Entrevista a la rabina Karina Finkielsztein. “Lo profano y lo sagrado se juntan en todas las decisiones que uno toma como judío”

Karina es una una rabina y educadora Argentina, con un sello totalmente personal. Ampliamente capacitada en Israel y en Argentina. Actualmente, lidera el centro de estudio “Najal” y es la primera rabina en Latinoamérica en casar a una pareja de mujeres. Presidió, en 2016, la prima jupá de una pareja homosexual, apoya activamente la constitución de familias igualitarias y la aprobación del aborto seguro. Te invitamos a conocer más sobre ella y a profundizar sobre su pensamiento.

 

Foto: Tali Jeifetz (cedida por la entrevistada)

 

 

¿Por qué decidiste ser rabina?

Se fue dando naturalmente en el camino que yo venía. Provengo de una familia muy tradicional en donde la vida comunitaria fue, un eje fundamental. Me crié dentro del marco comunitario en BAMl. Allí cumplí mis estudios primarios, fui parte del kinder, la preparación y mi batmitzvá, la escuela de madrijim y Talmud Torá. Me apegué mucho a la vida comunitaria, era de la juventud religiosa, iba al templo. Luego estudié en el Seminario Rabínico Latinoamericano, en Abarbanel, los estudios judaicos de tercer nivel. Decidí continuar y ser rabina.

 

La pregunta entonces sería… ¿por qué no ser rabina?

En realidad, no me preguntaba si quería ser rabina, sabía que quería dedicarme a la docencia y educar jóvenes dentro del marco judío. Mi vocación es netamente educativa y espiritual desde siempre. Intento acercar las fuentes judías a gente de distintas edades, en un lenguaje sencillo, que la persona que está sentada frente a mi pueda aprender y generar un vínculo profundo entre los textos y las familias judías de hoy. Quiero que la gente pueda subir escalones dentro de esta experiencia.

 

¿En qué consiste la experiencia a la que referís?

Implica no creer que la vida judía acontece dentro del templo y los Iamim Noraim o en Pesaj, sino que es una vida judía integral en la que lo profano y lo sagrado se juntan en todas las decisiones que uno toma, pensando como judío. Esto implica tomar fuentes, opciones dentro de los libros. Es encontrar significados personales en lo que vamos haciendo.

 

Foto: Tali Jeifetz (cedida por la entrevistada)

 

 

¿Cuáles fueron las reacciones de terceros cuándo decidiste ser rabina?

Obvio que surgieron prejuicios, pero tengo que decir que tuve mucha suerte porque en mi comunidad ya me conocían, fue como que empecé en casa e hice todo desde muy temprana edad, desde leer la Torá hasta una drashá. Luego estuve en una comunidad de viejitos que me hacían acordar a mi zeide. Ellos sabían tanto de judaísmo que eran mucho más flexibles, así que lo naturalizaron enseguida. A mis 19 años lideré la comunidad Or Israel, realicé casamientos, bneimitzvá, cuando aún no había ninguna mujer en un púlpito porteño.

 

¿Tuviste piedras en el camino?

Hasta ese entonces no, después sí. Después de volver de Israel empecé a buscar otros horizontes y llegué a una comunidad mucho más grande, en medio de Belgrano, NCI- Emanuel y ahí me topé con algunas dificultades. Trabajar con rabinos hombres, donde el prejuicio fue mayor en las mujeres que en los hombres, en donde se daba por hecho que algunas cosas eran más kasher si era un varón que las hacía. Pero como mi vocación siempre estuvo más del lado de la educación no me preocupaba tanto las cuestiones más políticas o de trabajo en el púlpito. Para mí no se trata de una cuestión de género, o sea ser rabino o rabina, sino cuál es tu vocación. Mi deseo es generar personas con pensamiento crítico basado en los textos y en el pensamiento judío, entendiendo lo que se hace y sabiendo encontrar respuestas posibles de aquello que no se sabe.

 

¿Y luego fue aceptado tu rol como líder espiritual?

Cuando se fue el rabino de la comunidad NCI-Emanuel surgió o se fortaleció en algunos askanim el juicio negativo, y con ello la búsqueda de un hombre para la bimá. En ese momento sentí que había cumplido un ciclo en ese espacio y que debía regar una semilla nueva.

Lo que nos pasa a todos los latinoamericanos es que tenemos todavía muy marcada la división de roles, mientras que en otras latitudes estas cuestiones ya fueron elaboradas.

