Banco de Medicamentos ¡Hay remedio!

“Tzedaká significa justicia y solidaridad. Es la restitución a un semejante de su derecho a vivir en dignidad”

 

 

Foto: cedida por el entrevistado

 

 

 

Bajo este propósito, desde 1991, la Fundación Tzedaká, una organización de la Sociedad Civil (OSC) trabaja incansablemente en pos de mejorar las condiciones de vida de la población más vulnerable de la Argentina. Desde hace 19 años, cuando se instalaba en el seno de la comunidad judía la denominada “nueva pobreza”, donde la falta de acceso a la demanda de medicamentos se hace notable y preocupante crean el Banco Comunitario de medicamentos (BCM), en la sede del Club Náutico Hacoaj. Dialogamos con el director de Salud de la Fundación, Fabián Furman y la Directora de Comunicación Ruth Heymann, que nos cuentan los detalles de cómo colaborar con el noble propósito de rescatar aquellos medicamentos que no utilizamos y otros… ¡precisan!

 

Directora de Comunicación Ruth Heymann y el Director de Salud de la fundación Fabián Furman.
Fotos: cedidas por los entrevistados

 

 

BANCO DE MEDICAMENTOS

Fabián Furman (FF): El Banco de medicamentos más grande del país, tanto por el alcance como por el volumen de donaciones recibidas: de particulares, laboratorios y droguerías. Transformamos todo lo que son donaciones sin valor social, en este caso medicamentos, que terminarían tirados en un tacho de basura para ser entregados a gente en extrema pobreza que, de otro modo, no podrían acceder a ellos. Siempre trabajamos con la obligatoriedad de presentación de una receta médica y una evaluación social a la persona que la solicita. Vía mail o llamado telefónico, indicamos cómo deben hacernos llegar la orden de un hospital público. Si contamos con el medicamento, previa evaluación social en 48-72 horas ya lo recibe el requirente.

 

Foto: cedida por el entrevistado

 

 

 

UN POCO DE HISTORIA

Ruth Heymann (RH): El Banco nace en el ´99, cuando todo en la Argentina estaba por explotar, donde el desempleo y el trabajo en negro estaban a la orden del día.  Decidimos ir nosotros a las comunidades en las que podía haber gente que precise ayuda: shules, templos, clubes y así fue como fueron llegando más y más casos. Fue consecuencia directa de que la gente que no tenía obra social, le costaba poder acceder a las medicaciones.  Nació como un pequeño Banco que funcionaba mediante las donaciones que llegaban y en el 2001, con la fuerte crisis económica, fueron necesarias las campañas de recaudación de medicamentos y hasta su compra, ya que la demanda fue realmente masiva.

 

FF: En el 2010 el Banco deja de trabajar exclusivamente para la comunidad judía y se extiende a toda la sociedad, a todo el país. Tuvo que ver con el crecimiento de donaciones y con una decisión institucional de expandirlo, de crecer, siempre y cuando hubiera los recursos para hacerlo. El foco siempre estuvo primero en poder sostener a las familias que ayudamos desde un principio.

 

Fotos: cedidas por el entrevistado

 

 

EL BANCO DE MEDICAMENTOS POR DENTRO

FF: El Banco cuenta con un equipo de profesionales farmacéuticos que avalan el sentido profesional de esta misión, todo medicamento que llega recibe su supervisión. Además, contamos con 120-130 voluntarios trabajando en forma permanente, que procesan todas las donaciones. El año pasado trabajamos con más de 200 instituciones de la salud y sabemos a qué lugar dirigir cada tipo de producto, sabiendo que son los que más demanda tienen. Hay una línea de seguimiento desde que se acerca el donante hasta que se concreta la donación, que demuestra la total transparencia.

 

Hay varios mecanismos de distribución, al interior con empresas transportistas que son muy importantes para nosotros, acá en capital son voluntarios que nos facilitan su auto para llevar ellos mismo las entregas, otros nos avisan en donde hay para retirar y vemos cómo hacerlo.

 

RH: Dentro del área de salud el Banco es claramente el programa más conocido y de mayor impacto. El área de salud tiene también evaluación para la prevención del cáncer de mama en forma rápida, en un centro de primer nivel y en un único día. Esto sin tener que hacer colas y esperar, por largo tiempo, turnos en hospitales públicos. También se realizan controles oftalmológicos, tan necesario para que los chicos puedan estudiar. Destaco que pueden ir a una óptica elegir sus armazones entre 20 opciones, a donde también se les hace fondos de ojos. El Banco para cumplir su misión trabaja en asociación con otras organizaciones para poder abarcar todo el país.

 

CAMPAÑAS DE RECAUDACIÓN

Acompañando a través de campañas de recaudación de medicamentos, abiertas a todo aquel que quiera donarlos, recibimos un flujo por demás importante. Es un trabajo global, integral y multidisciplinario destinado a personas que están en situación de pobreza. Cada crisis va dejando un piso más alto de gente que le resulta imposible poder reinsertarse y salir adelante, por razones de edad principalmente. Cerca del 40 por ciento de nuestros beneficiarios son mayores de 50 años, viven de “changas” o de su jubilación que no alcanzan a cubrir sus necesidades. El Banco de medicamentoses un área de la fundación que realiza un trabajo integral, el área de salud es sólo una pata.

