiene en su personalidad ese aspecto de caring, de preocuparse y ocuparse por los demás, y de eso se trata.” La mujer que con su estar transmite ese amor típico de abuela -y es que, de hecho, lo es- habla de sus colegas y sonríe con toda la cara. Hace una pausa y la calma inunda la habitación. Sin perder el gesto que denota su orgullo, sigue: “el voluntario pasa primero un proceso de selección, y después es medio año de hajshará, de entrenamiento. Parte de éste es escuchar a voluntarios que ya trabajan acá; y después tienen que hacer un training -entrenamiento- con alguien que está calificado para capacitar voluntarios nuevos. Es un proceso de medio año”.

 

¿Qué es lo que buscan en una persona para que sea voluntario?

Que tenga calor humano, que sepa escuchar, que le interesen los demás, que tenga paciencia y tiempo. Eso es todo, ni más ni menos.

 

¿Cómo se contiene a los voluntarios?

Una vez por mes tienen taller con psicólogos y trabajadores sociales, y trabajos en grupos donde se comparten algunos contenidos, porque las conversaciones son muy difíciles. Algunas son más fuertes que otras, y a cada uno lo moviliza otra cosa. Por ejemplo, si tenés un hijo en la tzavá, te va a sensibilizar hablar con un soldado; si tenés una mamá enferma te puede afectar más hablar con una señora mayor. Por eso la parte principal de training acá es ayudar a la gente a hacer una separación entre su propia experiencia y la situación de la persona con la que estás hablando.

 

Se nota que verdaderamente cree en el valor de la organización, y que disfruta lo que hace. Responde en un hebreo alegre y juguetón una consulta que le hacen e intenta retomar el hilo de lo que venía diciendo: “¿Cuánto puede quedarse un voluntario? Cuanto quiera. Hay gente que hizo de esto una forma de vida, que están hace diez, quince años. Hay un señor que hace por lo menos 30 años es voluntario. La directora de Jerusalem por ejemplo empezó a trabajar en la organización cuando tenía 25 años, ahora tiene 65. También hay gente que hace lo que hace, se cansa y se va, todo bien, no hard feelings -nadie se enoja-.”

 

¿Los voluntarios tienen que firmar algún contrato de confidencialidad?

No, se habla mucho de la ética. Por ejemplo, el voluntario no puede decir que es voluntario acá, no puede compartir con gente externa los contenidos de las conversaciones. Nosotros pedimos no difundir para que la gente pueda llamar y sentirse anónima y no pensar ‘alguien que yo conozco me va a atender el teléfono’. Tenemos mucha discreción para que la gente que llama no sea identificada, es por respeto a ellos, para que nadie sepa de qué hablaron y que sea más efectivo.

 

 

Eti no espera a que terminen de preguntarle sobre la incertidumbre que se produce luego de atender a una persona, ella responde segura: “Es un -¿cómo se dice?- desafío, saber que vos hiciste lo máximo que podías durante tu conversación. Hay veces que la persona te dice ‘me ayudaste mucho, qué suerte que hablé contigo’, ó ‘qué suerte que llamé’, te lo agradecen la mayoría de las veces, pero hay otros casos en los que uno no sabe realmente cuál es la continuación. Por esa razón la selección de voluntarios es difícil, porque tiene que ser gente que pueda enfrentar la situación de hablar con alguien, de tener una conversación íntima con cosas muy personales, y no enterarse de nada más una vez que se corta el teléfono. Si trabajás en una ambulancia, salvás a alguien, lo llevás al hospital y después lo derivan a cada especialidad. Acá es lo mismo, vos sos un paso en la vida entera de una persona. Sos un episodio, y a mí eso justamente me libera, porque puedo pasar al próximo. Terminé mi función en la vida de alguien, y ahora puedo ayudar a otro, ya estoy librada para otro.”

 

 

LA SOLEDAD ES UNA PLACA QUE TOCA A TODOS

 

¿Te parece que hay algún grupo de gente en mayor riesgo, que le afecte más el tema de la soledad?

La gente mayor, pero ¿sabés qué? Uno se puede sentir muy solo teniendo su familia, se puede sentir solo teniendo su pareja.

 

En relación a la tristeza y la soledad. ¿Cómo es Israel respecto a otras sociedades?

La soledad es algo que afecta en todos los países, porque es parte de la vida moderna y a veces sentirse solo no es un gran orgullo, se ve como una situación avergonzante.