 

Foto: Tali Jeifetz (cedida por la entrevistada)

 

 

¿Esa semilla personal a la que referís es “Najal”? Contanos sobre este proyecto....

En realidad, surgió tiempo después, Najal tienen sólo un año de vida. Es un centro cultural, educativo y espiritual. La intención aquí es abrir todos los libros que podemos y estudiarlos, pensarlos, recrearlos dentro nuestro y tener herramientas espirituales y de pensamiento, para movernos en la vida de manera distinta.

Najal no es un Beit Hakneset, es un Beit Midrash, una casa de estudio. Me llama la atención la cantidad de gente que quiere estudiar y el deseo es sumar espacios y docentes.

 

¿Cuáles son los requisitos para estudiar en Najal? ¿Es exclusivo para gente de la cole?

No hace falta ser judío, pero Najal educa desde una cosmovisión judía. Quien quiera venir está invitado. Acá valen todas las preguntas a los textos. El desafío es intentar entender cómo pensaban los no contemporáneos. Muchas cosas que creemos que son así no lo son. Estudiando entendemos que, por ejemplo, en el Talmud hay muchas opiniones sobre los temas que quieras y que son atemporales.

 

Fotos: Romina Gluck

 

 

Hay voces que rotulan al judaísmo como machista. ¿Qué opinás al respecto?

No coincido, el “judaísmo” no es machista, algunas personas pueden serlo.

De hecho en la Torá y en el Talmud hay mujeres, libros con sus nombres, juezas. También las hay que usan tefilin todo el día, obviamente que no son la mayoría. Tenemos que pensar que los textos sagrados fueron escritos por hombres, que eran los que accedían a la educación, pero aún así siguen apareciendo mujeres con mucha fuerza, tanto en la literatura bíblica como en la literatura apócrifa y talmúdica. Esto nos indica que ellas llegaban a ciertos lugares, aún con divisiones masculinas.

 

¿Cómo se puede transformar entonces los prejuicios hacia un nuevo paradigma integrador?

Todo cambia, nosotros cambiamos, nuestras células cambian, la halajá es un cuerpo vivo que en su esencia está el cambio, desde un pensamiento halájico, pensando en la ley como un organismo que va modificándose, uno puede ser un judío moderno y cumplir con la halajá. Creo que todo es educación. Me sucedió como rabina que llegaran familias al templo y me decían “pero no hay un rabino, un hombre” … hasta que empezamos a tener un vínculo y en ese momento ciertas barreras y prejuicios existentes se caían.

 

¿Qué sentiste cuando Romina y Victoria se acercaron a decirte que se querían casar por jupá?

El primero de los desafíos para mí era que formen una familia judía. Sin poner fecha lo primero que pensamos es en la integración completa de Victoria (que no era judía) en la vida comunitaria. Para mí la denominación “conversión” es inadecuada para el proceso de integración de una persona que no nace y decide ser judío. Luego la meta era que la comunidad comparta la vida con ellas y fue un proceso muy lento, que llevó dos o tres años. Comenzaron a venir al Beit Kneset, a integrarse en las actividades comunitarias, hasta el día de hoy, que Romina es parte de la Comisión Directiva de NCI Emanuel.

 

¿Cómo fue que finalmente se integraron?

La gente las aceptó y valoró como miembros de la comunidad. Toda la comunidad estudió, junto a otros Rabanim, la halajá y algunas Takkanot sobre homosexualidad y vida comunitaria, del movimiento conservador, y decidieron la integración de las familias igualitarias a la vida de la kehilá, con todo el marco de la ley.

 

¿En qué marco se realizó esta ceremonia religiosa de boda entre mujeres?

Hubo dos asambleas en donde la comunidad decidió que la jupá se pueda realizar allí. Hubo que modificar la ketuvá y las siete bendiciones (sheva brajot), porque les hablan al hombre y la mujer. Se reemplazó por uno que se redactó en el Consejo de ley, del Movimiento Conservador, el mismo que se utiliza en Estados Unidos e Israel. Se llama “Pacto de amor” (Brit Ahava) y une a la pareja en una jupá con los mismos símbolos que el de una hetersexual. Lo mismo sucedió en la comunidad Or Israel luego cuando se casaron dos hombres.

 

Foto: Tali Jeifetz (cedida por la entrevistada)

 

 

¿Cómo sigue la historia de Romina y Victoria en la actualidad?

