Banderas políticas y musicales

Entrevista con Tamara Liber, artista y activista argentina que ya se ganó los corazones de muchos israelíes

 

Tamara Liber es cantautora. Nació en Argentina, pero hizo aliá hace ya varios años. Espera con un cigarrillo en la mano, en la terraza de un café. Con voz firme habla de sus ideales y convicciones, mientras va subiendo y bajando el volumen de acuerdo al tema que trate. Relajada y libre, cuenta su historia.

 

Foto: Carlos Cruz

 

 

Contá un poco de vos: cómo te llamás, de dónde sos, cuándo y por qué hiciste aliá.

Me llamo Tamara. Soy de Buenos Aires, pero mi familia es de General Roca, Río Negro. Mi bisabuelo fue el primer colono de lo que fue en su momento Colonia Rusa, la colonia judíamás austral del mundo. Vine a Israel hace 30 años, sola. ¿Por qué vine? No creo que haya sido por una cosa sola, pero principalmente por sionismo. En la primaria fui a un colegio judío, y a los 16 estuve en el plan Tapuz, pero en ese momento el país no me gustó. Estuve en el kibutz Ein Hashloshá, que era muy lindo, pero las ciudades me resultaron muy diferentes a Buenos Aires, que en esa época era muy moderna en comparación a las ciudades de Israel, y por eso volví un poco decepcionada. Pero bueno, finalmente quise venir porque soy una persona idealista, siempre tengo una bandera que defender.

 

¿Cuáles banderas defendiste?

Cuando vine estaba en la Jativa Universitait Hatzionit de Buenos Aires. Ahí era la Ioshevet Rosh. Después fue la bandera feminista, fui voluntaria y trabajé en el centro feminista de Haifa porque vivía allá en ese momento. No es que ahora soy menos feminista, pero voy involucrándome en otros temas. Más adelante estuve con la cuestión de laicos y religiosos, que después se me pasó, pero estuve un par de años en eso.

 

¿Y de qué se trataba esta forma de activismo?

Esta cuestión en realidad empezó con un llamado telefónico. Había un programa de radio a las tres de la tarde, Iesh Im Mi Ledaber (Hay con quien hablar), al que la gente llamaba y decía lo que quería; y era una época en la que había montones de manifestaciones en contra de algo. Yo escuché en las noticias de una que hubo en Jerusalem, donde un grupo de religiosos le tiraban a la policía bolsas con pañales sucios por una cuestión con una ruta, y me indigné, y no sé por qué se me ocurrió llamar a ese programa y decir que el problema no eran los extremistas, sino la mayoría adishá (indiferente), silenciosa; que en realidad nosotros teníamos la culpa de dejarle el escenario al extremismo. En cuanto corté, me llamaron de GaleiZahal -la radio a la que pertenecía el programa- para decirme que muchas personas estaban pidiendo mi teléfono para hacer algo, así que les permití dar mi número y ahí me llamaron como 150 personas. Durante dos días no salí de mi casa, recibía un llamado tras de otro. De repente tenía una lista de personas diferentes, religiosos, laicos, hombres, mujeres, grandes, chicos, gays, de derecha, de izquierda, y me encontré con que era líder de gente que ni conocía y quería que hiciera algo. Agarré la hoja, me fui al matnas -centro comunitario- que estaba cerca de mi casa, les conté lo que me pasó y que tenía que juntar a esa gente y ellos me dieron el lugar, y ahí empezaron un par de años de activismo en esa cuestión, de religiosos y laicos.

 

¿Por qué dejaste esta causa?

Cada dos meses yo hacía un encuentro al que iba gente de todo el país, y lo que yo veía era que la gente quería hablar y quejarse más que escuchar y llegar a conocer al prójimo y me cansé de eso. Un díadecidí que el siguiente encuentro lo iba a hacer en un bosque, y cuando llegó la tarde algunos se levantaron para hacer tfilat minjá, otros se sentaron a hacer meditación, otros cantaban y otros miraban. Hoy me parece un milagro lo que paso allí. La cosa fue creciendo y decidí que en vez de hacer esas reuniones iba a hacer una manifestación en Kikar Rabin (Plaza Rabin) en Tel Aviv que se iba a llamar Anajnu Vead (Estamos a favor), porque todas las protestas estaban en contra de algo y yo quería hacer algo a favor. Fui a la municipalidad de Tel Aviv, conté otra vez cómo empezó todo y me dieron el lugar y apoyo. Así comencé a juntar artistas importantes, la mitad religiosos, la mitad laicos, quería hacer una manifestación con show, con gente común que hablara y sin políticos. Fueron como 5000 personas. Mi idea era que como no podíamos hablar, teníamos que conocer la cultura del otro. Era muy tmimá (ingenua), un poco adolescente. Siempre fui muy idealista, si bien ahora lo sigo siendo, soy también más grande, maduré. Creo que hay mucho trabajo que uno tiene que hacer adentro suyo, y que de esa forma uno influencia también alrededor.

