Miguel Angel Solá protagonizó la película ganadora en el Festival de Cine Judío de Jerusalem

El actor nos cuenta desde Argentina sobre su vida y su experiencia en "El último traje", película que protagonizó convirtiéndose en Abraham Burstein, un sobreviviente del Holocausto que viaja desde Argentina hasta Polonia, cansado de sentirse invisible ante su familia y en busca de un amigo para cumplir una promesa del pasado.

 

Foto del afiche de la película "El último Traje". Foto autorizada por Haddock Films de Argentina.

 

 

Miguel Angel Solá nos cuenta desde Buenos Aires sobre la película que protagonizó “El último traje” de Pablo Solarz, una coproducción Argentina-España, la cual obtuvo el Primer Premio de la 19ª edición del Festival de Cine Judío de Jerusalem el pasado diciembre de 2017, el reciente premio del público en la 35 edición del Festival de Cine de Miami de 2018, entre otros. El Festival de Cine Judío de Jerusalem es dirigido por Daniela Turgeman y es uno de los festivales de cine más importantes del país; su programa implica alrededor de 40 largometrajes, películas de animación, cortometrajes y documentales, además de otras actividades.

 

“El último traje” es un filme tragicómico que cuenta la historia de Abraham, un anciano sobreviviente del Holocausto que se escapa de Buenos Aires a Polonia en busca de un amigo, quien le había salvado la vida en la II Guerra Mundial. El título de la película está unido a una promesa de amistad que el personaje principal está dispuesto a cumplir cueste lo que cueste. La road movie muestra paisajes de Buenos Aires, Madrid, Las Palmas, Varsovia, Lodz y París y juega con diálogos cotidianos y profundos, con lo amargo y lo poético de la vida de este gran hombre y del resto de los reconocidos personajes, como Ángela Molina y Martín Piroyansky, que van condimentando esta gran aventura.

 

 

¿Qué se siente al saber que tu película, que trata sobre las huellas del Holocausto, se haya proyectado en Israel y que haya sido premiada como la mejor película en el Certamen del Festival de Cine Judío de Jerusalem?

Me puso muy feliz. En lo personal, sentir que mi Abraham había pasado la prueba de fuego, ante un público que sabe lo que es ser judío, es un gran reconocimiento para un goi que tuvo el honor de representarlos. Y, la alegría de mi director, fue el más bonito regalo por todo lo que luchó durante trece años para poder llevar al cine su libro. Fue el punto de partida de los cinco premios en cinco festivales internacionales en los que ha competido El último traje: Jerusalem, Santa Bárbara, Atlanta, Miami y Punta del Este. Ahora compite en Toronto. Lleva 10 semanas en cartel en Argentina, cuatro en Uruguay y dos en cinco cines de Miami. Se estrena en New Jersey, Pitsburgh, Los Ángeles, Nueva York, Filadelfia, Boston... habrá más, seguro.

 

¿Qué herramientas usaste o de qué material te nutriste para darle vida a Abraham, un anciano de 88 años de edad? Tengo entendido que te ofrecieron el papel cerca de la fecha de rodaje.

Es verdad. El personaje fue ofrecido antes a tres enormes actores de mi país que sí tienen la edad del personaje. Pero, por distintas razones, desistieron de hacerlo. Al saltar de generación, el director y el productor español me honró creyendo en mi capacidad. Como ciudadano y persona sé del drama judío y de la bestialidad de sus verdugos. Tengo una posición tomada desde joven (soy de 1950, otro siglo, otro milenio), y valores innegociables. El resto fue estudiar e imaginar entre las tareas de la casa.

 

¿Qué te generó realizar un personaje que es un sobreviviente del Holocausto? ¿Qué preguntas le realizaste al abuelo de Pablo Solarz (sobreviviente del Holocausto)?