Ellas tienen ahora un hijo que se llama Aharon y continúan su vida comunitaria judía. Ese era mi deseo. Yo las podría haber casado en un salón, pero había que asegurarles que tendrían un lugar donde vivir su vida judía. Seguramente habrá personas que se sigan haciendo preguntas, y habrá quien las responda, pero la comunidad las aceptó.

 

Esta transformación ¿Se va dando en todo el mundo?

La ignorancia de la gente hace que estos pasos sean aún más difíciles. Me pregunto de qué manera se puede llegar a los oídos de la sociedad para enseñar y educar y también cómo se hace necesario, en una sociedad democrática, pensar que hay gente que opina de otra manera y que eso está muy bien. Lo bueno del judaísmo es que tenemos un abanico tan grande de opciones, que seguro vamos a encontrar la comunidad que sea la adecuada para cada uno. Lo más importante es el respeto.

 

¿Qué opinión te merece el debate por la Ley de Aborto en la Argentina?

Lo pienso mucho, como ciudadana argentina y como líder educativo. Como líder creo que tengo que pensar distinto a la comunidad porque debo llevar a las personas a un pensamiento más sofisticado. Decir: “Yo soy libre y hago lo que quiero”, no es un pensamiento correcto para mí, porque no somos cuerpos libres. Hay una ley que está conformada por cuestiones más normativas, espirituales y filosóficas.

Me parece buenísimo el debate que se plantea en la sociedad. Como ciudadana creo que hay circunstancias en la que los seres humanos podemos elegir qué hacer frente a casos que son extremos como: violaciones, malformaciones sin posibilidad de sobrevida, imposibilidades de padres en sostener esa vida en el tiempo, culturales, es decir aquellas que dañarían más al sujeto y entiendo que deben meterse en esta discusión en el Congreso y en la sociedad en general. También, como ciudadana estoy de acuerdo en la ejecución del aborto, creo que las mujeres tienen que hacerlo de forma segura. Como líder aún no encuentro los principios filosóficos, me encuentro en el proceso de estudio y reflexión. Nos falta un poco de sofisticación como ciudadanos del mundo para argumentar por qué uno decide lo que quiere.

El Estado no debe estar pegado a las iglesias en el marco de su ley. Si una persona no está de acuerdo con el aborto por su fe, es su derecho, pero el Estado no puede subyugar sus decisiones a ningún credo en particular, debe proteger a sus ciudadanos por igual. En la Argentina aún no se da la total separación entre religión y Estado, me parece que esto es crucial.

 

En tu opinión entonces, las cuestiones de Estado deben estar por encima de las religiosas…

El Estado debe procurar cuidar a todas las personas por encima de cualquier credo. Sí y creo que cada persona debe poder elegir.

 

Como judíos ¿Este replanteo debe partir de lo que está escrito en nuestros textos sagrados?

Lo que pasa es que no sabemos lo que está escrito, creemos que dice tal o cual cosa, porque “alguien” nos lo dijo. Entonces uno no tiene las herramientas para hallar lo que dicen o no dice nuestras fuentes. Que las personas tengan las herramientas para leer los textos judíos, es una de mis vocaciones más importantes.

 

¿Qué sentís cuando se refieren a vos como una revolucionaria?

Yo tengo ideas que siempre las tuve y creo que las fui concretando a lo largo del tiempo. No sé si soy una revolucionaria, pero tengo mis ideas.

 

Foto: Tali Jeifetz (cedida por la entrevistada)

 

 

¿Quiénes son tus líderes espirituales?

Mi maestro es Ariel Korob (z´l), con él aprendí sobre la importancia del vínculo entre el estudiante y el texto y entre el estudiante y su maestro. Mi abuelo, es quien me inspiró en una vida con eje en lo comunitario. En mi familia hay mucho amor a los textos. Luego, en la vida académica, me crucé con grandes maestros.

Algunos autores fueron dejando en mí huellas muy profundas, Rozentzweig, Buber, Heschel, Kaplan.

Hoy mi desafío es construir una kehilálomedet, con todo lo fundamental y poderoso de ser kehelá y de ser lomedet (que estudia). Porque si hay algo que tenemos en común todos los judíos, seamos de la línea que seamos, es el vínculo con los textos y con el estudio. Sé de la ideología que quieras, pero lo importante es que no lo hagas por default. A veces por desesperación o alegría la gente que está alejada se acerca a lo que parecería ser el “judaísmo verdadero”. Entonces por preconceptos o por prejuicios se acercan a ciertas instituciones, porque portan vestimenta y eso es por default.