 

¿Qué otras cuestiones apoyaste?

Otra bandera que tengo es la de los gays. Si bien en algún momento fui más activa, entiendo que ahora hay muchos jóvenes en eso, y prefiero que sigan ellos, para mí ya no es issue (problema). También fui la lobbista de la Asociación Ecológica de Israel en la Knesset; pero lo que nunca dejé y me acompañó en todos estos años es la música. Desde los 14 años que escribo música, si bien los trabajos para ganarme la vida fueron cambiando, siempre seguí escribiendo, componiendo y cantando. Yo soy cantautora, para mí escribir música es como escribir mi diario, mis canciones hablan de eso, de mi recorrido por la vida.

 

¿Con el idioma cómo te manejaste?

Yo llegué acá a los 20 años, salí del ejército y quería seguir haciendo música, pero tenía otro idioma. Si bien el idioma musical es internacional y no tiene fronteras, el lenguaje es algo básico para un cantautor y yo todavía no tenía un nivel elevado, pero dije ‘bueno, si estoy acá voy a tener que cantar en hebreo’. Así que tengo canciones en ivritkalá (hebreo fácil), con lindas melodías y mensajes, pero con lenguaje muy básico.Fue parte del crecimiento. Después también fui periodista en un diario en Haifa y ahí me mejoró el hebreo sustancialmente. Yo escribía notas en la sección academia y ecología y antes del deadlinese sentaban conmigo mis amigas y me corregían los errores, y así fui aprendiendo.

 

¿Y con tus canciones?

A partir de eso pude empezar a escribir canciones así que hacía shows en hebreo en pubs y siempre me preguntaban ‘¿pero por qué no cantás en castellano?’ y yo decía ‘¿y a quién le voy a cantar en castellano acá?’ y encima temas míos. Acá escuchan salsa, algo de folklore, ahora reggaetón, pero ¿quién iba a escuchar canciones mías originales? Entonces seguí en hebreo, pero nunca pararon de preguntarme. Un día tuve un encuentro con Judith Ravitz, le canté algunos de mis temas y me preguntó también ¿por qué no cantás en castellano? Trabajé con Daniel Salomon, él hizo el arreglo de “20 años ya”, y lo mismo. Recién cuando trabajé con Ronit Shahar, hace un par de años, hice el cambio. Se ve que hizo falta que estuviera más de 20 años acá para sentirme suficientemente local como para volver a cantar en mi idioma materno, y también ayudó que acá la música en castellano empezó a tener cierto auge.

 

¿Cómo fue que volviste a cantar en castellano?

Estábamos preparando un show de música en hebreo con Ronit Shahar y un mes y medio antes del recital no sé qué pasó que de repente decidí ‘basta de hebreo’. Ya tenía un par de arreglos musicales, y dije “bueno, ya que tengo la música y estoy grabando la voz, voy a traducir una canción mía a ver cómo sale”. Y cuando voy a cantarla, me doy cuenta de que me es mucho más cómodo, más natural, que no tengo que trabajar el acento y la pronunciación. Disfruté de cantarla. Le dije a Ronit “dejo la cuestión del hebreo por ahora y empiezo a cantar en castellano” y me senté a traducir mis canciones, elegí también un par de canciones israelíes, especialmente porque me pareció que hacer acá un show en castellano de música original iba a ser más fácil si por lo menos tenía un par de canciones que los israelíes tuvieran en el oído.

 

Foto: pr evento 25 años Radio Jai, Buenos Aires

 

 

¿Por eso seguís dedicándote a las traducciones de canciones?

Al principio empecé por esto, para que a los israelíes les sea más fácil, pero después también me gustó. Me gustó traducir, esa búsqueda de palabras me resultó interesante, placentera. Y un poco uno es un puente cultural, soy de Sudamérica, pero vivo en Israel.

 

¿O sea que no te dirgís sólo al público hispanohablante?

No, mamash no. Enfoco también a los israelíes que no hablan español y en mis recitales pregunto ‘¿cuántos acá entienden lo que yo canto?’ y 50% no son sudamericanos.

 

¿Cuál es tu idea dirigiéndote al público israelí con música en castellano?

Mi idea es hacer lo mío, y al que le gusta que le guste, y al que no le guste que escuche lo que le guste. Uno puede escuchar música en cualquier idioma y que le toque, la música es un idioma emocional. Yo canto para emocionar, es algo muy latino.

 

¿En qué sentido?

Todas las profesoras de canto a las que he ido siempre me decían “menos pathos, menos drama” y en un principio las escuché, pero después dije “no, esta soy yo, yo canto como los latinos, que somos bastante más dramáticos en lo musical, y eso es parte de mí”.  Acá podés ver un cantante parado atrás del micrófono una hora, pero vas a ver a un sudamericano cantando y están todo el tiempo caminando por el escenario.

 

¿Qué tipo de música hacés?

Si bien me gusta el chill out, el reggae, lo mío es el pop en castellano. Ni siquiera el rock nacional, yo soy más baladista.