Al abuelo de Pablo le pedí palabras en yiddish. No quería cargar con la mochila del sufrimiento y agregarlo a las múltiples dificultades que presentaba mi personaje. No quería sobre idear demasiado. Había que resolver a ritmos acelerados. Eran de cuatro a siete secuencias diarias (no planos: secuencias) a resolver. El sufrimiento de lo vivido, setenta años antes debía revivirlo el espectador por sí mismo, y ahí está el valor agregado de la película, Yamila. Casi sin contar lo pasado vivís lo vivido por ese hombre y vas empatizando con él tengas la edad que tengas y el credo que profeses.  Yo, sólo cargué con el Abraham de hoy, el que repite su éxodo a la inversa, con su pierna amputada y su segunda pérdida de todo lo material y emocional.

 

¿Con qué características del personaje de Abraham te identificás?

Con su obstinación. Me fascina su obstinación de superviviente.

 

En una entrevista contaste que tu abuela solía decir que “una persona se vuelve anciana cuando la dejan de tocar”. Habiendo estado en la piel de Abraham, ¿coincidís con lo que decía ella?

Sí; es algo que él necesita y reclama casi toscamente, a falta del cariño que no surge espontáneamente de los "suyos", en algún lugar, el choque generacional hizo estragos en nuestro país. El anciano no tiene el lugar que merecen sus años de trabajo y aportes al bien común. Se siente solo y no es un ser "simpático", ni un héroe todopoderoso. Es un hombre, mirando espantado el fin de sus días. Resuelve decidir por él y se larga a la aventura sin pasaje de regreso. Admirable. Envidiable por todo ser que aprecie la vida a pesar de todo.

 

Foto de "El Ultimo Traje". Foto autorizada por Haddock Films de Argentina.

 

 

¿Qué importancia tuvo en tu crecimiento esa abuela?

Mucha. Actriz de sexta generación y madre de tres niños Luisa, Juan y mi mamá Paquita. Los Vehil. A los que crió sola porque mi abuelo Juan murió a los treinta y tres años. Dura como la roca.

 

¿Qué te ocurría frente al espejo cuando después de horas de ser maquillado volvías a ver tu rostro habitual?

Alergia al látex. Mi cara parecía la de Santa Klaus, jajaja. Dolía, picaba y hasta ardía. Pero valió la pena. Sin ese portentoso maquillaje que era una obra de arte diaria, que hacía en mi cara Almudena Fonseca, jamás podría haber sido Abraham Burstein.

 

¿Cómo describirías la experiencia de trabajar con el director/guionista Pablo Solarz (guionista “Historias mínimas”)?

Muy buena. Lo hicimos bien. Discutimos sobre cosas de forma, pero, el contenido, fue un acuerdo permanente. Es buena persona, talentoso, obstinado como yo y muy luchador. Fue todo para bien. Muy buena relación que continúa.

 

¿Cuál es tu lugar de inspiración o donde solés concentrarte cuando estás trabajando un personaje o planeando un nuevo reto?

Lavando ropa, platos y cubiertos, pasando el trapo, cocinando, educando hija, amando a mi mujer, haciendo teatro, cultivando plantas, haciendo las compras, contando el dinero que nos queda para llegar a fin de mes, leyendo muchas cosas a la vez, para dejar trabajar a la intuición y ser buen compañero y padre. Y porque no queda más remedio, jajaja. Los actores del sur del mundo, en general, trabajamos bajo esas "premisas".

 

¿Qué es lo que más extrañaste de Argentina viviendo en España y viceversa?

De Argentina, siempre extraño la otra Argentina: la de la cultura del trabajo y el estudio. La de la erudición y cultura. Son tiempos débiles en ese sentido. De España, el orden, el cuidado de los sitios donde la gente se encuentra, la convivencia no agresiva. Aunque pasen cosas como ETA, que por voluntad de todos acabó, o lo de Cataluña hoy, es un hermoso país.

 

Tengo entendido que actualmente protagonizás la obra de teatro “Doble o nada” junto a tu mujer Paula Cancio. Una obra fuerte y emotiva que habla de manipulación, poder, el rol de la mujer en la sociedad, entre otros. Leí que en España realizaron la misma obra bajo el nombre “Testosterona”. ¿Cómo surgió la idea de traerla a Buenos Aires y por qué se decidió modificar el nombre?