 

¿Se puede ser judío sin creer en D´s?

Claramente. Yo creo plenamente en D´s. Te voy a vulgarizar las ideas de Kaplan: el judaísmo es una gran pizza que tiene muchas porciones y cada porción tiene un sabor distinto. Dentro de esas pizzas está la vida judía, las costumbres, la halajá, las mitzvot, la Torá, el idioma, Israel, la fe etc. Lo ideal es conocer todas las variedades y poder definir en el camino de la vida cuales son los sabores elegidos para uno y su forma de vida, en el mejor de los casos. La mayoría de las veces, uno va conociendo las porciones de pizza que su familia eligió y legó, y se atreve a algunas búsquedas. Cuantas más porciones de pizza conocés, más libre sos.

 

¿Qué representa Israel para vos?

Israel es un lugar al que intento volver una vez por año, no siempre se puede. Es el centro espiritual del pueblo judío. Es nuestra identidad y es a donde quiero retornar. Siento que tengo mucho trabajo para hacer en la diáspora, que quizás por eso no hice aliá aún, pero es desde Medio Oriente desde donde debe surgir la luz para la humanidad. Pienso que Israel tiene muchos desafíos, construir una sociedad democrática igualitaria, diversa, amplia. Lo encuentro muy difícil porque recibe constantemente gente de todos lados, siendo tan joven, estando geográficamente donde está, con un vínculo muy difícil con sus vecinos y en su interior la diversidad de ideologías desde las laicas a todas las ramas religiosas y todas ella en la Kneset. Pero confío en la construcción de una sociedad que tenga un lugar para cada habitante de Medinat Israel.

Me parece que es importante que desde la diáspora sostengamos un diálogo con Israel, que cada judío lo haga y que activemos en nuestra kehilá y siendo conscientes que nuestro trabajo en la hasbará es fundamental. Primero conocer, no repetir cosas que dicen los medios sin profundizar, tengamos la ideología que tengamos.

 

 

 

¿Se fue modificando algo en vos en cada viaje?

A los 16 viajé por primera vez en Majanétanaj, me saqué 99 y 100 en los exámenes (cuenta orgullosa) esa experiencia fue muy fuerte y me marcó. Pero lo que siento por Israel no se modificó en cada viaje, amo Israel. Siento que Israel, pese a todas sus dificultades, conformó una sociedad con mucha apertura. Llegar en cada viaje y que en la misma esquina que estuve el año anterior ya tenga otra construcción. La mente de progresar y no quedarse dormidos y de ser los mejores, es un pensamiento que veo poco en Argentina y me gustaría que existiera.  Me nutro en cada viaje a Israel, intento acercarme a diferentes batei midrash y morim. Intento nutrirme de contenidos y de experiencias y sobre todo sostener un vínculo vivo.

 

¿Te motivan las ideas de Olam HaVa y la posible llegada del Mashiaj?

Es un ideal del cual no se debe hablar mucho porque no se sabe, pero se debe trabajar para ello. No sé qué va a pasar en AjaritHaIamim, pero sé que es mañana. Entonces tengo que hacer siempre un día bueno mañana. No tengo que esperar a que venga Mashiaj para hacer lo que tengo que hacer. Las tengo que hacer ahora, trabajar por la justicia. Torá, avodá y Guemilutjasadim...

Pienso que el vínculo entre las personas es difícil, entendernos. Podemos llegar a momentos de paz y tranquilidad. Saber que estamos dando pasos pequeños para contribuir a la igualdad, aceptando que el otro pueda sentir o actuar diferente a nosotros. Que yo pertenezco a esta comunidad y podemos convivir con aquellos que piensan y actúan distinto.

 

¿Cuál es nuestro mayor desafío como seres humanos y cómo nos preparamos para la muerte?

El desafío es dejar una chispa que encienda a otros. La muerte es parte del ciclo de la vida. Depende de nuestras acciones diarias, lo que quedará cuando ya no estemos físicamente. Todo lo que uno hace, es para trascender y ganarle a la muerte. El cuerpo vuelve a la tierra, pero la Neshamá sigue inspirando. La muerte es un retorno a nuestro origen que es la tierra, habiendo dejado una luz poderosa. No sé lo que va a pasar de acá a futuro, creo que va a llegar una época en que vamos a poder convivir con el lobo, el cordero y los otros seres humanos... pero tenemos que trabajar para ello. Hay un trabajo muy arduo para llegar a ese momento. Y en eso estamos.

 

 

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