Nostalgia en el aire

Hay algo que me sucede cada diciembre, más o menos en esta fecha. No deja de sorprenderme como recargamos de expectativas, entusiasmo y positivismo la llegada de un nuevo año.  Como si a las 0 hs. del 1° de enero la magia se hiciera realidad, lo malo quedará atrás y lo bueno, aferrado a nosotros.

 

Foto: Istockphoto - © Kesu01

 

 

Es tan fuerte saber que cada 31 de diciembre a las 23:59:50 en todo el mundo, luego de la cuenta regresiva al unísono, se chocan las copas rebalzantes de deseos y pasamos largo rato abrazados a nuestros afectos.  Es como un hermoso ritual, recargado de amor y optimismo.

 

Ya sé, como en todo, hay excepciones. No siempre tenemos la dicha de festejar junto a todos nuestros seres queridos, porque la distancia “física” lo impide. Sea por decisión propia, por vivir en distintos países o ciudades, por “la ley de la vida” o por circunstancias varias ese instante en el que el corcho de la sidra hace “ese ruido tan único”, nos provoca un “ishguit” en la panza, que estoy segura lo sentiste o sentís.

 

Pero ¡alto ahí! La idea de estas líneas, lejos de provocarles angustias, es hacer un llamado a que ese espíritu festivo lo podamos vivenciar “a pesar de…” ¿A qué me refiero? Les doy algunos ejemplos.

 

Porque si hicieron aliá, sea hace poco o mucho tiempo, están cumpliendo su sueño –y el de tantos- de vivir en nuestra tierra. Porque si emigraron por posibilidades de crecimiento laboral o de estudios, se están realizando. Porque si se fueron a vivir “lejos de casa” detrás de su media naranja, ahora están completos. Porque si sus hijos decidieron que su lugar era otro, no hay realización máxima que saberlos felices.  Por estos y otros tantos motivos que pasan por mi cabeza y por mi corazón ¡y por el de ustedes! los invito a brindar también con la ilusión de proyectar reencuentros.

 

 

Quiero dedicar un espacio especial, para esos afectos que no tendremos chances de volver a abrazar. Confieso que dejo de tipear unos instantes porque me moviliza a mí también, sobre todo “en las fechas especiales”. Pero, es justamente “al kol ele” (por todo esto), por lo que hemos vivido con ellos que vale la pena levantar la copa por el tiempo que compartimos y que hayan sido parte de nuestra vida. Incluso cerrar los ojos y recordarlos con una sonrisa, compartiendo justamente estos momentos tan especiales.

 

Dicen que siempre hay motivos para brindar, y ¡estoy segura que es así! Empapémonos juntos del torbellino de ilusiones que genera el nuevo año. Aprovechemos, los que somos judíos esta “yapa” que tenemos de comenzar dos veces un nuevo año (por los calendarios hebreo y gregoriano) y despidamos el año agradeciendo la vida, el poder disfrutar y el seguir pese a los obstáculos que se nos presentan. Abracemos a los afectos que tenemos al lado y que llenan nuestro día a día de felicidad y en forma virtual -o imaginaria- a los que no.

 

Por mis pagos, se estila decir “año nuevo, vida nueva”. Brindo con ustedes porque nos sintamos a gusto con la que estamos viviendo o pongamos todo de nosotros para que así sea, porque lleguen “vidas nuevas” a nuestras familias, porque tengamos salud, trabajo y amor, por “Shalom al Israel” y para el mundo. Por los afectos ¡LeJaim! Por ¡Un FELIZ 2019! 

 

 

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