 

Con la paciencia y calma que uno se imagina tiene que tener alguien que trabaja en este rubro, pero sin perder la integridad de la mirada, revive una vieja historia: “En la última guerra, la de Tzuk Eitán, llamó un padre que vivía en el sur, donde estuvieron un mes bajo bombardeo. Nos dijo que cada vez que la hija de 10 años escuchaba la alarma, vomitaba.  El señor estaba muy mal así que le pedí hablar con la nena. Empezamos a hablar y me contó cómo se sentía cuando empezaba la alarma. Ellos tenían que ponerse en el pasillo donde están las escaleras porque ese era el lugar más seguro, entonces le pregunté qué cantante le gustaba, qué canción era su preferida, y le busqué en YouTube la letra. Se la dicté y le dije ‘mirá, cada vez que suene la alarma, vos agarrás el papelito, cantás la canción, y te vas tranquila a donde tenés que ir, a tu lugar seguro, y vas a ver que no vas a vomitar’. Lo que quiero decir es que nosotros tratamos de ayudar a la gente a ayudarse a sí misma, no dirigir la vida de nadie, sino darle a cada uno la posibilidad de encontrarse a sí mismo y sus propias soluciones.”

 

Eti Siton, Directora de la sede de Kfar Saba de ERAN. Foto: Daniela Percara

 

 

Además de ayuda al público en general, ERAN se especializa en la atención a jóvenes y adolescentes; sobrevivientes del holocausto y soldados. En momentos de conflicto bélico la cantidad de voluntarios aumenta “y en las fiestas también” acota rápidamente la licenciada en Terapia Familiar. “Este es un país muy de familia. Acá si llegan las fiestas y no tenés dónde estar, es algo…” Su voz se agrava, dando a entender la seriedad de la situación. “Hay mucha gente que no tiene familia, o que está peleada. Tenemos también una línea para soldados, que es otro número y es muy importante, porque la combinación entre la adolescencia y el uso de armas es... es peligrosa”.  Un pesado silencio rodea su expresión.

 

“A los sobrevivientes del Holocausto, les ofrecemos tener una conversación con un voluntario sin permanecer anónimos. Es otro tipo de marco. Ellos pueden llamar a una línea sin tener que esperar para que los atiendan. Y a veces nosotros, si está interesado, le ponemos un voluntario que lo llama una vez por semana para ver cómo está.”

 

¿Cómo se manejan con menores de edad?

Si hay abuso sexual o lesiones, nos manejamos por lo que dice la Ley de Defensa a Menores e Indefensos. Pero igualmente es anónimo, eso es lo que le permite al adolescente hablarnos.

 

 

SOBRE HACER ALIÁ Y LAS BARRERAS IDIOMATICAS

 

Con la gran cantidad de inmigrantes latinos que recibió Israel en 2017, no hace falta hacer la pregunta.

 

“Yo ya averigüé cómo puede hacer la gente que habla solamente en castellano y quiere llamar. Se hace como con la línea rusa. Como no hay suficientes voluntarios rusos como para que funcione las 24 horas, si llama alguien que no habla hebreo, nosotros le preguntamos si quiere dejar sus datos para que a las pocas horas lo llame alguien que sepa el idioma. Es lo mismo, pueden dejar sus datos y alguien que habla español los va a llamar.”

 

¿Y por qué no hay una línea 24 horas para gente que habla en español? ¿Porque no hay voluntarios?

Voluntarios tenemos, pero no habría tantas llamadas para mantener una línea especial, no hay tanta gente que habla en español que llame. Teníamos una línea en amárico, que es el idioma de los etíopes, y no comparo porque tienen otro tipo de costumbres, pero esa línea desapareció porque ellos, por una norma cultural, no son de participar sus problemas para afuera de la comunidad. Yo no digo que los latinos sí, pero para que haya una línea especial para los latinos tiene que haber suficientes llamados.

 

¿En qué idiomas tienen línea regular?

En hebreo.

 

¿En inglés no?

No, porque si llamás hay bastantes probabilidades de que la persona que te atendió sepa inglés. Para hacer una línea en un idioma determinado tenés que tener una cantidad de llamados que la justifiquen, porque si no el voluntario puede estar horas esperando una conversación. Acá no esperás nada, una conversación viene después de la otra.

 

Se queda pensando y acota: “ahora estamos haciendo un proyecto en Estados Unidos para que los israelíes que inmigraron atiendan llamadas durante la noche, que para ellos es la tarde, porque es muy difícil poner voluntarios a la noche. Ya se están abriendo centros allá, y también es para ellos una forma de seguir conectados al país. Ahora se está trabajando en el sur con beduinos para que haya una línea en árabe, pero no está muy activa.”

 

¿Cómo se mantiene económicamente la estructura?