La estrenamos en España, pero a los tres meses la bajamos de cartel para venir a filmar la serie La Leona en Baires. Luego, al tratar de quedarnos en Buenos Aires, tuvimos que hacer "El diario de Adán y Eva", porque Testosterona ya se había hecho aquí, con un fracaso absoluto. Nadie quería arriesgarse hasta que los convencimos y pese a los pronósticos agoreros de: "nos vamos a hundir todos, porque va contra todo criterio comercial reestrenar un fracaso reciente", que había tenido una producción cincuenta veces mayor que la nuestra, les dimos a quienes se jugaron por nosotros esta Doble o Nada que lleva un año en cartel con cinco funciones semanales. Obstinación y seguridad en lo que ofrecíamos. Hicimos una adaptación para Buenos Aires con la complicidad de la autora y de nuestro director, Quique Quintanilla, y, tras cambiarle el nombre porque no nos gustaba y todos los espectáculos de streep-boys que se anunciaban resaltaban: Testosterona, como presentación, la estrenamos. Ganamos todos.

 

Miguel Angel Solá con Paula Cancio y Sabina Berman, autora de Doble o Nada. Foto de Marcela La Salvia. Foto del afiche: Gabriel Machado

 

 

¿Cómo es trabajar con tu pareja?

Es apasionante porque es muy buena actriz y compañera. Jugamos cada función sin red, improvisando en muchos pasajes con una enorme solidez y complicidad. Aseguramos que la obra, siempre, sea un pan recién horneado. La crítica fue maravillosa, las nominaciones y premios, entre más de mil quinientos espectáculos estrenados en el año, fueron concluyentes; las redes sociales dicen cosas extraordinarias sobre nuestro trabajo y el público la ha elegido como su obra de texto, en un momento del país en que los empresarios sólo quieren "comedias y comedietas". Es riesgoso, también, trabajar juntos porque la obra no escatima en malas intenciones. Pero navegamos bien en aguas turbulentas, pensamos y sentimos con amor en lo cotidiano y eso lava toda la suciedad que la obra te deja pegada. Es hermosa mi mujer, en todos los sentidos

 

A parte de la obra teatral que se encuentra actualmente en el Teatro La Comedia de Buenos Aires, ¿tenés algún nuevo proyecto en puerta? ¿Qué te gustaría hacer?

Descansar. Pasar unos días en las sierras, la playa, el bosque con mi mujer y la "mochilita" de cuatro años que también quiere descansar de nuestro trabajo, jajaja…

 

 

Miguel Angel Solá en el Festejo de las doscientas funciones de Doble o Nada en el Teatro La Comedia. Foto de Marcela la Salvia.

 

 

Algo que quieras contar, decir al público latino residente en Israel.

Que puedan lograr la ansiada paz y vivir sin temores ni recelos. Estudiar, trabajar y vivir en armonía. Eso les deseo desde mi corazón. Mi abrazo a todos.

 

El Festival de Cine Judío de Jerusalem se realiza desde 1999 en la cinemateca de dicha ciudad en el mes de diciembre de cada año. El jurado está compuesto por Nicola Galliner, Fundador y director del Festival de Cine Judío en Berlín, Raphael Nadjaric, director de cine y Ruth Diskin, directora del Departamento de Artes y Cultura de la Fundación Jerusalem. El evento cinematográfico expone temas relativos al judaísmo y sus características, su historia, entre otros, desde diversos enfoques. De acuerdo a una publicación de un medio cinematográfico*, el jurado del certamen señaló sobre “El último traje”: “…y aunque nos sentimos identificados con todas las películas que vimos, decidimos premiarla por su logro cinematográfico y su mensaje inspirador y la excelente actuación del actor principal”

 

*http://cinefreaks.net/2017/12/28/el-ultimo-traje-premiada-en-el-festival-de-cine-judio-de-jerusalen/

 

Web JFF 2017 (2018 todavía no está disponible):

https://www.jff.org.il/en/13795

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