 

RH: La Campaña de medicamentos termina para nosotros en forma simbólica después es una gran jornada de clasificación en donde vienen de todos lados. Emociona ver alrededor de 800 personas clasificando juntas. La energía que se genera en estas jornadas masivas es hermosa. En estos eventos se ve la transparencia de todo este proceso, se juntan voluntarios, farmacéuticos, administrativos y abordamos en conjunto hasta el último de los detalles.

 

FF: Yo también quiero resaltar la emoción que sentimos cuando vemos que llegan las clasificaciones de medicamentos al impenetrable chaqueño, al sur, a la población Quom, ¡uf! es hermoso.

 

Jornada de Clasificación de Medicamentos 2017. Cedido por el entrevistado.

 

 

LO QUE HAY QUE SABER PARA SER DONANTE

FF: Recibimos donaciones de Doña Rosa, como yo refiero a un particular que lo tiene en su casa y no lo usa, como de droguerías, farmacias, laboratorios y muchos médicos que donan las muestras que les dejan los visitadores. No entregamos blíster vencidos, empezados o próximos a vencer. Pensamos que la persona que lo recibe tiene que recibirlo en las mejores condiciones. Blisters cerrados sí. No aceptamos remedios que precisen cadena de frío, ni psicotrópicos, el resto todo es bienvenido.

 

Durante las campañas de Recolección, personas en Capital y Gran Buenos Aires pueden juntar medicamentos que tengan en su casa, también pueden ser comprados, pedidos de muestras a sus doctores y hacerlo llegar al Banco para su clasificación. También se puede donar dinero a través del sitio web.

 

Los remedios que más necesitamos son las de enfermedades crónicas, porque la persona que tiene alta presión o problemas respiratorios por ejemplo lo precisa toda su vida. Siempre necesitamos antibióticos o medicamentos para el colesterol.

 

RH: La campaña está instalada en una enorme cantidad de escuelas, empresas, comunidades, clubes y hay una enorme red –no sólo judía- que se convierten en esas semanas en centros de recepción de medicamentos.

 

La donación de dinero es tan importante como los medicamento porque la estructura de profesionales del Banco también es cara de mantener y a la vez se compran medicamentos muy caros para patologías específicas, como Parkinson, Alzheimer. Si un medicamento que se precisa no está dentro de nuestro vademécum, lo compramos. Garantizamos el 100 por ciento de cobertura. Para esto es importante que donen para esta misión.

 

Instituciones donatarias. Fotos: cedidas por el entrevistado. 

 

 

EL VOLUNTARIADO

FJ: Cualquier persona puede ser voluntaria. Primero realizan una capacitación para orientarlos e indicarles los distintos lugares en los que se puede trabajar. Sin ellos sería imposible hacer este Banco, son los que reciben las donaciones en bruto y finalizan el proceso entregándola clasificada.

 

El Banco es el área que más voluntarios tiene en distintos horarios y turnos fijos. El 80 por ciento hacen su tarea en la sede del Club Náutico Hacoaj el resto en otros centros o asociaciones que juntan sus propias donaciones y las clasifican antes de enviárnosla, siguiendo nuestros lineamientos.

 

También los voluntarios retiran donaciones en consultorios médicos. También hay gente que organizan rifas, torneos de burako, para juntar fondos para el Banco o juntan remedios entre sus conocidos y luego los acercan. Todo aquel que quiera colaborar, le encontraremos gustosos una tarea.

 

Foto: Romina Gluck

 

 

EMERGENCIA NACIONAL

FF: En caso de una emergencia nacional: como inundaciones o aludes, la Fundación Tzedaká, desde sus diferentes áreas de ayuda, acerca donaciones de todo tipo que puedan necesitar las víctimas. Trabajamos en redes, con gendarmería, por ejemplo, que nos facilita camiones para llevar los medicamentos.

 

AYUDA INTERNACIONAL

FF: Las necesidades son infinitas y la ayuda es finita, y el poder colaborar internacionalmente dependerá de los recursos con los que contemos. En esos casos lo hacemos vía el JOINT (Comité Judío Americano de Distribución Conjunta). Siempre el pedido nos llega a través de un profesional de la zona necesitada, que garantice la entrega gratuita y en mano, a las personas que las requieren.

 

RH: La ayuda fuera del país es muy limitada. Tenemos tantas necesidades acá. Por ejemplo, hace un tiempo hubo un alud en San Luis, inundaciones en Santa Fe. Si bien es cierto que hay muchas catástrofes naturales, también hay mucha pobreza.