A través de donaciones, y el Ministerio de Salud Pública. El centro desde donde se reciben los llamados es un edificio municipal, así que también tenemos apoyo de la municipalidad de Kfar Saba. Es como un reconocimiento.

 

¿Qué te parece que tendrían que mejorar o seguir trabajando para seguir creciendo?

Más voluntarios. Más voluntarios, porque actividad no falta.

 

¿Es difícil conseguirlos?

A veces. Depende de la zona. En las periferias se complica un poco más. Y lo que a veces es un poco más difícil es encontrar el voluntario adecuado. Acá no es el lugar del doing -hacer-, es el lugar del being -ser-.

 

 

Siton aprovecha para pedir disculpas por su español un poco oxidado. Deja de hablar y mira, expectante, como queriendo transmitir que está dispuesta a explicar todo, la cantidad de veces que sea necesario. 

 

¿Trabajan con más instituciones acá en Israel?
Si hay necesidad, sí. Además, nosotros derivamos a la gente al final de la conversación, a veces a otras instituciones. Entonces, por ejemplo, si alguien nos llama con problemas económicos, primero vamos a hacer una conversación de primeros auxilios emocionales y después vamos a recomendarle a donde ir. O una víctima de abuso sexual, como las conversaciones son anónimas y nosotros no podemos acompañarla al hospital o a la policía, le comentamos de otras instituciones a donde pueden ir para recibir el acompañamiento y tratamiento más continuo que necesitan. 

 

Inspira profundo, y con renovado entusiasmo deja saber: “Esta organización es parte de una más grande que se llama la Coalición de Trauma Israelí, que va a lugares donde hay terremotos o desastres naturales, y ayuda a las comunidades a tener resiliencia, a fortalecerse. Hace un año viajé a Ecuador, después de un terremoto muy grande, a trabajar con bomberos que habían sacado cadáveres de los rescatistas -su voz ya casi es inaudible- de monjas, curas, toda gente que trabajaba ahí y hacemos trabajo de post trauma. También hace un mes volví de México, ahí hay terremotos periódicamente, entonces vamos a hacer un trabajo con los profesionales, para enseñar a la gente a vivir a pesar de tener la tensión de que, de un momento para el otro, toda su vida como la conocían cambió. Esto es una especie de ayuda que también se expande, que no es solamente para acá.”

 

 

¿Te parece que hubo cambios en cuanto a la cantidad o cualidad de los llamados respecto a otros años?

Hay aumento de llamados, sí. Tal vez porque hay más promoción de la línea, o porque a lo mejor pedir ayuda ya no es una vergüenza. Durante muchos años, lo que es psicología en este país estuvo mucho menos desarrollado, estar en terapia no era muy común, pero ahora ya no está la concepción de que tenés que estar enfermo para ir, cambió la forma en cómo se mira. Durante muchos años la ayuda emocional estuvo mucho menos difundida.

 

¿Reciben llamados de agradecimiento?

Sí, muchos. Además, en la gran mayoría la gente te agradece mucho cuando se termina la conversación ‘Me ayudaste mucho’, o ‘qué suerte que hablé con vos’, o ‘es la primera vez en el día que escucho mi voz hablándole a alguien, estuve todo el día solo y no tengo a quién hablarle’. También nos dicen ‘me salvaste de la próxima hospitalización’ [en hospitales de salud mental], porque mantenemos gente con el agua hasta acá -señala su cuello- para que no se hospitalicen.

 

Sonreír es inevitable. La sensación de orgullo se apodera de uno ante la presencia de alguien con convicciones tan claras, que dedica su vida a mejorar la de otros. Te sentís bienvenido, acompañado, abrazado. Y sólo salís de esa nebulosa de bienestar para escuchar la reflexión final de aquella persona que nunca perdió el aura de compasión que la rodea: “No hay sueldo para los voluntarios, pero hay una oportunidad de ser mejores personas, de ser más humano, de entender a la gente, de escuchar, de comprender sin prejuicios, sin juzgar. Hay muchas maneras de estar con alguien, de acompañar. De eso se trata. Porque es algo único, que no se encuentra en todas partes, en todas las relaciones humanas. Y para mí vale oro.”

 

 

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 Números útiles – Líneas de ERAN    1201  (desde cualquier teléfono, las 24 hs)

  • Para soldados y sus familias: *2201

  • Para jóvenes y adolescentes: * 1201

  • En ruso: *1201 extensión 3

  • Para víctimas del Holocausto: llamadas sin cargo al *1201 extensión 4, o 1-800-24-1202

  • En árabe: *1201 extensión 2

 

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