Pensamientos anárquicos

Hace casi una década que estoy tratando de hacer yoga. La primera vez que lo intenté fue en el 2009, un curso semanal de los viernes a la mañana en un departamento muy canchero en la calle Bazel. Me acuerdo que me acompañó una amiga y que ya en la primera clase, asumí que no tenía la paciencia para “no pensar en nada más que en mi respiración”. Mi mente saltaba de un pensamiento a una preocupación, y de ahí a otro recuerdo sin que pueda controlarlos en lo más mínimo. Al cabo de 5 minutos, terminé agotada por lo difícil y frustrante que era intentar gobernarlos, después de casi (por entonces) 35 años de anarquía absoluta. Al fin y al cabo, ¿quién era yo para de pronto, así sin avisar, venir a decirles qué hacer o para dónde ir?

 

ID 122027561 © Juan Moyano | Dreamstime.com

 

 

Recuerdo que mi segundo embarazo fue la excusa perfecta para cancelar el curso en cuestión. Ni mi amiga ni el maestro consideraron que la razón era lógica, pero esa era mi manera de abandonar lo que me era desafiante. Como el gimnasio. Después de todo, el cerebro también es un músculo, y la meditación o yoga; los espacios para ejercitarlo.

 

Desde entonces, intenté fallidamente retomar clases de respiración y otras alternativas. Pero ante mi inconstancia para continuar lo que empiezo, opté por bajarme las apps que te brindan un relato profesional para guiarte por los pensamientos; pero sin testigos por si te cansás en la mitad y ponés Pause, porque estás llegando tarde al trabajo o se te quema la comida.

 

Hoy en día puedo decir que logré mínimamente acompañar a mis reflexiones por donde ellos deciden ir, pero que si no me gusta el destino; tengo opinión. Puedo cambiar la música a una melodía más alegre, o respirar profundo e intentar “tomar otra senda”. A veces un atajo evita pensar mucho sobre un problema sin salida. En otras oportunidades, simplemente me da ganas de transitar vericuetos ya recorridos; sabiendo que me van a trasladar a memorias tristes. Porque, a fin de cuentas, a veces no está mal llorar si es para recordar a un ser querido que ya no está.

 

Hace relativamente poco descubrí que existe una escuela que recomienda la actitud que yo estaba tomando para evitar un golpe de estado en mi cabeza. Para quienes la yoga o meditación implican entrar en guerra con pensamientos ya acostumbrados a una falta de gobierno absoluto; llegó el mindfullness. Una terapia cognitiva que enseña a prestar atención de manera consciente a la experiencia del presente con interés, curiosidad y aceptación. O sea, no intentar comandar los pensamientos; sino aceptarlos y unírseles en el trayecto con una actitud positiva y sin crítica. Algo así como “No me gusta para adonde están yendo, pero les hago una vianda porque van a tener hambre”. Les recomiendo esta técnica que me ha sido útil en muchas ocasiones: cuando uno está perdido en reflexiones sin sentido, juicios inútiles o simplemente para no pensar demasiado (overthink).

 

En resumidas cuentas, si terminamos con la anarquía y logramos que el poder ejecutivo y el mental vivan en una armoniosa democracia, va a ser más fácil para todos. ¡A ese Estado quiero llegar!

Secciones:

Please reload

banner_OLIM_TLV_ESPAÑOL_NEW.gif
banner muni KS adultos en movimiento.gif
banner leon amiras.gif
Notas recientes

Pan dulce de Guille (Receta de mi madre y abuela)

December 5, 2018

1/10
Please reload

Notas publicadas

November 16, 2019

October 28, 2019

October 24, 2019

August 20, 2019

August 17, 2019

August 11, 2019

August 6, 2019

Please reload

Búsqueda por sección