¡Gracias a quien me ayuda con las tareas hogareñas!

Charlando con Sharon, una amiga entrañable de Israel, sobre algunos desencuentros que tuve con la señora que me ayuda con el cuidado de mis hijas y la limpieza de mi hogar, me hizo revalorizar y comprender la bendición que es tenerla en mi vida.

 

No puedo seguir escribiendo, sin detenerme a decir que desde siempre me sonó despectivo en el ámbito de la cole llamarlas, la shikse o la ishire (como le decían mis compañeros en el shule). Sé que no es malintencionado dicho apodo, pero en realidad toca en mi corazón cuando se las menosprecia a quienes conocen todos los secretos para poder limpiar profesionalmente. Cuando esa tarea está en mis manos, no queda la cama tendida como en un hotel, ni los pisos y muebles brillantes, como en las publicidades televisivas ¡Ni hablar del lavado de la ropa o zapatillas a mano!, me pregunto qué truco de magia hacen para que salgan algunas manchas imborrables, con las que perdí la batalla.

 

 

Retomando el comienzo de esta especie de “homenaje a las shikses” (decidí amigarme con este término, pero no lo utilizaré), les cuento que Sharon luego de escuchar algunas diferencias con María, quien me ayuda con mi hogar y cuida a mis dos hijas, me respondió: “Mira amiga, aquí en Israel bastante si tenemos quien nos dé una mano una vez por semana o cada 15 días. Es cierto que es un dolor de cabeza cuando me decís que falta sin aviso, pero el resto de los días te vas tranquila a trabajar sabiendo que alguien se ocupará de las tareas domésticas, que si te demoras en tu trabajo o en un turno médico puedes llamarla y pedirle que te prepare la cena ¡Ni que hablar del cuidado de tus niñas hasta tu regreso” Creeme, ¡eres una privilegiada por tenerla! ¡Cuidala!”.

 

Hago punto aparte porque fue exactamente lo que hice luego de escuchar a Sharon. Sentí que María en esas cinco horas diarias en las que combina tareas en casa y cuidado de mis hijas, son fundamentales para que yo pueda salir de casa con tranquilidad. Me costó comprender cómo, en otros lugares del mundo, las madres consiguen organizarse sin contar con la ayuda de alguien que las asista en casa, como lo hace María, o mejor dicho mi salvadora. Hay una realidad, esta "hadita madrina", es quien cuida lo más preciado que tengo en la vida: mis hijas Tati y Lara. Ellas escuchan el sonido de su llave abriendo nuestra puerta y corren a abrazarla, juegan, ríen, dan un paseo y meriendan con ella. Vivenciamos lindos momentos cuando comparte nuestra mesa familiar.

 

ID 91504646 © Horst Petzold | Dreamstime.com

 

 

Recuerdo que, de pequeña, ayudaba en casa una señora con cama, o sea, que vivía con nosotros casi toda la semana. En más, como mi papá era del rubro inmobiliario, nos mudamos varias veces y en cada una de ellas era requisito imprescindible que las viviendas contaran con dependencia de servicio. Voy a ser franca, hasta el día de hoy, no me gusta pedirle a la persona que trabajaba en casa: "Por favor hacé mi cuarto, prepárame la comida y lavá mis platos". Mamé respetarla y ser agradecida con ella. Por suerte, son pocas las familias que imponen el uso de "uniforme de mucama". Es decir, si lo pienso en frío es una ropa de trabajo de uso obligatorio -como los hay en tantos otros-, pero de igual modo me resulta chocante.

 

Otra cuestión que me incomoda es tener una persona que no es de mi familia conviviendo en casa a tiempo completo o durante el veraneo, lo siento elitista y una pérdida de la intimidad familiar, muy lejana a mí. Fuera de que implica un costo económico alto y son cada vez menos las familias que pueden sostenerlo, entiendo que muchos pensarán como yo.  Me remonta a la época de denominarlas la servidumbre. No va conmigo.

 

Es difícil para una idishe mame confesar esto, pero me reconforta que la señora que trabaja en casa, sea tan querida por mis hijas. Ella las cuida, juega y se da cuenta con sólo mirarlas si están afiebradas o en días “especiales”.  Es que las empleadas domésticas son en su mayoría madres, o mejor dicho “mamá-pulpas o multi-tareas” que antes y después de trabajar tienen que ocuparse de su hogar (limpieza, compras, pagos, de sus hijos, marido y mascotas, además de cocinar, planchar y tantos etcéteras.) sin contar con la posibilidad de tener quien las ayude con eso -de no ser un familiar o amigo- que les tienda una mano en forma gratuita. Por mis pagos no conozco hombres que sean empleados domésticos, me pregunto el por qué, si los hay en otros lugares. Entiendo que cada vez son más las profesiones y labores que son realizadas indistintamente por ambos sexos.

 

 

Pienso nuevamente en mi amiga Sharon y en tantas madres que no cuentan con esta bendición de tener una profesional de las tareas hogareñas que las ayude. Luego de varios años de lucha en Argentina, las empleadas domésticas están comenzando a ser valorizadas. Tal como corresponde, cuentan con el aval del Ministerio de Trabajo y en la Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP) que obliga a los empleadores a pagar por su servicio “en blanco”, contando con vacaciones, aguinaldo, licencia por maternidad y obra social.

 

Quiero cerrar levantando una copa virtual para agradecer el contar con María. Sin lugar a duda se forja una relación de complicidad, de confianza, de cariño. Al fin y al cabo, somos mujeres trabajadoras y entre madres… ¡cómo no nos vamos a comprender y a apoyar! ¡qué sería de mí sin su ayuda! De corazón, la valoro y le digo un sentido ¡gracias!

 

Secciones:

Please reload

banner_OLIM_TLV_ESPAÑOL_NEW.gif
banner muni KS adultos en movimiento.gif
banner leon amiras.gif
Notas recientes

Pan dulce de Guille (Receta de mi madre y abuela)

December 5, 2018

1/10
Please reload

Notas publicadas

October 28, 2019

October 24, 2019

August 20, 2019

August 17, 2019

August 11, 2019

August 6, 2019

July 22, 2019

Please reload

Búsqueda por sección