En busca de un hogar

“Benji era mi primo” comienza relatando Saúl, con la mirada fija en algún punto lejano. “¿Cómo se dice first?” Ante la aclaración de que no los llamamos primos primeros, sino primos hermanos, sonríe. “¿Hermano? Bueno, Benji era mi primo, pero era como un hermano. Vivíamos en Inglaterra, y en los ‘80 hicimos aliá. Él era un hombre bueno. Estudió en una yeshivá y fue oficial de una unidad del ejército llamada egoz. Así fue a la primera batalla de la Segunda Guerra del Líbano en 2006, pero no volvió.”

 

Saúl Rurka es el fundador y CEO de la organización HaBayit Shel Benji, una casa para los llamados lone soldiers, jóvenes que hicieron aliá para formar parte de la tzavá, o soldados nacidos en Israel provenientes de contextos difíciles o distanciados de sus familias. La casa alberga 75 soldados de los denominados combatientes; y también tiene una escuela: después del ejército, les enseñan a manejarse en la sociedad israelí. Los guían en el proceso de conseguir trabajo y vivienda, estudiar, manejar su propio presupuesto.

 

“Con mi familia queríamos darles un hogar a los soldados sin padres, porque Benji quería mucho a los lone soldiers, decía que eran muy valientes, y ellos necesitan casa y comida. Cuando él murió, yo era el jefe en una empresa de Hi Tech y no pude trabajar más. Sentía mucho dolor, la plata no me significaba nada, pero ayudar a los soldados me hizo bien al alma. Así, trabajando mucho, construimos una casa, esta casa. Tardamos 7 años, mucho tiempo. A todos nos gusta, y mi familia es feliz.”

 

Saúl Rurka, fundador y CEO de HaBayit shel Benji. Foto: autorizada por el entrevistado.

 

 

 ¿Reciben ayuda económica por parte del Estado?

No. Todos los días trabajo tratando de juntar plata porque los soldados merecen un buen hogar. Muchos necesitan un lugar así donde vivir, pero el país no los provee. Existen otros centros para lone soldiers, pero no tienen muchos recursos, no es su culpa. Yo vengo del campo del business (negocios), tengo experiencia en recaudación de fondos, así que, aunque sea medio loco hacer esto rutinariamente, no me molesta. Ya usé todos mis contactos hace varios años, así que ahora busco gente nueva que pueda donar. Pedir dinero no es algo lindo, es difícil para el ego que tanta gente te diga que no, y cuando lo hacen me pongo mal, me decepciono y les hago saber mi punto de vista. Si vivís en este país, si sos sionista y tenés la posibilidad de ayudar a los soldados que vienen por voluntad propia y arriesgan sus vidas, pero no lo hacés, me dan ganas de preguntarte ‘¿por qué? ¿por qué no lo hacés?’ Igual no pasa mucho, y a veces los que me dijeron que no, vuelven y deciden donar, porque entendieron la importancia. Esta es la única causa que yo conozco en la que nosotros les debemos - y no sólo queremos - a la gente que ayudamos, y de todas formas nunca les vamos a poder dar suficiente. Si alguien me diera un millón de dólares estaría buenísimo, y recibimos donaciones de ese estilo, pero la vida de una persona vale mucho más que eso.

 

Saúl habla con pasión sobre los muchachos y sobre su tarea. “Nunca nos podemos enojar con ellos porque no son chicos chiquitos, no son estudiantes, son lone soldiers, y a menos que hagan algo que pueda lastimar a otros o a la organización (y que así no pueda ayudar a más soldados) lo tenemos que aceptar. Cuando contratamos personal, para asegurarnos de que es la persona indicada, una de las preguntas que les hacemos es ‘¿cuándo está bien gritarle a un soldado?’, y la respuesta correcta es ‘nunca’. Si son muy inteligentes responden ‘nunca, a menos que se estén poniendo en peligro’, pero eso es más avanzado”. Se ríe y reflexiona. “A veces cuando estoy muy cansado me voy al patio a fumar un cigarrillo con los chicos, charlamos, recargo las pilas y me hacen acordar por qué me esfuerzo, porque hay veces que me gustaría seguir en business, tener más tiempo libre, pero al final ellos son la razón por la que hago todo esto.”