 

¿Y con la música típicamente argentina cómo te llevás?

Estudié guitarra cuando tenía 9 años, venía una profesora que me enseñaba “Yo vendo unos ojos negros”, folklore, “Zamba de mi esperanza”, pero nunca fue mi camino. Después de veintipico de años, cuando estaba grabando una canción en hebreo que escribí, Ulay Sot Simjá (Por ahí es ser feliz), me sonaba en la cabeza un ritmo folklórico, pero no estaba segura de cuál era. Cuando decidí ir por el castellano traduje también esa canción y ahí me di cuenta de que era una chacarera, entonces fui con un amigo argentino e hicimos un arreglo de chacarera, modern chacarera, y ahí me entró la cuestión del bombo. Me compré uno en Argentina, empecé a tocarlo, sola, y me enamoré. Ahora busco también hacer canciones modernas, pero con bombo, como Marcela Morelo o Abel Pintos.

 

¿Cómo seguiste con tu carrera después de esos primeros años?

Después empecé a sacar los singles en la radio israelí. El primero que saqué fue en el año 2000, una canción en hebreo, que fue elegida para publicitar las festividades del Día del Orgullo, así que salió en la radio y tuvo muy buena repercusión. Cuando volví al español, la primera canción que saqué fue “20 años ya”, que tuvo gran aceptación y críticas excelentes. Mi nombre empezó a ser más conocido y ahí fue que llegó la oportunidad de hacer un programa de radio de música latina en Galei Zahal, Mochileros Musicales.

 

¿Así se llama el programa?

Así lo llamo yo, todavía no tiene nombre fijo, porque al principio estaba en Ziporei Laila, ahora estoy cada tanto los viernes a las 10 de la noche, no todas las semanas, pero sí, yo lo llamo Mochileros Musicales.

 

¿Por qué Galei Zahal?

Ahí me dieron la oportunidad, es una de las dos radios más importantes del país. Kan y Galei Zahal. ¿Por qué no? Si bien es la radio del ejército históricamente, acá es una radio común y corriente. 

 

¿Y vos que haces en el programa que tenés?

Soy editora y conductora. A diferencia de otras emisoras que transmiten más que nada salsa o reggaetón, yo quiero dar a conocer la música más escuchada en Sudamérica, el pop, así que voy pasando por diferentes países, cuento un poco las noticias locales, paso una canción, hablo sobre los cantantes. Me gusta difundir también los diferentes ritmos de distintas zonas de Sudamérica, porque hay mucha diversidad de música en castellano, y esa es mi pasión.  Tengo prohibido poner canciones mías, justamente porque soy la conductora.

 

Foto: Mónica Yalon

 

 

¿Qué otros proyectos tenés para el futuro?

Quiero cantar más en el exterior. Llegar a festivales. Cuando canté en diciembre en Buenos Aires me salió decir “qué lindo cantarle a un público en el que todos me entienden”. Para mí es una experiencia nueva y encantadora. También me gustaría hacer un dueto, para conocer otro tipo de música. Por ejemplo, la música mizrajít a mí me es muy lejana, me gustaría hacer un dueto con un cantante de ese género para ver qué sale con la combinación con lo latino.

 

Hay mucha gente que viene acá y les gusta el país, que no quiere volver a su país de origen, pero tampoco lo quiere perder completamente. ¿Cómo es el tema identitario para vos?

Yo creo que es algo propio de todo inmigrante, y también me parece lindo. Jamás voy a perder eso, yo soy argentina e israelí, israelí y argentina, no tengo necesidad de decidir qué soy más. Hoy mi forma de ver lo macro es diferente, me parece que toda esa cuestión de clasificación, de crear grupos sólo por las fronteras y religiones nos llevó a puntos exagerados; yo soy mucho más que judía, argentina, israelí, soy muchísimas cosas más que no son menos importantes, soy madre, soy hija, soy lesbiana, soy tía, soy amiga, soy hermana. Yo creo que el mundo tiene que ser más global en ese sentido, es importante la diversidad cultural, porque enriquece a todos. Es como una gran ensalada: es más rica cuando tiene más gustos, colores, aromas. Cada ingrediente tiene su particularidad, lo que hace al conjunto más interesante y rico. Hay que ver la diversificación cultural como algo en lo que cada uno trae su color.

 

¿Algún deseo para los 70 años de Israel?

Lo que quise hace un tiempo, que la mayoría silenciosa se despierte porque realmente hay demasiado extremismo, de todo tipo. Cuando la mayoría moderada se calla deja todo el espacio a los extremos, y aunque creo que los extremos son mucho más chicos, el problema es que la mayoría moderada es muy silenciosa. Eso es lo que diría yo para los 70 años “¡despiértense! ¡dejen de dormir!”. Que mientras tanto acá hay un montón de lío. Sigo siendo idealista, eso es lo que soy, más madura, pero en el fondo sigo siendo así.

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