De Argentina, para el mundo “¡UN APLAUSO PARA EL ASADOR!”

Cuántas veces habrás sido merecedor de ovaciones o cuántas habrás aplaudido a un amigo o familiar por preparar una exquisita parrillada. Y claro, para los argentinos se trata nada menos que de una de las delicias culinarias que nos representa a nivel mundial.

 

 

Con el pecho bien inflado, podemos jactarnos de la bendición que nos resulta contar con carne de primera calidad “for export” y cortes para todos los gustos. Según dicen los que saben: una parrillada debe incluir achuras, chorizos, morcillas y provoleta. Siempre acompañados por ensaladas de verdura fresca y/o cocinadas al carbón (como papa, batata, ají rojo, cebolla, berenjenas, etc.) o también por papas al bastón a la provenzal.

 

No puedo dejar de nombrar la fundamental inclusión de especias, salsa criolla, chimichurri, sal gruesa y el limón, que le dan un toque especial, tanto en su cocción como al saborearlo. Eso sí, acompañado de un rico vino tinto o dulce, según el paladar.

 

Quiero compartir sobre todo con ustedes, nuestros amigos de Piedra Libre que el gran secreto de una buena parrillada no está sólo en saber elegir los cortes y avivar el fuego de la parrilla, sino en cocinarlos el tiempo justo (ni más ni menos). Pero, sobre todo, la valoración sentimental y social que nos representa.

 

En primer lugar, el ritual de preparar un asado requiere de una planificación y logística previa, que lo hace aún más especial. Por otra parte, “la ceremonia” comienza con una rica picada con cerveza, mientras se acompaña al asador mientras realiza el asado. Luego, los tiempos para comerlos se alargan puesto que un asador ducho va deleitando a los comensales sirviendo los manjares de la parrilla por etapas. Luego recibe su merecido “aplauso para el asador”, que lejos de no probar bocado, tal indica el dicho: “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte”.

 

 

Una escena típica de fin de semana o días de verano, es ver parrillas de clubes repletas hasta el límite con grupos de amigos y familiares disfrutando de su tiempo libre con un rico asado y la humareda y el aroma que se impregnan en el ambiente (también en la ropa y el cabello). Se multiplican las mesas con picadas completas, cerveza y snacks. También mesadas repletas de verduras frescas recién lavadas que pronto se convertirán en ensaladas, rondas de mate, adolescentes tomando “selfies” y chicos que corren sin parar por el espacio verde.

 

De pronto, llega el gran momento y uno de los asistentes del asador da aviso que el manjar está a punto para ser disfrutado. Todos sabemos que jamás hay que demorarse en ir a las mesas, porque enfadaríamos al parrillero que nos acusaría que se enfrío o se pasó de tiempo. Ahí se produce las corridas a los juegos para buscar a los más pequeños al grito de “a comeeer” y el ruego para que se laven las manos llenas de arena.

 

Bien al estilo argentino, la sobremesa “con panza llena y corazón contento” continúa hasta fusionarse con el mate con facturas. Eso sí, tirados en lonas bajo la sombra de los árboles.

No puedo dejar de incluir en la descripción de esta jornada, el picadito de fútbol entre los muchachos, el burako entre amigas, el tirar al aro de básquet y encestar unos cuantos tiros y por supuesto, las vueltas en rollers y bicicleta. Eso sí, embadurnados con los infaltables repelentes de mosquitos y protectores solares. Promediando el día, antes de volver cada uno para su casa, es un clásico recalentar “las sobras del asadito”.

 

Otros tantos encuentros, donde la parrillada es la gran protagonista, se concretan en casas particulares donde el asado es el protagonista, aún sin ser una fecha especial y de postre… ¡helado! Hasta incluso es el menú elegido para grandes eventos como un festejo institucional, un bar-mitzvá o una boda.

 

El asado se puede disfrutar en innumerables restaurantes a lo largo y a lo ancho del país, de mayor o menor renombre, sabor y calidad. Todo turista sabe que no puede irse de suelo argentino sin probar o disfrutar una vez más de una parrillada completa o bien carnes o vegetales cocinados a la parrilla.

 

 

No exagero cuando afirmo que el asado se multiplica a lo largo de la geografía nacional. Una muestra clara es que hasta en las rutas argentinas, en medio del campo, en pequeños pueblos se ven pizarrones escritos en tiza que anuncian que se puede saborear desde un “chori al paso” hasta una parrillada completa.

 

No podemos dejar de incluir el “al rico chori” o “la hamburguesa con queso” preparados en puestos cercanos a los estadios de fútbol y hasta ofrecidos en las tribunas para acompañar con papas y bebida. Es que, al fin y al cabo, el asado es ¡un golazo argentino!

 

 

 

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