 

“TZEDEK, TZEDEK, TIRDOF” (Justicia, justicia, perseguirás)

RH: Más allá de los procedimientos y cuestiones protocolares, hay personas detrás de cada acción, con necesidades. Esto es el concepto judío de la solidaridad, que en la Fundación tenemos desde siempre cuidado. Nosotros ayudamos a la gente a transitar mejor su camino, pero no se lo marcamos. La gente a veces viene por un medicamento, pero, al escuchar su historia, vemos que necesitan mucha más ayuda y los apoyamos. Ese es el concepto de ayudar.

 

Foto: cedida por el entrevistado

 

 

LA GRATIFICACIÓN

FF: Tenemos muchas anécdotas que nos marcaron como profesionales y como personas. Por ejemplo, a la Comunidad de Jovita -en Córdoba- le mandamos medicamentos y el intendente de ahí en agradecimiento trajo salamines y una picada ¡mejor agradecimiento que ese no hay! (risas). La gente nos agradece de corazón, con un llamado, con un mensaje, una carta… Magos no somos, pero hacemos todo lo posible.

 

RH: Tenemos casos de éxito, es decir, aquellos que precisaron ayuda y luego lo dejaron porque ya no la necesitaban. La gente valora este plus que tienen la Fundación Tzedaká, que no es simplemente mandar una caja cerrada con las necesidades, sino que cuentan con una asistente social, con una mano tendida detrás, que acompaña. Hay donantes, hay apoyo de la gente que hace que esto funcione.

 

Fotos: Romina Gluck

 

 

APRENDER A SER SOLIDARIOS

RH: Los argentinos somos solidarios frente a la emergencia, pero nos falta mucho. No alcanza con colaborar solo cuando hay una urgencia y a la semana olvidarse del tema. Nosotros sabemos que lo peor de una inundación no es cuando pasa, sino cuando las víctimas vuelven a sus casas. Nos falta una cultura solidaria que se logra con trabajo, con educación, con campañas. Si uno quiere ayudar lo puede hacer en cualquier momento y no sólo en forma esporádica. Tratamos que la gente entienda que no debe ser un hecho aislado el ayudar. Vamos a shules y a clubes a presentar el Banco y los invitamos a participar. Muchos vienen y nos ayudan con un día de voluntariado o juntando cosas entre sus compañeros, familiares, amigos.

 

A través de las redes sociales le devolvemos a la gente la tranquilidad de ver el proceso de su donación, pueden venir al Banco de medicamentos, cuando gusten.

 

 

 

 

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En primera persona

SER VOLUNTARIOS Y EJEMPLOS DE VIDA

 

Mary Steimberg y Elena Flint, son voluntarias de la Fundación desde hace 18 años. Mujeres que merecen ser aplaudidas de pie y reconocidas por donar sus horas para ayudar al prójimo desinteresadamente y sentirse retribuidas. Son jóvenes de la tercera edad, con una vitalidad envidiable y una sonrisa que transmite el placer de estar colaborando en el Banco de medicamentos, nos cuentan su experiencia como voluntarias.

 

Elena Flint (EF): Somos las voluntarias más viejas de acá, somos viejas voluntarias de años. Además, compañeras de caminatas, amigas del alma. Mi idea, desde siempre, fue que una vez que mis hijos se casaran, poder ayudar a la gente. Yo empecé dando de comer a los enfermos en el hospital y me resultaba difícil. Justo ahí, en el 2001 en una caminata con Mary, nos enteramos de que el Banco de medicamentos buscaba voluntarios. A cada lugar que voy localizo los hospitales, veo que necesidades tienen y armo redes para mandar remedios a todo el país. Me da una alegría impresionante porque son donaciones para gente muy humilde y los remedios son muy caros. Dono mi tiempo porque yo tengo necesidad de ayudar a la gente y siento que tengo hijos propios e hijos no propios, que los quiero de la misma manera, que me cuentan los que les pasa y eso me hace muy bien al corazón. Yo perdí un hijo y desde ese tsunami quise dejar un legado y seguir, aunque la vida me golpeó muy fuerte. Vengo acá y me siento contenida. Quiero ayudar a todo el que lo precise. Voy a la ORT y a otras escuelas y me reconocen como la abuela que junta medicamentos para ayudar. Es una forma de vida.

 

Mary Steimberg (MS): Yo soy farmacéutica, un buen día caminando nos enteramos que acá necesitaban voluntarias y vinimos a que nos tomen un test, empezamos y seguimos felices de estar aquí. Para mi este es mi segundo hogar. Cuando yo quedé viuda, estaba desesperada. Mi hija también trabaja en esto, eso es muy importante, hacerlo juntas me siento muy contenta. Mi médica me llama y me dice “Mary venite que tengo para darte bolsas y bolsas”, lo mismo nos pasa con otros médicos y eso me emociona. Formamos una red de voluntarios inmensa. Desde siempre la gente necesita ayuda. Nos sentimos retribuidas, es lo mejor que podemos hacer, somos muy felices cuando estamos acá. Ojalá que el año que viene nos encuentres acá y nos vuelvas a entrevistar.

 

Voluntarios. Fotos: Romina Gluck

 

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