La potencialidad de Elul

La llegada de las altas festividades, principalmente Rosh HaShaná y Yom Kipur, supone un momento de introspección. En términos rioplatenses diríamos parar la pelota, lo que no implica subestimar la santidad de la fecha, sino una suerte de actualización de la aplicación espiritual. Entonces parar la pelota significa que el juego se interrumpe, porque está sucediendo algo fuera de la norma. En Rosh HaShaná y Yom Kipur el mundo espiritual se ve alterado por el balance propio, por la duda de cómo resultará el juicio y lo que sucederá posteriormente.

 

© Afanasyeva Tetyana - Dreamstime.com

 

 

Más allá de lo estrictamente religioso, si hacemos foco en el objetivo espiritual, y/o psicológico del mes de Elul y su desembocadura en Rosh HaShaná y Yom Kipur, el resultado reverberará en ser mejores, más plenos y más realizados. Todo esto se tornará complejo si antes no mantenemos un diálogo serio con nuestra faceta hipócrita.

 

Será que el término hipocresía es tan duro que últimamente fue renombrado como doble moral. Podremos llamarlo de uno u otro modo, lo que no cambiará su efecto.

 

Nadie duda que la doble moral sea reprochada, políticamente incorrecta y de baja tolerancia social. No suele ser tan reprochada cuando es uno quien cultiva este atractivo vicio de rancio sabor que deja con mal gusto solo a quien la consume, lo cual, no es un consuelo.

 

La mecánica psicológica que la genera y la hace funcionar es la siguiente: en determinado momento inicia una crítica, generalmente despiadada, hacia alguien o uno mismo.

 

No importa quien resulte el blanco de este ataque que sabrá camuflarse en una aparente benéfica crítica; por donde se lo vea siempre será un argumento perverso, desprovisto de lógica y por definición incoherente.

 

Si en el momento culminante de la crítica preguntáramos al criticador si conoce todos los aspectos que llevaron a determinada persona (incluso él mismo) a actuar del modo que es objeto de crítica seguramente iría disminuyendo su verborrágico discurso, haría una pausa, un concienzudo llamado de atención colmaría todo su ser, y ostensiblemente avergonzado interrumpiría el borbotón criticador, quedando vacío de argumentos.

 

Vale diferenciar la hipocresía o doble moral, del sano consejo, o de la cada vez más escasa crítica constructiva, fatalmente estos últimos conllevan al bien.

 

 

El césped del vecino siempre es más verde.

Cierta vez un hombre llegó a la casa de un viejo sabio que había ganado la fama de acceder a los arcanos más profundos de la vida de cada hombre, y en ciertas ocasiones, lograba cambiar la suerte de quienes lo consultaban.

 

¿En qué puedo ayudarte? Preguntó el sabio.

 

El hombre lejos de responder con claridad inició con una catarata de quejas respecto del modo en que su vida se desarrollaba desde hacía años; además, en pleno acto de sinceramiento, manifestó que no podía evitar sentir odio y envidia de su mejor y querido amigo por la suerte que tenía. Según el hombre todo en la vida de su amigo era grandioso: su bella esposa, la presencia que imponía donde se presentaba, el éxito profesional y económico, y sus hijos, ejemplo para todos. No había zona que no resultara perfecta en la vida de su querido amigo. El hombre reconoció que ese sentimiento era duro, devastador y en cierto modo lo avergonzaba, pero no podía hacer nada; ya confundido dijo que veía una suerte de injusticia en la realidad de él y la de su amigo, y que sentía bronca, mucha bronca por eso, y creía que ya era tiempo de que cambiasen la suerte.

 

Luego de sonreír el viejo sabio golpeó suavemente con los nudillos de su mano la frente del hombre. Aparentemente nada cambió, luego de breves segundos el rostro del hombre comenzó a desfigurarse, mutando hacía una gama de angustia que en tantos años de vida nunca había sentido. Cuando ya no pudo soportar tamaño desasosiego que le presionaba el pecho, miró con desesperación al viejo sabio, rogándole con la mirada que lo liberase, quiso gritar, pero solo logró susurrar un silencioso “basta”; más no pudo decir.

 

Ya liberado, pero aún convaleciente de esa angustia, el hombre saludó con voz fatigada y apenas perceptible al viejo sabio. Antes de retirarse bajó la mirada y agradeció por la vida que vivía.

 

Aquel hombre había sentido, por un interminable instante, más allá de las apariencias, detrás de la cortina del éxito, de la billetera repleta y de la sensual frivolidad la angustia con la cual vivía su amigo. Pero lo verídicamente duro fue escuchar la desesperación con la cual su amigo rogaba tener una vida como la de su querido amigo.

 

Una mirada equívoca sobre la propia vida podría resultar la peor versión de la hipocresía.

Secciones:

Please reload

banner_OLIM_TLV_ESPAÑOL_NEW.gif
banner muni KS adultos en movimiento.gif
banner leon amiras.gif
Notas recientes

Pan dulce de Guille (Receta de mi madre y abuela)

December 5, 2018

1/10
Please reload

Notas publicadas

November 16, 2019

October 28, 2019

October 24, 2019

August 20, 2019

August 17, 2019

August 11, 2019

August 6, 2019

Please reload

Búsqueda por sección