 

Johnny, originario de Etiopía, uno de los integrantes de la familia de HaBayit Shel Benji.

 

 

¿Qué servicios ofrecen ustedes?

Les damos desayuno, almuerzo y cena todos los días, y además hay disponible comida a cualquier hora del día. Tienen lugares donde relajarse, donde pasar el tiempo, y hay gente que lava la ropa y que limpia. Cada uno tiene un cuarto privado, eso es muy importante, porque hay casas en donde tienen que dormir con otras 3 ó 4 personas. Se que suena mal que lo diga yo, pero creo que esta es la mejor casa para lone soldiers que hay en Israel. Estadísticamente hablando, nuestros soldados son casi tres veces más propensos a ir a la escuela de oficiales y comandantes, y a recibir premios por su excelencia. Y la respuesta a por qué se da esto es muy simple: si le das todo lo que necesitan en su casa, en el ejército van a estar pensando en el ejército. Cuando tienen que preocuparse por quién va a comprar la comida y cocinar, quién va a lavar la ropa, quién va a limpiar, que hay que arreglar cosas, etc., no se pueden enfocar en lo que hacen. Trabajamos con algunos oficiales de alto rango, y estamos intentando convencerlos de que el país tiene que construir casas bajo este modelo, donde los soldados tienen todo lo que necesitan.

 

¿Los soldados tienen que pagar algo a cambio de vivir acá?

El ejército les paga salarios y les dan plata para vivir, que es para dársela al centro al que vayan, así que recibimos lo mismo que cualquier otro lugar.

 

Ante la pregunta de si mucha gente se postula para vivir en HaBayit Shel Benji, Rurka responde con pesar: “Tenemos muchos soldados en lista de espera, demasiados. Ahora no estamos entrevistando a todos los que quieren entrar, pero si lo hiciéramos, llegaríamos a la situación en la que tendríamos que decirles a algunos que tienen que esperar más tiempo del que les queda en el ejército. Tendríamos cientos de entrevistas al año. Uno de los criterios que usamos para decidir quién entra es cuán comprometida está la persona con la tzavá y el país. En agosto vamos a construir otros 12 cuartos, pero aun así no podríamos aceptar a todos.”  Agrega que una vez que terminan su servicio militar, los jaialim no pierden contacto, son nombrados bogrim, y están invitados a pasar la cena de Shabat en la casa.

 

“Lo mejor de esta tarea que realizo cada día es cuando conozco gente que entiende lo que los soldados hacen y entienden la importancia de lo que nosotros hacemos para ayudarlos. Lo más difícil es cuando sucede lo contrario, cuando conozco gente que no lo entiende, que me hacen preguntas fuera de lugar y sin sentido, y no tengo paciencia para eso. Ese no es mi trabajo, estoy acá para ayudar a los soldados.”

 

¿Un buen recuerdo que tengas?

Un grupo de soldados que tuvieron vidas difíciles, trabajaron duro y vinieron acá, hicieron de esta casa su hogar. Nosotros los ayudamos, los alentamos a mejorar, y ahora ellos son soldados profesionales. Se quedaron después de su servicio obligatorio, su trabajo ahora es ayudar a Israel, se van a ayudar a sí mismos y al país, y estamos muy orgullosos de ellos.

 

Festejando Purim. Foto: autorizada por el entrevistado.

 

 

En el patio, un grupo de residentes de HaBayit shel Benji conversan y bromean entre ellos. A Johnny, originario de Etiopía, lo ayudan a presentarse en inglés: “estoy en la Brigada Golani del ejército”. Es el más enérgico. Todos se ríen y lo felicitan. El mensaje final que Saúl quiere dejar es claro y conciso: “Si hay alguna persona que pueda ayudarnos económicamente -sé que hay mucha gente que no puede y está bien, uno primero tiene que ayudarse a sí mismo y después hacer lo que pueda- hijos e hijas de todo el mundo están dejando sus vidas para venir a formar parte del ejército, y queremos seguir ayudándolos. Así que, si pueden ayudarnos, ya sea con dinero o como voluntarios, los soldados se lo merecen.”

 

 

Para más información sobre HaBayit shel Benji: http://www.benjihillman.org/

 

 

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